LA INICIATIVA DE LAS AMERICAS.
Hay quienes han comenzado a oponerse a la integración latinoamericana, o sudamericana, a la que quizás haya que limitarse por lo menos por un período más o menos largo, considerando preferible un acuerdo con Estados Unidos.
Tiempo antes de su gira latinoamericana, el presidente Bush había lanzado una idea algo etérea: la Iniciativa de las Américas, con el propósito de constituir un mercado común “desde Alaska hasta Tierra del Fuego”.
Muchos habrán creído en Latinoamérica que la Iniciativa Bush preanunciaba la decisión de aceptarnos como parte integrante de la economía norteamericana. El presidente norteamericano hizo que los fantasiosos volvieran a la realidad. Reiteró que su iniciativa sólo indicaba un “horizonte” y postergó toda precisión sobre su idea hasta que se solucionaran los problemas del Gatt. Ahora sabemos que se trata de un objetivo lejano.
Quisiera resaltar que, al mismo tiempo, sostuvo que la integración latinoamericana era previa a la hemisférica. Para quienes pensamos que la integración de la región es una respuesta seria y coherente a nuestros desafíos internos y externos, la afirmación del presidente Bush es particularmente significativa, puesto que en el pasado Estados Unidos había resentido este tipo de políticas.
En consecuencia, nuestra visión del futuro comercial es mucho más amplia y según creo más prudente. La economía sudamericana, a nuestro entender, debe incorporarse activamente al sistema económico mundial, que reconoce diversos actores. Debemos entablar relaciones económicas simultáneas, y sobre todo debemos avanzar en acuerdos de complementación con la nueva Europa que nacerá a fines de 1992.
Las relaciones con Estados Unidos resultan esenciales para América latina. Pero deben ser relaciones maduras en las que se defienda con energía el interés nacional y nuestra propia determinación, asumiendo que con el país del Norte tenemos intereses comunes, pero también distintos y aun contrarios.
Frente a quienes sostienen, por otra parte, la conveniencia de una suerte de aislamiento, porque afirman que cualquier tipo de diálogo acentúa la dependencia y que las relaciones de poder asimétricas tornan imposible toda negociación, sostenemos que América latina puede profundizar y fortalecer su capacidad de negociación si afianza una política de integración.
APERTURA DE LA ECONOMIA.
Desde mi punto de vista son distintos los conceptos de integración de un país en el mundo y el de la apertura de su economía, sobre todo en cuanto a sus efectos.
La integración produce el aumento de las importaciones y de las exportaciones y no es incompatible con un superávit de la balanza comercial.
La apertura generalmente está asociada con la baja de aranceles de importación y, en la Argentina por lo menos, a un retraso cambiario (revaluación de su moneda) que termina incrementando las importaciones y desalentando las exportaciones.
Los países de economías periféricas que han crecido en los últimos años han tenido un tipo de cambio alto o muy alto. Recientemente, en la Argentina, a través de las medidas que generaron lo que podríamos llamar una “apertura hacia la importación”, se ha establecido un tipo de cambio que no aparece como suficientemente alto para inducir un proceso de inversión para la exportación, porque el mercado externo ha dejado de ser un aliciente para el emprendimiento empresario, debido al rezago cambiario.
El hecho de que algunos empresarios sigan exportando debe atribuirse a su casi heroica decisión de no perder mercados que han costado mucho abrir merced a políticas de fuerte incremento de la exportación de manufacturas implementadas en el período 1983-1989.
El problema se complica porque el mercado interno se encuentra deprimido por la caída del salario. En efecto, el promedio del año 1991, suponiendo que se mantuvo constante durante los meses de noviembre y diciembre, es el más bajo desde 1982, 28,4% inferior al de 1985 y 25,5% inferior al de 1986.
La situación se agrava porque han desaparecido los programas sociales y porque la inversión pública ha caído aproximadamente a la mitad de lo que fuera en el período 84-88, por lo que ha dejado de ser un elemento dinámico.
Los programas de ajuste por los cuales están pasando los países de América latina están referidos a las cuentas públicas (reducir gastos y aumentar impuestos) y al sector externo (devaluación). En los países donde el sector público es importante exportador, ambos ajustes se realimentan recíprocamente, porque cada vez que se devalúa, se incrementan los ingresos fiscales. Es lo que pasa en México, cuyo petróleo constituye 70% de sus exportaciones; en Venezuela, donde superan 80% y en Chile, donde las de cobre alcanzan a la mitad del total.
En la Argentina, por el contrario, como en Brasil, al devaluar no se incrementan como en esos países los ingresos del Estado, sino que se empeoran las cuentas fiscales porque aumenta el dinero en moneda nacional que hay que pagar por los intereses de la deuda. Esto explica la tendencia a retrasar el tipo de cambio.
A falta de esta renta pública, en la Argentina se resolvió acudir a la venta del activo público.
El justicialismo luego de haberse opuesto por razones nacionalistas a la incorporación de capital privado a empresas que lo necesitaban, cuando lo planteamos en nuestra gestión, llevó adelante este proceso una vez en el gobierno, de manera desafortunada. A muy bajo precio, y generando un aumento de tarifas telefónicas que de un valor 90 en el período 86-88 pasó a 180 en diciembre de 1990, mientras que las de transporte aéreo pasaron de 100 a 140.
Un tema adicional, pero no menor, es el de las consecuencias de la privatización por inversión extranjera en cuanto a la tendencia de aumentar el tipo de cambio de equilibrio de la economía, porque se incrementa la salida de divisas del país en concepto de remesas de utilidades: se supone que en el caso de los teléfonos, la salida de las divisas va a ser mayor que las producidas por la deuda externa que se utilizó para privatizarlos.
Las privatizaciones han sido, así, utilizadas como un recurso para cerrar las cuentas públicas, financiar gastos corrientes y no para recomprar deuda, que es un pasivo, lo que justificaría, si se quiere, la liquidación del activo.
Pareciera que estas ventas se prefieren a las exportaciones, que como decíamos al principio, han dejado de ser estimuladas, mientras se favorecen las importaciones con el retraso cambiario y la reducción de los aranceles medios de importación.
El promedio de tipo de cambio efectivo real de las exportaciones industriales del año 1991 fue 32,6% más bajo que el del año 1987, cuando se había implementado un régimen de estímulos a las ventas externas de manufacturas y es, asimismo, el más reducido desde 1981.
El sesgo antiexportador y antindustrial de la política implementada provocó durante 1991 una caída de 11,2% en las exportaciones de manufacturas de origen industrial.
No es mejor la situación del exportador de productos agropecuarios, si tenemos en cuenta su ingreso real (el concepto difiere del tipo de cambio efectivo real, porque incluye el efecto de la variación de los precios internacionales y mide lo que efectivamente recibe como ingreso). En efecto, los niveles de ingreso real de 1991 y esperados para 1992, son los más bajos desde 1980.
Ello demuestra que a pesar de que el tipo de cambio real es aún más elevado que el de 1980 y que prácticamente no existen gravámenes a las exportaciones como en ese año, el deterioro de los términos del intercambio ha sido tan brutal en toda la década, que los precios del intercambio del primer semestre de 1991 -último dato disponible- son 33% más bajos que los de 1980.
En lo que respecta al tipo de cambio real, sin tomar en consideración los gravámenes y subsidios que afectan a las exportaciones y a las importaciones, fue en 1991, en promedio, 36,5% más bajo que el de 1985 y 32,9 % menor al de 1986 y el más reducido desde 1982.
Si se realiza la comparación respecto del período abril-junio de 1990, que es el promedio de referencia que el actual ministro de Economía consideró -cuando lanzó el Plan de Convertibilidad- como el adecuado para alcanzar una posición viable del balance de pagos, se observa que el nivel correspondiente a diciembre de 1991 es 30,6% inferior.
Al mismo tiempo, las modificaciones introducidas en la estructura arancelaria influyeron notoriamente en el tipo de cambio efectivo real de importación. Entre 1986 y 1991, el nivel promedio arancelario disminuyó en 23 puntos porcentuales, pasando de 38,7% a 15,8%.
Exportaciones Argentinas (millones de dólares)
ENERO SEPTIEMBRE VARIACION
1990 1991 PORCENTUAL
Productos Primarios 2909.9 2822.9 -3.0
Manuf. de Origen Agropec. 3476.1 3631.0 4.5
Manuf. de Origen Industrial 2389.1 2121.4 -11.2
Combustibles y Lubricantes 623.3 593.8 -4.7
TOTAL 9398.4 9169.1 -2.4
FUENTE: Instituto Nacional De Estadísticas y Censos (INDEC)
Ingreso Real del Exportador-Productos AgrIcolas
(Indice de base 1986=100)
Período Trigo Maíz Soja Aceite Pellets Aceite Promedio
de soja de soja de girasol (1)
1980 122.1 116.7 81.0 116.4 92.9 109.1 101.6
1981 100.2 108.6 96.8 117.0 77.4 105.9 94.9
1982 141.3 120.7 129.9 146.4 125.2 156.7133.2
1983 137.9 141.9 135.8 146.3 129.6 139.5136.1
1984 137.2 130.3 135.7 203.1 105.0 155.3134.0
1985 115.1 125.7 112.4 211.8 84.4 189.4 123.8
1986 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0100.0
1987 81.9 83.5 105.0 105.0 109.9 101.5 101.1
1988 105.9 113.2 156.8 137.1 148.2 135.0137.8
1989 126.4 189.3 243.2 244.6 219.9 235.0213.5
1990 129.2 113.3 87.6 104.7 74.3 98.9 94.0
1991 (2) 44.0 82.5 76.0 85.6 62.8 79.9 69.6
1991 (3) 63.6 97.0 76.0 78.3 59.0 19.9 71.5
(1) – Ponderado por la participación del valor de las exportaciones de los respectivos productos en el año 1988.
(2) – estimado en base a los precios y las retenciones correspondientes en cada caso, con información al 13/12/1991.
(3) – Estimado en base a los precios y las retenciones esperados. El precio utilizado para la estimación es el Precio Indice de Exportación de la JNG para embarques esperados en los meses correspondientes de 1992.
FUENTE: Banco Central de la República Argentina.
EL PAPEL DEL ESTADO.
Creemos sí, en la apertura de la economía, que yo prefiero llamar integración, del mismo modo que creemos en el mercado, pero conociendo que es imprescindible el cumplimiento de un rol del Estado, en cuanto a la regulación, para evitar los monopolios y los oligopolios e impedir que el pez grande se coma al pez chico; en cuanto a la distribución, porque el mercado no construye escuelas ni hospitales y aumenta la brecha entre los ingresos del rico y del pobre; y en cuanto a la definición de una estrategia para el desarrollo, que el mercado no siempre puede definir correctamente.
Estamos de acuerdo con una apertura por la importación y por la exportación que nos permita defender racionalmente las industrias al tiempo de su nacimiento y que se extienda en un marco internacional signado por la justicia y la equidad, superando las irritantes hipocresías de quienes nos reclaman que levantemos un altar al libre comercio internacional, mientras todos los días oran en el del proteccionismo.
Lograda la estabilidad será necesario en la Argentina producir im1/4portantes reformas estructurales y lograr una mayor inserción en las corrientes comerciales, financieras y tecnológicas internacionales.
Hay que dejar atrás el modelo de sustitución de importaciones, vinculado siempre a barreras arancelarias, subsidios y complejas regulaciones estatales.
La nueva estrategia de crecimiento tendrá un pilar en la inversión privada en la producción de bienes comercializables internacionalmente.
Para eso se requiere un tipo de cambio adecuado. Si no se lograra, el sector privado necesariamente tendrá que ajustar sus gastos en consumo e inversión, provocando una seria recesión.
Todo será mucho más duro y difícil si no se cuenta con una actitud de los países desarrollados, capaz de superar esquemas de injusticia universal, y modificar un orden económico internacional inequitativo. Permítanme terminar mis palabras expresando mis dudas con respecto a este cambio de actitud.
Hay indicios fuertes que permiten suponer que el bilateralismo y la competencia entre los grandes bloques comerciales darán la tónica al comercio mundial en los próximos años.
Un mundo así diseñado no será un mundo en paz. Si no avanza la justicia, y en cambio arremeten la hipocresía y el egoísmo, llegarán el dolor y la violencia. Esto no es bueno para nadie. Es un desastre para todos. Pero la injusticia ha de terminar.
Un año antes de morir apaleado en Montecatini, Giovanni Améndola fundaba en Nápoles una revista opositora, Il Saggiatore. Debajo del título, aparecía este diálogo del Prometeo Liberado de Shelley:
Mercurio: ¿No sabes tú cuánto durará el reino de Júpiter?
Prometeo: Sé que tendrá fin.
