El Día del Autocuidado, que se conmemora el 24 de julio, funcionó como marco para un informe realizado por Natura junto a la consultora Gentedemente sobre cómo viven las mujeres el bienestar en América Latina. En Argentina, el relevamiento registró que siete de cada diez mujeres dicen que el autocuidado está presente en su día a día, pero seis de cada diez afirman que no logran cuidarse de la forma que les gustaría.
Además de esa distancia entre lo deseado y lo posible, el trabajo identificó una percepción extendida sobre las exigencias del entorno. Siete de cada diez encuestadas mencionan que sienten que hoy la presión social apunta a “siempre estar mejorando alguna parte de sí mismas”. A ese indicador se suma otra idea: seis de cada diez mujeres adhieren a que “no solo es suficiente con estar bien, si no que también hay que demostrarlo”, lo que agrega una carga adicional sobre la experiencia del bienestar.
La brecha entre intención y realidad aparece vinculada a obstáculos concretos. Dentro del informe, Argentina se destaca por una mayor mención de las dificultades económicas al momento de ir en búsqueda de bienestar. También se señala que la priorización de otras personas por sobre el bienestar personal figura entre las principales barreras, incluso por encima de las tareas del hogar. En ese contexto, el deseo de priorizarse choca con la falta de tiempo y recursos.
El documento plantea, a la vez, una transformación en la forma de entender el autocuidado. Para la mayoría de las mujeres, deja de ser un tema meramente estético y pasa a consolidarse como un espacio de conexión emocional y amor propio, aunque ese enfoque no siempre se traduce en una práctica sostenida.
En esa redefinición, las rutinas de belleza aparecen asociadas a dos dimensiones. Por un lado, la dimensión sensorial, vinculada a lo que se siente en el cuerpo durante el ritual. Por otro, la dimensión simbólica, relacionada con lo que ese ritual significa sobre la propia identidad.
Sin embargo, incluso en ese plano persisten mandatos externos: casi ocho de cada diez encuestadas reconoce que existe demasiada presión sobre cómo debería verse la piel y el cuerpo de una mujer. En Argentina, el cuidado de la piel y el cuerpo ocupa un lugar menos central dentro del concepto general de autocuidado si se lo compara con el resto de Latinoamérica, y el informe lo interpreta como un cambio de mirada que ubica a la rutina de belleza como una dimensión de bienestar propia, donde el disfrute sensorial y la confianza conviven con las exigencias del entorno.












