El calendario corporativo tiende a concentrar anuncios, balances y eventos hacia el cierre del año, pero esa dinámica puede jugar en contra de las marcas cuando buscan captar atención. María Laura Russo, asesora y CEO de Mixel Comunicación y Marketing, plantea que la ventana más eficaz para posicionar hitos de marca o convocar a eventos de balance anual se ubica antes del pico de diciembre, en particular entre septiembre y octubre.
Russo describe que, a partir de noviembre, el ecosistema de medios, redes sociales y casillas de correo entra en una etapa de saturación. En ese contexto, se acumulan anuncios simultáneos, eventos corporativos superpuestos en las mismas semanas y balances apurados, mientras los saludos de fin de año tienden a perder impacto. La ejecutiva resume ese escenario como un “ruido blanco” que dispersa la atención de las audiencias.
La autora sostiene que el problema no se limita al volumen de mensajes, sino a la oportunidad. Durante el último bimestre del año, directivos, periodistas, clientes y decisores de compra enfrentan una sobrecarga de estímulos, con agendas más exigidas y un mayor nivel de competencia por el tiempo disponible. En esa situación, intentar liderar una conversación, comunicar un hito o convocar a un encuentro en diciembre suele derivar en dos desenlaces: pasar inadvertido o asumir sobrecostos para lograr un impacto breve.
Una premisa para el último trimestre
Frente a ese patrón, Russo propone cambiar el calendario de la estrategia y anticipar la disputa por la atención. “La verdadera ventaja competitiva del último tramo del año se define en la ventana de septiembre y octubre”, afirmó Russo. En esa lógica, fija una regla operativa: “Septiembre es para diseñar con precisión quirúrgica y octubre es para ejecutar con exclusividad”.
El argumento se apoya en la disponibilidad real de la audiencia. En octubre, las agendas de tomadores de decisiones, líderes de opinión y prensa todavía conservan aire, lo que mejora las chances de presentar novedades relevantes, posicionar mensajes clave y generar encuentros cara a cara con una mayor tasa de asistencia.
Microsegmentación y formatos no convencionales
La anticipación, además, habilita formatos menos convencionales frente al mensaje masivo tradicional de fin de año. En lugar de una campaña genérica, la ventana de septiembre y octubre permite bs y de alto impacto, como mesas redondas, experiencias personalizadas para clientes estratégicos, reportes sectoriales exclusivos o contenidos de autoría capaces de instalar agenda antes del cierre del ciclo.
Para que el esquema funcione, la especialista sostiene que la microsegmentación debe primar sobre el alcance. “Es infinitamente más rentable reunir a 15 decisores clave en un desayuno de trabajo en octubre que enviar un saludo impersonal por correo a miles de contactos en diciembre”, afirmó Russo. En ese enfoque, la comunicación de cierre de ciclo debería aportar datos concretos, análisis de tendencias y una postura clara sobre los desafíos por venir, en lugar de limitarse a la cortesía social.


