Botmaker 3.0 y el giro de la IA conversacional hacia una habilidad organizacional

En el Día de la Inteligencia Artificial, la compañía regional presentó su arquitectura 3.0 y puso el foco en la delegación de procesos a agentes autónomos con supervisión humana, un cambio que desplaza la ventaja competitiva desde el acceso a la tecnología hacia la integración de la IA en la operación diaria

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La conversación corporativa en América Latina sobre inteligencia artificial (IA) comenzó a correrse de la adopción de herramientas puntuales hacia la construcción de capacidades internas. En el Día de la Inteligencia Artificial, Botmaker presentó su arquitectura Botmaker 3.0 y planteó que el próximo capítulo en IA conversacional será la delegación de procesos completos a agentes autónomos, con supervisión humana.

Hasta hace pocos años, la IA en las empresas se asociaba a proyectos piloto: un chatbot para atención al cliente, automatizaciones en operaciones o pruebas acotadas en marketing. Ese enfoque de adopción, centrado en incorporar una tecnología y medir su retorno inmediato, empieza a dejar lugar a otra lógica: desarrollar una habilidad que atraviese áreas, procesos y equipos, y que modifique la forma de trabajar, decidir y relacionarse con los clientes.

En ese marco, el acceso a la tecnología pierde peso como factor diferencial. Con modelos de lenguaje disponibles para cualquier compañía, la ventaja competitiva se desplaza hacia la capacidad de integrar la IA en la operación diaria y convertirla en un insumo para la toma de decisiones. Esa transición se expresa con nitidez en la relación con los clientes: la IA conversacional, antes enfocada en resolver preguntas frecuentes, pasa a operar como una capa estratégica del negocio, al comprender contextos, integrarse con sistemas internos y acompañar procesos de punta a punta.

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El lanzamiento de Botmaker 3.0 se inscribe en esa evolución. Pablo Dorado, director de Ventas y Operaciones de Botmaker, sostuvo: “Responde a este cambio de paradigma: pasar de la automatización a la delegación”. En esa distinción se apoya el concepto de IA agéntica: automatizar implica programar tareas repetitivas, mientras que delegar supone confiar procesos completos a agentes autónomos multimodales que combinan inteligencia artificial, datos, sistemas y supervisión humana.

Según datos internos de la compañía, la arquitectura alcanza hasta un 98% de precisión en interacciones y respuestas, un umbral que habilita casos de uso que antes exigían intervención humana constante. En paralelo, gana terreno el modelo Human-in-the-Loop (HITL), que distribuye roles entre tecnología y personas: la IA absorbe tareas repetitivas, procesa grandes volúmenes de información y aporta contexto, mientras los equipos humanos conservan la supervisión, el criterio y la resolución de situaciones complejas.

Dorado agregó: “Mediante la implementación del modelo Human in the Loop, las organizaciones pueden reducir significativamente la carga de tareas manuales”. En esa línea, el cambio no se limita a lo tecnológico: también es cultural, con una “alfabetización” corporativa que busca sacar la IA de los equipos especializados y convertirla en una capacidad compartida por toda la organización.

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