El hombre de la bolsa y la IA

Por Pablo Vallés para Revista Mercado.

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Cuando yo era niño, época sin redes sociales y poca oferta televisiva, jugaba con amigos y con mis primos en la calle.
Era en un barrio del conurbano bonaerense, donde vivía con mi abuela.

Ella nos dejaba estar en la calle hasta las 19.
Más o menos a esa hora pasaba “el hombre de la bolsa”.
A las 19 debíamos estar dentro de la casa, listos para un baño, cenar e irnos a dormir.
A mí no me daba miedo “el hombre de la bolsa”.
Solía discutir con mi primo (él le tenía terror) acerca del tema.
Muy internamente esperaba verlo algún día para reventarlo a patadas.
Otras veces me lo imaginaba como un anciano loco e indefenso que, con un par de gritos y ladridos de nuestro perro “John”, se alejaría.

Quizás este sea el origen de no tener ningún tipo de temor a que la humanidad termine extinguida por la inteligencia artificial o los avances de cualquier tipo de tecnología.

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O quizás sean las historias de la misma abuela Luisa acerca de la gente que se había suicidado por temor al choque con la Tierra del cometa Halley en 1910, o lo que leí en el colegio y, a posteriori, sobre la Revolución Industrial, o mi propia experiencia esperando la guerra nuclear junto con Soda Stereo (cantando “un misil en mi placard, un modelo para armar pero nunca para desarmar”), o lo vivido en 1999 esperando el colapso mundial de las computadoras al llegar el año 2000, lo que traería —nuevamente— el fin de la humanidad.

Nadie puede negar el desarrollo y el inconmensurable avance de la IA.

Ya no solo nos dice al instante el nombre del actor protagonista de la película que vimos en los 90 o hacerme un listado para no olvidar los cumpleaños de mis tías o cuántas Copas Libertadores tiene ganadas el Bragantino de Brasil.
Es capaz de dirigir una empresa. Saber de memoria el Código Penal. Diagnosticar enfermedades o recomendar el mejor material para una construcción.

Nos dicen que hoy puede declarar y conducir una guerra, terminar con países y con cada ser humano viviente.
La IA es la artífice del caos total.

Nos hablan de construcción de bunkers y hasta de la posibilidad de colonizar Marte para salvarnos.

¿Y si nada de esto sucede?

¿Si es una construcción imaginaria que actúa con poder de disciplina como el hombre de la bolsa?

“No seas ingenuo. Es una realidad.
Nadie la puede regular ni frenar”.
Eso me repiten hasta el cansancio.

“El que trajo el borracho a la fiesta se lo debe llevar”, dicen en el barrio. La misma lógica aplica para el que desarrolló o está desarrollando la IA: puede y debe regularla y controlarla.

Ahí es donde la charla cae indefectiblemente en el mismo argumento: “Con China no podés”. “Se podría hacer de este lado del mundo, pero los chinos seguirían”.

¿Cómo?

¿China no puede “regular”?

¿Justamente China?

“Podría, pero no quiere”, contestan.

Entonces se me abren dos razonamientos:

  1. Los chinos son idiotas. Van directo a su autodestrucción.
  2. Los chinos buscan someter con IA a todo el resto de la humanidad y nosotros somos los buenos, los que resistimos.

La “chinofobia” es evidente en cualquiera de los dos razonamientos.

Entonces… Esto me vuelve a sonar conocido.

Antes eran los rusos soviéticos. Después, los islámicos, pasando por los narcotraficantes latinoamericanos, los cubanos, los negros o los judíos.

Hoy son los chinos y su supuesta maldad o incapacidad de no regular los alcances de la IA y todo el espectro tecnológico.

No es cuestión tampoco de caer en la “chinofilia” y pensar que es exactamente al revés y que se trata de pobres e inocentes criaturas orientales discriminadas y oprimidas por malvados capitalistas occidentales.

Es hora de darse cuenta de que todo este relato de la IA descontrolada consigue que muchos estén convencidos de un problema futuro y que esto no permite que veamos los problemas actuales.

Que es inconmensurable la cantidad de dinero que se destina a ese problema futuro y se llevan supuestos expertos en salvación (al igual que sucedió con el efecto “Y2K”).

Estoy dispuesto a debatirlo con quien sea, en cualquier lugar y a cualquier hora.

Incluso luego de las 19 h.

Porque el hombre de la bolsa no va a pasar porque no existe.

Y la IA descontrolada, tampoco.

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