domingo, 31 de mayo de 2026

    Lealtades en conflicto

    DURMIENDO CON EL COMPETIDOR.

    En una era en que muchas parejas se forman en el lugar de trabajo o cursando estudios, cada vez más profesionales descubren que los conflictos de interés en un matrimonio son un problema real y preocupante. En estos días, pocas empresas despiden a sus empleados porque se casen entre sí, pero la pareja siente una enorme carga sobre sus espaldas.

    Los que trabajan para empresas rivales o en actividades afines son los que tienen mayores dificultades, en parte porque las reglas a seguir son más difusas, pero también porque la situación es novedosa y no hay muchos antecedentes para tomar como ejemplo. Entre los colegas encuentran muchos prejuicios. Hay muchos que creen que un cónyuge quiere aprovechar el éxito del otro, o acusan a las parejas de utilizar información confidencial del “otro bando”. Y si se produce alguna situación de favoritismo o fuga de información, las mujeres son las primeras señaladas con el dedo acusador.

    “Por lo general son ellas quienes tienen que cambiar de empleo”, dice Leslie Smith, subdirectora de la National Association for Female Executives en Nueva York. “Los hombres suelen estar un poco más avanzados en su carrera, y la percepción es, todavía, que la carrera de la mujer no es tan importante como la del hombre.”

    Momentos de Decisión.

    Dentro de una empresa, generalmente se deja librado a la pareja que decida cómo evitar cualquier situación que pueda parecer incómoda. Vilma Bell, vicepresidenta de Relaciones de Personal de S&C Electric en Chicago, y su esposo James, ex vicepresidente a cargo de Fabricaciones, trabajaron en la misma empresa durante 24 años hasta que el marido se retiró en 1990. Durante ese tiempo, muy pocas veces almorzaron juntos. “Si yo quería conversar con mi marido sobre el trabajo, pedía una cita como cualquier otro empleado”, dice Bell.

    Algunas parejas se acostumbran tanto a compartimentar sus vidas que son capaces de tener feroces desacuerdos profesionales en el trabajo y mantener una relación armoniosa al llegar a casa.

    Los abogados son, tal vez, los más estrictos en cuanto a conflicto de intereses, porque están obligados a proteger el derecho de sus clientes a la confidencialidad. Un mensaje telefónico dejado en la casa de un abogado podría permitir a la esposa tener acceso a información privilegiada. La American Bar Association no tiene una reglamentación obligatoria, pero aconseja a los matrimonios de profesionales a no representar intereses dispares, a menos que hayan informado plenamente al cliente y obtenido su consentimiento. Los juzgados estaduales tienen disposiciones explícitas contra

    cónyuges que representan a partes contrincantes.

    Según Lisa Mainiero, profesora de Administración en la Fairfield University School of Business y autora de Office Romance: Love, Power & Sex in the Workplace, explica que algunas parejas resuelven el dilema de la competencia permitiendo que la carrera de uno de los esposos domine por un tiempo. “Por lo general, tiene precedencia la persona que es más vendible”, dice. Pero mucha gente opta por decir dónde trabaja su cónyuge en su primera entrevista con un probable empleador, para dejar en claro que están en condiciones de manejar la situación. Por ley, las empresas no pueden despedir ni negarse a contratar a alguien cuyo cónyuge trabaje para la competencia. En la práctica, sin embargo, la situación es otra.

    Con el acceso de más mujeres a posiciones de poder y menos disposición para abandonar sus carreras, los conflictos de interés, reales o supuestos, se convertirán en un problema mayor. Las parejas y las empresas tendrán que poner más atención, pero en el proceso tal vez encuentren soluciones más innovadoras y de más colaboración.

    Marian Faux.

    c Working Woman/MERCADO.