La integración vertical dejó de ser una rareza en la industria espacial para convertirse en la estrategia dominante: quien lanza quiere operar, y quien opera quiere controlar el espectro. Rocket Lab dio un paso decisivo en esa dirección, cuando los accionistas de Iridium Communications aprobaron la adquisición de la compañía por parte del fabricante del cohete Electron.
- Aprobación con 99,6% de los votos emitidos
- Participación equivalente al 81% de las acciones en circulación
- u$s 27 en efectivo más acciones de Rocket Lab por cada papel de Iridium
- Valor nocional de u$s 54 por acción
- Cierre previsto para mediados de 2027
La operación había sido anunciada el 29 de junio. La contraprestación combina un pago en efectivo con una porción en acciones de Rocket Lab, cuya relación de canje está sujeta a un collar, es decir, a una banda que limita el impacto de las oscilaciones de la cotización del comprador sobre lo que reciben los accionistas de Iridium.
Un operador con espectro propio
Iridium opera una red satelital de cobertura global que presta servicios de voz, datos, Internet de las cosas y posicionamiento, navegación y sincronización, y es además la base del sistema de vigilancia aérea desde el espacio de Aireon. Trabaja con unos 500 socios tecnológicos y de distribución. Rocket Lab, por su parte, combina el lanzador Electron, la plataforma de ensayos hipersónicos HASTE y el cohete Neutron, todavía en desarrollo, con una división de sistemas espaciales que fabrica satélites y componentes.
Matt Desch, CEO de Iridium, señaló que la votación “es un hito importante para unir a dos compañías con capacidades complementarias, un compromiso compartido con la innovación y una profunda experiencia en el apoyo a algunas de las misiones más críticas del mundo”. Desde el lado comprador, Sir Peter Beck, fundador y CEO de Rocket Lab, afirmó que el paso los acerca a “combinar la red global confiable de Iridium, su espectro y sus décadas de experiencia operativa con las amplias capacidades de lanzamiento y sistemas espaciales de Rocket Lab para abrir una nueva era de aplicaciones espaciales”.
La lógica de la compra
La operación replica, a otra escala, el modelo que llevó a SpaceX a dominar el mercado: un lanzador propio que abarata la reposición de la constelación y un servicio con ingresos recurrentes que financia el desarrollo de nuevos cohetes. En el caso de Rocket Lab, el activo más escaso que incorpora es el espectro, un recurso regulado que no puede fabricarse y que se volvió central en la carrera por la conectividad directa a dispositivos.
A mediados de septiembre, Rocket Lab había informado que la transacción ya contaba con financiamiento completo, en parte a través de un programa de venta de acciones en el mercado.
El ángulo argentino
La consolidación toca dos frentes en los que la Argentina tiene jugadores propios. Por un lado, el de los lanzadores livianos, el mismo segmento de Electron, donde apuntan el Tronador II que desarrollan VENG y la CONAE y emprendimientos privados como TLON Space. Con 97 misiones acumuladas, Electron es hoy la vara con la que se mide cualquier proyecto de ese tamaño.
Por otro, el de los enlaces entre satélites, una arquitectura que Iridium utilizó de manera pionera en su red. Satellogic, la única cotizante de origen argentino, anunció que en octubre pondrá en órbita dos satélites NewSat Mark VI equipados con enlaces intersatelitales, junto con un Mark V soberano. Emiliano Kargieman, CEO de Satellogic, explicó que esos enlaces “permiten cada vez más que nuestros satélites trabajen juntos como un único sistema coordinado”.
Próxima instancia
Con el aval de los accionistas, el calendario queda en manos de los organismos reguladores. Las compañías estiman completar la transacción para mediados de 2027.












