jueves, 14 de mayo de 2026

    A la pesca de inversiones


    Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay acordaron,
    en junio de este año, eliminar las últimas barreras
    que impedían el despegue de un proyecto que daría
    nuevo sentido a la formación de un espacio económico
    común. La idea es mantener a los ríos Paraguay y
    Paraná, a lo largo de 3.442 kilómetros, en una canalización
    de no menos de 10 pies de profundidad, que permita la navegación


    durante todo el año. Las obras requieren,
    además, sistemas de balizamiento, señalización,
    rectificación del curso fluvial en algunos tramos, remodelación
    y construcción de puertos.


    Con un área de influencia directa de 3,2 millones
    de kilómetros cuadrados, la Hidrovía promovería
    el desarrollo de una región con una baja densidad de población,
    escasos y deficientes medios de comunicación y enormes
    recursos naturales.


    Aunque los encargados del proyecto rechazan el calificativo
    de "faraónico" para describir el alcance de la
    obra, las cifras en danza son, ciertamente, imponentes. Según
    los expertos, los primeros trabajos de ingeniería, para
    mejorar la navegabilidad de los ríos, insumirían
    unos US$ 240 millones, y


    existe cierto consenso acerca de que los gobiernos
    involucrados tendrán que hacerse cargo de estas primeras
    facturas. En una segunda etapa, se necesitarán US$ 740
    millones para mejorar y construir puertos, adquirir flotas fluviales
    y emprender otras obras. Es aquí donde el aporte del sector
    privado


    se tornará crucial. El presupuesto total de
    la Hidrovía podría sumar alrededor de US$ 1.500
    millones a lo largo de diez años.



    RECOMPENSAS.



    Los beneficios de la inversión, sin embargo,
    no son menos significativos. Según un estudio del Instituto
    para la Integración de América Latina (Intal), las
    tasas internas de retorno a precios de mercado oscilarían
    entre 15,7% y 22,9%.


    La mayor recompensa provendrá, obviamente,
    de la reducción en los costos de los fletes: un promedio
    de 50%, que tendrá un impacto notable en una economía
    regional donde las características de la producción
    agrícola y minera (mercancías pesadas, voluminosas
    y de bajo precio) hacen de los costos del transporte un factor
    crucial.


    Por otra parte, bajará entre 30 y 50% el consumo
    de combustibles empleados por la flota fluvial (lo que tiene particular
    importancia para países importadores de petróleo,
    como Brasil, Paraguay y Uruguay).


    El informe del Intal menciona otros beneficios macroeconómicos
    tales como la generación de nuevos emprendimientos (relacionados
    directamente con la Hidrovía o alentados por la reactivación
    y el mayor intercambio comercial), la elevación de la calidad
    de mano de obra (la operación de la Hidrovía requerirá
    personal calificado), y el aumento del nivel de empleo (entre
    9.600 y 16.000


    puestos de trabajo en la primera etapa y de 12.400
    a 16.800 hacia el fin de la segunda).


    El impacto de la Hidrovía sobre actividades
    específicas de la región promete ser notable. El
    tráfico total de productos agrícolas, minerales
    e industriales pasaría de las actuales 6 millones de toneladas
    anuales a 18,5 millones en 1995 y a 21,6 millones en el año
    2000 (ver cuadro).





    QUIENES GANAN.


    Argentina. El tramo más extenso de la Hidrovía
    (1.200 kilómetros) pasa por territorio argentino.


    Actualmente, una cuarta parte de las exportaciones
    sale de puertos fluviales sobre el Paraná. El área
    involucrada en el proyecto representa un tercio de la superficie
    total del país, en la que se asienta 75% de la población,
    85% de su caudal hídrico y gran parte de sus industrias.
    La Hidrovía aumentará el tráfico e importancia
    de los puertos argentinos y se multiplicará el negocio
    de transporte de cargas.



    Bolivia. Tendrá salida al mar para sus productos
    agropecuarios y minerales, en particular para las minas de hierro
    del Mutun. Una vía de transporte eficiente y barato serviría
    para desarrollar los recursos agrícolas y mineros en la
    empobrecida región del oriente boliviano.



    Paraguay. Otro país mediterráneo que
    encontraría así una salida eficaz para su comercio
    exterior.


    Actualmente, al norte de Asunción, el río
    Paraguay es navegable sólo durante la mitad del año.




    Uruguay. Su territorio tendrá, en Nueva Palmira,
    la principal terminal portuaria de transferencia de cargas para
    buques de ultramar, que a fines de siglo podría estar operando
    entre 7 y 9 millones de toneladas anuales de carga.



    Brasil. La Hidrovía le permitiría reducir
    el costo del flete para su producción de soja de US$ 56
    a US$ 22 por tonelada. La cifra es elocuente, si se considera
    que el país cosecha cada año 6 millones de toneladas
    de soja. El proyecto es, además, esencial para desarrollar
    el potencial agrícolo-ganadero de una zona de 30 millones
    de hectáreas. Ya están en marcha varios proyectos
    de carreteras en la región del norte para conectar el puerto
    fluvial de Cáceres, cabecera de la Hidrovía.


    R. P.





    MUNDO NUEVO.



    No menos trascendentes son las posibilidades geopolíticas
    del emprendimiento. A partir del desarrollo de la Hidrovía,
    quedaría configurada una nueva región, bajo la directa
    influencia del remozado sistema fluvial, que muchos analistas
    se sienten tentados de comparar con la cuenca del


    Mississippi en Estados Unidos. (Sugestivamente, entre
    los visitantes extranjeros que llegaron este año a la Argentina,
    interesados por observar in situ el escenario del proyecto, estuvo
    una delegación de empresarios y legisladores de Louisiana,
    encabezada por el gobernador del estado). La diferencia, claro,
    es que este nuevo espacio económico se extenderá
    a través de países que hasta tiempos no demasiado
    lejanos basaron sus relaciones en hipótesis de conflicto.
    Una prudente estimación delimita de este modo el área
    de influencia directa de la Hidrovía:


    – Una extensión de aproximadamente 650.000
    kilómetros cuadrados en Argentina (provincias de Formosa,
    Chaco, Santa Fe y Misiones y parte de las provincias de Salta,
    Jujuy, Santiago del Estero, Córdoba, Corrientes, Entre
    Ríos y Buenos Aires).


    – En Bolivia, el departamento de Santa Cruz, con
    aproximadamente 370.000 kilómetros cuadrados.


    – Parte de los estados de Mato Grosso do Sul, Mato
    Grosso y Rondonia, en Brasil, con un total aproximado de 300.000
    kilómetros cuadrados.


    – Todo el territorio paraguayo, con una extensión
    de casi 410.000 kilómetros cuadrados.



    ¿AGUAS TURBIAS?



    El horizonte no es, sin embargo, tan rosado como
    lo pintan las cifras. La Hidrovía puede tener un costo
    imposible de medir en dólares, pero potencialmente oneroso
    en términos de futuro. El impacto del proyecto en el equilibrio
    ambiental de la región no ha sido aún evaluado,
    pero suscitó ya


    las protestas de movimientos ecologistas brasileños
    y la preocupación de observadores europeos y estadounidenses.


    La Hidrovía atraviesa el corazón del
    Gran Pantanal, en Brasil, que con 240.000 kilómetros cuadrados
    constituye una de las reservas de agua dulce más grandes
    del mundo y cumple, además, con la crítica misión
    de contener y regular los desbordes del río Paraguay en
    verano. Sin esta defensa natural, se


    verían amenazadas extensas zonas.


    Por otra parte, el progreso de la región alentará
    la explotación de tierras para la agricultura, la ganadería
    y la minería, a través de deforestaciones, con consecuencias
    imprevisibles para el clima. Peligraría la supervivencia
    de especies vegetales y animales. La regulación y el aprovechamiento
    de


    los caudales hídricos podrían alterar
    las condiciones del clima por la aparición de grandes espejos
    de agua. Esto también crearía las condiciones necesarias
    para la reproducción de insectos y la reaparición
    de enfermedades como el paludismo.


    La cuestión de quién absorberá
    los costos ocupa, por otra parte, el centro de una discusión
    que recién está en sus comienzos. Los primeros estudios
    de factibilidad, ingeniería y evaluación del impacto
    ambiental están siendo financiados, en parte, por organismos
    internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID),
    que asignó una partida presupuestaria de US$ 7,5 millones,
    y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
    Los gobiernos de los cinco países participantes han aportado
    hasta ahora US$ 11,5 millones para los programas de asesoramiento.


    Pero todavía deben tomarse decisiones fundamentales
    con respecto a las grandes inversiones. La posición argentina
    parece asentarse en el argumento de que, tras el puntapié
    inicial del sector público para poner en marcha las obras
    básicas, los empresarios deben recoger el desafío,
    a cambio de un futuro derecho al cobro de peajes o la explotación
    de puertos privados. Los brasileños, en cambio, se muestran
    más inclinados a otorgar mayor relevancia al papel estatal.
    Los demás socios -Bolivia, Paraguay, Uruguay- se muestran
    hasta ahora cautelosos. Para ellos, las sumas involucradas son
    tan colosales como las promesas que encierra el proyecto de la
    Hidrovía.



    Informe: Ricardo Pichetto.