En los doce meses terminados en agosto, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 46,2 kilos por habitante, el nivel más bajo desde al menos 1990, en un contexto de menor disponibilidad en el mercado interno y precios todavía elevados en términos históricos. El diagnóstico surge del artículo “Carne vacuna: precios elevados, consumo en mínimos y exportaciones récord”, elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso para la Fundación Mediterránea, presidida por María Pía Astori.
El trabajo vincula la dinámica del mercado interno con cambios en la oferta. En ese marco, la menor faena fue parcialmente compensada por un mayor peso de las reses. A la vez, el informe identifica “primeras señales compatibles con una retención de vientres”, un comportamiento que suele asociarse a decisiones productivas orientadas a recomponer o expandir el rodeo.
Precios y disponibilidad en el mercado interno
El relevamiento de agosto mostró valores que se mantienen elevados en términos reales, pese a una corrección respecto de un pico previo. Ese mes, una canasta de 18 cortes promedió $17.871 por kilo. Medido en términos reales, el nivel quedó 10,1% por debajo del máximo registrado en marzo.
Al mismo tiempo, el informe consignó que el valor de la canasta se ubicó 13,3% por encima de agosto de 2025 y 30,3% por encima del promedio histórico correspondiente a ese mes. En conjunto, estos datos describen un escenario de precios que continúa por encima de referencias de largo plazo, en paralelo a una oferta más ajustada.
Exportaciones y cambios en el patrón de consumo
En el frente externo, las ventas externas de carne bovina alcanzaron US$ 4.729 millones en los últimos doce meses, un máximo histórico y 35,4% más que un año atrás. El informe atribuyó ese salto principalmente a la mejora de los precios internacionales.
En paralelo, el trabajo señaló un cambio en el consumo de proteínas animales. Por primera vez, el consumo de pollo superó ligeramente al de carne vacuna, mientras el porcino alcanzó un récord. En ese marco, la sustitución entre carnes permitió sostener un consumo conjunto elevado, aun cuando la carne vacuna registró un retroceso en su consumo aparente.












