Estados Unidos celebrará este martes sus elecciones de medio término, en las que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 bancas del Senado. El resultado definirá el equilibrio de fuerzas en el Congreso y la capacidad del gobierno de Donald Trump para avanzar con su agenda económica. En el plano financiero, el antecedente histórico sugiere que la relación entre la configuración política en Washington y el desempeño de las acciones no es directa.
Un análisis de Seth Meyer, Global Head of Client Portfolio Management de Janus Henderson, revisó el comportamiento del S&P 500 durante los últimos 50 años hasta el 23 de octubre de 2026. En ese período, el índice registró un rendimiento anualizado de precios del 9,24% durante gobiernos divididos —cuando un mismo partido no controla la Presidencia y ambas cámaras del Congreso—, frente a 8,73% bajo gobiernos unificados.
La diferencia más visible se observó en la volatilidad. La serie mostró una volatilidad anualizada de 18,50% en períodos de gobierno dividido y de 15,35% con gobierno unificado. Los datos de Janus Henderson y Bloomberg exhiben rendimientos similares bajo ambas configuraciones, aunque con distintos niveles de oscilación. En el recorte analizado, Estados Unidos tuvo gobierno dividido durante 32 años y unificado durante 18.
Qué miran los inversores más allá del Congreso
Para Meyer, el foco no debería quedar restringido al resultado electoral inmediato, sino a factores económicos y corporativos de largo plazo. “Si bien las elecciones tienen consecuencias, creemos que los inversores deben mantener la perspectiva de que lo que más importa para los resultados financieros es la capitalización de los rendimientos a lo largo de horizontes más prolongados”, sostuvo Meyer.
Entre los motores estructurales, el directivo identificó a la inteligencia artificial (IA). Las grandes compañías tecnológicas realizan inversiones históricas en infraestructura de cómputo, con la expectativa de impulsar ganancias durante la próxima década, mientras comienzan a observarse mejoras de productividad en empresas que incorporan estas herramientas. “Creemos que la IA tiene el potencial de situar el crecimiento económico de Estados Unidos y el de las ganancias corporativas en una trayectoria más elevada”, afirmó.
A ese cuadro se suman inflación, precios de la energía y tensiones geopolíticas, que pueden prolongar presiones sobre los costos. También aparece el rol de la Reserva Federal: sus decisiones sobre tasas de interés inciden en el financiamiento de empresas y hogares y en la valoración de los activos financieros. Meyer advirtió, además, por desglobalización y mayores exigencias de rentabilidad. “Las empresas, los emisores de deuda pública y los inversores deben aceptar que hemos ingresado en un régimen de mayor costo del capital”, señaló.
Implicancias para América Latina y la Argentina
En América Latina, el impacto podría canalizarse por condiciones financieras internacionales, política comercial y relaciones bilaterales. Ross Maxwell, director de estrategia de VT Markets, apuntó a la evolución del dólar, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y el apetito global por el riesgo como variables determinantes para monedas y activos regionales. “Para la Argentina, la estabilidad financiera y la confianza de los inversores están estrechamente vinculadas al financiamiento internacional y al respaldo continuo de Estados Unidos”, advirtió Maxwell.












