lunes, 25 de mayo de 2026

    Fuerte crecimiento en 1992 (parte I)

    Los pronósticos de la mayoría de los economistas coinciden en que 1992, en comparación con el año pasado, exhibirá un mayor dinamismo del aparato productivo, por lo que el Producto Bruto Interno podría crecer entre 6% y 8%. Si bien en principio se estima una sustancial disminución de la tasa anual de inflación, que podría ser de un dígito para los precios mayoristas y de dos dígitos (entre 10 y 15%) para los minoristas, la perspectiva de mayores ventas podrán presionar hacia un aumento de los precios.

    La apertura de la economía en general, con su incremento de las importaciones, y el avance del comercio en el marco del Mercosur serán los elementos -según estas impresiones dominantes- para contrarrestar las presiones alcistas.

    Las ventas, al igual que el año pasado, serán empujadas por un aumento de la capacidad de compra como consecuencia de la fuerte baja de la inflación y por una mayor disponibilidad del crédito, ya que los depósitos en dólares crecen a razón de 7% mensual, lo que implica que se duplican cada 10 meses. A su vez, la tasa de interés negativa en términos reales bloquea un mayor ahorro y alienta las ventas.

    El freno será -así se supone- la política fiscal. Si 1991 fue el año del Impuesto al Valor Agregado (su recaudación aumentó 100% en términos reales), 1992 será el del Impuesto a las Ganancias y el de los aportes previsionales.

    DINAMICA DE LAS INVERSIONES.

    El tercer dato de importancia es que, a diferencia del segundo semestre de 1991, lapso en que el crecimiento estuvo empujado por el consumo, este año se sumarán como elemento muy dinámico la inversión. El punto de inflexión de la evolución de esta variable se registró el año pasado. En 1990 la inversión llegó a su nivel más bajo en medio siglo, al representar sólo 7,5% del Producto Bruto Interno. De acuerdo con la información que maneja el secretario de Planificación, Juan J. Llach, en 1991 creció 40% y de esa manera subió a 10% del PBI.

    El incremento estimado para este año sería de una magnitud similar, lo que permitiría llegar a un nivel de 13% del PBI. El ascenso del indicador en 1991 y el esperado para este año son importantes, pero no hay que olvidar que en la década de los setenta, la Inversión Interna Bruta fue de 20% del PBI.

    A pesar del fuerte incremento de las importaciones, los técnicos no avizoran crisis del sector externo, ni siquiera un balance comercial negativo. Difieren en cambio, en cuanto a la magnitud del saldo comercial favorable, que podría oscilar entre US$ 1.500 y US$ 2.500 millones.

    En este punto, Carlos Bonvecchi (del Centro de Estudios para el Cambio Estructural, CECE) toma distancias con otros colegas y advierte que un país como la Argentina, que tiene que hacer frente a los compromisos de la deuda externa, no puede darse el lujo de tener un balance comercial negativo durante mucho tiempo. Considera que la apuesta a que siempre se va a conseguir financiación a través de capitales compensatorios es muy peligrosa. “Si se desea entrar en el Plan Brady -opinó- deberemos duplicar los actuales pagos mensuales y no es realista suponer que siempre habrá capitales externos, porque los movimientos financieros internacionales son muy volátiles”.

    LAS EXPECTATIVAS EMPRESARIAS.

    Este programa es de shock -opinó Adalbert Krieger Vasena-, pero habrá crecimiento con inflación en baja. Por su parte, el ex presidente del Banco Central Enrique Folcini advierte que será un año de fuertes tensiones en la economía. “Pero serán las tensiones del crecimiento. Bienvenidas sean”.

    Si es cierto que gran parte del desenvolvimiento económico de un país depende de las expectativas, los datos que compila Abel Viglione en FIEL son de gran importancia. Viglione hizo un trabajo comparativo de las expectativas empresarias del Plan Austral, descartó el Plan Primavera porque no

    despertó confianza alguna, pero incorporó el Erman III. Ambos muestran una curva creciente de expectativa favorable durante los primeros meses, luego aparece una meseta de achatamiento hasta que posteriormente al mes séptimo u octavo comienza a decaer. En el caso del Plan Cavallo la diferencia radica en que las expectativas favorables no sólo no cayeron en ese lapso, sino que

    aumentaron con fuerza a partir del quinto mes.

    Armando Blasco, del IPES, considera que el año pasado se inició un proceso de equilibrio fiscal y de consolidación de la Ley de Convertibilidad, lo que ha repercutido favorablemente en las expectativas.

    Pero agrega que otro dato de importancia que se puede constatar es que el fuerte aumento de los depósitos bancarios en dólares y de las importaciones implicaría que habría cesado la fuga de capitales. “Es más -agregó-, en medio del actual contexto económico el aumento de las importaciones muestra que se trata de un retorno de capitales, pero esta vez a través de mercadería”.

    LA BASE PARA EL DESPEGUE.

    Sin embargo, el triunfo final del equipo económico liderado por Cavallo aún está por verse. El reto no es sólo crecer uno o dos años, sino construir la base para el despegue, que tal vez no sea necesariamente espectacular, pero que debería concretarse sin pausa.

    El desafío más importante que enfrenta la economía es lograr una adecuada y sostenida tasa de crecimiento global, sin despertar tensiones inflacionarias ni desequilibrios en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Por si fuera poco, el programa de ajuste deberá acentuarse si las autoridades aspiran a lograr la asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional a través del llamado

    “Sistema de facilidades extendidas”, que es un compromiso de alcanzar metas fiscales durante tres años y un requisito indispensable si se desea comenzar a negogiar el Plan Brady.

    Este año habrá que tomar medidas para corregir distorsiones que les restan competitividad al aparato productivo en general y a la industria exportadora en particular. Juan Luis Bour, de FIEL, identificó varias de ellas, pero las principales pueden ser focalizadas como los altos costos laborales,

    el ausentismo y las rigideces del régimen laboral. Al respecto explicó que si se toma un salario de US$ 100, el trabajador recibe sólo US$ 82 por los descuentos que aplica el gobierno, pero el costo para la empresa, debido a los recargos salariales y reglamentaciones sobre feriados y vacaciones, es

    de US$ 160. Argentina encabeza el ranking de costo salarial entre los países del Mercosur.

    También es el primero en otra situación nada prestigiosa. Se trata del ausentismo, con 10% anual, frente a otros países, como Chile, por ejemplo, que tiene 2,5%. Si al problema salarial y al ausentismo se agregan las rígidas normas laborales, la productividad de la mano de obra es muy baja en comparación con su alto costo.

    LA DEUDA INTERNA.

    Simultáneamente con una mayor dureza en las medidas de ajuste, el clima social impone nuevos compromisos para disminuir la pobreza, reducir los desniveles de los ingresos, mejorar la calidad ambiental y la conservación de los recursos naturales. Daniel Artana, también de FIEL, ve dos grandes problemas para este año. Uno es, precisamente, la obligación que tendrán las autoridades de aumentar el gasto social, y el otro es la imperiosa necesidad de federalizar el ajuste social, o, dicho con otras palabras, que las provincias hagan una mayor reducción en sus gastos, en línea con el esfuerzo que realiza la administración nacional.

    Como contrapartida, no se puede dejar de mencionar que aunque se haya reducido la inflación a 1% mensual, se abre un nuevo capítulo sobre el atraso del tipo de cambio, que no preocupa al sector agrícola, pero sí a los exportadores industriales. Las nuevas políticas han revaluado los movimientos

    regionales de integración, en especial la asociación de libre comercio del Mercosur integrado por la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

    NO HAY QUE DEVALUAR.

    “Con muy buen criterio el gobierno no piensa devaluar porque todos sabemos que provocaría en forma casi instantánea un fuerte y generalizado aumento de los precios por la generación de expectativas negativas. Sin lugar a dudas desataría la puja sectorial porque los sindicalistas pelearían de inmediato por un incremento de salarios. Estas alzas se filtrarían a todos los precios de la

    economía y nuevamente estaríamos al borde de un nuevo proceso inflacionario”. Este es, para el ex secretario de Comercio, Elbio Baldinelli, uno de los puntos más importantes a tener en cuenta para 1992.

    En el contexto de una paridad prácticamente constante, Baldinelli estimó que la presión de las importaciones provocará en una primera etapa una disminución de los precios de las materias primas y productos semiterminados, lo que a su vez mejorará los costos de una gran cantidad de empresas manufactureras. En una segunda etapa se podrá producir una rebaja de los precios minoristas, que son más reacios a la baja.

    LAS TENSIONES DEL CRECIMIENTO.

    El cálculo de los economías del Fondo Monetario Internacional es que el grupo de países endeudados como la Argentina puede alcanzar un crecimiento de 2% en 1992; sin embargo, las estimaciones de los economistas privados y de los funcionarios del gobierno es que la expansión será mucho mayor, de 5% a 8%, según los diferentes analistas. Para Folcini, estos dos escenarios tan diferentes significan mucho. “Estoy seguro -agregó- de que este año vamos a experimentar las tensiones del crecimiento, lo que es una buena noticia después de años de achicamiento. Veo a 1992 como un período de crecimiento, pero asimismo hay que analizarlo con frialdad para no caer en el exitismo”.

    Todos los indicadores inducen a plantear como hipótesis que habrá una demanda de bienes y servicios más fuerte que en 1990 y 1991. El gran interrogante es si la oferta estará en condiciones de satisfacerla. Folcini considera que el primer punto a considerar es que los estudios de FIEL señalan

    que durante 1992 habrá un pequeño margen de capacidad industrial ociosa luego de la fuerte expansión productiva del segundo semestre del año pasado. Esto implica que el sector industrial nuevamente volverá a invertir.

    PENSANDO EN INVERTIR.

    Por otra parte, este análisis teórico se corresponde en forma total con una encuesta que hizo en setiembre último la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, según la cual la expectativa para 1992 es que 50% de los encuestados pensaba en invertir, cuando en marzo de 1991 sólo 25% pensaba

    hacerlo.

    No todo será color de rosa este año. Si bien los precios estarán presionados hacia la baja por las importaciones, Folcini advierte que según la mentalidad de los comerciantes, la ampliación de la demanda, es decir las mayores ventas, provocará la tensión de aumentos de precios. “La mentalidad no va a cambiar de un año a otro -agregó-, y hay que estar advertidos de que se mantenga”.