La cuenta regresiva para el Mundial 2026 vuelve a poner en primer plano un ritual que acompaña a cada partido: la comida compartida. Con reuniones entre familiares, amigos y compañeros de trabajo frente a una pantalla, la organización suele empezar con una pregunta práctica que define el encuentro: qué llevar para picar y repartir.
En ese menú aparecen opciones que combinan practicidad y formatos pensados para compartir. Pizzas, focaccias, sándwiches gourmet, medialunas saladas, tablas dulces, mini pastelería y panes de distintas variedades se ubican entre las elecciones más mencionadas para acompañar los partidos. La preferencia por propuestas de este tipo se vincula con una tendencia más amplia: el valor social de comer en compañía.
El estudio Taste Tomorrow, que Puratos desarrolla desde 2012 para analizar hábitos en panadería, pastelería y chocolate, aporta indicadores locales sobre ese comportamiento. En Argentina, el 69% de las personas afirma que disfruta compartir la comida con familiares y amigos, un dato que ayuda a entender por qué las juntadas para ver partidos se organizan alrededor de la mesa.
A nivel global, el relevamiento identifica los “sharing moments”, momentos de encuentro en los que la comida funciona como un vehículo para generar conexión. Esa experiencia también se traslada al plano digital: el 53% de los argentinos asegura publicar o compartir experiencias gastronómicas en plataformas online, impulsado por el deseo de conectar con personas con intereses similares. En paralelo, crece el peso de la estética: para el 70% de los consumidores argentinos, la apariencia influye directamente en cuán apetecible resulta una propuesta gastronómica.
Dentro de las opciones que ganan espacio en la picada aparece el pan de masa madre, utilizado para acompañar quesos y fiambres, preparar bruschettas, servir con dips o como base de sándwiches gourmet. Según Taste Tomorrow, el 55% de los consumidores argentinos cree que la masa madre añade sabor al pan, y el estudio agrega que ingredientes como granos, semillas y masa madre se asocian con productos más sabrosos.
Otra tendencia que atraviesa el consumo es la búsqueda de “comfort food” o comida reconfortante: alimentos elegidos por placer, seguridad o sensación de recompensa, asociados a recuerdos y experiencias familiares. En contextos de incertidumbre económica, cambios sociales o aceleración tecnológica, estos productos adquieren más relevancia. En esa línea, el 82% de los consumidores argentinos declara que disfruta de los sabores tradicionales.
La innovación también aparece como criterio de elección cuando se mantiene un vínculo con lo conocido. El 71% valora que los nuevos productos incorporen elementos reconocibles que generen familiaridad, por lo que las combinaciones más aceptadas suelen mezclar creatividad con tradición, ya sea en panes con ingredientes novedosos, pizzas con toppings originales o mini pastelería inspirada en sabores internacionales.


