La falta de un adecuado nivel de inspecciones motivó que muchas empresas de seguros desenvolvieran sus actividades en un marco que no ofrecía prácticamente ninguna garantía para los clientes. Por eso, señala Fernández, una de sus primeras decisiones, cuando se hizo cargo de la Superintendencia en octubre de l989, fue poner en marcha una política muy estricta en materia de inspecciones. En 1990 se realizaron 550 en todo el país, y la cifra prácticamente se triplicó en 1991, con lo que se llegó a un promedio de siete inspecciones anuales por empresa. Para evitar susceptibilidades o situaciones conflictivas, el organismo aplica un procedimiento muy simple. En un sorteo realizado en presencia de los representantes de las empresas, se asigna a cada una de ellas un número. De esta forma, la oportunidad de la inspección queda condicionada al azar: el primer sorteo mensual de la Lotería Nacional. La empresa que resulta favorecida recibe como principal recompensa la oportuna inspección de la Superintendencia. Por lo tanto, ninguna empresa puede sentirse molesta por una racha sucesiva de inspecciones, salvo que suponga un complot entre la Lotería Nacional y la Superintendencia de Seguros.
