“Tras la llegada de Colón al Nuevo Mundo, a los
españoles les llevó algo más de medio siglo
establecer su dominio colonial en la región. A los modernos
conquistadores les alcanzó con tres años”,
señaló recientemente el Financial Times en un
artículo sobre la masiva incursión de las empresas
hispanas en América latina.
El caso argentino supera con holgura ese récord. En menos
de seis meses los españoles lograron convertirse en los
líderes de la banca privada local. El Bilbao Vizcaya primero,
con la compra de los bancos Francés y Crédito
Argentino, y el Santander después, con la adquisición
del Río, se instalaron en la vanguardia del negocio
financiero. Ahora, cuatro de los cinco primeros bancos del ranking de
los privados están controlados por instituciones extranjeras
(Francés/Crédito, Río/Santander, Citi y Boston).
Compradores y vendedores
En lugar de las ambiciones coloniales, lo que parece impulsar los
actuales desembarcos es la necesidad de adaptarse a las reglas de la
globalidad.
Esto se advierte con claridad en la reciente operación
Río/Santander. ¿Por qué decidió la familia
Botín poner sobre la mesa US$ 700 millones para superar la
oferta del Citi y quedarse con el banco de los Perez Companc? En una
entrevista con la prensa española, la heredera del emporio,
Ana Botín, explicó así el afán del
Santander por expandirse en la región: “Es la única
forma de sobrevivir. Hoy en día no se puede competir siendo
solamente un banco mediano”.
Por el lado de los vendedores, el cuadro también asoma
nítido. Con la casa en orden, concluida la
reestructuración que se inició con la salida, a
principios de año, de Eduardo Casabal y continuó luego
con varios relevos en la alta gerencia del holding, los Perez Companc
avanzan en su plan maestro, que consiste en desprenderse de las
actividades que no formen parte del core business del grupo
(petróleo, energía y petroquímica) y hacer caja
para sostener su propio proyecto global, que cuenta ya con fichas
puestas en Venezuela, Perú, Bolivia y Brasil, y que
podría dar el salto cualitativo con una fuerte
participación en las privatizaciones brasileñas.
Siete de las top ten
Este proceso de concentración y transnacionalización
que impone la globalidad aparece, además, fotografiado con
netos contrastes en el ranking de MERCADO de las empresas que
más venden, publicado en esta edición. Sólo tres
de los primeros diez puestos están ocupados por
compañías locales (YPF, Perez Companc y Clarín;
y hay que tener en cuenta que parte de las acciones de la ex
petrolera estatal se cotizan en la Bolsa de Nueva York).
La presencia de los foráneos tiende a descender (aunque no
mucho) a medida que se reduce el tamaño de las empresas.
Así y todo, si se toma el cuadro de las 100 primeras del
ranking, la proporción es bastante pareja: 54 nacionales
frente a 46 extranjeras.
¿La Argentina llegó tarde?
La industria automotriz es, por cierto, una de las piezas
esenciales en este nuevo escenario global. Al cierre de esta
edición estaba por formalizarse el acuerdo que le devuelve a
la Renault francesa el control de su marca en la Argentina. Ciadea
dejó de ser, así, el último bastión
nacional en el sector (Francisco Macri anunció recientemente a
MERCADO su intención de ceder la operación de Sevel a
Peugeot).
Manuel Antelo -quien mantendrá la presidencia, pero no la
dirección ejecutiva de la empresa- reflexiona sobre el tema en
una extensa entrevista (a partir de la página 18). “Son, en
realidad, muy pocos los países que pueden exhibir una
industria automotriz propia. Los argentinos tuvimos, durante muchos
años, la vocación de desarrollarla, pero nos
faltó el mercado. Ahora, con el Mercosur, lo tenemos, pero
llegamos tarde.”
Para Antelo, sin embargo, la cuestión no debe ser
contemplada con pesimismo. El hecho de que las multinacionales
estén asumiendo el control de la industria es, dice, “un signo
de que la Argentina vuelve a estar en el mundo. Las grandes
compañías confían en el país. De otro
modo no se explica que hayan vuelto las que se fueron y se instalen
otras que nunca estuvieron antes. Es alentador, en este sentido, que
decidan tener una presencia propia, en lugar de dejar el negocio en
manos de licenciatarios o representantes”.
Góndolas y mostradores
La globalización no es, por cierto, un fenómeno
limitado a las grandes fábricas y los bancos líderes.
Se ha introducido en la vida cotidiana de los argentinos a
través de las góndolas y detrás de los
mostradores del comercio minorista (ver página 41). En el
ranking de las empresas que más venden hay seis cadenas de
supermercados que, con $ 5.098,9 millones, absorben 10,66% de las
ventas acumuladas de las 40 empresas más grandes del
país.
Y su influencia no se mide sólo en cifras. Los nuevos
gigantes del retailing transformaron el estilo de consumo y obligan a
los minoristas tradicionales a apelar al ingenio para capitalizar sus
ventajas comparativas y dar una batalla que, en contra de lo que
suele creerse, no está en todos los casos perdida.
También aquí la globalidad traza caminos de ida y
vuelta. A mediados de mayo, el grupo Velox Investment, propietario de
los supermercados Disco, ofreció US$ 229 millones para
adquirir 37% de las acciones de la cadena Santa Isabel, la
líder en Chile, con filiales en Perú, Ecuador y
Paraguay.
Correr por el living
Se supone que nadie conoce tanto la dinámica de la
globalidad como la industria informática, que casi desde su
nacimiento ha concebido al mundo como su mercado natural. Pero ese
mundo ha cambiado: el centro de gravedad del negocio está
pasando, aceleradamente, de la oficina al living. En la Argentina,
una de cada tres computadoras vendidas está destinada al hogar
(ver página 95). Esto ha puesto en marcha una verdadera guerra
de los fabricantes entre sí y contra los proveedores de clones
(que, a pesar de todo, siguen siendo la mayor competencia).
Y lo más novedoso del asunto es que, para que este mercado
de US$ 160 millones anuales siga prosperando, las estrellas del
sector informático están obligadas a aprender a
negociar con las grandes cadenas de supermercados. Un desafío
en el que fracasaron muchos gigantes de otras industrias.
Altura de crucero
En esta reconquista de América por la vía de los
negocios, los españoles enfrentan una paradoja. Iberia fue uno
de los adelantados en la campaña y ahora debe emprender la
retirada, acosada por sus tribulaciones financieras y las presiones
de la Unión Europea.
Lo curioso del caso es que, a diferencia del desastre que
debió enfrentar con Viasa en Venezuela, la empresa estatal
española está empezando a generar buenos negocios
aquí. El primer trimestre de este año terminó
con una ganancia de 8,2 millones para Aerolíneas Argentinas,
una cifra modesta, pero que representa un vuelco significativo frente
a las pérdidas por US$ 2,9 millones del mismo período
de 1996.
La situación del mercado es, por otra parte, muy
alentadora: su tamaño se duplicó desde 1990, y casi la
mitad de los pasajeros abordan vuelos internacionales, un segmento en
el que Aerolíneas Argentinas capta más de 30% (ver
página 81). Pero ahora le tocan dos desafíos arduos:
encontrar un socio adecuado y demostrar que, contrariamente a lo que
plantean sus rivales, puede competir exitosamente en un ámbito
desregulado.
