Aranceles oftalmológicos: brecha con la inflación y costos presionan a los consultorios

Con una inflación acumulada de 32,5% en 2025 y aranceles que subieron 12,5%, el sector advierte por la viabilidad económica de la atención oftalmológica en Argentina, en un contexto de cuotas de prepagas y obras sociales con alzas promedio de 26% y mayores costos operativos

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La financiación de la atención oftalmológica en Argentina enfrenta una brecha entre inflación, cuotas de cobertura médica y aranceles profesionales que, de sostenerse, compromete la continuidad de consultorios y clínicas. En 2025, con una inflación acumulada de 32,5%, los aranceles que perciben los médicos oftalmólogos por sus prestaciones aumentaron 12,5% promedio anual, mientras que las prepagas y obras sociales incrementaron sus cuotas en un promedio de 26%.

El planteo fue expuesto por Juan Manuel Ibarguren, secretario general de CAMEOF, en un texto que describe una asimetría persistente: los ingresos por consulta e intervenciones crecen a un ritmo cercano a la mitad de la suba de precios. En ese marco, la viabilidad económica de los prestadores queda condicionada por costos que evolucionan con la inflación, pero con ingresos que no acompañan la misma dinámica.

El diagnóstico también incluye lo ocurrido durante los primeros meses de 2026. El sector sostiene que la dinámica se repitió “con variaciones mínimas”, con cuotas de medicina prepaga que continuaron subiendo por encima de los aranceles reconocidos a los prestadores. A la vez, se señala un rezago que “viene de años atrás”, con una aceleración del deterioro durante 2025 y 2026.

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La presión no se limita a la estructura de precios. La caída de la actividad económica impacta de forma directa e indirecta: por un lado, suben los costos de insumos médicos, equipamiento y alquileres; por el otro, la pérdida de empleo formal implica pérdida de obra social para miles de familias, lo que reduce la cantidad de pacientes con cobertura y amplía el universo de quienes no pueden afrontar una consulta privada. En ese escenario, el sector público es descripto como “desbordado y también subfinanciado”, sin capacidad de absorber la demanda.

En valores concretos, el arancel por una consulta oftalmológica se ubica en “aproximadamente $12.000”. El texto lo compara con consumos cotidianos como “un menú completo en un restaurante de barrio” o “un trayecto en taxi de media distancia”. También incorpora una cuenta de sustentabilidad: con un alquiler mensual de consultorio de alrededor de $600.000, se necesitarían 50 consultas solo para cubrir ese gasto.

A eso se suma el costo del equipamiento: la inversión inicial de un consultorio oftalmológico moderno asciende a unos US$ 20.000, que “al tipo de cambio actual representa decenas de millones de pesos”, además de impuestos, cargas sociales e insumos. “La aritmética no cierra. Y cuando las cuentas no cierran durante meses y años, llega un momento en que el consultorio cierra también”, dijo Ibarguren, secretario general de CAMEOF.

El texto también cuestiona la ausencia de una “política de corrección arancelaria sistemática” y resume su advertencia en una consigna: “Sin prestadores no hay salud. Sin salud visual no hay calidad de vida”, dijo Ibarguren, secretario general de CAMEOF.

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