miércoles, 29 de abril de 2026

    Nudo de contradicciones

    San Miguel del Tucumán es un nudo de contradicciones,
    fracturas y posibilidades. Con sus 650.000 habitantes, alberga
    más de la mitad de la población de la provincia
    más pequeña y densa de la Argentina (55 habitantes por
    kilómetro cuadrado), y aporta alrededor de 1,5% del PBI
    nacional. En el Gran San Miguel, compuesto por los municipios de San
    Miguel, Tafí Viejo, Yerba Buena, Alderete y Banda del
    Río Salí, se concentran 60% del empleo y 48 % de los
    alumnos primarios de Tucumán, donde las manufacturas generan
    28% del PBI; los servicios comunitarios, también reunidos en
    San Miguel, otro 21%, y sólo 10% el sector agropecuario.

    Además, la capital cuenta con la principal universidad del
    noroeste argentino y varios institutos de investigación de
    fama mundial. Doce grupos de teatro independiente, media docena de
    pintores de primer nivel internacional, una productiva
    tradición artesanal con honda raíz regional y un
    movimiento musical muy activo completan un retrato complejo y
    disonante.

     

    Historia del estancamiento

     

    La sociedad tucumana pasa por un momento de quiebre. La
    tradicional industria del azúcar, que lideró la
    economía y organizó la vida de la provincia durante 60
    años, está en franco retroceso desde 1967, cuando el
    gobierno del general Juan Carlos Onganía mandó cerrar
    siete de los 26 ingenios existentes. A eso sucedió una etapa
    de estancamiento que sólo hoy parece querer revertirse.

    De hecho, la industria azucarera siguió retirándose:
    hoy no son más de cuatro los ingenios realmente productivos,
    liderados por dos grandes que procesan más de 80% del total
    provincial. La mecanización acelerada les permitió
    bajar sus costos, pero les quitó definitivamente el poder
    social y político que tuvieron: ya no son grandes fuentes de
    trabajo y no condicionan la paz social.

    Fueron reemplazados en parte por el Estado, empleador importante,
    y en parte por la industria citrícola, mano de obra intensiva,
    que crece y se afianza: Tucumán es el segundo productor
    mundial de limones detrás de California y el primer
    fabricante de sus derivados. Además, la calidad de su fruta es
    reconocida en el mundo entero como líder.

    Sin embargo, la tradición azucarera y su larga decadencia
    marcaron a fuego a la sociedad tucumana. El azúcar
    llevó a San Miguel, a fin del siglo pasado, las más
    adelantadas máquinas de vapor de la época.
    Enriqueció rápidamente a la provincia, y sus
    propietarios decidieron afirmar el papel tradicional de
    Tucumán como punto de referencia nacional: fundaron la
    Universidad de Tucumán, en 1914, con un carácter
    netamente moderno, como lo testimonian la Facultad de
    Agronomía y Zootecnia y la carrera de ingeniero azucarero. La
    UNT se transformó en generadora de cuadros técnicos y
    políticos, en el principal foco de formación
    profesional del Noroeste y en un centro de investigación de
    primer nivel. A sus aulas llegaron, entre otros, Paul Groussac,
    José Ortega y Gasset, Rodolfo Mondolfo y García
    Morente.

    Alrededor de los ingenios se organizaron pueblos enteros. La mano
    de obra agrícola dependía casi feudalmente de sus
    patrones azucareros, quienes proveían no sólo el
    salario y la alimentación, sino también la vivienda y
    la muchas veces precaria seguridad. En la capital los hábitos
    y el lujo de una clase que no tenía que realizar demasiados
    esfuerzos, financieros o técnicos, para prosperar acentuaron
    el carácter aristocratizante de la actividad.

    Así, desde fines de la década de los 30 la clase
    propietaria tucumana perdió completamente el impulso
    constructor y renovador que había tenido a comienzos del siglo
    y pasó a usufructuar de lo ya hecho, sin reinvertir ni
    desarrollar nada nuevo. Poco a poco, eso la empobreció;
    divorció a la universidad del sistema productivo,
    tornándola un reducto de excelencia sin peso económico
    ni político, y condujo a la provincia a un largo retroceso
    dominado por la fuga de capitales y la dependencia de los subsidios
    nacionales, que se consolidó en los 40, cuando la industria
    cubría ampliamente el mercado nacional y era incapaz de vender
    sus excedentes.

    La primera ruptura tuvo lugar en el 67, provocando un
    éxodo masivo del campo hacia la ciudad, el resto del NOA y
    Córdoba. El comercio siguió activo, como la industria
    de la construcción, pero la pobreza se agudizó durante
    los 70.

    Los programas de promoción industrial condujeron a Grafa,
    Alpargatas, Scania y otras empresas nacionales y extranjeras a la
    provincia, lo que impulsó en los 80 una relativa
    recuperación productiva aunque no del empleo que no
    alcanzó a ofrecerle a Tucumán, identificada aún
    con el azúcar, un proyecto orgánico y, por lo tanto,
    una nueva matriz social y un nuevo destino.

     

    La escisión

     

    Esa profunda escisión entre una clase tradicional celosa de
    sus privilegios, poco permeable al intercambio con el nuevo
    empresariado industrial y comercial, y sectores bajos muy pobres y
    poco autónomos, determinó una fuerte influencia
    cultural que aún hoy no parece absolutamente superada. De
    hecho, en un contexto que muestra una tasa provincial de desempleo
    superior a 25% y una economía nacional globalizada que depende
    cada vez más del Mercosur y del mundo, no se advierte
    todavía en ciertos niveles de la sociedad tucumana un consenso
    demasiado explícito acerca de la necesidad de una nueva
    concepción del desarrollo, y una organización social,
    económica y política dinámica, diversificada y
    participativa, que intercambie no sólo productos, sino
    también información, conocimientos y valores con el
    resto de la región, el país y el mundo.

    En San Miguel del Tucumán coexisten básicamente tres
    clases dirigentes. Una está compuesta por gente que tiene
    cerca de 60 años o más, con marcada simpatía por
    el modelo autoritario y evidente desconfianza ante las iniciativas de
    descentralización política e integración
    regional. Otra está formada por aquellos que tienen alrededor
    de 50 años o menos, quienes, tanto desde las principales
    agrupaciones políticas de oposición el Partido
    Justicialista y la Unión Cívica Radical como desde el
    ámbito empresario, ven con buenos ojos la concertación
    de políticas de desarrollo autónomo integrado a la
    región y al mundo, así como la movilización de
    las fuerzas sociales para la solución del desempleo. Y, por
    último, hay un pequeño grupo de clase media preocupado
    fundamentalmente por la cultura y el conocimiento, con posiciones
    más críticas, que gira alrededor de la Universidad
    Nacional de Tucumán, el Instituto Lillo y la Fundación
    del Tucumán.

    El panorama no está claro, y San Miguel aparece como un
    enorme caldo de cultivo en el que bullen, mezclados en la misma olla,
    los viejos ingredientes y nuevos actores sociales que no saben bien
    cómo afirmarse y avanzar. Porque incluso entre estos
    últimos coexisten ideas renovadoras con viejos moldes de
    pensamiento que no se adaptan a las condiciones de una sociedad que
    parecería reclamar una verdadera creación de valores
    para poder cambiar, por fin, sus estructuras.

    Sin embargo, algunas pautas se definen. La industria
    citrícola se consolida como una de las principales armas
    tucumanas de entrada al mundo: puede crecer y casi no tiene
    competencia, dadas las particulares características de los
    suelos y las lluvias locales. Además, no depende para nada del
    subsidio estatal. Existe también un proyecto turístico
    convocante: la Fundación Horizonte (empresarial) y el
    Instituto Lillo le han dado su primera forma, un programa de turismo
    ecológico parecido al que cambió el destino de Costa
    Rica, con muchos pequeños emprendimientos de moderada
    inversión. Esas dos opciones son grandes generadoras de empleo
    y producen desarrollo sin destruir los recursos naturales.

    La Universidad, por su lado, se empeña en un proceso de
    autoevaluación para reconvertir sus carreras: tiende a ciclos
    básicos más cortos y a la incorporación de
    especializaciones, posgrados y doctorados orientados sobre todo al
    frente productivo. Está clara en los sectores progresistas la
    necesidad de integrarse al Mercosur construyendo infraestructura
    carretera que permita comunicarse con Chile y, por el Chaco, con
    Brasil. Existe un proyecto de regionalización en marcha, que
    Salta, Catamarca y Jujuy adoptaron, pero del que Tucumán
    quedó marginada desde la asunción del actual
    gobernador, general (R) Antonio Bussi.

    En el justicialismo y el radicalismo los dirigentes jóvenes
    hacen causa común en la tarea de dar forma a un incipiente
    proyecto provincial. Coinciden en el sentimiento de urgencia, en la
    necesidad de aliarse para llevarlo a cabo y en considerar que la
    presencia de Bussi al frente del gobierno provincial, así como
    la del intendente Oscar Paz, también del Movimiento
    Republicano, en el Departamento Capital (casi 42% de la
    población provincial), representa la prolongación de un
    modelo al que consideran agotado, pero que sobrevive por la ausencia
    de otro liderazgo que ofrezca una propuesta convincente al electorado
    independiente, que representa 70% del padrón.

    El futuro de Tucumán se define en San Miguel. Los factores
    del cambio son de carácter político y técnico.
    Su viabilidad depende del consenso que los jóvenes dirigentes
    justicialistas y radicales sean capaces de alcanzar entre ellos y con
    los empresarios afines, así como con la intelectualidad de la
    Universidad y los institutos de investigación.

     

    El rostro de la ciudad

     

    Las calles del centro, con sus no más de 50 manzanas,
    pululan de gente y automóviles. Allí casi no hay
    árboles y la construcción es un ecléctico y mal
    ordenado amontonamiento de épocas, donde sobresalen unas pocas
    y hermosas casas coloniales, junto a construcciones finiseculares,
    edificios de los años 40 y tiendas de hace 15 o 20
    años. Contrastan sobre las veredas estropeadas viejos
    almacenes de ramos generales o bazares, con modernos locales de
    videojuegos, algunas muy bien montadas tiendas de decoración y
    los supermercados llegados de Córdoba (Libertad) y de Jujuy
    (Lozano).

    También en la calle se percibe el contraste casi violento
    entre una tradición desgastada que se resiste a retirarse y un
    impulso renovador con múltiples aristas y modalidades a veces
    originales, pero que aún no domina el conjunto ni logra
    elaborar un estilo. Esta lucha sin comunicación hace de San
    Miguel del Tucumán una ciudad al mismo tiempo decaída,
    poco armoniosa y descuidada, pero también fascinante y
    luminosa, llena de vida, de fuerza y de potencialidades.

     





    La marca del azúcar

    La historia de Tucumán está
    indisolublemente unida a la de la industria azucarera. Por
    eso, puestos a interpretar la primera, e incluso a predecir
    el futuro, sociólogos e historiadores transitan
    inexorablemente por la segunda. “La clase alta tucumana,
    azucarera, tuvo dos vicios fundamentales: midió su
    poder y su importancia sólo referidos a su grupo de
    pertenencia, la provincia, sin proyectarla a la
    Nación, como hicieron en cambio todas las
    burguesías exitosas”, sostiene Raúl
    Hernández, director del Instituto de
    Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la
    Universidad Nacional de Tucumán.

    “Aristocratizante y autosatisfecha, se negó a
    mezclar su descendencia con los hijos o hijas de los
    inmigrantes dueños de industrias prósperas que
    hubiesen aportado nuevos valores y capitales frescos al
    selecto pero deteriorado mundo azucarero. Así
    perdió la posibilidad de enriquecerse y transformarse
    al son de los tiempos.

    El historiador Roberto Pucci entiende que entre 1880 y
    1930 esa clase fue “progresista y emprendedora” y
    actuó en la provincia como “vanguardia
    económica, política y cultural”. Explica que
    “a fin del siglo pasado se mezcló con una serie de
    adinerados inmigrantes franceses, como los Rougés,
    que la revitalizaron; pero desde la década de los 30
    se encerró sobre sí misma, dispuesta a
    defender sus privilegios y poco afecta al cambio”.

    Según Hernández, esa “doble actitud” la
    debilitó cultural y económicamente. “Pero los
    ingenios sostiene eran tremendos creadores de empleo, de
    modo que el Estado nacional aceptó subsidiarlos desde
    mediados de los 30 e incluso durante la época de
    Perón, para conservar la paz social.” De ese modo,
    añade Pucci, “conservaron su poder, lo que
    impidió a Tucumán desplegar una alternativa,
    incluso entrada la decadencia del sector azucarero”.

    “A todo eso razona Hernández se agregó la
    feroz dictadura de fines de los 70. Se generó
    así un vacío casi total de liderazgo.
    Además, perdimos los referentes sociales: ni la
    maestra ni el cura tienen ya la virtud socializadora de
    otras épocas. Tampoco nuestros empresarios muestran
    capacidad de liderazgo político y cultural. Por eso
    volvemos a tener al general Bussi. Y no se ve salida alguna
    si no se comunican y se ponen de acuerdo los distintos
    sectores sociales: el empresario, el político y el
    cultural, hoy bastante divorciados.”

    Pucci señala que, sin embargo, en los
    últimos años se produjeron algunos cambios:
    “Por un lado explica, sólo el ingenio
    Concepción y el grupo Colombres, con cinco ingenios,
    consiguen prosperar, a punta de inversión
    tecnológica; por otro, los cañeros, a veces
    microproductores con no más de una hectárea y
    media, han aprendido desde 1984 a asociarse en cooperativas,
    para garantizar un precio razonable a su producto”.

    Pero, al mismo tiempo, advierte que, “dado que Europa
    subsidia su propia producción de azúcar de
    remolacha y Brasil, primer productor latinoamericano,
    también subsidia sus ingenios, el destino de la
    industria azucarera local no se ve claro, porque,
    además, la exportación es sólo un
    mercado de excedentes, es decir, irregular y de precios
    bajos”.

    El desafío de la Universidad

     

    La Universidad Nacional de Tucumán cuenta con más de
    40.000 alumnos y enfrenta los mismos problemas que las demás
    universidades del país: poco presupuesto, bajo porcentaje de
    promocionados y una estructura demasiado pesada para responder con
    agilidad a las exigencias de la época.

    “Nuestra tarea está clara”, dice el rector César
    Catalán, y comienza a describirla: “Tenemos que conseguir que
    por lo menos 50 % de nuestros 3.800 profesores sean posgraduados (hoy
    no pasan de 30%); tenemos que rediseñar las carreras,
    comprimiendo en un núcleo de materias obligatorias lo esencial
    de cada disciplina, completando la oferta con materias optativas y
    haciendo de los posgrados un destino obligante para cualquier
    egresado”.

    El rector se propone también mejorar los rendimientos
    estudiantiles, “no sólo mediante la investigación que
    se realiza en nuestros seis institutos pedagógicos
    experimentales, sino ante todo creando en los alumnos la conciencia
    clara del sacrificio que sus estudios cuestan a la sociedad y de la
    responsabilidad que les compete”. Asimismo, postula mejorar los
    sistemas de evaluación, “haciéndolos más
    rigurosos”; orientar a los aspirantes en cuanto a su vocación,
    y rediseñar los contenidos “en función de lo que es
    vanguardia y de lo que genera mejores perfiles productivos”.

    “Creemos que el destino de la Universidad es integrarse al mundo
    productivo y desarrollar conocimientos generales que amplíen
    los horizontes del saber humano”, explica Catalán.

     

    Ciencias naturales a la carta

     

    La Fundación Miguel Lillo nació en 1931, como
    herencia del sabio autodidacta que inició la
    investigación botánica y zoológica en el
    noroeste argentino. Entre 1880 y 1890, Lillo descubrió en
    Tucumán 500 nuevas especies vegetales que inmediatamente
    fueron incorporadas a la nomenclatura mundial.

    “En 1930, moribundo, legó a la Universidad sus colecciones,
    con más de 8.000 piezas, y una biblioteca de 13.000
    volúmenes”, cuenta Jorge Luis Rougés, presidente de la
    entidad, y aclara que “la condición era que ese conjunto fuera
    administrado por diez notables tucumanos designados por él; a
    la muerte de alguno de ellos, los demás nombrarían un
    sucesor, y así indefinidamente”.

    La principal obra de la Fundación son dos colecciones que
    fueron consideradas por la Unesco como “gran aporte a la ciencia del
    siglo XX” y “una de las cuatro mejores colecciones científicas
    editadas desde el siglo XVII”. Se trata de los seis volúmenes
    del Genera et Species Plantarum Argentinarum y los cuatro del Genera
    et Species Animalium Argentinarum, que aún hoy son obras de
    referencia obligada en todos los institutos de investigación
    de ciencias naturales del mundo y forman parte, por la calidad de su
    realización e impresión, del Museo Vaticano y de otras
    muestras de libros preciosos.

    Actualmente, la Fundación constituye la mayor comunidad
    científica dedicada a las ciencias naturales en la Argentina y
    es referencia mundial en la materia. Tiene tres millones de
    ejemplares de plantas y animanles actuales y fósiles, y su
    biblioteca suma 130.000 volúmenes, algunos de los cuales datan
    del siglo XVI.

    Además, mantiene 30.000 metros cuadrados de laboratorios
    donde 250 científicos desarrollan investigaciones sobre
    ciencias naturales botánica, zoología,
    ecología, geología y realiza trabajos de
    asesoría sobre estos temas para todas las provincias del norte
    argentino y los países vecinos.

     

    La política toma la palabra

    La joven dirigencia justicialista y radical parece coincidir en
    su concepción del desarrollo tucumano y en la necesidad de un
    relevo y un acuerdo.

     

    En la política tucumana, las oposiciones no son las
    habituales. La intendencia de San Miguel y el estado provincial,
    ambos en manos del Movimiento Republicano, han concentrado sus
    esfuerzos en mejorar la infraestructura civil y en impulsar la
    reforma del Estado, retrasada en Tucumán. Pero las grandes
    deudas que pesan sobre ambas y la fuerte dependencia de los aportes
    del Tesoro Nacional caracterizan el período. “Ellos no
    ganaron, fuimos nosotros quienes perdimos”, coinciden los
    jóvenes dirigentes de la oposición.

    “En la Argentina el político no es técnico sino,
    muchas veces, mano de obra desocupada, lo que conduce a un ejercicio
    irracional de la administración”, introduce Roberto Lix Klett,
    miembro del Movimiento Republicano y presidente del Concejo
    Deliberante de San Miguel del Tucumán.

    Como ejemplo, el edil señala que en los municipios vecinos
    a la capital, todos bajo administraciones justicialistas, “se han
    otorgado indiscriminadamente permisos para taxis y remises, lo que ha
    atiborrado el centro”. A ello deben sumarse “unos 3.000 taxis y 1.800
    remises ilegales”, todo lo cual “atenta contra el servicio de
    colectivos, porque dos o tres personas viajan juntas en taxi por el
    mismo precio que les costaría el ómnibus”.

    “Medidas puntuales de ese tipo fomentan el desorden”, advierte Lix
    Klett, quien sostiene que frente a ello “hace falta, en la Argentina
    y en Tucumán, educar al soberano”, porque “una vez que se
    educa a la cabeza, lo demás también se educa”. El
    legislador indica que el Concejo Deliberante de San Miguel
    está “tratando de coordinar” con la Universidad Austral una
    serie de cursos y conferencias sobre políticas públicas
    y ciencias políticas, y anuncia que el Senado de la
    Nación dará un curso sobre técnicas legislativas
    en el Concejo de la capital provincial.

    Contrariamente a lo que sostienen los dirigentes de los partidos
    opositores, Lix Klett interpreta que la presencia del Movimiento
    Republicano en los gobiernos de la provincia y la ciudad capital se
    debe a “la capacidad que tiene su líder el general (R)
    Antonio Bussi, sobre todo, para poner orden”, y agrega que “ese
    orden implica una cierta racionalidad que todos reclaman”.

     

    La visión radical

     

    Según el concejal radical Raúl Pellegrini, el
    presupuesto del municipio de San Miguel es de $ 116 millones, de los
    cuales $ 56 millones son recursos federales; de éstos, $ 25
    millones provienen del régimen de coparticipación
    federal, lo cual refleja una “ostensible dependencia de la
    Nación”.

    Pellegrini señala que la comuna debe $ 120 millones a la
    Nación y $ 40 millones al Banco de la Provincia, actualmente
    en proceso de privatización. “Estas deudas han crecido y
    además hay 4.200 empleados en un municipio que tiene un
    déficit mensual de más de $ 1,5 millón”, agrega.

    El concejal responsabiliza por ello a “la política de
    Bussi, ya que ninguno de sus ministros ha durado como para
    desarrollar un programa”, y sostiene que el gobernador “no
    está a la altura de las circunstancias porque no tiene
    proyecto para la provincia: se ha limitado a aplicar el programa
    nacional de reforma del Estado”.

    De acuerdo con el análisis de Pellegrini, el Movimiento
    Republicano ganó las últimas elecciones porque los
    gobiernos anteriores defraudaron. “Fue un voto castigo y, en parte,
    el producto del recuerdo de las obras que se construyeron durante su
    dictadura, que recibió muchísimo dinero de la
    Nación porque ésta era zona de guerra y Bussi avanzaba
    territorialmente construyendo caminos y pueblos, como los
    norteamericanos en Vietnam”, explica.

    “Tanto la presencia de Bussi como la aparición de Amado
    Jury, con alrededor de 80 años de edad, en la presidencia del
    Partido Justicialista, son formas de traer el pasado al presente,
    desde los derechos humanos hasta el clientelismo político”,
    dice Pellegrini. “Todos dejamos mucho que desear desde 1983 hasta
    ahora”, admite, y lamenta que “no hubo renovación dirigencial
    en los partidos”.

    Pellegrini se entusiasma por el hecho de que el presidente
    provincial de la Unión Cívica Radical, Alfredo
    Nemesheij, “tiene 38 años y viene de la Universidad”. Acepta
    que las generaciones más jóvenes “no habían
    llegado a la dirigencia porque no tenían un proyecto conjunto,
    aplicable y consensuado”, pero sostiene que, “afortunadamente”, ahora
    han alcanzado ciertos acuerdos básicos: “El proyecto debe ser
    federal, orientado a la conformación de una región con
    las otras provincias del NOA y autónomo respecto de Buenos
    Aires; debe garantizar la participación constante de las
    empresas y la Universidad en la elaboración y puesta en
    práctica de los planes de desarrollo, y debe desarrollar el
    turismo, industria provincial no explotada”, concluye.

     

    La visión justicialista

     

    Enrique Juárez Dappe es por segunda vez intendente de Yerba
    Buena, uno de los municipios que conforman el Gran San Miguel. “He
    convocado para trabajar conmigo a la gente más capaz y honesta
    del quehacer local, sin distinción de banderías ni
    partidos”, dice, porque “hay que terminar con los discursos y crecer
    sobre la base de realizaciones”.

    El intendente explica que Yerba Buena es un municipio
    pequeño, con un centro residencial rodeado de minifundios
    frutihortícolas. “Estamos empeñados, ante todo, en
    garantizar condiciones de prosperidad a estos miniproductores”,
    asegura, y señala que, junto al Inta, se les está
    brindando asesoramiento en tecnología agraria y se está
    montando un minimercado de concentración frutihortícola
    “que les permita llegar a los grandes mercados de consumo”.

    “También estamos comenzando a desarrollar la apicultura,
    que será un frente de negocios importante”, dice Juárez
    Dappe, quien agrega está funcionando una escuela municipal
    “sin subsidios, dirigida con un criterio de gerencia educativa”.
    Cuenta que la intendencia eligió “por concurso de
    oposición” un gerente educativo, está por inaugurar una
    escuela secundaria e intenta instalar institutos agrarios de nivel
    terciario.

    “Tenemos graves problemas porque sólo 14% de nuestros
    contribuyentes paga sus impuestos”, indica Juárez Dappe, y
    admite que ello se debe a que los servicios públicos “han
    estado en pésimo estado”. Afirma que su administración
    está trabajando para modificar la situación y que
    sólo cuando el problema esté resuelto podrá
    exigir a los contribuyentes el cumplimiento de sus obligaciones
    fiscales.

    Puesto a analizar la problemática provincial, expresa que
    “la tarea principal de los políticos tucumanos consiste en
    ponerse de acuerdo para generar un programa común para
    Tucumán, apuntando a su integración regional y al
    Mercosur”.

    “Las realidades históricas de nuestro país han
    impedido a los dirigentes menores de 50 años hacer
    política normalmente y, de ese modo, ir generando respuestas”,
    sostiene Juárez Dappe, y explica que “la generación del
    44 empezó a trabajar democráticamente hace sólo
    13 años, y los viejos líderes se le oponen”.

    El intendente interpreta que eso “está cambiando en
    Tucumán” y advierte que “nadie debería asombrarse si en
    las próximas elecciones surgieran candidatos independientes
    convocantes, o si justicialistas y radicales se presentaran unidos
    tras un programa provincial, independientemente de las rivalidades
    que haya en otras zonas del país”.

    Juárez Dappe sostiene que “hay que superar la etapa
    azucarera y hay que superar la política autoritaria y sin
    proyectos”, y pronostica que “el cambio vendrá de las 17
    intendencias hacia el centro, y la modernización se
    dará como diversificación económica, como
    participación necesaria de todos los sectores y como
    efectividad gerencial en la política”.

     

    Se buscan ideas

     

    Raúl Hernández, director del Instituto de
    Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNT,
    tiene claro un diagnóstico: “Nuestra sociedad carece de
    intelectuales que aporten comprensión, claridad y sentido
    operatorio al ámbito de lo político, así como
    carece de empresarios y políticos que consuman conocimiento.
    Además, hay un hueco generacional porque la generación
    de los 50 no ocupa, en el campo del conocimiento, los lugares que le
    corresponden”.

    A ese diagnóstico corresponde un propósito: “El
    proyecto de este Instituto es formar una veintena de profesionales de
    primer nivel en las tendencias de vanguardia. El mundo cambió,
    ya no se trata de pensar el orden sino de conceptualizar el desorden,
    para producirlo y administrarlo como manera de gestar flexibilidad
    ante los cambios”.

    Y ese propósito reconoce límites: “Aún no
    sabemos hacerlo; tenemos que aprender. Sin pensamiento ya no hay
    progreso de ninguna clase. Por eso, la formación con miras a
    la investigación y la participación es la tarea
    más importante y más satisfactoria hoy en día”,
    dice.

     

    Es el centro, pero no ejerce

     

    Desde la época del virreinato, Tucumán fue centro
    del Noroeste. Esa situación volvió a hacerse patente a
    comienzos del siglo, cuando la generación del Centenario
    propuso a la Universidad de Tucumán como universidad agraria
    para el noroeste argentino. “Ese movimiento descubrió que la
    región tiene una cultura única, distinta del resto del
    país”, dice Benito Garzón, presidente del Centro de
    Investigaciones José Benjamín Gorostiza.

    “Las provincias del noroeste, solas, son inviables”, opina
    Garzón, y agrega: “Tienen que constituir un polo de
    desarrollo. Pero para ello es necesario un mecanismo de
    autonomía política de la región. Sólo en
    1994 los radicales lo asumieron como una bandera propia”. Cita el
    artículo 124 de la nueva Constitución Nacional, que
    prevé que “las provincias podrán crear regiones para el
    desarrollo económico y social, y constituir los órganos
    necesarios para el cumplimiento de sus fines”.

    Según Garzón, ello debe realizarse a través
    de tratados interprovinciales y por voluntad exclusiva y excluyente
    de las partes. Eso, agrega, “se consigue mediante una junta de
    gobernadores y un Parlamento regional (que ya están
    funcionando), una corte de casación regional y una
    comisión de referencia técnica permanente que tenga a
    su cargo los estudios para todos los proyectos comunes de
    infraestructura y desarrollo”.

    Inmediatamente después de sancionada la reforma
    constitucional, el entonces gobernador, Ramón Ortega,
    convocó a sus pares de la región y se crearon la junta
    de gobernadores y el bloque de legisladores regionales, pero el
    tratado de integración aún está pendiente.

    Garzón entiende que hubo dos razones para que ese tratado
    no se firmara en 1995: el fracaso de la candidatura de Ortega a la
    Vicepresidencia de la Nación y el hecho de que, a su juicio,
    el entonces gobernador de Salta, capitán de navío (R)
    Roberto Ulloa, “no entendió la idea”. Según el
    investigador, “la unidad del NOA depende de Salta y Tucumán:
    si estas provincias firman, todas las demás tendrán que
    adherirse”.

    Aunque, en su opinión, no son los únicos motivos:
    “Creo admite que todavía no hay, ni en los estamentos
    universitarios, ni en las empresas, ni en los partidos
    políticos, conciencia de la necesidad imperiosa de esta
    unión. Sin embargo, de ella depende, por ejemplo, que
    Tucumán construya vías de comunicación que la
    unan con el corredor norteño Iquique-San Pablo, que pasa hoy
    por Salta y Chaco. Estamos esperando”.

     

    Una economía en tránsito

    Tucumán apuesta a una renovación que la lleve del
    azúcar al limón, y busca en la ecología un nuevo
    gran negocio. La construcción también busca su
    espacio.

     

    La economía tucumana ha sufrido grandes cambios. En los
    últimos años se asentaron en la provincia manufacturas
    importantes como Grafa, Alpargatas y Scania, todas exportadoras. Pero
    ninguno de estos verdaderos implantes ha sido producto de un
    movimiento interior de creación de proyectos ni depende de
    ventajas comparativas locales, por lo cual no ofrecen a
    Tucumán un verdadero destino productivo.

    Opciones como Scania, por ejemplo, dependen hasta tal punto de la
    competencia entre las ciudades del Mercosur como polos de
    inversión, que los tucumanos son escépticos en cuanto a
    su función como alternativa de desarrollo. De hecho, en este
    momento Scania, principal exportador de la provincia, sólo
    fabrica en Tucumán las cajas de cambio y los diferenciales;
    los chasis se han ido a Brasil, lo que hizo caer a la mitad las
    exportaciones tucumanas de la fábrica.

    Las dos industrias tucumanas más promisorias son el
    limón y el turismo. La primera en plena expansión, la
    segunda aún inexplotada pero punto de mira de las fuerzas
    vivas locales. También la soja y el algodón se
    consideran cultivos que podrían generar riqueza sostenida y
    sustentable.

     

    La promesa del ecoturismo

     

    La Fundación Horizonte es un ente privado con 25 miembros
    del sector empresarial. Nació en 1991 para colaborar en la
    gestación de proyectos para la comunidad. “Nuestra tarea es
    crear y ejecutar marcos normativos para aprovechar nuestros recursos
    económicos, proponer y ejecutar planes de inversión
    sectoriales y mejorar las condiciones de inversión y
    desarrollo de los diversos sectores económicos tucumanos”,
    dice Raúl Feler, socio gerente de la institución.

    “Lo primero que hicimos fue organizar una serie de seminarios y
    conferencias con economistas de primera línea, como Ricardo
    Arriazu, Ricardo López Murphy, Adolfo Sturzenegger y otros”,
    cuenta Juan Alberto Ahado, vicepresidente de la Fundación, y
    agrega que luego se organizaron viajes de negocios a Chile, Brasil,
    España, Alemania e Israel, para empresarios de la
    región.

    “En 1996 nos asociamos con la Fundación Miguel Lillo, que
    tenía que compensar de alguna manera la merma de $ 400.000 en
    su presupuesto debida a la Reforma del Estado, y nos propusimos
    desarrollar un proyecto de desarrollo sustentable que aprovechara y
    fortaleciera la identidad local”, agrega Ahado, quien explica que
    “así surgió el programa Ecoturismo”.

    El vicepresidente cita el caso de Costa Rica, cuyo territorio es
    menor al de la provincia de Tucumán, y que obtiene US$ 1.000
    millones por año provenientes del turismo ecológico,
    que desplazó al azúcar y al café como base de su
    economía.

    “El ecoturismo tiene muchas ventajas se entusiasma Ahado:
    aprovecha la riqueza natural de Tucumán y hace rentable su
    conservación; integra los talentos artesanales y
    folclóricos de la gente, generando fuentes de trabajo en los
    mismos lugares donde vive y haciendo de sus peculiaridades culturales
    un bien con valor económico internacional.”

    Asimismo, continúa, “demanda bienes y servicios de otros
    sectores productivos, como el agrícola, el pecuario, la
    conservación, la salud, la hotelería, la
    educación, la banca, el transporte y la energía; atrae
    turistas que permanecen y vuelven, y que, normalmente, son de
    ingresos medios y altos”.

    También, a juicio del empresario, “fomenta el desarrollo
    regional, porque los paquetes serán tanto más
    interesantes si incluyen a otras provincias del NOA, y por su
    naturaleza es un modelo de desarrollo sustentable”.

    Ahado enumera luego las condiciones naturales: “Tucumán
    dice tiene cuatro o cinco microclimas y diversos ecosistemas; tiene
    flores, aves y otros tipos de flora y fauna en variedad, sitios
    arqueológicos, montaña y llanura, un clima muy amable y
    gente cálida y servicial por costumbre”.

    Todo ello figura en un site de la Internet denominado El Sur del
    Sur, que ya recibió tres premios: Mejor Sitio Hispano, en mayo
    de 1996; Sitio de Interés Cultural, en julio del mismo
    año, y Página de la Semana, un mes más tarde.

    “El proyecto ya desplegó su primera fase: un seminario
    taller que fue declarado de interés provincial”, cuenta Feler,
    y agrega que se presentó a la Universidad un proyecto de
    posgrado en Ecoturismo que “fue muy bien acogido”.

    “Ahora estamos elaborando el plan estratégico, del que
    participan ecólogos, antropólogos, empresarios y
    políticos; creemos que en cuatro años y con menos de
    US$ 25 millones de inversión distribuida en marketing
    internacional y en muchos pequeños emprendimientos, el
    proyecto estará funcionando”, estima Feler.

     

    La realidad del limón

     

    El del limón es un negocio a dos puntas: por una parte, su
    veta más redituable, la exportación de fruta fresca;
    por otra, el procesamiento de los frutos no adecuados para consumo
    directo, que ofrecen aceite esencial (insumo de las industrias
    mundiales de refrescos y perfumes, entre otras), jugos concentrados y
    cáscara deshidratada (que se exporta totalmente a Dinamarca,
    donde se la transforma en peptina).

    Con unas 15.000 hectáreas plantadas, el limón rinde
    tanto como el azúcar, con 250.000 hectáreas. Este
    año producirá casi 800.000 toneladas, y seguirá
    creciendo. Los principales consumidores del limón argentino
    son, por el momento, la Comunidad Económica Europea cuyos
    grandes proveedores, España y Turquía, no pueden
    competir en precio con el limón local y no lo superan en
    calidad y Chile.

    El mercado norteamericano estuvo protegido hasta ahora por
    barreras paraarancelarias de hasta 40% del precio de venta.
    Aparentemente, 1998 verá caer ese obstáculo, abriendo
    así las puertas de Estados Unidos y de Japón al
    limón argentino. Los mercados asiáticos son los
    más interesantes del mundo. El argumento estadounidense fue,
    en principio, de tipo sanitario. Pero los productores locales han
    demostrado que los cítricos tucumanos no tienen plagas
    extrañas al producto californiano.

    El cultivo del limón es un negocio de riesgo, que implica
    una inversión de unos US$ 4.000 o US$ 5.000 por
    hectárea, y requiere una espera de tres a cuatro años
    para rendir sus primeros frutos. Demanda también una
    reinversión permanente y gran cantidad de mano de obra para la
    cosecha. “Es un negocio a 25 años”, dicen los productores. Sin
    embargo, en 1994, 40% de las plantas existentes tenían menos
    de tres años de edad: estarán produciendo a pleno el
    año que viene.

    “Hasta el año pasado fui propietario de la mitad de la
    principal empresa citrícola de Tucumán, Citrus Trade
    Famaillá, de la que tuve que desprenderme porque mi
    contraparte se retiró”, introduce Alvaro Bulacio, presidente
    de Harvest SA. “Citrus Trade fue comprada por San Miguel SA, del
    grupo Bemberg, constituyendo así el primer gigante de la
    citricultura tucumana, con 5.000 hectáreas de limones”,
    explica. “Pero seguimos en el negocio: nuestra nueva
    compañía tiene 3.000 hectáreas plantadas y
    varios convenios de exportación firmados”, aclara.

    “La principal ventaja comparativa tucumana son los costos:
    manejamos alrededor de 55 toneladas por hectárea, contra 25 o
    30 de los españoles, por ejemplo, y nuestros costos no
    sobrepasan los US$ 1.800, contra US$ 5.000 en España o
    California”, dice Bulacio, quien explica que semejante diferencia “no
    proviene solamente del precio de la mano de obra, sino del hecho de
    que en Tucumán casi no hay que regar, mientras los
    españoles y los norteamericanos dependen por completo de
    ello”.

    Según Bulacio, Tucumán representa “la mejor zona del
    mundo para estos cítricos: ya somos el primer productor
    industrial y el segundo productor de limones del mundo, pero muy
    cerca de Estados Unidos”. El empresario pronostica que la Argentina
    va a producir unas 800.000 toneladas, frente a unas 900.000 de
    California.

     

    La ilusión de la construcción

     

    En los últimos cinco años, el mercado inmobiliario
    tucumano, que representa 4% del PBI local, se vio saturado por una
    gran cantidad de construcciones residenciales que no se
    correspondieron con la demanda. Se construyeron también dos
    shoppings importantes, uno en Yerba Buena, que no logró
    prosperar, y el Shopping del Jardín-Estación Central,
    que se levantó simultáneamente con la nueva terminal de
    ómnibus tucumana, la más grande del país.

    “Próximamente lo ampliaremos: habrá microcines, un
    centro de convenciones y, si nos aceptan la ley de reintegro fiscal
    por promoción turística, levantaremos un hotel cinco
    estrellas, que sería el segundo en Tucumán (el primero,
    y único en el NOA, es el Gran Hotel y data de 1980)”, explica
    Feler, quien además de socio de la Fundación Horizonte
    es propietario de la Inmobiliaria Feler.

    “Otra punta interesante aparece con el interés de ciertas
    firmas internacionales por instalar aquí sus hipermercados:
    Carrefour, Wal-Mart y Makro (que no estamos manejando nosotros) lo
    están considerando”, explica. “También estamos
    estudiando con una firma capitalina la instalación de un
    centro de entretenimientos de 17 hectáreas”, agrega.

    En el campo residencial la actividad se orienta hacia los
    complejos que se rigen por el sistema de barrios privados. En ese
    rubro, Feler informa que el Jockey Club de Tucumán encara un
    proyecto de 150 hectáreas.

    “Nuestra empresa nació en 1975 y se caracterizó por
    renovar el mercado: fuimos los primeros en edificar al costo y en
    organizar una empresa de administración de propiedades que
    llegó a tener 700 inmuebles; incursionamos en el desarrollo de
    varias galerías comerciales y fuimos los emprendedores
    iniciales del proyecto Terminal de Omnibus y Shopping del
    Jardín”, asegura Feler.

    “Hace siete años pasamos de dos oficinas con 53 personas
    para tres áreas de trabajo a una sola oficina con 15 personas
    y dos áreas: abandonamos la venta y la administración
    de inmuebles”, cuenta el empresario. En un mercado en el que hay unas
    15 inmobiliarias constituidas, Feler opina que la clave pasa por
    “buscar nichos en el área de los proyectos comerciales
    innovadores y los barrios privados”.

     

    La persistencia del azúcar

     

    El Ingenio Concepción es el más grande de
    Tucumán. Este año procesará 300.000 toneladas de
    azúcar, contra 200.000 el año pasado y 150.000 en 1995.
    Su competidor principal, el grupo Colombres un holding compuesto por
    cinco ingenios, procesa otro tanto.

    Concepción, además, es el más viejo: data de
    1816. Sin embargo, sólo en 1876, con la llegada del
    ferrocarril y la revolución industrial, se transformó
    en una industria. “Entonces hubo una primera reducción del
    sector, que pasó de cerca de 90 ingenios a la mitad”, memora
    Luis Manuel Paz, vicepresidente de la empresa. “El 2 de mayo de 1902
    nuestra familia se asoció para mantener funcionando el
    ingenio, y así nació la Compañía
    Azucarera Concepción”, agrega.

    “Este es un sector muy complicado porque los precios
    internacionales no dependen de un mercado abierto: tanto los europeos
    como los brasileños subsidian su azúcar, con lo cual es
    muy difícil competir”, advierte Paz.

    El empresario sostiene que “desde 1928 el intervencionismo estatal
    que rigió a toda la Argentina terminó de complicar las
    cosas” y que, si a ello se agrega la inflación, se obtiene “el
    cuadro que conduce a la crisis constante del azúcar en
    Tucumán”.

    Paz relata que en la provincia llegó a haber 27.000
    productores cañeros para 26 ingenios. “Los conflictos se
    sucedían y el Estado mediaba para buscar soluciones”, comenta,
    lo que “fue degradando la dinámica de la industria que, desde
    1939 hasta 1945, no sólo no avanzó, sino que
    retrocedió en materia tecnológica”.

    Indica que con el régimen de facto surgido en 1955 se
    hicieron grandes inversiones y pasó a producirse un
    millón de toneladas, 25% más que antes. “Pero entonces
    entramos en una crisis de sobreproducción: no había
    dónde colocar el excedente”, dice.

    “La guerra del canal de Suez, en 1963, distendió un poco la
    situación, pero en el 67 el sector ya no podía
    sostenerse y el gobierno del general Juan Carlos Onganía
    cerró nueve ingenios y sancionó la Ley Reguladora
    Azucarera, cuyo resultado fue que el número de ingenios
    argentinos pasara de 36 a 4”, continúa el empresario.

    “Con la desregulación de 1991, nosotros empezamos a
    reinvertir; mecanizamos todo el agro, en un proceso que costó
    más de US$ 10 millones, y reconvertimos toda la fábrica
    con tecnología de punta y una inversión tres veces
    más grande”, cuenta Paz, y señala que actualmente la
    empresa tiene costos competitivos internacionalmente, pero
    está endeudada por US$ 90 millones. “Es un pasivo terrible que
    dificulta nuestra marcha, pero estamos en condiciones de prosperar y
    seguir creciendo”, concluye.

     

    Made in Tucumán

     

    La leche Bio nació en Tucumán. Fue desarrollada por
    Guillermo Oliver, bioquímico vicepresidente del Centro de
    Referencia para Lactobacilos (Cerela) y representa uno de los hitos
    de los últimos tiempos en materia de relación entre
    ciencia y empresas, no sólo en Tucumán sino en toda la
    Argentina.

    La historia nació en 1984, cuando los médicos del
    Hospital de Niños solicitaron ayuda para enfrentar una
    epidemia de diarrea infantil. Oliver propuso desarrollar una
    población de bacterias capaces de restablecer el equilibrio
    ecológico en el intestino, e incorporarlas a través de
    la leche.

    La idea fue desestimada, pero Oliver y su colega Silvia
    González iniciaron la tarea con apoyo del Conicet. A poco de
    andar, el producto se mostró capaz de curar en 15 días
    casos de diarrea infantil de más de un año. “Porque los
    microorganismos producen bacteriocinas, una especie de
    antibiótico de acción antimicrobiana”, explica Oliver.

    En 1988 se llamó a licitación pública y el
    único demandante fue SanCor, que hoy produce la leche Bio. El
    producto previene enfermedades relacionadas con las mucosas
    intestinales y respiratorias, y además fija en los huesos
    mayor cantidad de calcio que otros lácteos y combate la
    desnutrición.

    Se usa en pediatría, geriatría y obstetricia. “Es un
    nutracéutico, un alimento con propiedades funcionales
    beneficiosas para la salud, como los que van a dominar la
    alimentación a comienzos del siglo XXI”, explica Oliver, quien
    no disimula su orgullo: “Somos pioneros”, dice, con una sonrisa. Ya
    vendieron la patente a Dinamarca, Colombia, Venezuela y Ecuador,
    países donde se fabrica.

    Asimismo, el Cerela está comprometido en otras tres
    iniciativas. Una es el estudio de la salmonelosis en las aves de
    corral. Otra, un trabajo sobre los microorganismos que comandan la
    maduración de los embutidos, de modo de controlar el proceso y
    regular su calidad. La última es un gran proyecto de
    desarrollo de quesos a partir de leche de cabra y de oveja, en el que
    trata de interesar a los tamberos de Tucumán y Salta, a los
    que actualmente les imparte cursos de educación
    tecnológica.

    “Los empresarios todavía son reticentes a buscar en los
    científicos asesoría y tecnología para el
    desarrollo, lo que retrasa la industria y la investigación”,
    dice Oliver, y advierte que, “mientras no haya una
    colaboración cotidiana, no habrá solución para
    los problemas del país”.

     

    A toda máquina

     

    Scania se instaló en Tucumán en 1976, para producir
    la caja de velocidades y el camión Scania L111. Durante los 18
    años siguientes incorporó a su línea de
    producción los modelos T y R 112 y T y R 113, los Topline T113
    y los ómnibus BR 116 y K112. En 1995 la empresa empezó
    a producir los camiones P93 para todo el Mercosur.

    El año pasado obtuvo la certificación ISO 9000,
    logró un nivel récord de participación en el
    segmento de camiones pesados, con 42% de las ventas totales, y
    celebró su camión número 20.000.

    Este año las actividades industriales se centralizan en
    Tucumán, mientras la parte comercial queda completamente a
    cargo de Buenos Aires. Como novedad, se introduce el ómnibus
    de pasajeros de piso bajo para transporte urbano con motor Euro2.

    Scania tiene 323.116 metros cuadrados en Tucumán, con
    40.800 metros cubiertos y 1.000 empleados para el total de sus
    actividades de fabricación de transmisiones y montaje de
    chasis. En 1996 produjo 1.721 camiones, 7.723 cajas de cambio, 3.381
    diferenciales, 63.775 engranajes de motor y 54.926 palieres.


     

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