Argentina quedó en el puesto 104 sobre 151 economías en la edición 2026 del Índice de Calidad de las Élites (EQx), un ranking global que evalúa si los actores más poderosos de un país crean valor o lo extraen. La ubicación implicó una caída de casi 20 posiciones respecto del año anterior, cuando el país se ubicó en el puesto 86, y se inscribió en una tendencia sostenida de deterioro.
El “EQx 2026” fue elaborado con liderazgo académico de la Universidad de Saint Gallen (HSG), de Suiza, con la colaboración de la St. Gallen Foundation for Value Creation. El capítulo argentino estuvo a cargo de Pablo San Martin, presidente de SMS Latinoamérica, Fundación SMS Argentina y socio académico internacional de la Universidad de St. Gallen (HSG).
El índice busca ir más allá del PBI y de listados institucionales tradicionales. Para definir una “élite saludable” considera dos grandes áreas: la influencia política y la creación de valor. En países de ingresos medios o bajos, el EQx se presenta como un predictor de crecimiento económico y, dentro del marco del informe, la calidad de las élites aparece como un paso previo para contar con instituciones más fuertes y mayor desarrollo.
En el caso argentino, el análisis planteó una lectura sistémica y ubicó la principal brecha entre las dimensiones política y económica. Mientras los indicadores vinculados al poder se mantuvieron en niveles relativamente mejores —Poder Político en el puesto 39 y Poder Económico en el 60—, el desempeño en generación de valor económico resultó más débil. El indicador de Valor Económico se ubicó en el puesto 128 y el Valor del Capital descendió al 142, uno de los registros más bajos de la nómina.
La dinámica descripta se vinculó con una economía que no logra transformar su volumen de poder en valor sostenible. En esa línea, el informe señaló que, aunque las élites económicas logran extraer valor, lo hacen a un costo elevado en un contexto de valuaciones deprimidas de activos, desde acciones hasta tierras, lo que impacta en la capacidad de generar crecimiento y limita el desarrollo de largo plazo.
El informe también sostuvo que “las reformas recientes orientadas a la integración internacional y a una mayor competencia interna no han sido suficientes para revertir esta situación”. Persistieron debilidades en variables macroeconómicas y en los flujos de capital, reflejadas en indicadores como inflación (puesto 130), deflactor del PBI (146) y formación bruta de capital (126), junto con niveles bajos de apertura y libertad comercial.
En el plano social, el EQx registró altos niveles de fuga de talento (puesto 23 en fuga de cerebros) y un desempeño débil en empleo juvenil (114). “Será interesante ver si Argentina, sumida en un estancamiento hegemónico que genera un entorno que destruye valor, es capaz de cambiar el paradigma”, dijo Pablo San Martín, presidente de SMS Latinoamérica.
En el ranking global, Singapur ocupó el puesto uno y Estados Unidos el dos, con Asia por encima de Europa; Japón escaló al tres, Corea se mantuvo en el seis y China avanzó al 11.












