martes, 23 de junio de 2026

    Qué hacer para que las fábricas no mueran

    Durante los años 80 en Estados Unidos nadie se habría animado a apostar al futuro de las fábricas, que parecían derrotadas

    para siempre por la ineficiencia, la mala calidad y la falta de innovación. Había comenzado la caída del imperio

    norteamericano, y las fábricas abandonadas iban dejando una estela de estructuras vacías que se llamó el Cinturón Oxidado.

    Pero la derrota no fue definitiva. Diez años más tarde, la industria manufacturera estadounidense regresa con nuevos bríos.

    El Cinturón Oxidado se pone en movimiento, los trabajadores del sector registran una de las tasas más altas de

    productividad del mundo y la calidad de los productos se ubica entre las mejores del mercado internacional.

    Making it America, un libro de reciente publicación escrito por Jerry Jasinowski y Robert Hamrin (Simon & Schuster, US$

    25), analiza en detalle cómo hizo Estados Unidos para lograr el resurgimiento de su producción y, a través de una serie de

    estudios de casos, explica cuáles son los caminos posibles para resurgir y triunfar.

    I. La ventaja competitiva se encuentra en la gente.

    El primer estudio de caso es utilizado por los autores para destacar la importancia de ocuparse de la gente. La

    productividad, la eficiencia y la calidad son tres factores que dependen casi exclusivamente de las condiciones en que

    trabaja el personal.

    La empresa Lord Dayton, de Ohio, fabricante de soportes para motores de aviones de alas fijas, cambió su suerte cuando

    adoptó la doctrina del empowerment y la aplicó con seriedad y en profundidad.

    II. Capacitar y recapacitar es la clave.

    La capacitación del personal también es una forma directa de aumentar la productividad, bajar los costos, introducir nuevas

    tecnologías de fabricación o restructurar la producción mediante los equipos autodirigidos de trabajo.

    En 1985, Will Burt, un fabricante de repuestos de maquinaria, se salvó del cierre de la planta apelando a la capacitación de

    sus 280 empleados. El primer paso fue un examen general de matemática y otro de lectura. Luego vinieron las clases de

    matemática, de lectura e interpretación de textos. La asistencia era voluntaria pero casi todos aprovecharon la oportunidad.

    Los autores dicen que gracias a esta capacitación, Will Burt salió del peligro; ahora, con su gente motivada, la

    productividad mejoró, aumentó la calidad y la empresa da ganancias.

    III. Hay que superar las expectativas de los clientes.

    Para poder brindar un buen servicio al cliente hace falta una combinación de voluntad y sistema. Los empleados deben

    concentrar toda su atención en el cliente, pero al mismo tiempo deben saber que detrás de ellos hay un sistema empresarial

    que los respalda en sus decisiones y les concede un grado de autoridad. Esta combinación de voluntad y sistema, dicen los

    autores, hará que los clientes permanezcan fieles a la compañía.

    IV. Vivir pensando en nuevos productos y nuevos mercados.

    La innovación de productos es esencial para aumentar las ganancias y la participación en el mercado. Pero innovar,

    advierten los autores, es más que lanzar nuevas marcas o nuevas y mejores versiones de productos existentes. Hace falta

    crear productos que sean completamente diferentes de los que existen en el mercado, cosas que el consumidor no haya visto

    jamás.

    El caso elegido para este tema es el de Rubbermaid, un empresa que crea constantemente nuevos productos. ¿Cómo lo hace?

    Invita a sus empleados a pensar en cosas nuevas. Los alienta a correr riesgos, a tener ideas. Y si un producto fracasa, los

    autores de la idea no temen por su futuro dentro de la empresa.

    V. Globalizar.

    Para muchas empresas, el crecimiento depende de la expansión global. Hay varias maneras de globalizar. Aumentar

    exportaciones, invertir en el exterior, depender de distribuidores o prescindir de ellos. Pero lo más importante es detectar la

    oportunidad y aprovecharla.

    VI. Buscar siempre la Calidad Total.

    Cuando a principios de los 80 las empresas estadounidenses estaban acorraladas por la competencia extranjera y corrían el

    riesgo de desaparecer, se decidieron finalmente a prestar oídos a los voceros del movimiento de la calidad. El concepto de

    Calidad Total modificó la estructura de la organización y se reflejó en la eficiencia. Pero para esto se necesita el

    compromiso total de la gerencia, un programa de educación masiva, un buen sistema de comunicación y también el

    compromiso de los empleados.

    VII. Aumentar velocidad y agilidad.

    Es preciso mejorar constantemente la agilidad y la velocidad con que se trabaja. La variedad de tecnologías permite que las

    empresas aumenten la eficiencia en la producción y la velocidad de los procesos. Entre las metodologías más difundidas se

    encuentran el CAD (diseño asistido por computadora) y el JIT (producción justo-a-tiempo). Una de las últimas en aparecer

    es la que automatiza completamente el proceso de producción (CIM, según las siglas en inglés).