La construcción sustentable empieza a incorporar con más fuerza un factor que durante años quedó en segundo plano: la calidad del aire interior. El enfoque ya no se limita a reducir el consumo energético, mejorar la aislación, incorporar energías renovables o disminuir la huella de carbono. La pregunta se traslada a los espacios una vez terminados y habitados: qué se respira puertas adentro.
En ese marco, pinturas, adhesivos, revestimientos y otros productos utilizados en una obra pueden liberar compuestos orgánicos volátiles (COV o VOC, por sus siglas en inglés). Se trata de sustancias que pueden evaporarse a temperatura ambiente y que presentan características y niveles de toxicidad diferentes. Por eso, sus emisiones se convirtieron en una de las variables que se analizan al evaluar la calidad ambiental de los espacios interiores.
En Argentina, la normativa ambiental contempla a los COV entre los contaminantes del aire y señala que dentro de este grupo existen sustancias, como el benceno y el formaldehído, que presentan elevados niveles de toxicidad. Ese marco regulatorio funciona como referencia para incorporar el tema en el análisis de materiales y en la discusión sobre condiciones ambientales en interiores.
Más variables en la etapa de proyecto
El cambio amplía la mirada sobre qué significa que un edificio sea sustentable. Además de observar cuánta energía consume, empieza a importar qué materiales lo componen y qué sucede con ellos una vez colocados, en particular en lo referido a emisiones y calidad del aire interior. La evaluación se desplaza hacia la etapa de proyecto y especificación, donde se definen decisiones de compra y criterios técnicos.
Lucas Alvarez, marketing manager de Mapei, lo sintetiza así: “Las emisiones y la calidad del aire interior empiezan a ser una variable más”. En la misma línea, el Balance de Sustentabilidad 2025 de la compañía aporta indicadores sobre certificaciones y documentación asociadas a emisiones y composición de productos.
El informe consigna que, durante el último año, el grupo alcanzó 923 certificaciones EMICODE, un 13% más que en 2024, todas correspondientes a la categoría EC1 PLUS, que identifica productos con niveles extremadamente bajos de emisiones de compuestos orgánicos volátiles. También registra 103 productos con Health Product Declarations (HPD), documentos que transparentan la composición de los materiales y permiten identificar sustancias según su potencial impacto sobre la salud; este tipo de información se utiliza, entre otros ámbitos, en sistemas internacionales de certificación de edificios como LEED.
Información ambiental antes de elegir
La mayor atención sobre lo que ocurre en interiores se combina con otra transformación: crece la disponibilidad de datos para conocer el impacto ambiental de un material antes de incorporarlo a una obra. En 2025, Mapei desarrolló 198 nuevas Declaraciones Ambientales de Producto (EPD) y alcanzó un total de 514, un 55% más que el año anterior. Además, la cantidad de productos cubiertos por estas declaraciones pasó de 400 a 549. Las EPD permiten cuantificar impactos asociados al ciclo de vida de un producto, entre ellos su contribución al calentamiento global, expresada en emisiones equivalentes de CO
02.
En Argentina, el INTI cuenta con un programa de Declaraciones Ambientales de Producto orientado a generar información ambiental cuantitativa y verificable. En ese contexto, “contar con esa información permite tomar decisiones con más variables sobre la mesa”, señalaron desde Mapei Argentina. La tendencia, de todos modos, no supone un único indicador: eficiencia energética, huella de carbono, circularidad, durabilidad y calidad ambiental interior integran una misma discusión.


