Conocer a Esteban Torre, actual Director del Programa de Educación de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) es acercarse a un perfil atípico: alguien que transita la “alta consultoría técnica” y la investigación académica, pero con los pies bien plantados en el barrio y en la calle. Antes que arrancar presentándose con sus abultadas credenciales académicas —es Licenciado en Ciencia Política y Gobierno por la Universidad Torcuato Di Tella, especialista en Educación por la Universidad de San Andrés y Magíster en Políticas Públicas y Administración por la London School of Economics—, Torre prefiere definirse como un orgulloso y pasional hincha de All Boys. Ese profundo arraigo a barrios populares como Floresta y Monte Castro funciona como su cable a tierra para pensar política educativa firmemente conectado con lo que viven las personas en la “escuela real”.
Su mirada lúcida nace de haber transitado ambos lados del mostrador: desde la gestión pública en la Provincia de Buenos Aires, el programa Conectar Igualdad y el municipio de La Matanza, hasta el ámbito de la investigación desde el tercer sector. Por eso, no peca de idealista ingenuo; sabe que cualquier propuesta de un “think tank”, por más evidencia técnica que tenga, fracasará si se ignora los “tiempos políticos”, la viabilidad presupuestaria o las inercias de una burocracia estatal que carece muchas veces de profesionalización.
El pensamiento de Torre es profundamente federal. Advierte que la educación suele fracturarse por urgencias, superposiciones jurisdiccionales y visiones corporativas, frente a lo cual propone un gran “pacto educativo federal” impulsado por liderazgos políticos claros. Al pensar el vínculo entre la secundaria y el mercado laboral, escapa de los atajos: afirma que la mejor defensa de un joven frente a la inteligencia artificial es dominar el núcleo duro de lectoescritura y matemática, para luego sí tender puentes con prácticas concretas, como el proyecto “Tu futuro en marcha” que acompañó en Mendoza.
Pero su desvelo principal es la docencia, a la que define como el “corazón del sistema educativo”. Empatiza con su deterioro salarial y su “soledad pedagógica”. Por eso, frente a la actual baja de la natalidad, exige valentía para evitar que las áreas de Hacienda ejecuten un mero recorte presupuestario, proponiendo aprovechar esa oportunidad demográfica para reorganizar y jerarquizar la carrera de los maestros.
En una era donde un “paper” de investigación tiene mucho menor impacto marginal que hace una década, Torre entiende que los datos fríos no bastan. Su apuesta es salir del statu quo, convocar al que piensa distinto y estructurar diálogos sostenidos para transformar, desde el terreno y no solo desde la teoría, la educación argentina.
La tribuna, el barrio y la gestión con los pies en la tierra
Para arrancar, algo curioso. Ví que en tu presentación pública elegís definirte, antes que por tus títulos o cargos, como hincha de All Boys, un club bien arraigado a la identidad de Floresta y Monte Castro, dos barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires. En un ecosistema como el de la alta consultoría técnica, donde es muy fácil que la política educativa termine pensándose en abstracto o desde un escritorio, ¿cuánto de esa “matriz popular”, cuánto del “Esteban, fana del Albo”, te acompaña a la hora de conducir el programa de Educación de CIPPEC?
Antes que nada, no puedo ocultar la emoción de arrancar esta conversación hablando de All Boys que es parte de mi identidad, así como lo es la vocación por lo público. Y lo cierto es que uno lleva su identidad a todos los ámbitos en los que se desenvuelve. El programa de Educación de CIPPEC, con el impulso de Axel Rivas, Cecilia Veleda, Florencia Mezzadra y Luli Cardini, se convirtió en un espacio de referencia en la discusión educativa de Argentina y también de América Latina. Y eso lo ha logrado a partir de investigaciones emblemáticas en el campo educativo, una incidencia notable en la agenda pública y una producción de conocimiento original sobre la política educativa a nivel de las provincias que se combinó también con asistencia técnica en el diseño de políticas. La impronta que pretendí darle al área se apoyó sobre este último aspecto: el trabajo con las provincias. Desde 2022, hemos tenido proyectos de colaboración con Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, Misiones, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero, además de tener un diálogo abierto con prácticamente el resto de las provincias. Ahí es donde se juega gran parte de los destinos de la educación y, por tanto, donde condujimos una buena porción de nuestros esfuerzos. Ahora bien, para completar la metáfora futbolera, hoy desde CIPPEC estamos empujando una conversación urgente y necesaria sobre cómo fortalecer la docencia en Argentina: lograr cambios en esa dimensión, sí que sería gritar un gol.
Fracturas que quiebran la trayectoria escolar
Pasaste por un recorrido de gestión muy diverso: la Provincia de Buenos Aires, Conectar Igualdad, la municipalidad de La Matanza y hoy la dirección de Educación en CIPPEC. Transitar por esos distintos mostradores —de lo nacional a lo municipal, y del Estado al tercer sector— te dio la posibilidad de mirar un mismo mapa desde espacios muy diferentes. Si tuvieras que aislar el ruido del día a día, ¿cuáles son para vos hoy los dos o tres nudos estructurales, problemas, desafíos no resueltos que fracturan las trayectorias escolares en Argentina?
Permitime señalar dos. Primero, creo que falta una visión común en materia educativa y un hilo que vertebre los intereses, expectativas, responsabilidades y capacidades de los distintos actores. Más que la complementariedad y la colaboración, suele predominar la superposición y el conflicto entre niveles de gobierno. Más que en el mediano y largo plazo, las miradas están concentradas en el presente y en lo inmediato. Más que posturas amplias, prevalecen las corporativas. No sé si hay una fórmula mágica para desanudar esto, pero el tamaño del desafío requiere construir un pacto educativo federal, al estilo Juan Carlos Tedesco, que defina un federalismo educativo virtuoso y alinee a los actores del sistema, con exigencias y obligaciones. Es cierto que puede sonar algo naive, pero no creo que haya sido un camino que se haya intentado recientemente. Si la sociedad argentina pudo ponerse de acuerdo en que la democracia es el mejor sistema político posible, también puede acordar en que la educación es el motor del desarrollo económico y social y encolumnarse detrás de esa consigna.
Un segundo nudo tiene que ver con las capacidades estatales para el gobierno y gestión de la educación. En este recorrido, obviamente uno se ha cruzado con funcionarios en los distintos niveles de gobierno que son excelentes, pero es evidente que no hay un plan deliberado de profesionalización de la gestión, de la burocracia estatal. Y eso atenta contra la calidad y continuidad de las políticas educativas. Y vinculado con este punto (aunque a decir verdad también con el primer nudo), en Argentina no abundan liderazgos que hagan de la educación su bandera de gestión. No hay transformaciones en educación que no hayan tenido un claro liderazgo detrás. Cuando uno ve casos de éxito en países federales, como Brasil, son los gobernadores quienes han liderado las mejoras. Posiblemente esos ejemplos necesitemos en Argentina.
Gestión pública vs. “think tanks”: el choque entre la urgencia política y el diseño técnico
Conocés la cocina estatal desde adentro y hoy la mirás desde un espacio de investigación independiente. Esa doble vivencia te puede dar una perspectiva muy fina sobre cómo chocan los tiempos políticos con la implementación técnica, algo que puede ayudar a entender por qué tantas buenas ideas se quedan en el camino ¿Qué cortocircuitos o inercias descubrís cuando comparás la gimnasia de pensar, diseñar e implementar política educativa en los ministerios versus la dinámica de hacerlo desde CIPPEC?
En principio diría que una buena idea y una buena implementación tienen que contemplar lo que identifiquemos como tiempos políticos. Y eso vale para quienes están en la gestión pública o en un espacio de investigación independiente. Cualquier iniciativa o recomendación de política pública que propongamos desde CIPPEC tiene que estar respaldada por evidencia y contemplar su viabilidad técnica, política y también presupuestaria. Claro que uno puede tener una mirada crítica de la cocina de la política educativa en Argentina y desear que sea de esta forma. Cecilia Veleda la ilustró muy bien en su libro y la imagen que emerge no es para nada feliz: rotación de ministros con poco conocimiento del paño educativo, equipos técnicos inestables, una dinámica capturada por urgencias, demandas corporativas y un estilo de gestión de poca planificación y evaluación. Cuando vemos casos de éxito en la región, las cocinas lucen muy diferentes.
Alertas tempranas contra el abandono: la prueba de fuego de la escala provincial
Desde 2022, CIPPEC viene impulsando los Sistemas de Alerta Temprana en Mendoza y Entre Ríos para prevenir el desgranamiento y el abandono en la secundaria: una de las herramientas que más se recomiendan a nivel internacional para sostener trayectorias escolares. Pero más allá de lo que promete la teoría sobre el uso de datos en el aula, ¿qué aprendizajes crees que dejó esa experiencia de implementación territorial y qué arquitectura institucional hace falta para que los SAT no se diluyan como una experiencia piloto testimonial?
Cuento brevemente qué son los SAT. Son una herramienta para identificar a estudiantes en riesgo de abandono escolar y promover intervenciones oportunas para actuar según la particularidad de cada situación. Es decir, constan de dos componentes: la detección de la problemática y la intervención posterior. A partir de los datos que registran las escuelas en los sistemas nominales de información, los SAT permiten hacer un seguimiento de algunas variables clave (típicamente calificaciones, asistencia, trayectoria previa, nivel socioeconómico, entre otras). En función del comportamiento de esas variables, es posible asociar a cada estudiante con un nivel de riesgo de abandono, alto, medio o bajo. Esa es la información que reciben las escuelas y en función de las necesidades de cada estudiante, se define cómo intervenir. En su primer año de implementación en el ciclo lectivo 2023, 4300 estudiantes de Mendoza y 650 de Entre Ríos (allí se aplicó en un grupo de 80 escuelas) que estaban en riesgo alto de abandono, sostuvieron su escolaridad. Creo que hubo un nivel de apropiación interesante del SAT a nivel de gestión y de las escuelas en tanto herramienta de detección. Sí hay un terreno importante de mejora en el componente de intervenciones. El SAT, al identificar a los estudiantes con trayectorias en riesgo y al capturar cuáles son las causas, tiene el potencial tanto de orientar los recursos donde más se necesita así como ser un insumo para el diseño de políticas más asertivas. La arquitectura institucional ideal para un SAT incluye, entonces, cobertura y calidad de datos, capacidades de interpretación y uso de esos datos, un diseño de políticas permeable a la información que aporta el SAT y, finalmente, la articulación con otras áreas de gobierno. Hoy estamos retomando el trabajo con Entre Ríos y también con Salta apuntalando estos distintos elementos.
Secundaria y mundo laboral: el límite entre la inserción productiva y la demanda corporativa
En abril de este año presentaste, junto a Candela Tuñón, el libro “Puentes entre la escuela y el mundo del trabajo”. En el libro ambos abren un debate fascinante e imprescindible: cómo articular la secundaria con las mutaciones del mercado laboral. Planteás que hay que buscar el encuentro entre las transformaciones productivas y lo que pasa en las aulas, pero sin caer en reducir la educación a “lo que pide el mercado”: la sutil y clásica tensión que parece difícil terminar de resolver del todo. En ese marco ¿cómo se traza esa frontera pedagógica para que vincular la escuela con el empleo no termine vaciando la formación ciudadana y humanista en favor de una demanda corporativa inmediata? ¿dónde pondrías vos el límite en el vínculo secudaria/trabajo sin terminar subordinando la formación general a la demanda laboral?
Cuando hablamos del vínculo entre secundaria y el mundo laboral, partimos de una premisa básica. El mejor aporte que puede hacer la escuela secundaria para que los jóvenes se desenvuelvan de forma efectiva en el mundo del trabajo es garantizar aprendizajes fundamentales de calidad: lectoescritura y pensamiento matemático. Ese es el núcleo duro de conocimientos que hoy la evidencia demuestra que favorece una mejor inserción laboral y que funciona como base para adaptarse o reconvertirse en un mercado de trabajo sacudido por la transición tecnológica y la irrupción de la IA. Después, lo decimos en el libro, la secundaria es una instancia fenomenal para abrir horizontes, imaginar otros futuros posibles, vincular saberes teóricos y prácticos, y es ahí donde una diversidad de propuestas que acerquen la escuela con el mundo del trabajo (prácticas profesionalizantes, exposiciones educativas-laborales, cursos de formación laboral con certificación, etc) pueden ser provechosas. Así uno podría pensar que los intereses y expectativas de ambos mundos podrían alinearse. Claro que este entendimiento tiene como condición un diálogo robusto y sostenido entre el sistema educativo y el sector productivo, algo que hoy diría no está suficientemente institucionalizado. En el relevamiento sí hay ejemplos interesantes de sintonía entre el mundo educativo y el productivo como es el del programa Enlazar + en Córdoba, impulsado por la Fundación Córdoba Mejora.
Mendoza como laboratorio: el impacto real de vincular escuela y capacitación laboral
El año pasado, tu equipo diseñó junto a Provincia de Mendoza y con financiamiento del BID el proyecto “Tu futuro en marcha”, que conecta la secundaria con Centros de Capacitación para el Trabajo. Tras la fase de monitoreo, ¿qué indicadores concretos está devolviendo esa evidencia y qué condiciones de educabilidad y gestión se necesitan para escalar un modelo así a otras jurisdicciones del país?
Hay algo en el origen de “Tu futuro en marcha” que me gusta mucho: es una experiencia que nació en el territorio y se transformó en política pública. Esto es, escuelas secundarias y centros de capacitación para el trabajo (CCT) estaban generando instancias de articulación de forma espontánea, donde estudiantes del último año realizaban cursos de formación con buenos resultados. Las autoridades miraron el modelo y lo replicaron en este trabajo conjunto que señalás con CIPPEC y el BID. Esto muestra que muchas veces una buena política pública ya está sucediendo, no siempre es necesario crear de cero. En 2025, Tu Futuro en Marcha involucró a 800 estudiantes de 44 escuelas secundarias y 30 CCT de 15 de los 18 departamentos de Mendoza. Los trayectos formativos fueron de distintas temáticas: gastronomía, electricidad, soldadura, informática, turismo, atención al cliente. Una buena parte de los estudiantes alcanzó la certificación, lo que les permite egresar con el título secundario en un bolsillo y una certificación laboral en el otro. Las instancias de grupos focales que realizamos sobre fines del ciclo lectivo reflejaron una mayor motivación y participación de los estudiantes, una revalorización del sentido de la secundaria, un mayor interés por el futuro en los estudiantes. Una mirada integral del monitoreo de esta iniciativa debería completarse con un “seguimiento de cohorte”, esto es, conocer qué hicieron los jóvenes que participaron de estas propuestas formativas una vez terminada la secundaria, si continuaron sus estudios, si se insertaron laboralmente en puestos de trabajo afines a la formación. Eso está pendiente.
En todo caso, considerando esta experiencia de Mendoza y las otras tantas que forman parte del relevamiento que hicimos hay algunas condiciones que son necesarias para escalar las iniciativas. A riesgo de repetirme, un ecosistema dinámico en el que confluyan una multiplicidad y variedad de actores tanto del sector educativo, como del mundo productivo, de la sociedad civil y de distintas áreas de gobierno. Por otra parte, un marco claro de reglas que dé previsibilidad y seguridad. También, una estructura sólida de acompañamiento a los estudiantes en el tránsito por estas propuestas de forma de potenciar su sentido formativo. Finalmente, una serie de incentivos que favorezca la participación del sector productivo.
Radiografía docente: caída salarial, fragmentación y las trabas para una reforma integral
Señalaste con Carla Paparella y Cecilia Veleda en el documento “El corazón del sistema educativo: políticas para fortalecer la profesión docente” que el salario docente perdió terreno real frente a 2005, que la oferta de formación inicial está hiperfragmentada y que el trabajo en el aula sigue dominado por la soledad pedagógica. Sobre la base de ese diagnóstico, ¿cómo se diseña una reforma integral de la carrera y el desarrollo profesional docente que desarme esa inercia sin naufragar en el conflicto gremial o fiscal?
Por un lado, considero que la cuestión docente hoy no tiene en la agenda pública la relevancia que amerita. Por otro, las políticas para la docencia suelen ser un campo de políticas públicas bastante conservador. Con este telón de fondo y con el diagnóstico que comentaste sobre la mesa, desde CIPPEC estamos impulsando un proyecto que se llama RaD.Ar (Radiografía de la Docencia Argentina) que busca promover un diálogo sostenido sobre la docencia, reúne datos, presenta experiencias de otros países y algunas otras iniciativas que estamos desarrollando. En todo caso, los distintos elementos que hacen a RaD.Ar responden a una teoría de cambio sobre cómo promover una política integral para la docencia que desarme la inercia a la que hacés referencia. Hay que colocar a la docencia en el centro del debate público con evidencia que dé cuenta de su relevancia y de las condiciones en las que hoy se ejerce. Hay que traer a la escena las voces docentes para saber cómo se vive hoy la profesión. Hay que saber qué funciona en el mundo para buscar inspiraciones. Hay que comprender cómo la sociedad valora a los/as docentes y apuntar a reconstruir su autoridad pedagógica. Y hay que promover un diálogo plural que siente las bases y busque acuerdos sobre cómo fortalecer la docencia en Argentina. En relación a esto último, en la primera etapa de los “Diálogos por la Docencia” reunimos a 50 referentes en la temática de distintos recorridos, pertenencias institucionales y posicionamientos político-ideológicos que se reunieron entre marzo y junio de este año logrando una serie de acuerdos que marcan una hoja de ruta. Quedó en evidencia que el statu quo no es la plataforma para generar los cambios que la docencia necesita y sobre esa base aspiramos a seguir los diálogos de cara a la conversación electoral de 2027.
La transición demográfica en las aulas: ¿reestructuración pedagógica o ajuste de gasto?
Siguiendo con la cuestión docente: afirmás que la baja de la natalidad “abre una oportunidad que hay que aprovechar con valentía y creatividad” para reestructurar el sistema educativo argentino. Es una idea fuerte. Ahora bien, entre la oportunidad estratégica y el riesgo de un ajuste presupuestario bajo ropaje técnico hay una delgada línea, donde la excusa perfecta para un ajuste disfrazado de mejora se imponga. ¿Cómo se traduce esa oportunidad, en la práctica, en decisiones sobre planta docente, formación inicial y organización escolar, sin que termine siendo solo recortar?
La parte de la valentía, la decíamos porque hay una defensa que hacer del presupuesto educativo ante las áreas de Hacienda. La otra vez en un evento en una provincia, veía que una consultora económica hacía una proyección donde ante la caída de la matrícula, caía necesariamente el presupuesto en educación asumiendo que la asignación actual es efectiva y eficiente. Esa es una batalla que dar. Claro que hay que darla con creatividad, por un lado en la estrategia de negociación con Hacienda, por ejemplo proponiendo una “tregua” donde el presupuesto educativo no se toque por unos años. Por otro, en la selección de alternativas de política educativa. Ahí hay varias cuestiones en materia de política docente que surgieron de los “Diálogos por la Docencia”. Planificar la dotación docente y hacer sintonía fina en la organización de las carreras en función de este escenario demográfico. En este contexto de reorganización, formadores de institutos podrían orientarse a la formación continua. Promover la creación de roles diferenciados (especialista en temáticas prioritarias, mentores de docentes noveles, tutores, entre otros) integrados en una carrera horizontal. Remunerar tiempo de trabajo en equipo y de formación entre colegas docentes.
Evaluación de aprendizajes: qué falta medir y el riesgo del uso político de los datos
Uno de los ejes fuertes de CIPPEC es acompañar a las provincias en el diseño de sistemas de evaluación de aprendizajes, algo que los organismos internacionales recomiendan justamente para proteger las trayectorias escolares. Como alguien que gestiona ese conocimiento de cerca, ¿qué te parece que un sistema de evaluación debería medir hoy y todavía no mide, y qué riesgos ves en cómo se esos resultados? ¿qué dimensiones clave del desarrollo escolar se nos están escapando en las pruebas estandarizadas actuales y qué resguardos metodológicos o éticos deben tomarse para que los datos no se manoseen política o mediáticamente?
En cuanto a las evaluaciones de aprendizajes, más que pensar qué falta medir, creo que vale la pena pensar en cómo aprovechar mejor sus resultados y orientar decisiones en distintos niveles. La evidencia que surge de estos operativos puede ser útil para el diseño de políticas, la reorientación de recursos, pero también un insumo para la mejora a nivel de las escuelas. Y ahí hay un trabajo por hacer que es muy valioso y que algunas provincias, pienso en Córdoba o CABA (y seguro hay otras), tienen en marcha. Me refiero a generar devoluciones comprensible y oportunas para las escuelas, tiempo para analizarlas y acompañamiento para traducirlas en decisiones de enseñanza.
Sí creo que hay un margen importante para hacer dialogar los resultados de aprendizaje con otras mediciones. Típicamente, los indicadores de trayectoria. Pero también sabemos que los aprendizajes necesitan escuelas con condiciones y capacidades para sostenerlos: infraestructura, materiales para la enseñanza, un plantel docente y una conducción pedagógica sólida, tiempo efectivo, entre otros elementos. Conocer las necesidades de cada institución permite orientar recursos y acompañamiento que aseguren las condiciones para aprendizajes de calidad.
Balance postpandemia: qué capacidades estatales perduran y cuáles se disiparon
Durante el aislamiento por la pandemia coordinaste, desde CIPPEC, el análisis de cómo respondieron las 24 provincias argentinas para sostener la continuidad pedagógica. Con la distancia que da el tiempo, y habiendo sido vos quien sistematizó todo eso en ese momento, En principio, ¿se aprendió algo de ese período o no? Si se aprendió, ¿qué innovaciones o capacidades estatales lograron asentarse de forma permanente en los ministerios y qué valiosa capacidad instalada se disipó al volver a la vieja normalidad?
La pandemia impuso la necesidad de contar con información oportuna para hacer un seguimiento de las trayectorias de los estudiantes. Esa fue una agenda que se sostuvo y se consolidó en la etapa post pandemia. Por un lado, se fortalecieron de forma significativa los sistemas de información jurisdiccionales y su articulación con los nacionales. El desarrollo de los sistemas de alerta temprana también fue parte de este impulso. Por otro lado, al calor de la pandemia, se multiplicaron las evaluaciones de aprendizaje implementadas a nivel de las provincias. De 2020 a la fecha, 21 de las 24 jurisdicciones (quizás a esta altura ya son más) realizaron algún operativo propio. Sin desconocer la diversidad de estos esfuerzos en términos de su calidad técnica y el desafío pendiente de la coordinación con los operativos nacionales, estas evaluaciones son hoy parte del menú de herramientas de política educativa.
En otro orden, diría que hay cuestiones que fueron centrales durante la pandemia y que el tiempo que siguió no las trató bien. Pienso en las tecnologías que mientras estuvieron suspendidas las clases presenciales fueron claves para sostener la continuidad pedagógica. El uso intensivo de las tecnologías en tiempos de pandemia podría haber dado lugar a una conversación sostenida sobre su mejor uso pedagógico, pero no fue el caso. También pienso en el rol de los/as docentes. Fue evidente en tiempos durante el confinamiento en los hogares el rol fundamental que cumplen y el saber profesional que poseen. Esa sensación parece haber quedado atrás y la autoridad docente está siendo desafiada por distintos frentes.
La brecha que no se percibe a simple vista: cuando la evidencia técnica choca con las decisiones de Estado
Tu trabajo de todos los días es producir conocimiento desde una organización de la sociedad civil que no ejecuta política pública directamente, sino que busca influir en lo que deciden los ministerios provinciales y nacionales. Pero como todos sabemos en Argentina generar evidencia de calidad no garantiza que el Estado la transforme en política pública efectiva. De poco sirve investigar, diseñar alertas tempranas o acompañar políticas si ese conocimiento no se traduce en decisiones concretas: ¿cómo ves hoy esa capacidad de traducción de los insumos de CIPPEC o de otras organizaciones similares en decisiones reales, y qué le falta al vínculo entre sociedad civil y Estado en Argentina para que el producto de esos vínculos, generen un impacto positivo más sostenido y de mayor profundidad en el tiempo?
Permitime contestar esta pregunta desde la óptica de los desafíos que hoy organizaciones de la sociedad civil como CIPPEC, think tanks, tienen en la actualidad. Se trata de un contexto en el que el debate público ya no es Estado-céntrico, sino que está descentralizado a partir de las redes sociales y nuevos actores con capacidad de incidir en la agenda; la polarización y la confrontación dominan la discusión; y la IA altera la producción de conocimiento y hace que el valor marginal de producir una investigación sea menor que hace una década. Adaptarse a este escenario es desafiante. Y creo que el diferencial puede estar en combinar la producción de conocimiento y generación de recomendaciones basadas en evidencia con la convocatoria a un diálogo sostenido y estructurado en torno a cuestiones nodales de política pública. Esto es, por ejemplo, lo que estamos impulsando con RaD.Ar y con los “Diálogos por la Docencia” en particular. Ese es el aporte que esperamos hacer en CIPPEC.












