El 14 de abril de 2026, ante unos 1.500 empresarios reunidos en el AmCham Summit de Buenos Aires, el ministro de Economía, Luis Caputo, formuló una de las promesas económicas más concretas del Gobierno: “Los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”.
Han pasado 138 días. El plazo que trazó el ministro recién se completará en octubre de 2027, pero los primeros resultados permiten hacer un balance parcial. La fotografía presenta dos caras: los indicadores financieros y de inversión muestran avances respecto de un año atrás, mientras que buena parte de las variables asociadas con actividad, ingresos, empleo y consumo todavía no acompaña con la misma intensidad.
La apuesta de Caputo
Cuando formuló el pronóstico, Caputo partía de una economía que había crecido 4,4% en 2025. Según explicó entonces, la Argentina podría haber crecido 7% sin la incertidumbre previa a las elecciones y la caída de la demanda de dinero.
También anticipó una aceleración del proceso de desinflación. “La inflación va a tener certificado de defunción”, afirmó, aunque evitó ponerle una fecha precisa.
El tercer componente de la apuesta era la inversión. En abril había más de 35 proyectos presentados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), por más de US$80.000 millones, de los cuales 13 ya estaban aprobados por US$28.000 millones. Caputo agregó entonces que el Gobierno proyectaba licitar otros 12.000 kilómetros de corredores viales.
Cuatro meses y medio después, algunas de esas variables evolucionaron en la dirección que esperaba el ministro. Otras todavía están lejos de confirmar su pronóstico.
Reservas, riesgo país e inversiones
Las reservas internacionales del Banco Central se ubicaron hacia fines de agosto alrededor de US$50.900 millones, uno de los niveles más altos de los últimos años. La acumulación de divisas constituye uno de los principales activos financieros del programa económico.
El riesgo país también presenta una mejora considerable cuando se amplía el horizonte de comparación. El indicador de JP Morgan cerró el 28 de agosto en 512 puntos básicos, frente a los 1.222 puntos que había alcanzado en septiembre de 2025.
Pero la trayectoria de 2026 es menos lineal. El riesgo país comenzó enero en torno de los 571 puntos, llegó a tocar 402 puntos en julio y terminó agosto en 512. Solo durante agosto subió 19,1%. La mejora interanual, por lo tanto, convive con un deterioro reciente.
El RIGI ofrece otra señal favorable. Los 13 proyectos por US$28.000 millones que mencionó Caputo en abril ya quedaron desactualizados: a mediados de agosto se contabilizaban 21 proyectos aprobados, con inversiones previstas por unos US$46.700 millones.
El dato no equivale todavía a desembolsos realizados por ese monto, pero sí refleja compromisos de inversión que superan ampliamente los registrados cuatro meses atrás.
La inflación no está muerta
La evolución de los precios ofrece una lectura menos favorable.
El IPC aumentó 2,1% en julio, frente al 1,9% de junio, y cortó tres meses consecutivos de desaceleración. La inflación acumulada durante los primeros siete meses llegó a 19,3% y la variación interanual se ubicó en 33,8%.
La composición del índice introduce un matiz. La inflación núcleo —que excluye precios regulados y estacionales y permite observar mejor la tendencia subyacente— fue de 1,8% mensual y se mantuvo por debajo del 2% por tercer mes consecutivo.
La actividad perdió velocidad
El segundo contraste aparece en la economía real.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) creció 0,8% en junio respecto de mayo y 2,7% frente al mismo mes de 2025. Sin embargo, el promedio del segundo trimestre quedó 0,9% por debajo del primero.
Durante el primer semestre, la actividad acumuló un crecimiento interanual de 1,9%, lejos del 4,5% con el que había terminado 2025.
La composición también importa. Minería y agro explicaron una parte significativa de la expansión, mientras sectores más vinculados con la demanda interna exhibieron un desempeño más débil. El crecimiento existe, pero perdió velocidad y continúa distribuido de manera desigual.
Empleo, salarios y consumo
El mercado laboral constituye uno de los puntos más débiles del balance.
Según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, desde noviembre de 2023 se perdieron 241.000 puestos asalariados formales en el sector privado, una caída acumulada de 3,8%. En mayo se registraron otros 9.000 empleos privados formales menos y el indicador completó doce meses consecutivos de retroceso.
El salario mínimo también muestra un deterioro significativo. Su poder adquisitivo cayó 40,5% entre noviembre de 2023 y julio de 2026 y quedó por debajo del nivel registrado en 2001, de acuerdo con el mismo estudio.
El consumo masivo tampoco logró consolidar una recuperación. Según Scentia, las ventas cayeron 2,6% interanual en julio, aunque aumentaron 4,2% frente a junio. En los primeros siete meses de 2026 acumularon una contracción de 2,9%.
La pobreza frenó su descenso
Los indicadores sociales requieren una lectura más cuidadosa.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA estimó que la pobreza alcanzó al 30% de la población durante el primer trimestre de 2026. Fue apenas 0,1 punto porcentual más que en el último trimestre de 2025, pero interrumpió el proceso de descenso que se observaba previamente.
La comparación interanual, en cambio, todavía resulta favorable: en el primer trimestre de 2025 la pobreza había sido estimada en 31,4%.
El indicador muestra así un fenómeno distinto al del empleo: más que un deterioro pronunciado en el último trimestre, señala que la mejora social perdió impulso.
Un balance todavía abierto
A poco más de cuatro meses de aquella frase, resulta prematuro determinar si Caputo acertará con su pronóstico. De los 18 meses prometidos todavía quedan casi 14.
Los primeros resultados tampoco permiten dividir el balance simplemente entre una city satisfecha y una economía real en crisis. El escenario es más heterogéneo.
Las reservas aumentaron, el riesgo país permanece muy por debajo de los máximos de 2025 y el RIGI acumuló compromisos de inversión por casi US$47.000 millones. Al mismo tiempo, el riesgo soberano empeoró durante agosto, la inflación mensual volvió a superar el 2%, la actividad cayó en el segundo trimestre frente al primero y el empleo privado formal continúa retrocediendo.
El próximo tramo será más exigente para la promesa oficial. El IPC de agosto se conocerá el 10 de septiembre; los datos de actividad mostrarán si el retroceso del segundo trimestre fue transitorio; y el mercado deberá definir si la suba reciente del riesgo país fue una corrección o un cambio de tendencia.
El plazo que fijó Caputo termina en octubre de 2027. A 138 días de haberlo puesto en marcha, el programa muestra avances financieros e inversiones comprometidas, pero todavía no consiguió trasladarlos de manera generalizada a la actividad, el empleo, los ingresos y el consumo.












