El crédito a personas en Argentina continuó expandiéndose durante los primeros meses de 2026, con un 12% de morosidad acumulada en lo que va del año. En ese período, el 89% de los créditos se mantuvo al día, mientras que los niveles de mora se ubicaron en torno al 6% tanto en etapas tempranas como en atrasos mayores a 90 días.
La medición marcó un deterioro frente a registros anteriores y cortó una dinámica más estable observada durante el último año. El cambio también se reflejó en el perfil de los incumplimientos: los atrasos dejaron de concentrarse únicamente en los segmentos de menores ingresos y comenzaron a observarse en sectores que acceden a préstamos de mayor monto.
El comportamiento del sistema mostró diferencias por tipo de entidad. Los bancos concentraron el 83% de los montos otorgados, aunque alcanzaron a “poco más de la mitad” de las personas financiadas. En paralelo, las entidades no bancarias ganaron participación en cantidad de créditos, especialmente en segmentos con menor acceso histórico, con montos más bajos y una exposición mayor al riesgo.
En este contexto, el informe vinculó el crecimiento del acceso al crédito con la necesidad de mejorar la evaluación de riesgo. “Aún falta camino por recorrer para que Argentina logre mayor inclusión financiera”, dijo Alberto Teszkiewicz, coordinador de desarrollo e investigación en SIISA. El directivo agregó que “existe tecnología que permite predecir comportamientos de pago de manera mucho más exacta”.
Las diferencias entre segmentos también se profundizaron. En el caso de las mujeres, aunque representaron poco más de la mitad de los créditos otorgados, recibieron una proporción menor de los montos, con tickets promedio por debajo. Mientras que a los hombres se les otorgó el 57% de los créditos y el 85% de los montos, a las mujeres el 52% y el 80% respectivamente.
Entre los jóvenes, el informe observó un deterioro más marcado en el cumplimiento. En mora temprana, concentraron el 8% de los créditos (10% del monto) y, en atrasos mayores a 90 días, el 13% de los créditos (9% del monto). La diferencia entre cantidades y montos se relacionó con atrasos en créditos de mayores montos.
A medida que el sistema incorporó nuevas personas, muchas sin historial crediticio tradicional, creció la necesidad de tecnología para analizar el riesgo de forma personalizada. El informe destacó procesos automatizados basados en motores de decisiones capaces de conectarse a múltiples fuentes de datos para sostener el crecimiento sin trasladar el riesgo a la cartera, con el desafío de ampliar el acceso de manera rentable y sostenible.












