El estudio uruguayo Rudolph Arquitectos identificó un aumento de consultas y proyectos de clientes argentinos orientados a comprar terrenos y construir viviendas propias en Punta del Este y su entorno, con diseños pensados como segunda residencia y, en muchos casos, con posibilidad de uso durante todo el año. La tendencia se asocia a estadías más extensas y a una demanda que busca estándares de vivienda permanente.
El fenómeno se inserta en un ciclo de actividad constructiva en el departamento de Maldonado. Durante la última administración, la Intendencia de Maldonado aprobó 5,3 millones de metros cuadrados de obras, asociados a una inversión privada de alrededor de US$ 12.000 millones. En 2025 se aprobaron 1,3 millones de m², y el 70% ya había alcanzado el final de obra al momento de difundirse los datos.
Nicolás Rudolph, director de Rudolph Arquitectos, vinculó el movimiento con cambios demográficos y de hábitos de consumo residencial. “En la última década se radicaron en Uruguay más de 12.000 argentinos”, dijo. En esa lectura, la elección se apoya en una combinación de factores: proximidad geográfica con Buenos Aires, estabilidad y calidad de vida, además de la posibilidad de que Punta del Este funcione como ciudad para vivir durante todo el año.
El directivo sostuvo que la distinción entre vivienda vacacional y residencia permanente se volvió menos nítida. “Es difícil establecer un porcentaje entre quienes construyen para vivir todo el año”, dijo Nicolás Rudolph, director de Rudolph Arquitectos. La planificación, incluso cuando se trata de una segunda residencia, tiende a contemplar períodos largos y requerimientos propios de una casa de uso continuo.
El perfil que predomina en el estudio se concentra en familias, profesionales y empresarios de entre 35 y 55 años, muchos con hijos y con posibilidad de trabajar parcialmente a distancia. En términos de tipología, los proyectos más demandados se ubican entre 200 y 300 m², con tres o cuatro dormitorios. Entre los espacios que aparecen como recurrentes figuran el living-comedor-cocina integrado, parrillero, piscina, una suite principal y un ambiente flexible con función de escritorio. También se registró una mayor preocupación por la eficiencia energética y por los bajos costos de mantenimiento.
En cuanto a ubicaciones, la demanda se concentra en tres polos: Punta del Este —en particular Mansa, Brava y Rincón del Indio—, el eje La Barra-Manantiales y José Ignacio y alrededores. Los barrios privados también ganan protagonismo por su combinación de seguridad, infraestructura y contacto con la naturaleza.
El costo de construcción depende del tamaño, la ubicación, el sistema constructivo, la complejidad arquitectónica y el nivel de terminaciones. Los rangos residenciales parten de aproximadamente US$ 2.000 por m² y pueden alcanzar US$ 4.000 por m². En términos concretos, una casa de 200 m² puede representar una inversión de aproximadamente US$ 400.000 a US$ 800.000, según proyecto, materiales, equipamiento y nivel de terminación.












