La diarrea neonatal bovina mantiene una brecha preventiva en Argentina: sobre un rodeo estimado en 29 millones de vacas y vaquillonas, solo uno de cada 14 animales recibe vacunación. El dato se conoce en la antesala del 10 de julio, Día de la Ganadería, y vuelve a poner en foco una patología cuyo impacto suele subestimarse cuando se evalúa únicamente la mortalidad y no las pérdidas productivas indirectas.
La enfermedad es multifactorial y se asocia principalmente a *Cryptosporidium parvum*, rotavirus bovino, coronavirus bovino y *Escherichia coli*, patógenos ampliamente distribuidos en el ambiente productivo. En rodeos afectados, puede alcanzar una morbilidad del 60% y una mortalidad del 20%. A esa dinámica sanitaria se suma una discusión de escala global: la Organización Mundial de la Salud advierte que, si continúa el uso indiscriminado de antibióticos para tratar estas patologías, hacia 2050 la resistencia antimicrobiana podría provocar hasta 10 millones de muertes anuales.
El costo productivo excede el episodio agudo. Un ternero que padece diarrea en sus primeras semanas tiene 17 veces más probabilidades de sufrir neumonía en etapas posteriores y otras enfermedades asociadas. Además, se reportan efectos de arrastre sobre el desempeño: menor ganancia diaria de peso, retrasos en la edad al primer servicio, menor producción láctea futura y una reposición comprometida. En esa línea, el material técnico señala que un ternero que enferma en las primeras semanas “rara vez logra compensar esa pérdida inicial”, aun cuando sobreviva.
En el plano operativo, el problema aparece cuando la respuesta sanitaria llega tarde. “Uno de los errores más frecuentes en sanidad neonatal es actuar cuando el problema ya está instalado”, dijo Clara Fernández Boglione, gerente técnico y de marketing para Ganadería en MSD Salud Animal. “En ese momento, el daño fisiológico y productivo ya ocurrió”, agregó.
La estrategia preventiva se apoya en la inmunización de la madre. El ternero nace inmunológicamente inmaduro y, debido al tipo de placenta de los bovinos, no recibe anticuerpos durante la gestación. Por eso, su protección inicial depende exclusivamente de los anticuerpos presentes en el calostro, cuya calidad se relaciona con la inmunidad materna en el período preparto.
En ese marco, MSD Salud Animal introdujo en el mercado argentino Bovilis Rotavec Corona, una vacuna inyectable de dosis única para vacas y vaquillonas, con ventana de aplicación de 12 a tres semanas antes del parto. En rodeos de cría, la aplicación se realiza entre el sexto y el octavo mes de gestación; en tambo, al momento del secado. La revacunación anual también es de una sola dosis dentro de la misma ventana, y estudios clínicos reportan niveles estables de anticuerpos en calostro y leche por al menos 28 días.
Desde el punto de vista económico, el retorno de inversión de la prevención se plantea en una relación 1 a 5: por cada peso invertido en la vacunación de la madre, se recuperan cinco, en un contexto donde los costos de tratamiento —antibióticos, rehidratación, sustitutos de leche y mano de obra— se acumulan sobre animales cuyo desempeño ya se ve afectado.












