viernes, 1 de mayo de 2026

    El mercado vota en contra de las buenas noticias

    Hay un efecto reiterado de las buenas noticias sobre la economía mundial: producen la reacción adversa del mercado al que supuestamente deberían tranquilizar, y disparan un proceso donde vuelven a aparecer las malas noticias. Es un proceso perverso, más parecido a lo que Keynes llamaba

    “el casino”, que es entendido por los economistas pero al que no se le encuentra solución.

    El proceso se desarrolla, más o menos, de la siguiente manera: baja la tasa de desempleo (digamos en la economía de Estados Unidos), aumenta la demanda, se reducen las tasas de interés internas.

    Todas buenas noticias. Sin embargo, el inmenso mercado de bonos (de títulos de todo tipo de donde se financian especialmente los gobiernos) sufre una fuerte caída. La reacción adversa del mercado es porque se supone que estos indicadores solamente preanuncian un inminente incremento en el nivel

    de inflación.

    Como los gobiernos advierten que corren el riesgo de quedarse sin financiamiento para cubrir gasto fiscal o desequilibrio en la cuenta corriente de la balanza de pagos, elevan las tasas de interés hasta recuperar el valor de los bonos. En tanto, otra vez comienza el ciclo negativo: se contrae la demanda,

    aumenta el desempleo, etc.

    ¿Cómo se quiebra este círculo vicioso? No hay respuesta a la vista. Pero comienzan a percibirse dos líneas de pensamiento: los que creen que hay que re-regular, o volver a la regulación desde los mercados financieros nacionales, y los que piensan que en el largo plazo -20 a 30 años- habrá que imaginar una gigantesca licuación de este mercado de bonos.

    El aumento del poder de los mercados financieros, junto con su naturaleza cada vez más internacional, inevitablemente redujo el poder de los gobiernos nacionales individuales. Ellos deben enmarcar sus políticas económicas teniendo en cuenta la forma en que serán recibidas por la comunidad financiera internacional. Si no lo hacen, serán castigados con una corrida de dinero o

    altas tasas de interés, o ambas cosas.

    Esta internacionalización de los mercados financieros influye también en la forma en que se comportan las empresas y en las relaciones económicas de los diferentes países entre sí. Da a todas las compañías igual acceso al dinero y significa que cualquier empresa grande será adquirida cada vez más por inversores dispersos por el mundo.

    El efecto de la internacionalización sobre las economías nacionales es muy importante, porque enormes cantidades de dinero están disponibles para proyectos que los mercados estimen comercialmente atractivos.

    Si hay confianza en el proyecto de inversión y en la estabilidad del país, puede haber disponible virtualmente una cantidad ilimitada de dinero. Pero hay un precio que deben pagar los deudores, y que no es justamente el servicio de las deudas. Los países con fuertes ahorros y poca necesidad de ellos, pueden usarlos para comprar empresas, recursos y hasta las habilidades de otras naciones, y el poder financiero compra influencia económica.

    Estos movimientos internacionales tienen diversos resultados, algunos favorables, otros no. Los inversores que muevan dinero a través de distintos países van a querer controlar cada vez más la forma en que se utiliza ese dinero. No cometerán el error de los bancos en la década de los ´70 y

    principios de los ´80, que prestaron grandes cantidades de dinero a países sobre los cuales sabían muy poco. Un país que acepte la entrada de inversiones tendrá que ofrecer a cambio, un cese de propiedad o por lo menos alguna pérdida de control nacional.

    EL PODER DE LAS TRANSNACIONALES Y LA GLOBALIDAD.

    El proceso de internacionalización de la economía mundial afecta el nivel de empleo, el desarrollo de recursos humanos y las relaciones industriales en todos los países. Ningún gobierno puede considerar políticas en estos campos sin analizar previamente el efecto y la presencia de las grandes compañías transnacionales.

    Las ventas totales de las firmas transnacionales ascienden a US$ 4,8 billones (millones de millones), cifra superior al volumen de todo lo que se comercia en el planeta. Se calcula que hay unas 37.000 empresas transnacionales que controlan alrededor de 200.000 empresas subsidiarias.

    Si se analizan las primeras 100 transnacionales por volumen de ventas (incluyendo las más importantes en banca y finanzas), en conjunto tienen activos por valor de US$ 3,4 billones, 40% de los cuales están ubicados en países que no son sede del cuartel general.

    En conjunto, las transnacionales dan empleo a 73 millones de personas -en el país sede y en el exterior. El total representa 10% de todos los empleos que generan salarios en actividades no vinculadas a la agricultura en todo el mundo. En el caso de los países desarrollados, se trata de 20% del total de empleados.

    Hubo aumentos de personal en las transnacionales, pero no en los países sede de las mismas, sino en las filiales del exterior. El incremento es especialmente notable en el caso de las correspondientes a empresas japonesas, que duplicaron su nómina en la segunda mitad de la década pasada.

    Los empleos indirectos generados por las transnacionales (en contratistas, distribuidoras, etc.) ascienden en todo el mundo a 150 millones de puestos de trabajo.

    El mayor aumento en empleo directo se registra en los países en desarrollo: de siete millones en 1985 a doce millones en 1992, según datos de la UNCTAD.

    PLENO EMPLEO, DESOCUPACION Y POLITICAS.

    Por qué importa el desempleo? Porque desempleo alto significa que no se están aprovechando trabajadores potencialmente productivos, lo que hace que la economía no produzca tanto como podría. Además porque el alto desempleo alimenta la pobreza. También porque la disponibilidad de empleos cumple un papel importante en la forma en que la sociedad se constituye.

    Una sociedad en la que los jóvenes saben que conseguirán empleo al terminar la escuela y en la que conservar un empleo va a ser la constante durante gran parte de la vida adulta es muy diferente de otra en la que trabajar es un privilegio que no está al alcance de muchos, aun cuando el estado de

    bienestar sea generoso con los desocupados.

    Si el desempleo es algo tan inconveniente, ¿por qué se contenta el gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, con 5% de desocupación en lugar de tratar de achicar este indicador? (En 1989 5,3% de la fuerza de trabajo estaba sin empleo. En 1978 era 6%, y en 1970, 4,8%).

    La respuesta no es la que uno imagina. La Reserva Federal (el Banco Central) puede crear tanta demanda como quiera con sólo levantar el teléfono. El problema es cómo hacerlo sin crear inflación.

    El temor de la Reserva Federal es que un desempleo demasiado bajo alimentaría el nivel de inflación.

    Desde finales de los años ´60, cuando Milton Friedman propuso la idea, hay consenso entre los economistas en cuanto a que hay un cierto nivel de desempleo que asegura la estabilidad económica.

    Friedman lo llamó la “tasa natural”.

    Otros economistas, en rechazo a la idea de que hay algo bueno en el desempleo, propusieron una alternativa: “La tasa de desempleo que no acelera la inflación” (NAIRU según siglas inglesas). La idea: una economía en la que el gobierno procura mantener el pleno empleo manteniendo alta la demanda.

    Pero si la mayoría de las fábricas operan a capacidad plena y casi todos pueden tener trabajo, la tendencia será a que suban los precios. De modo que para evitar que se acelere la inflación el gobierno debe aceptar una tasa de desempleo lo suficientemente alta como para que los trabajadores no exijan aumentos de salarios que excedan el crecimiento de su productividad, y las

    empresas no traten de subir sus precios más rápido que sus costos.

    El NAIRU no es una característica inmutable de la economía. Los cambios en las políticas a largo plazo de los gobiernos y en la estructura de la economía pueden subirlo o bajarlo. Por ejemplo, las políticas restrictivas de un gobierno para que les resulte costoso a las empresas aumentar el número de empleados. Eso puede subir el NAIRU. Muchos economistas echan la culpa de este proceso a la “Euroesclerosis”: el persistente aumento de las tasas de desempleo europeo entre 1970 y 1985. Los cambios demográficos también importan. Los trabajadores jóvenes tienen típicamente una alta tasa

    de desempleo, por eso el envejecimiento de la fuerza de trabajo puede bajar el NAIRU.

    ¿No debería haber un programa para reducir el NAIRU, para lograr 4% o menos de desempleo? Tal vez, pero no hay acuerdo entre los economistas sobre qué tipo de políticas lograrían ese objetivo.

    Los políticos hacen algunos esfuerzos simbólicos, como ofrecer entrenamiento a los desempleados desde hace mucho tiempo, pero lo cierto es que, si el gobierno de Clinton puede volver a la tasa de desempleo de los últimos años de Reagan, se dará por muy satisfecho.