Mantener una temperatura confortable dentro del hogar representa un desafío creciente a medida que se intensifican las olas de calor y de frío. Ese escenario suele traducirse en un mayor uso de calefacción y aire acondicionado, con impacto en el consumo de energía, los costos para las familias y las emisiones asociadas a la crisis climática. En ese marco, Amanco Wavin repasó cuatro características de la arquitectura pasiva, un enfoque de diseño y construcción orientado a aprovechar condiciones naturales del entorno para mejorar el desempeño térmico de los edificios.
El planteo parte de la idea de que el confort no depende solo del comportamiento del usuario, sino también de cómo se concibe la infraestructura desde el inicio. La arquitectura pasiva apunta a reducir la demanda energética de las viviendas mediante decisiones de proyecto que permitan sostener temperaturas interiores más estables, con menor dependencia de sistemas de climatización tradicionales.
Diseño y equilibrio térmico
El primer eje se resume en “construir con conciencia”. La propuesta busca edificios capaces de mantener una temperatura confortable durante todo el año, minimizando la necesidad de calefacción o refrigeración. Para eso, se apoya en decisiones de diseño como la orientación, el aislamiento, la ventilación natural y la elección de ciertos materiales.
El segundo punto es el equilibrio térmico como principio. La arquitectura pasiva procura balancear la ganancia de calor en invierno con su disipación en verano. Entre los recursos citados aparecen superficies vidriadas ubicadas estratégicamente, envolventes térmicas eficientes y soluciones constructivas adecuadas para aprovechar la energía solar y conservar el calor interior.
En ese marco, la distribución interna también cumple un rol operativo. Tecnologías como Wavin Hep2O se mencionan como herramientas para una conducción eficiente del agua tanto para consumo como para circuitos de calefacción, con el objetivo de contribuir a un confort térmico homogéneo con menores pérdidas energéticas. En la lógica del enfoque, estas decisiones buscan acompañar la eficiencia del edificio en su funcionamiento cotidiano.
Techos verdes y gestión del agua
El tercer eje incorpora los techos verdes como estrategia para mejorar el desempeño térmico. Se trata de cubiertas vegetales con una capa de sustrato y vegetación que funciona como aislante natural y reduce la transferencia de calor entre el exterior y el interior. En meses cálidos, aportan sombra y enfriamiento evaporativo; en invierno, contribuyen a conservar el calor interior y a reducir la demanda de calefacción. El objetivo es sostener una temperatura más estable durante todo el año y optimizar el consumo energético del edificio.
El cuarto punto amplía el alcance hacia la sostenibilidad a partir del rol del agua. Soluciones como Wavin AquaCell se orientan a la captación, almacenamiento e infiltración del agua de lluvia, para reducir la sobrecarga de sistemas de tuberías urbanos y favorecer la recarga de napas. También se mencionan sistemas como Wavin Tree Tanks, enfocados en promover el desarrollo saludable de árboles en entornos urbanos, mejorar la absorción de agua y contribuir a la regulación térmica del entorno.
“La arquitectura pasiva representa un cambio de paradigma: pasar de edificios que consumen energía de forma intensiva a espacios diseñados para optimizar los recursos disponibles de manera inteligente”, dijo Víctor Guajardo, gerente general de Amanco Wavin. “El desafío actual no es solo construir, sino hacerlo mejor”, puntualizó.












