martes, 26 de mayo de 2026

    El saldo que tanto da que hablar

    Récord de saldo comercial favorable. Récord de exportaciones. Récord de caída de importaciones.
    Buenas y malas noticias. En este caso el mensaje son los números. Las exportaciones de 1990 serán de alrededor de 12.500 millones de dólares, con un aumento del 30,5 por ciento sobre los 9.577 millones de dólares del año anterior. Las importaciones alcanzarían apenas a 3.500 millones de dólares o sea el 16,7 por ciento menos que los 4.204 millones de 1989.
    El saldo comercial de 1990 alcanzaría, por lo tanto, a 9.000 millones de dólares, con un incremento del 67,5 por ciento sobre los 5.373 millones de 1989. Si a esta cifra récord de saldo comercial se agregan unos 5.000 millones de dólares que las empresas y particulares se vieron obligados a traer en 1990 para financiar sus déficit operativos, más otros 5.000 millones de dólares que sería el monto de transferencias de capitales que emigraron a la Argentina para aprovechar el diferencial de la tasa de interés, se comprenderá por qué a lo largo de los últimos doce meses el dólar fue una mercadería superabundante.
    No debe quedar duda alguna que todavía la Argentina no implantó el mercado libre para las operaciones con divisas. La represión se ejerce a través de un encaje artificialmente alto de los depósitos bancarios para impedir de esa manera cambios rápidos de moneda.

    Fuga de capitales
    El extraordinario aumento del saldo comercial, como ha sucedido en otras oportunidades, difícilmente quede en el país y todo indica que los operadores están esperando el momento oportuno a pesar de la política de iliquidez para abandonar los depósitos a plazo para cambiarse en divisas extranjeras y emigrar. La emigración de capitales es uno de los grandes problemas de la
    Argentina sin solución hasta el momento.
    El nivel de las importaciones, a moneda constante, significa retroceder a mediados de la década de 1960. Las importaciones están estrechamente correlacionadas con el Producto Bruto Interno y con la Inversión Interna Bruta. Ambas variables tendrán una pobre performance en 1990 y todo indica que
    se repetirá esa actuación en 1991.
    El fuerte aumento del área sembrada durante 1989 y los incrementos de cosechas que se registraron en 1990 fueron los factores de mayor importancia para alcanzar los 12.500 millones de dólares de exportaciones. El incremento del 30 5 por ciento de los envíos al exterior es el resultado de la performance de los Productos Primarios (PP) y de las Manufactura; de Origen Agropecuario (MOA), según la clasificación de los envíos que realiza la Subsecretaría de Industria y Comercio Exterior.
    Asimismo hubo un pequeño repunte de los otros dos rubros, como son las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) y Combustibles. Todo parece indicar, sin embargo, que comienza a descender la tasa de crecimiento de las MOI afectadas por el atraso del tipo de cambio.
    Los mayores volúmenes de manufacturas se lograron en 1990 por parte de la siderurgia, química y petroquímica, industria automotriz y del tractor, metales no ferrosos (aluminio), máquinas eléctricas, celulosa y papel.

    Perspectivas agrícolas
    Para muchos, las exportaciones de este año serán levemente inferiores a las de 1990, mientras que las importaciones podrían ser algo superiores. Los primeros indicios apuntan a un nivel de 11.500 millones de dólares de exportaciones y 4.500 millones de importaciones, con un saldo de 7.000
    millones de dólares.
    El principal generador de divisas es el sector primario y en ese sentido se espera repetir aproximadamente el mismo volumen de cosecha que en 1990.
    Las expectativas de exportación de granos argentinos para 1991 ronda los 25 millones de toneladas, que significará un ingreso, al tipo de cambio actual, de 3.900 millones de dólares. Claro está que estas cifras pueden sufrir significativas modificaciones en base a lo que suceda en el Golfo Pérsico y la
    evolución de las rondas del GATT, por ahora bloqueadas por las expectativas bélicas.
    Si bien la Argentina nunca tuvo mayores problemas para colocar sus saldos exportables, pese a los inconvenientes surgidos de las distintas políticas proteccionistas de la Comunidad Económica Europea. “Todo parece apuntar a que la economía europea no va a seguir transfiriendo recursos producidos por la industria a una agricultura deficiente”, dijo a MERCADO José Sáez García,
    presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. “Sin embargo -agregó- los acontecimientos del Golfo amenazan con cambiar definitivamente las reglas de juego del mercado internacional en todos sus aspectos”.
    La cosecha gruesa En cuanto a las posibilidades que presenta la cosecha gruesa son bastante alentadoras. El área sembrada de trigo es de 6.200.000 hectáreas, en tanto que la de maíz es de 2.400.000; sorgo, 900.000; lino, 590.000; girasol, 2.400.000 y soja 4.900.000, cayendo por primera vez en los últimos 5 años su area sembrada, en tanto que los restantes cultivos la aumentaron. Sin embargo no se puede dejar de lado que en los últimos 10 años, el área sembrada de soja creció un 160 por ciento.
    Pero estos resultados no necesariamente tienen que arrojar cifras en dólares igualmente alentadoras.
    De mantenerse el tipo de cambio actual, los productores agropecuarios verían seriamente comprometidas sus posibilidades económicas para la próxima campaña 1991/92.
    Por otra parte, la autorización de operaciones a término en dólares, anunciada el 14 de agosto de 1990 por el presidente Menem trajo una nueva dinámica al mercado interno, lográndose un promedio de operaciones diarias que oscila en los 20 millones de toneladas de granos. “Esto significó transparencia a la operatoria, al tiempo que la dinámica -afirma-, pero el tipo de cambio, la tendencia futura en política monetaria, obviamente resulta tan importante como lo que se pueda decidir en el GATT”.

    La Argentina en el mundo
    La participación de la Argentina en el comercio internacional es muy pequeña y puede ser considerada totalmente marginal: representa el 0,3 por ciento de las exportaciones mundiales y el 0,2 por ciento de las importaciones. En 1989, último año de una compilación mundial hecha por el Fondo Monetario Internacional, las exportaciones de todos los países sumaron 2.912 miles de
    millones (2,9 billones) de dólares mientras que la Argentina aportó 9.842 millones de dólares. Las importaciones mundiales fueron de 2.762 miles de millones (2,7 billones) de dólares, con una participación de la Argentina de 4.287 millones de dólares.
    En el ranking mundial de las exportaciones, la Argentina registró el lugar 46°, mientras que en el ranking mundial de las importaciones su posición fue 59°. Décadas de políticas económicas de inestabilidad de las normas, atraso del tipo de cambio como una forma de combatir la inflación provocada por el déficit del presupuesto y elevados impuestos a la mercadería que se envía al
    exterior son los tres elementos más citados por los empresarios exportadores como explicación a una situación de rezago frente a los otros países.

    Una comparación con Chile
    Un reflejo de esta lamentable situación surge de una comparación con el vecino Chile, con un tercio de población que la Argentina y mucho menos dotado de recursos naturales. El comercio internacional de Chile, o sea la suma de las exportaciones y de las importaciones de 1989 fue de 14.687 millones de dólares, o sea el 3,9 por ciento más que los 14.129 millones que la Argentina
    registró por el agregado de esos rubros.
    Otras comparaciones con las exportaciones de países o territorios pequeños como Suiza, Dinamarca, Portugal, Hong Kong, Taiwán o Israel, muestran esta deficiencia de la economía argentina.

    Cambios muy profundos
    Los cambios en el comercio internacional son rápidos y muy profundos, no sólo en los países industrializados de la OCDE, que captan el 70 por ciento del comercio mundial, sino también en los países en desarrollo.
    Ciertos productos que casi no figuraban entre las exportaciones del mundo en desarrollo hace apenas diez años por ejemplo, equipos y accesorios para el procesamiento de datos; máquinas de oficina; equipos para la grabación y reproducción de sonido; automóviles, camionetas y motocicletas; y equipos de calefacción y refrigeración están adquiriendo más peso en el comercio internacional.
    En gran medida, este aumento de los flujos comerciales refleja la naturaleza cada vez más competitiva de la economía mundial. En la década de los ´80, las empresas de los países industrializados procuraron reducir los costos de producción introduciendo innovaciones, como los métodos de producción “justo a tiempo” y creando una multiplicidad de acuerdos de fabricación de componentes a través de empresas de países en desarrollo.
    Las compañías de los países industriales han racionalizado la ubicación de sus plantas de producción, a menudo para exportar lo producido por las subsidiarias extranjeras al país de origen o a un tercer país. Por ende, no sólo está aumentando el comercio de productos sino también, y espectacularmente, el de piezas, componentes y subconjuntos, impulsado en parte por la inversión
    extranjera directa en los países en desarrollo. Ante costos internos crecientes, las empresas de los países de reciente industrialización del Este de Asia también están aportando al crecimiento del comercio a través de la producción extraterritorial.

    La competencia
    Pero lo que más incidió en la veloz expansión de las exportaciones de los países en desarrollo fue el rápido aumento de la demanda de bienes importados que se produjo en los Estados Unidos durante la década del ´80.
    Entre 1980 y 1988, las importaciones norteamericanas de bienes manufacturados provenientes del mundo en desarrollo subieron de 35.000 millones a 122.000 millones de dólares, mientras que las de la CE pasaron de 40.000 millones a 86.000 y las del Japón de 8.000 millones a 30.000 millones de dólares.