Recientemente renovadas, las normas ISO imponen controles rigurosos y beneficios concretos, en términos de competitividad y productividad. Dos casos locales -DuPont y Pirelli- ilustran sobre el proceso que conduce a lograr esta visa de entrada a los mercados más desarrollados.
La certificación de calidad ISO 9000 ya cuenta con una nueva versión. A fines del año pasado, y basándose en los factores que durante la última década transformaron el mercado mundial, tales como la competencia global, el fortalecimiento de la Comunidad Europea y el reconocimiento de la calidad como arma competitiva, el Comité TC176 realizó todos los ajustes para aggiornar la norma de 1987, que es la que regía hasta entonces.
La versión actual incluye como novedad los conceptos de mejora continua y mejoramiento de los procesos. También define a los sectores interesados por la calidad como “los compradores-clientes- usuarios, los empleados, dueños, proveedores y la sociedad”. Horacio Martirena, Jefe de Auditores de Bureau Veritas, fue el único argentino que participó de las reuniones de actualización realizadas en Australia en noviembre del año pasado.
Para los especialistas, la certificación es la forma de lograr mayores costos competitivos, aplicando metodologías para ser más eficiente, aumentar la productividad, acortar ciclos de trabajo e implementar las entregas justo a tiempo. Es decir, aceitar los mecanismos hacia la calidad total.
En 1987, los países europeos adoptaron requisitos básicos de calidad para la importación y comercialización de mercaderías en todos los miembros de la Comunidad.
La ISO, es decir International Standards Organization, ha formulado algunas de esas normas de aseguramiento de la calidad. El mercado europeo las impone para determinados productos, los que tienen que ver con la salud de la población, la seguridad humana y del medio ambiente. La ISO certifica el nivel con que se ha desarrollado el proceso de fabricación del producto. El boom de las normas de calidad no obedece a un capricho de la moda ni a la casualidad. Actualmente la competencia es un fenómeno global, es decir que el mercado de cada empresa no se acota a ámbitos regionales, ni siquiera nacionales, sino a todos los países del mundo. La Comunidad Europea consolidó un mercado de más de 300 millones de personas, con estrictos requisitos de admisión y
comercialización dentro de los países miembros. Todo esto, sumado a la irrupción de la calidad como fuerte arma competitiva, le exige a productores e industriales la certificación.
Los entes habilitados a nivel internacional son Bureau Veritas, Lloyd´s Register, American Bureau, y Det Norske, entre otros. Iram, en la Argentina, acredita la certificación gracias a un contrato con Aenor (Asociación Española de Normalización), que la representa ante la Comunidad Europea. En algún momento, se consideró al sistema de la ISO como barreras arancelarias encubiertas para los productores que quisieran ingresar al codiciado mercado común europeo. “Pero en definitiva se trata de defender al consumidor, de asegurarle el producto que está comprando”, afirma Mariano Alvarado, gerente comercial de Bureau Veritas en la Argentina.
NIVELAR HACIA ARRIBA.
Para Alvarado, además de “nivelar hacia arriba”, la ISO marca la tendencia mundial de acercarse cada vez más al concepto de calidad total. “En Brasil por ejemplo, debe haber entre 300 y 500 certificaciones. En el mundo llegan a 40.000. En nuestro país serán nueve o diez. Aunque ahora todo el mundo sale corriendo a buscar una certificación. Tiene que ver con la apertura del mercado, con una industria más consciente de las exigencias mundiales.”
Las ISO mantiene la vigencia durante tres años. Cada tres o seis meses, el ente auditor hace un seguimiento, y el galardón puede ser retirado si no se mantienen los niveles de calidad exigidos. “La ISO 9000 no permite que uno se duerma en los laureles, no es como un premio que se guarda en la vitrina y ya está. Se la pueden quitar después la auditoría total de seguimiento”, expresa el hombre de Bureau Veritas.
Las normas ISO comprenden cuatro series. La 9001 certifica el proceso desde el diseño, manufactura, instalación y servicios posventa de una planta fabril. La 9002 abarca desde la compra de materia prima hasta el producto final, pero no incluye el diseño propio. La 9003 abarca sólo la inspección final de un producto y su puesta a prueba. La 9004 es la más global: está dirigida a uso interno del
fabricante que cuenta con su propio sistema de calidad.
En la Argentina, algunas de las empresas que lograron certificar bajo las normas ISO 9000 son Acindar, Cabot, DuPont, y Pirelli. Las que ya pasaron la auditoría en forma satisfactoria y están próximas a obtener la certificación son IBM, Petroquímica Cuyo y Shell.
LA TORTA DE LA ABUELA.
Luego de un año y medio de trabajo, DuPont logró certificar bajo la norma ISO 9002 la planta de Berazategui (nylon industrial), y la de Mercedes (Lycra). En Berazategui, el proceso de certificación abarcó la parte productiva de tres plantas que están articuladas entre sí pero cuyos procesos son muy diferentes: la planta de fabricación de sal de nylon, la planta de polimerización y la hilandería en sí. “Nosotros empezamos nuestro proceso desde la materia prima que recibimos hasta la venta (comercialización) de nuestro producto final. Realmente ha sido un esfuerzo muy grande, si tenemos en cuenta que una de las últimas plantas de DuPont en Estados Unidos que certificó, hizo primero
sólo la parte de hilatura”, se enorgullece Susana de Gómez, jefa de calidad y planeamiento de DuPont en Berazategui.
Para Marco Trabucci, Director de Manufactura, “el concepto de control de calidad tuvo una verdadera evolución mundial que desemboca en la ISO. Más que hablar de control de calidad se habla de aseguramiento de la calidad. Se le ofrece al cliente un sistema de calidad. Como las tortas de la abuela, que al comprar siempre en el mismo lugar, usar sólo una marca de harina y los huevos de la granja, se asegura que las materias primas son las adecuadas. El proceso de elaboración está tan probado, siempre la hace igual, la cocina en la misma fuente, a la misma temperatura. Eso es un sistema de calidad. Entonces uno come tranquilo”.
¿Qué tipo de expectativas puede generar la ISO 9000 en una empresa multinacional como DuPont?
“Que nuestro producto pueda llegar a cualquier parte. DuPont tiene en todo el mundo cinco plantas destinadas a la producción de nylon industrial y cada una de ellas fabrica productos que son totalmente intercambiables. Si por algún motivo, en algún momento determinado, hay que enviar un producto argentino afuera, lo podemos hacer”, afirma Susana de Gómez.
El otro punto estratégico es el Mercosur. Aunque recién se está hablando de la apertura regional, es cierto que las certificaciones de calidad son cada vez más requeridas para contar con una industria en igualdad de condiciones y con mejores posibilidades de intercambio. “En Brasil, por ejemplo, tienen una actividad de certificación mayor que la nuestra. El mercado es más exigente, por eso, muchos de nuestros proveedores están interesados en certificar los productos que exportan a ese país”, apunta Marco.
En los últimos dos años, DuPont Argentina obtuvo el premio a la empresa más exportadora, precisamente gracias al nylon industrial que venden a Brasil. “Captamos un tercio del mercado brasileño, entonces hay que buscar ventajas competitivas, como la ISO”, afirma Marco Trabucci.
Por otra parte, el nylon industrial de DuPont abastece a un mercado multinacional. En la Argentina proveen a las cuatro industrias del neumático.
Un curioso calendario en la entrada de la planta de DuPont en Berazategui contabiliza el número de horas sin accidentes de trabajo dentro de la planta. Suman algo más de 8.800.000; casi cuatro años.
En la multiplanta DuPont de Berazategui trabajan casi mil personas, aunque las destinadas al área industrial son aproximadamente 400. Para implementar la norma se trabajó con un coordinador general -Susana de Gómez- y un encargado de cada sector. Los operarios se nuclearon en 14 grupos de trabajo, organizados por un comité de dirección.
Desde el punto de vista de los costos que demandó el proceso, la empresa no incrementó los recursos humanos, pero invirtió una suma cercana a los US$ 70.000 para la calibración y compra de algunos instrumentos.
MANGUERAS CERTIFICADAS.
Pirelli Técnica se convirtió en el primer fabricante de productos industriales de caucho de Sudamérica que obtiene la ISO 9002, al certificar las mangueras que produce en la planta de Bella Vista.
La certificación habilita para la exportación del producto a cualquier punto del planeta, especialmente a los países europeos, donde las exigencias con respecto al cuidado del medio ambiente son cada vez más estrictas. Pirelli fabrica mangueras flotantes para el transporte de hidrocarburos, utilizadas para la carga de los grandes buques petroleros.
El ente certificador fue, en este caso, el SGS European Quality Certification Institute, de Antperwen, Bélgica.
Para Alfredo Ziulys, Gerente de Mangueras Industriales de Pirelli Técnica, “además del reconocimiento internacional, el beneficio es para nuestros clientes. Trabajamos tres años para alcanzar una mejor calidad, una reducción de errores a lo largo de todos los procesos. Esto trae aparejado una mayor competitividad”.
Ziulys destaca que obtener una norma ISO significa “hacer las cosas bien, desde el principio y en todo momento”. Admite que “no hemos hecho un análisis del costo, porque para nosotros esto no es un gasto sino una inversión. El mercado ha evolucionado y ahora exige, desde el primer proveedor, normas de aseguramiento de la calidad”.
Josefina Giglio.
COMO SE HACE.
Bureau Veritas presta los servicios de consultoría (asesoramiento y capacitación) para que las industrias interesadas alcancen el nivel adecuado para certificarse. La novedad es que se instalará una División de Bureau Veritas Quality International (BVQI) en Buenos Aires, es decir, una auditoría local.
Hasta ahora, los auditores registrados venían del exterior, con la consiguiente pérdida de tiempo -no es tan fácil conseguir un turno para certificar- y el incremento de los gastos.
Realizar una auditoría lleva hasta una semana, con un costo de auditor que oscila entre US$ 1.000 y 1.200 por día. Una certificación cuesta entre US$ 15.000 y 20.000.
“Estamos tratando de ofrecer lo mejor que hay”, afirma Mariano Alvarado, gerente comercial de Bureau Veritas. “Los procedimientos son estrictos. Bureau Veritas presta consultoría y BVQI certifica; son empresas separadas. Nunca podemos ser juez y parte. El cliente de la consultoría no queda comprometido en ningún momento con BVQI.”
