El mercado local siguió de cerca, en la última semana, la inflación, el dólar, la acumulación de reservas y las señales que dejó la licitación más reciente del Tesoro. En ese contexto, Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital, ordenó su lectura alrededor de tres ejes: la trayectoria de precios, el equilibrio entre metas monetarias y compras de divisas, y el comportamiento de la demanda de cobertura.
En el frente macro, Botto planteó que el dato de inflación de abril podría mostrar una desaceleración respecto del 3,4% registrado en marzo, aunque con un componente que mantendría presión sobre el índice. “Es esperable la desaceleración de la inflación en abril tras el 3,4% de marzo, aunque parte de la suba de combustibles —que impactó sobre el cierre del mes— también va a tener arrastre en el dato de abril”, dijo Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital. En la misma definición, incluyó los ajustes en educación y prepagas, pero remarcó que combustibles explica una parte relevante de la dinámica reciente y que su efecto no se limitaría a un solo mes.
En materia de reservas y política monetaria, el análisis vinculó la acumulación de divisas con el mecanismo de absorción de pesos a través de licitaciones. El foco estuvo puesto en un rollover —renovación de vencimientos— superior al 100%, como condición para reabsorber parte de los pesos emitidos. Botto sostuvo que esa dinámica no necesariamente entra en tensión con la meta monetaria y que el programa oficial ya contempla esa expansión.
En ese punto, incorporó una referencia atribuida al Banco Central: “Según el BCRA, la acumulación de reservas implica un aumento de la base monetaria del 4,2% al 4,8% del PBI, equivalente a unos USD 10.000 millones en el año”, afirmó. La mención conecta el objetivo de reservas con una expansión de base monetaria medida en relación con el producto.
Sobre el tipo de cambio, Botto describió un esquema de estabilidad asociado a factores de expectativas y estacionalidad. “La estabilidad cambiaria hoy está sostenida por una combinación de expectativas y estacionalidad”, dijo, y agregó que, aun con tasas reales negativas, no se observa una dolarización significativa porque el mercado no anticipa un salto del tipo de cambio en el corto plazo y espera la liquidación de la cosecha. El desafío, indicó, se ubica en el segundo semestre, cuando ese flujo se reduzca.
En la última licitación del Tesoro, el estratega observó un estiramiento de plazos con matices: cerca de la mitad de la colocación se concentró en el tramo corto y una porción menor se dirigió a vencimientos más largos con cobertura CER. En ese marco, ubicó una demanda de cobertura cambiaria más limitada, consistente con un mercado que, por ahora, no anticipa un salto significativo del tipo de cambio.
En activos argentinos, Botto señaló que, en un contexto global más adverso, el sector energético volvió a destacarse dentro del Merval, con referencias a YPF y Vista por su exposición a Vaca Muerta y al ciclo internacional de commodities. También vinculó la compresión del riesgo país a la acumulación de reservas y a un flujo adicional de dólares: si el Gobierno compra los USD 10.000 millones previstos para este año y suma otros USD 10.000 millones (US$ 4.000 millones en emisiones de Bonares 2027 y 2028, US$ 2.000 millones por privatizaciones y cerca de US$ 4.000 millones de BID, CAF y Banco Mundial), junto con la liquidación de la cosecha, ese flujo sería consistente con una compresión adicional del riesgo país.












