viernes, 1 de mayo de 2026

    El nuevo numero 1 (parte i)

    “Ustedes van a ser los capos”, les decía Carlos Pérez Companc, allá por los años ´70, cuando los reunía en su casa para explicarles sus planes. “Tenemos que ser los mejores en petróleo, finanzas, alimentos y comunicaciones”.

    En esa época, la Compañía Naviera Pérez Companc, fundada en 1946, ya no tenía buques de carga sino una pequeña petrolera en expansión y más de cien mil hectáreas de campo sembradas con trigo, maíz y soja, decenas de miles de cabezas de ganado y forestaciones modelo en Misiones. Carlos Pérez Companc también había comprado un pequeño banco en La Plata (el Banco Río de la Plata) y soñaba con fabricar aviones y tener canales de televisión. En 1977 adquirió, además, el 84% de SADE, la empresa de ingeniería y construcción que Vittorio Orsi tenía con General Electric. Aun así, su conglomerado era pequeño en comparación con gigantes como Bunge y Born, Techint o Bemberg. En esas charlas informales de adiestramiento, estaban presentes sus delfines, los jóvenes que había formado desde abajo para ocupar los puestos clave: Eduardo Casabal (finanzas), Oscar Vicente (petróleo), Roque Maccarone y Amadeo Vázquez (ambos en el Banco Río).

    Como intuyendo que pronto debería pasarles el mando y que ellos tendrían que realizar sus sueños de grandeza, Carlos Pérez Companc les aconsejaba mantenerse unidos y trabajar como un equipo sin fisuras. “Siempre nos decía: “Ténganse confianza, discutan todo entre ustedes y sigan al más sabio, no al más jefe””, recuerda Oscar Vicente, vicepresidente del holding y un hombre muy respetado entre los petroleros.

    Quince años después, los discípulos siguen al frente del grupo, que está ahora ubicado posiblemente en el primer puesto del ranking nacional en términos de patrimonio y facturación. La Compañía Naviera Pérez Companc se ha convertido en la mayor productora petrolera privada del país y el Banco Río es la institución privada más grande del mercado.

    La familia Pérez Companc, con Gregorio Goyo Pérez Companc a la cabeza, multiplicó su patrimonio en forma geométrica (aproximadamente US$ 1.400 millones) y controla total o parcialmente unas 50 empresas petroleras, petroquímicas (PASA, Petroquímica Cuyo), de telecomunicaciones (Pecom Nec, Telecom y Telefónica), ingeniería y construcciones (SADE), energía nuclear (Nuclar, Conuar y Fae), informática, metalúrgicas (San Eloy, Mellor Goodwin), de agroindustria y alimentos (Pecom Agra, Aguila Saint), hipermercados (Carrefour) y shoppings (Alto Palermo y el Paseo Recoleta).

    DANZA DE MILLONES.

    Compañía Naviera Pérez Companc, el holding empresario, tuvo una facturación de US$ 700 millones en 1991. Aunque diversas estimaciones privadas sostienen que las ventas totales de las empresas familiares (incluyendo las que no consolidan con Compañía Naviera) ascienden a US$ 2.000 millones, Eduardo Casabal, vicepresidente primero y director financiero del grupo, asegura que la facturación total ronda los US$ 1.000 millones.

    Pero si a esa cifra se le suman los ingresos financieros y por servicios del Banco Río (US$ 450 millones) y la renta de los enormes establecimientos agrícolas que maneja directamente la familia Pérez Companc, es probable que los ingresos del conglomerado superen los US$ 1.500 millones.

    En el próximo balance, cuando aparezcan las ventas de crudo de Puesto Hernández y otras áreas petroleras, además de las generadas por Telecom y Telefónica, es factible que los ingresos del grupo sumen otros US$ 200 millones, y que el grupo económico Pérez Companc se convierta en el número uno del país.

    Eduardo Sguiglia, autor del libro El Club de los Poderosos, recientemente editado por Planeta, compara a Pérez Companc con Alpargatas, Astra, Arcor, Bridas, Bunge y Born, Fate, Macri, Massuh, Techint y Zorraquín, para concluir que “éste es el grupo que más creció y más se diversificó en los últimos 15 años. Es un gran ganador”.

    Para Sguiglia, el éxito de Pérez Companc tiene diversas explicaciones. “Tuvieron el talento de estar en tres sectores clave: petróleo, banca y obra pública”, dice.

    Al igual que muchos de los principales holdings, Pérez Companc obtuvo importantes beneficios de la nacionalización de la deuda externa y la promoción industrial, lo cual le permitió crecer aceleradamente cuando el país se achicaba (ver cuadros).

    Sin embargo, del proceso de fuerte concentración económica registrado en la Argentina durante las últimas dos décadas, Pérez Companc surgió no sólo como uno de los grupos más grandes sino como uno de los más sólidos y mejor gerenciados. El año pasado, tanto el Banco Río como la petrolera Pérez Companc (los dos pilares del grupo) fueron las vedettes del mundo empresario.

    El Banco Río se anticipó al resurgimiento de la confianza externa en la economía argentina y, antes que nadie, colocó exitosamente en Nueva York dos emisiones de eurocertificados de depósitos, por un total de US$ 225 millones, para financiar sus fuertes inversiones en las privatizaciones. Pero el broche de oro llegó a fin de año cuando, como colocador de las acciones de Telefónica, el consorcio del Banco Río -con Citibank y Merril Lynch- se alzó con 51% del total vendido, dejando muy rezagados a sus demás competidores.

    Compañía Naviera (que en realidad es petrolera) se ubicó el año pasado en el primer puesto como la mayor productora privada, al ganar la licitación de Puesto Hernández junto a Occidental, la mejor área central de YPF (ver ranking).

    Nells León, vicepresidente de YPF, dice que Pérez Companc “es una empresa compacta; con 15 personas manejan todo. Tuvo un crecimiento sostenido, muy seguro y bien planeado, apoyado en una sólida base económica y en la cuidadosa selección de sus recursos humanos”.

    LA VEDETTE DE LA BOLSA.

    La compañía Naviera Pérez Companc es un holding gigantesco que cotiza en el mercado bursátil desde 1947 y en 1991 representó 15% del volumen negociado en esa institución.

    Emplea a 10.000 personas y su facturación anual en el balance cerrado en agosto de 1991 fue de US$ 705 millones, con una utilidad de US$ 72 millones. Enel trimestre setiembre-noviembre 1991 arrojó una ganancia de US$ 30 millones y se estima que tanto sus ventas como utilidades seguirán en ascenso.

    Tuvo un rol estelar en el boom bursátil del año pasado. Sus acciones aumentaron 850 % en dólares, duplicando el promedio general. Su valor en el mercado de capitales hay asciende a US$ 3.200 millones.

    Javier García Labougle, director de la sociedad de bolsa Compañía General de Valores Mobiliarios, dice que el “el año pasado me cansé de decirles a los inversores extranjeros que tomaran a Pérez Companc como el núcleo central de su portafolio”.

    Algo más de la mitad (52.6%) de los ingresos de la Compañía Naviera provienen del sector petrolero, que aportó US$ 391.6 millones en 1991. Tras la asociación con YPF para explotar, junto con Occidental, la principal área del país -Puesto Hérnandez- , Pérez Companc desplazó a la norteamericana Amoco en la cabeza del ranking delos productores privados. La constructora Sade, que hasta hace una década solía ser el puntal del grupo, vio descender a la mitad su facturación (US$ 150 millones en 1991) con el estancamiento de las obras públicas. Aunque en años recientes redujo su personal en alrededor de 50%, el último balance también terminó en rojo.

    Con el proceso de privatización del sector eléctrico, y dada su experiencia en la construcción de centrales térmicas y nucleares, SADE espera convertirse en una empresa de producción, distribución y comercialización de electricidad.

    Aunque el sector telecomunicaciones sólo representa 6,6% de su facturación, es aquí donde Pérez Companc apuesta a tener un crecimiento acelerado. Dejó de ser un proveedor de la ex ENTel, con Pecom Nec, para convertirse en un operador directo, como accionista de 15% de Telecom. A fines del año pasado demostró su peso dentro del consorcio operado por France Telecom y Stet, al poner a un hombre de su confianza, Juan Carlos Masjoan, al frente de la empresa.

    A LA CABEZA DE LA BANCA PRIVADA.

    Con un patrimonio neto de US$ 385 millones y depósitos totales por US$ 1.100 millones (más de la mitad en sus filiales en el exterior) el Banco Río de la Plata lidera el ranking de las entidades privadas en la Argentina. A pesar del duro ajuste en el sector financiero, en el último año registró utilidades por US$ 72,5 millones.

    Al igual que el resto de las empresas del grupo, el Banco Río tuvo un crecimiento parejo, equilibrado, sin altibajos. Mientras otras instituciones, como el BIR y el Italia, tocaron el cielo y luego se desplomaron, el Río siguió sigilosamente su derrotero y al cabo de veinte años se instaló cómodamente a la cabeza de la banca privada.

    “Llegamos hasta aquí después de un feroz proceso de selección”, dice el vicepresidente segundo, Amadeo Vázquez, recordando los inicios (cuando el Banco Central dibujaba la cuenta de resultados de cada institución), el piedra libre de Martínez de Hoz (que llevó a la quiebra a más de uno) y el vértigo de la patria financiera que terminó en la confiscación de depósitos del Plan Bonex (en ese momento el Río despidió a 700 empleados).

    Una constante en su camino ha sido la capacidad para anticiparse a los cambiantes escenarios. En 1982, en plena guerra de las Malvinas, Roque Maccarone (vicepresidente ejecutivo), Vázquez y Ruiz (director del área internacional) previeron que sobrevendría una época muy difícil para la Argentina y toda América latina. Rápidamente decidieron reestructurar sus activos y pasivos en la región. Antes de que México se declarara en moratoria y estallara la crisis de la deuda externa, el banco ya había comenzado la venta de activos (muchos a valor nominal) y fue el precursor de los swaps de papeles

    latinoamericanos.

    Durante la década del ´80 el banco siguió consolidando su posición: primero absorbió al Banco Delta y luego parte de la red de los desaparecidos Comercial del Norte, Ganadero y Rural. Hoy tiene 168 sucursales en todo el país conectadas entre sí por un moderno sistema computarizado on line, que permite a sus clientes, por ejemplo, hacer un pago en Salta que quede asentado automáticamente en una cuenta de Buenos Aires. Además, sus clientes corporativos son los mayores usuarios de la red Newnet, por la cual pueden manejar sus cuentas bancarias desde una terminal en su propia oficina.

    Como banco de inversión, el Río tiene un rol protagónico. En tiempos de Alfonsín, fue el líder de la capitalización de deuda externa, responsable de 35% de todos los proyectos aprobados. “Mantener un rol tan agresivo nos ha exigido tomar una decisión fundamental todos los años”, explica Ruiz.

    Sin duda, una de las ideas más brillantes que tuvieron (concebida en plena hiperinflación de 1989) fue crear el Argentine Private Development Trust (APDT), un fondo de inversión de US$ 1.300 millones en títulos de la deuda externa argentina, formado por 21 bancos internacionales. Gracias a él, adquirieron un papel protagónico en las privatizaciones, como tenedor de papeles argentinos.

    Esto les permitió suministrar la tercera parte del capital pagado por los consorcios Cointel (15% de Telefónica) y Nortel (10% de Telecom).

    Banco Río también es accionista de Ferroexpreso Pampeano (14%) y un fuerte capitalista en dos de las áreas centrales que YPF licitó a operadores privados: Puesto Hernández (la más grande del país) y El Tordillo. “Somos muy sensibles al equity”, admite Gonzalo Peres Moore, gerente principal de la división internacional.

    A través del APDT, el Banco Río todavía cuenta con US$ 700 millones más que piensa invertir en las privatizaciones de los sectores energético, siderúrgico, financiero y de servicos.