En cuanto el Ministerio de Economía saque a la venta el paquete accionario de 49% de Petroquímica Bahía Blanca, que llegó a sus manos luego de sucesivos auxilios presupuestarios a la cartera militar, ingresará en su etapa final la reconversión de una de las principales industrias desarrolladas en el país.
Después de haber sido coto de caza de uniformados y empresarios beneficiados con promociones en la década anterior, pasó a transformarse en procesadora del petróleo y el gas que extraen las compañías privadas para competir internacionalmente con los productos terminados que emergen
de su línea.
Le tocó una época poco propicia para emprender su ajuste estructural e insertarse en el mundo. Los precios están deprimidos y la demanda externa sigue sin reaccionar; por lo tanto, la competencia presiona más hacia adentro que para colocar exportaciones. La relación actual es dos a uno en contra.
Los grandes números del sector, elaborados por la firma Claves Información Competitiva, indican la existencia de 50 empresas que ocupan a 12 mil personas en 60 plantas en funcionamiento a 66% de su capacidad instalada. Producen, en total, 2,5 millones de toneladas de productos, de las cuales
exportan 423.000, e importan 739.000 para atender un consumo aparente de 2,86 millones.
La dimensión que cobró en una década de inversiones altamente protegidas por regulaciones, donde se erigieron plantas por US$ 1.200 millones y se acumularon proyectos por US$ 3.000 millones en medio de una profunda recesión, está siendo revisada por los expertos, con un ojo puesto en la
evolución de los precios externos y otro en las perspectivas de expansión interna de la economía doméstica.
CONCENTRACION Y VALOR.
Pero mientras se mantienen los interrogantes acerca de la rentabilidad, los paquetes accionarios continúan acomodándose, concentrándose y alineándose verticalmente a partir de la tenencia de los hidrocarburos, que es el factor que asegura la ecuación. Antes, la YPF estatal y Gas del Estado abrían la canilla para que la renta se distribuyera en una larga mesa de productores intermedios y finales. El usuario no aparecía, normalmente, en el reparto. E incluso, cuando hubo que recortar costos por desfasajes cambiarios, la tijera pasó por la investigación tecnológica.
Un trabajo realizado por Andrés López, del Centro de Investigaciones para la Transformación (CENIT), indica que en la década del ´80 cinco grupos económicos quintuplicaron su presencia en la producción sectorial hasta superar la mitad del total: Garovaglio & Zorraquín, Richards, Pérez Companc, Astra y Bunge & Born.
Fabricaciones Militares fue desapareciendo de la escena y los socios privados perdieron a su operador estelar. Cuando el petróleo y el gas quedaron liberados, el sesgo del negocio cambió, ya que dejó de premiarse la transformación de las materias primas propiedad del Estado.
La supresión de los estímulos no sólo desarticuló la elaboración intermedia, sino que acabó con la esencia exportadora de Petroquímica General Mosconi, que salía a vender aromáticos subsidiados.
Prueba del desencanto fue que nadie ofertó por esta empresa cuando salió a la venta y se la quedó, casi de favor, la YPF privatizada.
ESCALA COMPETITIVA.
De todos modos, la industria gestada a partir de 1974, año de instalación de Mosconi, se ubicó en los niveles mínimos de escala internacional, con un coeficiente de exportación superior a 30%. De 22 plantas inauguradas desde entonces, 16 pertenecen a ese rango competitivo. Su crecimiento desde
1970 registró una tasa acumulativa anual de 6,5%. El consumo aparente en ese período aumentó a razón de 6,3%.
La consultora Claves destaca la concentración de 71% de la actividad en las diez primeras empresas: 44% de la capacidad está en manos de firmas extranjeras solas o asociadas a locales, 30% lo tiene aún el Estado con sus socios y el resto está en poder de grupos económicos locales.
La integración con Brasil determinó un mayor peso de las importaciones de bienes finales, especialmente de fertilizantes. La complementación entre los mercados se da casi simétricamente a pesar de las diferencias de tamaño entre la industria brasileña y la argentina, lo cual se refleja en los acuerdos arancelarios concretados.
El impulso de las exportaciones viene perdiendo fuerza en la medida en que no se incrementó la capacidad instalada. Un estudio realizado por Jorge Schvarzer muestra que Mosconi bajó de US$ 72 millones en 1990 a US$ 65 millones en 1992. Río Tercero descendió de US$ 26 a 22 millones en el mismo período. Polisur/Ipako, de US$ 51 a 38 millones. Copetro, de US$ 23 a 17 millones.
Indupa/Bahía Blanca, de US$ 96 a 29 millones. PASA, de US$ 64 a 61 millones, y Petroquímica Cuyo, de US$ 16 a 10 millones. En ese lapso las dos únicas plantas inauguradas fueron la de Petroquímica Cuyo (en poder de Pérez Companc, al igual que PASA) y la de Petrokén (donde YPF adquirió la porción
accionaria de Ipako).
En el horizonte no aparece ningún proyecto nuevo, excepto la integración vertical que propicia la privatización de la producción, refinación y separación de hidrocarburos, como sucede a partir de las dos destilerías de YPF que se adjudicó Pérez Companc, que le permitirán completar la cadena que desemboca en la elaboración de naftas destinadas a la exportación.
La otra vía de elaboración nace en YPF, recorre Mosconi y se dirige a las posesiones compartidas con Zorraquín en Bahía Blanca. La tercera se originará precisamente en este último polo, una vez que se aclaren los juicios que hicieron firmas satélites cuando les cambiaron las cláusulas contractuales de
provisión de etileno. Merodean por ahí los que extraen el gas natural y lo transportan desde Neuquén a la planta separadora de General Cerri que entrega el etano al polo: Enron-Pérez Companc.
Los otros candidatos a comprar la parte del Estado serían Ipako e Indupa, para afirmar su hegemonía, aunque la situación financiera de ambos los mostraría más cerca de la venta de sus posesiones.
Rubén Chorny.
DUELO DE TITANES.
El lápiz del subsecretario de Finanzas, Roque Maccarone, diseña por estas horas los contornos del perfil que asumirá la industria petroquímica nacional a partir de 1995. De la imaginación que el ex hombre fuerte de la rama bancaria del holding Pérez Companc aplique para encontrarle nuevos dueños al polo de Bahía Blanca podría extraerse el identikit futuro para el sector al que, durante las dos pasadas décadas signadas por la recesión, los planificadores económicos vinculados con el poder militar eligieron como vanguardia del modelo de crecimiento, agotado en la hiperinflación de 1989.
Ipako e Indupa, los dos principales socios privados del complejo fabril que aún resta ordenar, ejercen la prioridad de acceder al control de la parte del paquete perteneciente al Estado, pero no dispondrían de una gota de oxígeno para poder hacerlo. Por el contrario, enfrentan serias dificultades financieras desde que el abastecimiento del insumo básico (petróleo y gas) pasó a depender de particulares.
El grupo Garovaglio Zorraquín, propietario de Ipako, viene desprendiéndose de empresas para aliviar la carga desde que tuvo que cerrar el Banco Español, y hasta acaba de cederle a YPF su porción en Petrokén, por US$ 41 millones.
Su colega Indupa, de la familia Richard, mantuvo cerrada, durante un año, la planta rionegrina de Cinco Saltos y acordó con el personal una reducción salarial en Bahía Blanca, cuando se quedó con el timón de Monómeros Vinílicos.
El mapa de los negocios que giran alrededor de los hidrocarburos cambió desde que YPF y Gas del Estado se cruzaron de vereda. La renta se reparte hoy desde la misma boca del pozo y los extractores se llevan la mejor tajada. Lo cual repercutió directamente en el precio del insumo básico, el etileno.
Los satélites de Bahía Blanca, antes cobijados bajo el paraguas de Fabricaciones Militares, que convivían con compañías civiles, reclaman judicialmente el cumplimiento de los contratos que les prometían abastecer la materia prima a precios subsidiados. Pero no pueden aspirar más que a
obtener indemnizaciones y a servirles de puente a otras empresas que puedan concretar inversiones.
Los dos grandes candidatos a abordar el control total del polo Bahía Blanca son Pérez Companc y su socio norteamericano Enron (que transportan el gas desde Neuquén a la planta separadora de General Cerri) e YPF, que ya avanzó sobre Polisur y Petrokén.
Mientras los valores internacionales de los productos petroquímicos no se recuperen, la canilla continuará mandando: el intermediario tiene que pagar caro y vender barato.
La YPF conducida por José Estenssoro recorre el tablero comiendo piezas como si jugara a las damas chinas. Adquirió Petroquímica General Mosconi, una de las pocas que nacieron orientadas a la exportación, cuando nadie se atrevió a comprarla, y ahora parece moverse en los casilleros en los que jugaba el grupo Zorraquín para disputarle a su principal accionista (aunque sin silla en el directorio), Pérez Companc, los espacios claves del sector.
Maccarone deberá desplegar todo el arte de la negociación, que aprendió de su dilatada carrera en el Banco Río, para que el Palacio de Hacienda pueda recuperar deudas impositivas y refuerzos presupuestarios a instituciones castrenses propietarias de acciones de Fabricaciones Militares, que se
las caucionaron para obtener fondos. Y al mismo tiempo echar a andar un sector que puede motorizar crecimiento.
Entre el Ministerio de Economía y el Banco Nación reúnen actualmente la mayor parte del paquete de Petroquímica Bahía Blanca, al que aspiran José Estenssoro y Oscar Vicente.
