martes, 23 de junio de 2026

    Entre la infancia y la madurez de las organizaciones

    El crecimiento y la evolución son dos conceptos que deben ser balanceados para poder determinar la posición real de una

    empresa. Hay un ciclo vital inevitable, y cualquier aceleración puede conducir a distorsiones que a la larga se harán sentir

    cuando la empresa sea grande, pero con bases débiles.

    La finalidad de una empresa es transformar algo básico en un producto o servicio. La mejor manera de hacerlo al mejor

    precio, más bajo costo, mejor calidad y con más sólida posición de mercado dependerá de la fase del ciclo vital donde se

    encuentre y, por lo tanto, de cómo esté organizada. ¿Cuál es la mejor estructura para lograr el mejor resultado? ¿Cómo

    lograrla? ¿Cómo se maneja un crecimiento fuerte en las etapas iniciales de una empresa? ¿Con qué herramientas cuenta el

    empresario para manejarlo? ¿Y si el ambiente es recesivo?

    Las empresas y sus organizaciones cumplen ciclos vitales que sirven de referencia para caracterizar su situación. Y durante

    esos ciclos, algunas cosas van cambiando, como la estructura, el estilo de liderazgo y los sistemas administrativos. Pueden

    distinguirse, en líneas generales, cuatro etapas.

    Cuando nace la empresa, toda la estructura gira alrededor de los dueños. Se trabaja fuerte y todo se orienta a desarrollar y

    poner en el mercado el producto o servicio. Todavía no se comienza a pensar formalmente en asuntos gerenciales; esto

    recién ocurrirá cuando se estabilice y crezca. Hay que tener en cuenta que un empresario no suele interesarse por los

    aspectos administrativos y contables, sino que disfruta desarrollando su negocio. Es la etapa más importante pues en ella se

    construyen los basamentos de la empresa. Es el contacto entre las expectativas previas al arranque y la experiencia de la

    realidad. Se pasa a la siguiente etapa cuando se echaron las bases de control y estructura. Se puede pensar que es la niñez de

    la empresa.

    El siguiente estado se caracteriza por la integración de los recursos humanos en cuanto a cooperación, compromiso, moral y

    cohesión. Allí comienza la estructuración formal de departamentos y asignación de responsabilidades a no dueños. Se vive

    la lucha entre mantener el control en los dueños y transferirlo a los gerentes. Se empiezan a crear los mecanismos para

    manejar la delegación formal y la articulación entre diferentes áreas. Puede ser una etapa muy larga, y hay empresas que

    nunca llegan a salir de ella. Se puede pensar que es la adolescencia de la empresa.

    Cuando la empresa ya está estabilizada y en crecimiento, se comienza a afianzar la burocracia y se premia la eficiencia. Las

    comunicaciones internas se vuelven más formales. Esto se debe al crecimiento de los negocios y a la creación de políticas,

    procedimientos y reglas para manejarlo. La creatividad y la innovación pueden ser dejadas atrás por el apego a

    procedimientos operativos. Es una etapa de cara adentro, en detrimento de las relaciones con los clientes. Es la etapa más

    costosa y, si no se supera, la empresa puede desmoronarse. Este es el ingreso a la edad adulta.

    La etapa final del ciclo se caracteriza por el cambio de enfoque: se deja atrás la burocracia para volver al equipo y a la

    cooperación. Se tiende a descentralizar, a manejar integración y diferenciación. La autodisciplina reemplaza a las reglas. La

    imagen de la empresa se vuelve importante. Se promueven las nuevas ideas y la innovación vuelve a estar presente. Se

    comienza a prestar atención al entorno externo y a alinear la producción con los cambios en el exterior. Casi siempre se

    hacen necesarios los relevos en la conducción. De hecho, a veces se frena el paso desde la etapa anterior porque la gerencia

    sabe o teme que será reemplazada. No entrar en esta etapa puede conducir al estancamiento e incluso a la declinación. La

    empresa ha entrado en la madurez.

    Centralizar-Descentralizar

    Según se desprende de este análisis, el crecimiento es un factor importante de la transformación: debe haber una

    etapa en la cual se tome el control, pero sólo para soltarlo más tarde. El crecimiento inevitablemente lleva a la

    descentralización. En este punto debe hacerse la salvedad de que las decisiones sobre organización no deben ser

    lineales, debe aplicarse a cada área un criterio muy propio que satisfaga los objetivos generales y se apegue a las

    estrategias.

    Independientemente de que el lineamiento general sea centralizar o descentralizar, las actividades complejas casi siempre

    deben tender a descentralizarse, y las que involucran riesgo a centralizarse. Alta descentralización significa (o debería

    significar) alta integración a través de canales muy sólidos de comunicación y alineación, en un marco de políticas claras y

    flexibles. Lo normal es que, para lograr una alta descentralización, el factor de integración debe ser provisto por las

    funciones centralizadas.

    Centralización/descentralización es una función de la calidad de los canales de comunicación. Si son eficientes, aun en

    grandes organizaciones, se puede ser centralizado y efectivo. Si el ambiente de negocios presenta cambios rápidos y requiere

    respuestas rápidas se impone la descentralización. Por otra parte, cuando el riesgo de tomar malas decisiones es alto,

    corresponde la centralización.

    En países que pasan por un período de recesión, las empresas presentan diferentes perfiles de vulnerabilidad según la fase

    del ciclo vital en que se encuentren. Las menos afectadas serán las maduras, pues cuentan con todos los elementos para

    producir reducciones o reposicionamientos sin comprometer la supervivencia. Una empresa en su fase inicial también es

    menos vulnerable, porque no ha alcanzado todavía un tamaño que sostener.

    Las más vulnerables son las adultas (etapa III), que tienen un tamaño importante y no cuentan aún con las estructuras

    flexibles necesarias para reducirse o reposicionarse.

    Cada empresa debería hacer un ejercicio de conocerse a sí misma en sus ventajas y restricciones, en sus costos y

    aspiraciones de beneficio, en sus posibilidades y potencialidades, en su capacidad de generación de capital de trabajo y en

    general en sus posibilidades de supervivencia. La madurez y la cultura de una organización serán esenciales para enfrentar

    situaciones de tensión.