La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva abre una nueva etapa política en Brasil, en un contexto de desaceleración económica, desequilibrio fiscal y tasas de interés elevadas. El desafío del cuarto mandato será alcanzar acuerdos con un Congreso donde el “centrao” y la derecha tienen un peso decisivo, mientras los mercados esperan señales sobre el rumbo de la política económica.
El diagnóstico forma parte de un artículo de la Fundación Mediterránea titulado “Lula extiende su ciclo político, pero con un modelo económico agotado”, presidida por María Pía Astori, y elaborado por Jorge Vasconcelos. El trabajo toma como punto de partida el desempeño reciente de la economía brasileña y lo vincula con las restricciones que condicionan la agenda de política económica.
Crecimiento y proyecciones
Entre los ejes, el informe señala una pérdida de dinamismo en el crecimiento. Después de expandirse a un ritmo promedio del 3,3% anual entre 2021 y 2025, la economía brasileña comenzó a desacelerarse.
En ese marco, el texto plantea un escenario de crecimiento más moderado si no se producen cambios de política. Las proyecciones de consenso mencionadas en el informe apuntan a una expansión de apenas 1,3% en 2027. Ese nivel sugiere un contexto de menor tracción de la demanda interna brasileña, con implicancias para la región.
El frente fiscal y el Congreso
El segundo foco del análisis es el frente fiscal. El informe describe un “problema fiscal estructural” y cuantifica el desequilibrio: el déficit alcanza el 9,4% del PBI, incluyendo el costo financiero de la deuda.
Para estabilizar el endeudamiento en torno al 80% del PBI, el trabajo sostiene que se requiere una reducción del gasto del orden de tres puntos del PBI a lo largo de varios años, junto con una baja de las tasas de interés. Ese esquema aparece condicionado por la capacidad del Gobierno de construir acuerdos legislativos, en un Congreso donde el “centrao” y la derecha tienen un papel decisivo.
El informe también incorpora una mirada sobre la Argentina. La depreciación del real y un posible enfriamiento de la economía brasileña representan riesgos para la industria, el turismo y las exportaciones argentinas. En particular, estima que entre el 17% y el 27% de las ventas externas de provincias como Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Tucumán y Córdoba tienen a Brasil como destino.












