La Selección Argentina ya superó los octavos de final y afronta la etapa decisiva del Mundial en Estados Unidos, con cuartos, semifinal y una posible final por delante. En ese contexto, la logística cotidiana del plantel incorporó un dato concreto: al envío inicial de más de 500 kilos de yerba mate se le sumó un refuerzo de 200 kilos, lo que llevó el total por encima de los 700 kilos.
Más allá de la presencia habitual del mate en concentraciones y viajes, el rasgo distintivo es la concentración del consumo en una sola marca. Marito, histórico utilero de la Selección Argentina, afirmó que “el 98% de los jugadores del equipo campeón del mundo consume la misma yerba”. Esa elección mayoritaria explica, en parte, el volumen movilizado para abastecer la previa, la concentración y la estadía durante la competencia.
En una delegación integrada por jugadores, cuerpo técnico, utilería, médicos, colaboradores y staff, la yerba deja de ser un accesorio y se vuelve un insumo de uso diario. El mate aparece como parte de la rutina en vestuarios, momentos de descanso y charlas entre futbolistas, y su disponibilidad se integra a la organización operativa del grupo durante semanas fuera del país.
Durante un tiempo, la presencia de la marca entre los jugadores pudo interpretarse como el resultado de una acción de patrocinio. Sin embargo, el vínculo comercial con AFA se construyó a partir de una dinámica inversa: la marca se acercó a la Selección después de comprobar que muchos jugadores ya la elegían de manera natural en su rutina diaria de mate.
Esa preferencia no siempre se comunicó públicamente con claridad. La explicación se vinculó con prácticas habituales del deporte profesional: derechos de patrocinio, permisos de uso de imagen, exposición de marcas y contratos comerciales que regulan qué puede mostrarse y de qué manera. En ese marco, aunque el mate aparecía en fotos, videos, viajes, maletines y concentraciones, la marca elegida por parte del plantel quedaba muchas veces fuera de escena.
El producto se describe como una yerba mate brasileña, de perfil intenso y asociada al estilo de consumo uruguayo. Entre sus características se enumeran la condición de despalada, la molienda fina y una alta proporción de hoja. Ese conjunto se traduce en una infusión de “sabor más intenso, mayor cuerpo y una duración más prolongada en las cebadas”.
El propio planteo evita presentar al mate como una “fórmula mágica” de rendimiento y lo ubica en el plano de la rutina: el rendimiento deportivo se asocia a entrenamiento, descanso, alimentación, preparación mental, talento, estrategia y trabajo colectivo. Dentro de ese esquema, el mate aparece como un hábito que acompaña la espera, reúne al grupo y ordena momentos de convivencia en plena competencia.












