La industria manufacturera de Brasil, Colombia y México opera con una brecha de productividad cercana al 18% debido a una asignación ineficiente de recursos. La estimación surge del informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) “Perspectivas Económicas: Las Américas, enfrentando desafíos en un entorno mundial cambiante (2025)”, que mide la Productividad Total de los Factores (PTF) del sector 18% por debajo de su nivel potencial.
El dato adquiere dimensión por el peso de la manufactura en la economía latinoamericana. De acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el sector representa el 12,6% del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y genera el 12,8% del empleo. En ese marco, cualquier mejora de eficiencia tiene impacto directo sobre la competitividad.
En un contexto de mayores exigencias competitivas y márgenes más estrechos, la conversación sobre productividad, tradicionalmente asociada a automatización, robotización e inversión en infraestructura, incorporó otro eje: cómo se organiza el tiempo de trabajo. La planificación de turnos, que durante años se trató como una tarea administrativa, aparece como una herramienta para reducir tiempos improductivos, responder a cambios en la demanda y aprovechar mejor los recursos disponibles.
Federico dos Reis, CEO para América Latina de INFORM, sostuvo que el foco se amplió más allá de la incorporación de tecnología o la expansión de capacidad instalada. “La productividad ya no depende únicamente de incorporar nueva tecnología o ampliar la capacidad instalada”, comentó.
En muchas plantas, la construcción de turnos todavía se realiza mediante planillas de cálculo o procesos manuales, lo que dificulta responder con rapidez ante ausencias de personal, cambios en la demanda, variaciones en la producción, disponibilidad de equipos y competencias requeridas para cada función. En ese escenario, la planificación se transformó en una herramienta de gestión operacional.
La revisión de este proceso se vincula con la adopción de plataformas que automatizan la planificación de la fuerza laboral e integran variables como demanda proyectada, competencias de cada trabajador, disponibilidad de los equipos y normativa laboral vigente. El objetivo es asignar recursos de forma más eficiente y recortar tiempos improductivos.
Además del impacto operativo, dos Reis planteó que una planificación más precisa puede mejorar la experiencia de los trabajadores al ofrecer mayor previsibilidad sobre las jornadas y facilitar una distribución más equilibrada de los turnos, en un contexto donde atraer y retener talento se convirtió en uno de los principales desafíos para la industria. “En algunos casos, la automatización del proceso ha permitido reducir hasta en un 70% el tiempo destinado a elaborar los horarios de trabajo”, señaló el CEO.


