miércoles, 29 de abril de 2026

    Un mundo ancho, pero nunca ajeno

    En materia de hotelería y restaurantes, los
    riesgos son ya conocidos: habitaciones estandarizadas y cocina
    denominada internacional; los Relais & Chateaux marcan su
    diferencia escapando al parecido", dice RÅgis Builot,
    titular de esta especial cadena. Y por cierto, parecen haberlo
    logrado.


    Para demostrarlo están 387 establecimientos
    dispersos por 37 países, cuyo único elemento común
    es, justamente, la diferencia, la peculiaridad. Y, por supuesto,
    el refinamiento. Para ingresar a este circuito, cada uno de ellos
    ha debido atravesar un riguroso análisis, y conformar las
    prestaciones a la


    Carta de Calidad de los Relais & Chateaux, definida
    como las cinco "C": caractere-calme-charme-courtoisie-cuisine
    (prestigio, tranquilidad, encanto, cortesía y cocina).


    Una vez tomada la decisión de pasar las vacaciones
    en este marco, el único problema será elegir el
    lugar. Tal vez el Ch%teu d´Esclimont, a sólo 60 kilómetros
    de París. Construido en 1543, con sus puentes de piedra
    y sus torres renacentistas, enclavado en un parque de 150 acres,
    es la concreción misma de la frase de La Rochefoucauld
    esculpida en el frente: "C´est mon plaisir".


    O quizá el sortilegio de Provenza, en el Vieux
    Castillon, en el corazón de una auténtica villa
    medieval cercana a Avignon; o el Chateau de Divonne, con sus terrazas
    mirando al lago Leman y al imponente Mont-Blanc.


    ¿Y por qué no correrse hasta las islas
    británicas? Tal vez a Chewton Glen, una lujosa georgian
    country house del siglo XVIII, ubicada 90 millas al sur de Londres.
    O al estupendo Ashford Castle, en el corazón de Irlanda;
    quizás al castillo de Inverlochy, por las tierras altas
    de Escocia, una mansión victoriana de la cual la mismísima
    Reina Victoria una vez escribió: "Jamás vi
    un paraje más romántico".


    Claro que también está el germánico
    castillo de Adler, en la falda misma de los Alpes, el Splendido
    de Portofino, sobre el Mediterráneo italiano, y las demás
    maravillas esparcidas por España, Grecia, Austria, Suecia,
    Holanda, Marruecos y otra veintena de países.


    Por si todo esto fuera poco, la organización
    está dispuesta a satisfacer cualquier deseo especial: un
    Spa, golf, un paseo en globo, una velada musical, nada es imposible.
    Para Relais & Ch%teaux, el mundo es ancho, pero nunca ajeno.




    Relais & Chateaux: Marcelo T. de Alvear 928,
    9º piso, tel. 325-5911/12/15.





    LOS HIJOS YUPPIES DE MAO.



    En China los bautizaron con un nombre poco respetuoso:
    dakuan, que significa "gato gordo", pero en Occidente
    tendrían garantizado el ingreso al reino de los yuppies.
    La nueva clase empresarial concentrada en Shanghai hace tambalear
    las estadísticas del último gigante socialista.
    Los campesinos apenas ganan US$ 132 al año, pero cuatro
    millones de familias pueden ostentar un ingreso superior a los
    US$ 5.500, una verdadera fortuna para los parámetros chinos.


    El número de nuevos ricos crece día
    a día, y aumentan también las exigencias para exhibir
    tal status. Hasta no hace mucho, los brokers de la Bolsa de Shangai
    ofrecían oficinas equipadas con computadoras a los clientes
    que hubieran invertido más de US$ 35.000. Ahora, el privilegio
    de seguir las alternativas de la rueda desde la pantalla de un
    ordenador está reservado a quienes cuenten con un patrimonio
    de más de US$ 100.000 en acciones.


    Los dakuan conforman la clientela de los nuevos negocios
    de Shangai, que ofrecen trajes italianos, perfumes franceses y
    teléfonos celulares. El caso de los relojes es especialmente
    significativo. Ningún dakuan que se respete olvida lucir
    en su muñeca un Rado suizo, comprado por US$ 3.000. Pero
    un importador con espíritu de aventura trajo algunos Rolex
    y los vendió rápidamente, a US$ 20.000 cada uno.


    La crema de esta flamante elite se preocupa, además,
    por evitar que la educación de sus hijos quede en manos
    de un estado todavía formalmente comunista. Envían
    a sus retoños a Japón, a costosas escuelas privadas,
    para que aprendan el abecé del capitalismo en su versión
    más exitosa.