lunes, 22 de junio de 2026

    Los argentinos se divierten

    Este es el año cero para el negocio del entretenimiento en
    la Argentina. Con el ingreso al sector de grandes grupos (como
    Soldati y Maccarone), inversiones por más de US$ 500 millones
    y la puesta en marcha de los primeros megaemprendimientos (Parque de
    la Costa, Showcenter y complejos de multicines de Mendoza y Puerto
    Madero), la oferta está alcanzando un grado de madurez sin
    precedentes en el mercado local.

    Según los criterios aceptados internacionalmente, el negocio
    del entretenimiento abarca las actividades destinadas al tiempo libre
    fuera del hogar (cine, teatro, parques de diversiones,
    espectáculos deportivos, salas de juego, recitales, bares
    temáticos). El sector dio su gran salto adelante en la
    década del ‘70, de la mano de operadores de la talla de
    Disney y los estudios Universal.

    En la Argentina, en cambio, la actividad ha crecido tradicionalmente
    sólo bajo el impulso de la demanda. Esto, dicen los expertos,
    condujo al auge de centros de recreación que no fueron
    concebidos como tales, como es el caso del Puerto de Frutos, en
    Olivos, o los shopping centers.

    “Aquí, el entretenimiento ha estado limitado al cine o
    los restaurantes. No existía una oferta genuina, como en el
    mundo desarrollado, donde el sector fue el que más
    creció en los últimos años. Recién ahora
    estamos dando los primeros pasos”, advierte Julio Aparicio,
    titular de ID Consultores, la firma que trabajó en el
    desarrollo de Parque de la Costa.

    Los empresarios locales ya detectaron por dónde pasa el
    negocio, pero todavía tienen una asignatura pendiente: conocer
    con mayor profundidad cómo se divierten los argentinos.
    “Afuera hay un montón de propuestas, pero el problema es
    saber traducirlas. Como en el país no existen experiencias
    anteriores, no queda otra alternativa que las pruebas de ensayo y
    error”, asegura Eduardo Quintana, director de Interurban, una
    empresa especializada en la comercialización de locales en
    shoppings que también trabajó con el proyecto de
    Showcenter.

    “Lo que le falta al sector es una mayor
    profesionalización. Como sucedía con el negocio de los
    shoppings hace diez años, aún no existe un management
    suficientemente preparado para esta área”, señala
    Quintana.

     

    Danza de millones

    Según la revista Business Week, en Estados Unidos este
    negocio genera US$ 340.000 millones anuales, de los cuales los
    llamados parques temáticos se llevan US$ 14.000 millones.

    En la Argentina, los estudios del Indec señalan que los gastos
    en recreación se llevan 3,46% del ingreso total de la
    población de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, aunque
    en el nivel socioeconómico ABC1 el índice puede trepar
    a casi 5%. Europeos y norteamericanos, en cambio, destinan alrededor
    de 15% de su presupuesto familiar al entretenimiento. Pero, a pesar
    de la brecha, el mercado local es muy apetecible: la gente de Parque
    de la Costa estima que los 13 millones de habitantes del casco urbano
    de Buenos Aires gastan anualmente US$ 6.500 millones en actividades
    de tiempo libre.

    “En los próximos años, el mercado del
    entretenimiento va a crecer de manera muy sostenida, sobre todo por
    la vía de la reasignación de los recursos. Las
    principales víctimas del cambio serán los restaurantes.
    En todo el mundo, a medida que crece el gasto en recreación la
    comida pasa a adquirir un papel más básico, lo que
    explica la expansión de modalidades como el fast-food”,
    asegura Aparicio.

     

    Jugáte conmigo

    De todos los proyectos en marcha, el más ambicioso es, sin
    duda, el Parque de la Costa. Con una inversión de US$ 120
    millones, Sociedad Comercial del Plata —único accionista
    del emprendimiento— está apostando a que Buenos Aires
    cuente con un centro de entretenimientos comparable a Disneyworld, en
    un mercado donde los únicos y lejanos antecedentes fueron el
    Italpark y el Parque de la Ciudad (ex Interama). Sin embargo, y
    aunque en el grupo Soldati no lo admitan abiertamente, la propuesta
    también está dirigida a revitalizar el Tren de la
    Costa, que no logra alcanzar las metas de venta de locales
    comerciales en las estaciones.

    “Como en Buenos Aires no había alternativas reales de
    entretenimiento, lo que hicimos fue armar una propuesta a partir de
    las expectativas de la gente. Y los estudios que encargamos mostraban
    que el público estaba a la búsqueda de un centro de
    esparcimiento al aire libre, dirigido a toda la familia y que
    ofreciera un contacto directo con la naturaleza”, señala
    Horacio Ibáñez, vicepresidente ejecutivo y CEO de Tren
    de la Costa.

    Para el proyecto —que se inauguró oficialmente el 5 de
    mayo— la empresa trabajó con el asesoramiento de la
    Asociación Internacional de Parques de Entretenimientos y
    Atracciones (Iappa). También convocó a varios ex
    ejecutivos de Disney de Estados Unidos y a los empresarios
    Rubén La Rosa y Marcelo Pelegri como directores
    artísticos. “Tomamos muchas cosas del modelo
    norteamericano del entretenimiento, pero las adaptamos al gusto
    argentino. Ahora, nuestra fantasía es hacer un producto que se
    pueda exportar ofreciendo una propuesta que funcione en otros
    países de la región”, se entusiasma La Rosa.

    La consigna de trabajar a partir de las preferencias del
    público argentino obligó a introducir varios cambios en
    el proyecto. En las encuestas, la gente les bajó el pulgar a
    los personajes inspirados en el Ratón Mickey o el Pato Donald,
    porque generaban cierta idea de Disney trucho, y fueron reemplazados
    por los más autóctonos Cara de Barro, Delta o Yuyo.

    El Parque de la Costa ocupa 15 hectáreas en el Tigre y cuenta
    con dos anfiteatros con capacidad para 1.100 personas, un circo, un
    teatro, todo tipo de juegos mecánicos y electrónicos,
    simuladores de realidad virtual Imax, paseos al aire libre en
    catamaranes y una variedad de restaurantes temáticos y locales
    gastronómicos.

    La meta es que entre tres y cuatro millones de personas visiten las
    instalaciones durante el primer año de operaciones y generen
    ingresos por US$ 80 millones. “En una economía que crece,
    el gasto en entretenimiento aumenta tres veces más
    rápido que cualquier otra propuesta, porque en la medida en
    que las necesidades básicas estén cubiertas la gente
    tiende a destinar una porción mayor de su presupuesto a la
    recreación”, explica Ibáñez.

    Para lograr el objetivo, en la empresa apuntan no sólo a los
    13 millones de habitantes de Capital Federal y Gran Buenos Aires,
    sino también a los 9 millones de turistas (de adentro y fuera
    del país) que todos los años llegan a la ciudad.

    Los analistas advierten, sin embargo, que el precio puede convertirse
    en un considerable obstáculo. La cuestión de fondo es
    cuántas familias están en condiciones de desembolsar $
    100 en una salida, incluyendo el pasaporte para todos los juegos y
    una incursión por los patios de comidas.

    “La gente exige cada vez más por su dinero y nosotros
    trabajamos todo el tiempo con encuestas. Los índices de
    satisfacción de los que visitan el Parque son
    altísimos. Además, el público de menores
    recursos es el que está más dispuesto a gastar en
    entretenimiento, y ya estamos redondeando paquetes y propuestas para
    jubilados, escuelas y sindicatos”, argumenta, confiado, el
    vicepresidente de Tren de la Costa.

     

    La reconversión

    El grupo Maccarone, dueño de Patio Bullrich, fue uno de los
    primeros en advertir que los shoppings habían transmutado su
    naturaleza original de centro de compras para convertirse, cada vez
    más, en lugares de paseo. Cuando hace menos de dos años
    decidió encarar el relanzamiento del shopping de Recoleta, una
    de las prioridades fue incrementar el espacio para el esparcimiento
    con la incorporación de un salón de juegos, a cargo de
    la firma Neverland, y dos nuevas pantallas de cine.

    Pero este año el grupo promete ir mucho más lejos, con
    la apertura de sus primeros cuatro locales de Showcenter. El nuevo
    emprendimiento está volcado, casi íntegramente, al
    esparcimiento y el tiempo libre. “En Estados Unidos llegaron a
    la conclusión de que los shoppings son lugares aburridos y
    están tratando de reciclarlos, agregando distintas propuestas
    de juegos, cines y parques de diversiones. Nosotros, en cambio, con
    los Showcenters estamos doblando la apuesta, porque levantamos de
    cero un nuevo concepto, en el cual todo va a girar alrededor del
    entretenimiento”, explica Jorge Flom, director del grupo.

    Está prevista una inversión de US$ 300 millones durante
    los próximos dos años para la puesta en marcha de
    cuatro centros. El primero acaba de abrir sus puertas en Haedo, y los
    otros tres, que estarán ubicados en Martínez, La Plata
    y Palermo, serán inaugurados a lo largo de 1998.
    “Empezamos con Haedo porque creemos que en el oeste del Gran
    Buenos Aires la demanda para este tipo de propuesta está
    totalmente insatisfecha. En la zona no hay cines, a pesar de que en
    un radio de 20 minutos vive casi un millón de personas.
    Según un estudio que le encargamos a la consultora Gallup,
    cada una de ellas gasta un promedio de $ 87 mensuales en
    entretenimiento”, asegura Flom.

    Según estas estimaciones, la población que vive en la
    zona de influencia del Showcenter de Haedo destina US$ 1.000 millones
    anuales al gasto en entretenimiento, y el objetivo de la empresa es
    captar 15% de esta codiciada torta. “La verdad es que con un
    ingreso de US$ 150 millones estaríamos más que
    satisfechos”, reconoce Flom.

    La recuperación de la inversión podría lograrse
    en un plazo de cuatro a cinco años, y los planes prevén
    que, antes de que termine el siglo, el proyecto se habrá
    expandido a otros puntos del país. “Ya estamos estudiando
    distintas alternativas, como Córdoba, Rosario y otras zonas
    del Gran Buenos Aires. Y para más adelante, la idea es ir
    imponiendo la marca en todo el país, con emprendimientos
    más chicos en otras ciudades, como Santa Fe-Paraná,
    Resistencia-Corrientes o Neuquén-Cipolleti”, anticipa
    Flom.

    Maccarone no estará solo en el negocio de los Showcenters. El
    primer paso fue cerrar un par de acuerdos con la empresa
    norteamericana National Amusements —uno de los líderes
    mundiales en el circuito de cines— y la brasileña
    Playcenter, que opera en el negocio de parques de diversiones y
    juegos. Estas dos alternativas serán los polos de
    atracción en todos los centros.

    La oferta se completa con la presencia de restaurantes, bares
    temáticos, disquerías, librerías, shows
    musicales y ferias culturales y artísticas.

    Pero la apuesta más importante de Maccarone es el
    emprendimiento de Palermo, para el cual el grupo acaba de asociarse
    con Ogden-Rural, dueña del predio de la Rural.
    “Todavía estamos trabajando en el master plan y lo
    único que podemos anticipar es que va a ser más que un
    Showcenter tradicional. La idea es transformar a la Rural en el
    más importante centro de ferias, exposiciones y
    entretenimientos de la Argentina, aprovechando las once
    hectáreas del predio”, señala Flom.

     

    Torneos y negocios

    “En Estados Unidos hay grandes parques y bares
    temáticos dirigidos al entretenimiento segmentado. Los
    Estudios Universal, Disney y MGM tienen los propios. Estoy convencido
    de que aquí se viene una expansión similar y queremos
    ser protagonistas desde el comienzo”, afirma Carlos Avila,
    presidente de Torneos y Competencias, la empresa madre del grupo que
    él lidera y en la que está asociado con Luis Noffal y
    la corporación norteamericana de comunicaciones TCI, que en la
    actualidad controla 35% del paquete accionario.

    Con esta convicción abrió la división Nuevos
    Negocios, encargada de la diversificación de la oferta en
    áreas no comunicacionales y con una fuerte apuesta al
    “desarrollo exponencial de la industria del
    entretenimiento”.

    La división tiene a su cargo los bares temáticos, el
    proyecto de estadio cubierto a construirse en Puerto Madero y el
    desarrollo de un shopping de productos deportivos en San Telmo, donde
    también funcionarán sus oficinas. Con el proyecto del
    centro comercial intentará reproducir a gran escala el local
    de TyC Shop, que hace un par de años inauguró en la
    esquina de Libertad y Arenales.

    Mientras describe cómo será el imponente edificio de
    San Telmo, Avila se entusiasma: “Cuando empezamos en 1982 nadie
    imaginaba que llegaríamos tan lejos con la transmisión
    de deportes por televisión; ahora sabemos que es el tiempo del
    desarrollo del entretenimiento en la Argentina”.

    Ciertamente, sobran pruebas de su olfato para explotar nuevos
    mercados. Avila comenzó con un contrato con la
    Asociación de Fútbol Argentino para transmitir unos
    pocos partidos de primera división; hoy tiene la exclusividad
    del campeonato oficial hasta el 2014, y el grupo en conjunto
    facturó algo más de US$ 200 millones en el
    último ejercicio.

    Su exitosa trayectoria en la especialidad le permite encarar la nueva
    etapa a partir de diferentes alianzas estratégicas. Los
    Torneos Café, con un costo de US$ 6 millones por
    emprendimiento, funcionarán dentro de los Showcenters en una
    superficie de más de 1.800 metros cuadrados cada uno y con una
    capacidad de 800 asientos. “La idea repite el esquema de los
    bares que existen en otras partes del mundo”, dice Avila. Los
    clientes podrán presenciar diferentes eventos deportivos en un
    bar dotado de tecnología de última generación.
    El primero se inaugurará en agosto en el Showcenter de Haedo,
    mientras que en la Capital el pionero estará ubicado en la
    Rural.

    Las expectativas de facturación son tan altas que se
    llevó adelante una compleja operación societaria que
    incluye un traspaso accionario importante: Torneos y Competencias
    adquiere entre 5% y 15% del emprendimiento Showcenter, y el grupo
    Maccarone se reserva un porcentaje similar de Torneos
    Café.

    “No hacemos emprendimientos narcisistas, nada se lleva a cabo si
    no estamos seguros de que va a tener el éxito esperado”,
    advierte Avila después de señalar que se
    invertirán US$ 90 millones en Puerto Madero para la
    construcción de un complejo que incluye estadio-hotel, cines,
    restaurantes y estacionamiento para 1.500 automóviles. Sin
    embargo, el proyecto aún está pendiente de
    resolución y forma parte de una múltiple
    licitación que en febrero de este año inició la
    Corporación Antiguo Puerto Madero, y que ya pasó por
    una postergación.

    También para este emprendimiento, Avila tejió una
    alianza estratégica: la inmobiliaria Urban Yard y
    Telefé se reparten 66% de las acciones del consorcio que
    participa del concurso, mientras que TyC conserva el resto.
    Así y todo, los requisitos de factibilidad del Madison Square
    Garden criollo no son menores: “Una obra de esa envergadura
    necesita de la sinergia de otras fuerzas. No podría hacerse
    sin un importante soporte de promoción (Telefé) y la
    voluntad de dotarlo de las comodidades y la programación
    artística y deportiva de nivel internacional. Además,
    es esencial que se realicen en Buenos Aires las Olimpíadas del
    2004 que les darían al estadio y a todo el corredor
    olímpico una importante inyección de ingresos”,
    admite Avila.

     

    Rock & Show

    El niño mimado en el ambiente local del espectáculo,
    por su aceitado aparato de producción, es Daniel Grinbank. Con
    buen ojo, el ex empresario rockero decidió reconvertir su
    empresa Rock & Pop SRL sobre dos ejes: la diversificación
    y la expansión. Y lo que antes era un emprendimiento local
    relacionado con el rock se transformó en una empresa
    multinacional de entretenimientos teatrales y musicales con intereses
    en toda Latinoamérica, Italia, España y Asia.

    Theatrical & Latina —a cargo de su socio Roberto Costa—
    es la nueva empresa del grupo Grinbank que celebró un
    importante contrato, cuyas cifras se guardan bajo siete llaves, para
    la representación en distintas zonas de las obras de las dos
    productoras más importantes de musicales de Broadway: Disney
    Theatrical y Camareon Makintosh. Transportar por el continente
    americano a cada uno de estos gigantes —producirán El
    Jorobado y El Rey León, entre otros— es un esfuerzo que
    demandará una inversión de US$ 3 a 5 millones.
    “Abrimos oficinas en Chile, invertimos US$ 3 millones en comprar
    y remodelar un teatro en México DF y otro tanto en la
    refacción de una sala en Madrid. Después de traer a los
    Rolling Stones, decidimos formar una nueva empresa que mantuviera el
    principio que nos llevó al éxito: altos
    parámetros de calidad y respeto por el público”,
    asegura Grinbank.

    Los números que rodean esta reconversión se mantienen
    en reserva. Pero las ambiciones son claras: de no llegar a buen
    puerto la licitación por el estadio en el Dique 4, Grinbank
    tiene estudiada y decidida la construcción de un estadio para
    12.000 personas en la Capital Federal, que requerirá una
    inversión de US$ 15 millones. Y en breve comenzará la
    puesta a punto de una sala céntrica de la calle Corrientes
    para espectáculos teatrales donde depositará otros US$
    3 millones. “El entretenimiento está creciendo en todo el
    mundo. En la actualidad es una de las áreas más
    dinámicas del mercado, y nosotros, con las dos radios FM,
    tenemos una estructura probada de éxito”, explica el
    empresario.

    Los datos lo corroboran: hasta hace poco, Wall Street y Broadway
    sólo coincidían en el mapa de Manhattan, pero hoy los
    grandes brokers de la plaza financiera parecen seducidos por el
    crecimiento de la facturación de las productoras teatrales. En
    1976 estas empresas recaudaban US$ 170 millones. Veinte años
    después, en la temporada ‘95-‘96, alcanzaron a US$
    1.200 millones.

    Ahora Daniel Grinbank, con el respaldo que le da su estructura de
    promoción, tratará de capitalizar el interés de
    los inversores en el mercado local: en 1998 abrirá su empresa
    como sociedad anónima mediante la oferta pública de
    acciones.

     

    Montaña rusa

    Dentro de los Showcenters, la empresa encargada de los salones de
    juegos tiene un nombre familiar para los habitués de los
    shoppings: Playcenter. Tonificada por el traspaso de manos de 50% del
    paquete accionario —del grupo local Sanmartino a la central
    Playcenter Brasil, que ahora controla el total de las acciones de su
    filial argentina—, la empresa se prepara para la
    inauguración de un complejo de 7.000 metros cuadrados de
    entretenimientos mecánicos y eléctricos, bowlings,
    bares y restaurantes en Haedo, con una inversión que supera
    los US$ 10 millones.

    “La percepción es muy clara en el mercado: todos los
    shoppings están ampliando su área de entretenimiento
    porque, junto con los hipermercados anexos, éstas son las
    grandes anclas del negocio”, comenta Adalberto Reynal
    O’Connor, un apasionado experto de los parques de diversiones y
    presidente de Playcenter Argentina.

    Para comprender mejor las opciones del mercado, vale la pena hacer un
    poco de historia. Hace ya 120 años se inauguró en Coney
    Island un parque de diversiones con la hoy mítica
    montaña rusa de madera. Por entonces, las ferias de carrusel y
    kermesses se asentaban en las terminales ferroviarias. Recién
    en 1951, con la pionera Ciudad de los Niños en la localidad
    bonaerense de Gonnet, y en 1955, con Disneyland en California, la
    variante del parque temático tomó identidad propia.
    Desde los ‘70, las tendencias se orientaron hacia grandes
    instalaciones outdoors (parques de diversiones tradicionales como el
    Italpark) o indoors (las secciones de juegos anexos a centros
    comerciales).

    Hoy, Reynal O’Connor reconoce que la empresa está
    avanzando en estudios de factibilidad para su gran apuesta: un
    gigantesco parque de diversiones en el área de influencia
    bonaerense, con un universo de 20 millones de personas dispuestas a
    divertirse.

    La decisión está tomada: se destinarán US$ 100
    millones a ese emprendimiento y estiman un plazo de
    realización no superior a cinco años. “En 1998
    inauguraremos en San Pablo, Brasil, el Great Aventure, que, con 65
    hectáreas y más de US$ 200 millones de
    inversión, será el parque más grande de
    Sudamérica. Y lo mismo haremos en Buenos Aires. El objetivo es
    quintuplicar nuestra actual oferta”, se entusiasma
    O’Connor.

    En la actualidad, con una participación importante en siete
    shoppings, donde operan, a través del alquiler y
    explotación del espacio, un área superior a 13.000
    metros cuadrados y más de 600 atracciones, Playcenter es
    líder en un dinámico y competitivo mercado, en el que
    pugnan también la cordobesa Neverland —que acaba de
    inaugurar un gigantesco salón de juegos en Parque de la
    Costa— y la firma Aventura, del grupo Cencosud (y donde se habla
    del desembarco de Warner Entertainment).

    Ahora le están poniendo unas fichas al bowling, con
    expectativas de que se convierta en un nuevo boom. “Es muy
    fuerte como entretenimiento indoors en Estados Unidos y está
    avanzando muy rápido en Europa. Sabemos que aquí va a
    prender muy bien. Por eso estamos actuando agresivamente”,
    explica Reynal O’Connor.

    Por lo pronto, ya colocaron 24 canchas en el Alto Avellaneda Shopping
    Mall y en Haedo. Y éste será el caballito de batalla
    del Boulevard de Adrogué y otros centros comerciales
    porteños para la ampliación de sus áreas de
    juegos.

    Para este proyecto se asociaron con AMF Bowling Worlwide, un
    importante operador norteamericano. El objetivo es desarrollar y
    operar cerca de 40 salones de bowling en Brasil y la Argentina. La
    nueva sociedad, que se denominará AMF Playcenter, planea
    invertir US$ 100 millones en los próximos cinco
    años.

    En el caso de Neverland, la empresa cuenta con 14 centros de
    entretenimiento con una superficie promedio de 2.000 metros cuadrados
    cada uno, incluyendo los que tiene en Patio Bullrich, Parque de la
    Costa y varios shoppings del interior: Córdoba Shopping,
    American Shop y Nuevocentro (de Córdoba), Shopping del
    Jardín (San Miguel de Tucumán), Mendoza Plaza Shopping
    y Nuevonorte (Salta). “En los próximos doce meses vamos a
    invertir US$ 12 millones en la ampliación de distintos
    centros, entre ellos un proyecto en la ciudad de Córdoba donde
    ya contamos con un parque para chicos al que le vamos a agregar dos
    restaurantes temáticos y una serie de propuestas de
    entretenimiento para adolescentes y jóvenes, con una
    inversión de US$ 6 millones”, explica Marcelo Periale,
    presidente de Ares, la firma propietaria de Neverland, que el
    año pasado facturó US$ 18 millones.

    Sin embargo, el plan más ambicioso de la empresa
    también pasa por la incursión en el negocio de los
    parques temáticos. Están terminando de delinear dos
    grandes emprendimientos en Córdoba y Buenos Aires. “Ya
    contamos con un terreno de 25 hectáreas en Córdoba,
    donde el objetivo es levantar un gran parque en el año 2001
    con una inversión de US$ 25 millones, mientras que en Buenos
    Aires todavía no tenemos definida la ubicación”,
    sostiene Periale.

    La proliferación de proyectos en el sector responde,
    según Periale, a una causa fundamental: la estabilidad
    económica. “En esta actividad, la rentabilidad es baja y
    la recuperación de la inversión lenta, aunque muy
    segura. Esto explica que su desarrollo en la Argentina haya sido
    hasta ahora tan pobre, porque no se podían hacer planes a
    largo plazo.”

     

    Luz, cámara, inversión

    Hace menos de diez años, la industria del cine
    parecía condenada a muerte en la Argentina. La difusión
    del video hogareño y la incesante reconversión de salas
    en discotecas y templos evangelistas hacían pensar que el
    sector iba a correr la misma suerte que el Cinema Paradiso. Pero el
    panorama empezó a cambiar a partir de 1994, cuando, por
    primera vez en décadas, el número de salas que se
    abrieron (59) superó ampliamente a las que cerraron
    (sólo 15).

    El año pasado el número de entradas vendidas
    superó los 20,1, millones frente a los 18,7 millones de 1993,
    aunque todavía están lejos las cifras que se manejaban
    una década atrás: en 1984 salieron de las taquillas
    casi 64 millones de tickets.

    “El público argentino está recuperando el
    hábito de ir al cine. Esto responde a un fenómeno
    mundial, impulsado especialmente por la industria de Hollywood, que
    cada vez pone más títulos en el mercado. Pero
    también influye la mejor calidad de la oferta local, con la
    renovación de las salas, que ahora ofrecen sonido digital,
    pantallas más grandes y butacas confortables”, explica
    Martín Alvarez Morales, gerente de Cinemark Argentina.

    La empresa —en la que participan como socios la cadena
    norteamericana Cinemark International, la chilena Conate y los
    locales SAC y Coll-Saragusti— es una de las que están
    apostando más fuerte al renacimiento del cine en la
    Argentina.

    La euforia se sustenta en algunos datos contundentes. A lo largo de
    este año se abrirán 147 nuevas salas en el país,
    distribuidas en doce complejos, que sumarán en total 44.000
    butacas. La inversión ascenderá a US$ 180 millones.

    Claro que estos emprendimientos tienen poco que ver con los viejos y
    amplios cines de barrio. La tendencia apunta a los complejos de
    multicines, formados por pequeñas salas, con sonido digital y
    amplias butacas reclinables donde los espectadores pueden consumir
    alimentos y bebidas mientras ven la película.

    El concepto de los multicines nació en Estados Unidos hace 15
    años y ahora está desembarcando en la Argentina de la
    mano, precisamente, de varias compañías
    norteamericanas, como Cinemark, National Amusements y United Artists.
    Sin embargo, la primera en hacer pie en el mercado local fue la
    australiana Village, con la apertura de 10 salas en el Mendoza Plaza
    Shopping. Para los próximos dos años tienen prevista la
    inauguración de otras 40 pantallas en Pilar, San Isidro y el
    Shopping del Abasto. El objetivo es llegar al 2000 con 200 cines
    funcionando en todo el país.

    En Cinemark —que opera 1.600 pantallas en todo el mundo—
    también alientan planes ambiciosos. “En mayo inauguramos
    el primer complejo de ocho salas en Puerto Madero, y a lo largo de
    1997 vamos a invertir US$ 20 millones en la apertura de otras diez en
    Mendoza, siete donde funcionaba el teatro Politeama y seis en
    Adrogué”, anuncia Alvarez Morales.

    Los proyectos de National Amusements están directamente
    relacionados con la expansión de los Showcenters. La cadena
    será una de las anclas en cada uno de los centros de
    entretenimientos que levantará Maccarone en Martínez,
    La Plata y Palermo. Repitiendo este esquema, United Artists
    —otro de los grandes operadores a nivel mundial— se
    asoció con el grupo chileno Cencosud, los dueños de
    Jumbo y Unicenter, para levantar 36 salas en el Gran Buenos Aires,
    con una inversión de US$ 35 millones.

    “En julio inauguramos las primeras ocho pantallas en el Plaza
    Oeste Shopping de Morón, y después continuamos con
    otras 12 en Quilmes y 16 en la ampliación de Unicenter. La
    oferta no está totalmente satisfecha, y nuestra idea es seguir
    agregando salas en todos los complejos comerciales que vayamos
    abriendo”, explica Carlos Medina, gerente comercial de la
    división shopping centers de Cencosud.

    La voz disidente con respecto al boom del cine proviene de Carlos
    Rottemberg, líder en producción teatral, propietario de
    seis salas y factótum de más de 270 espectáculos
    estrenados. “El supuesto auge del cine es una mentira. Revisando
    las cifras de entradas vendidas se observa que el promedio de jueves
    a domingo tenía, hasta 1987, picos de 300.000 y un umbral
    nunca inferior a 130.000, tomando 40 salas céntricas. Hoy, el
    techo es de 150.000 espectadores por fin de semana, y para sumar 40
    salas hay que incluir a las de Belgrano y Flores. En el teatro la
    realidad es mucho más dura todavía”, advierte.

    ¿Cuánto más dura? Las estimaciones hablan de una
    merma de 50% en la recaudación con respecto al año
    pasado, que había sido uno de los peores que vio el teatro
    comercial. Desanimados por las crisis, los empresarios prefieren no
    calcular cuánto dinero maneja la actividad, pero todos
    coinciden en que cada vez es menos. Un magro promedio de 700 entradas
    vendidas por semana —después de bajar el precio a $ 10 y
    $ 20— resulta a las claras insuficiente para hacer frente a
    inversiones cercanas a US$ 300.000 para poner en cartel una obra de
    primera línea.

    Así y todo, desprenderse de los teatros no es fácil
    para los empresarios. La Ley 14.800/59 establece que no se puede
    levantar ninguna otra edificación donde haya una sala.
    “Todos sabemos que sería económicamente muy
    ventajoso instalar un estacionamiento, un bingo o un bowling, pero la
    ley parece no permitirlo”, se sincera Rottemberg, que ya tiene
    delineada la estrategia para el futuro próximo: crear un gran
    multiteatro concentrando sus seis salas en un mismo complejo.

     

    Estadios y escenarios

    Pero el entretenimiento no sólo se pone en juego en parques
    de diversiones, cines o teatros. Grandes producciones teatrales,
    espectáculos musicales y especialmente deportes indoors
    —que fueron los que más crecieron en convocatoria en la
    última década en todo el mundo— requieren estadios
    cubiertos en condiciones de albergar cualquiera de estas variantes. Y
    la oferta porteña en materia de salas con una capacidad
    superior a las 3.000 personas es escasa.

    Frente a este panorama, Carlos Avila planea la construcción de
    un complejo en el Dique 4 de Puerto Madero, en la continuación
    de la avenida Corrientes y Dávila. Claro que cualquier
    transeúnte habitual de la zona se preguntará
    legítimamente qué pasará con el Luna Park. Avila
    ofrece una respuesta en clave: “Nos encantaría tener a
    Lectoure como manager de nuestro estadio”.

    Daniel Grinbank también proyecta su propio espacio. Ya
    cerró contrato con Showcenter y Ogden-Rural para operar en el
    Picadero de la Rural —con capacidad para 8.000 personas—
    después de resignar su exclusividad en el estadio de Obras
    Sanitarias. Este reducto con capacidad para 5.000 espectadores
    quedó en manos de la empresa Upstage. Su presidente, Juan
    Segura, tiene grandes planes. “La inversión calculada
    para la refacción del estadio es de US$ 500.000.”

    Desde que cerraron el trato con el club, en Upstage comenzaron a
    delinear el perfil de espectáculos que se montará en el
    estadio y, aunque la prioridad serán los shows musicales,
    también están trabajando en el área de
    exhibiciones deportivas de nivel internacional y producciones
    teatrales.

     

     

    Planet Buenos Aires

    Como pasó antes con el pool, el paddle o los videoclubes,
    ahora parece que llegó el momento de los bares y restaurantes
    temáticos. Aunque en la Argentina ya existían algunos
    proyectos inspirados en modelos de ultramar, el pionero en este campo
    fue Hard Rock Cafe, que en julio de 1995 desembarcó en la
    Recoleta con una inversión de US$ 6 millones. Siguiendo sus
    pasos, en el último año y medio los emprendimientos de
    locales gastronómicos basados en un tema deportivo,
    artístico o cultural se multiplicaron rápidamente.

    Pablo Pini, director de Interurban, advierte sobre el peligro de un
    abuso del concepto. “Poner un restaurante temático con
    estacionamiento y bien decorado no asegura nada. Si no hay un trabajo
    de producción constante, la gente va una vez a conocer la
    novedad y después no vuelve. En este tipo de negocios la clave
    es no quedarse estático, renovar siempre la
    propuesta.”

    Inicialmente, detrás del proyecto del Hard Rock en la
    Argentina se encontraba el empresario inglés Charles Lewis,
    que en enero de este año decidió vender la franquicia a
    Hard Rock Cafe Corporation, en una operación que forma parte
    de una estrategia a nivel mundial de la compañía de
    recomprar sus licencias. Sin embargo, Lewis no parece darse por
    vencido fácilmente y ahora va por la segunda, con la idea de
    importar Planet Hollywood a toda la región. “Antes de fin
    de año vamos a inaugurar el primer local en Río de
    Janeiro, y en los próximos 24 meses tenemos planeada la
    apertura de otras cuatro sucursales en Buenos Aires, Santiago, San
    Pablo y Punta del Este, con una inversión que oscilará
    entre US$ 30 y US$ 40 millones”, señala Mark McClenney,
    vicepresidente de First World Entertainment, la firma creada por
    Lewis para encarar sus inversiones en América latina.

    Planet Hollywood pertenece mayoritariamente a cuatro actores: Bruce
    Willis, Arnold Schwarzenegger, Demi Moore y Sylvester Stallone, y
    toda su decoración se sustenta en la memorabilia de Hollywood.
    La cadena es sólo una de las innumerables propuestas de
    restaurantes temáticos que surgieron en los últimos
    años en Estados Unidos, como Fashion Cafe, Harley Davidson
    Cafe, Dive, Motown Cafe o Jeckyll & Mr. Hyde.

    “Gracias a la experiencia que tenemos en el mercado, ya
    recibimos varias propuestas de otras cadenas norteamericanas
    interesadas en venir a la Argentina. En todo el mundo, el futuro de
    la gastronomía son los restaurantes temáticos, porque
    los clientes buscan algo de diversión cuando van a
    comer”, señala McClenney.

    A las propuestas surgidas en el Primer Mundo, en los últimos
    dos años también se fueron sumando desarrollos locales,
    como Cibermanía —una cadena con seis negocios en Buenos
    Aires, que apunta a los fanáticos de Internet—, aunque la
    tendencia dominante apunta a los bares de fútbol. En este
    campo, el puntapié inicial lo dio Mística, en la zona
    de Recoleta, y en la actualidad avanzan varios proyectos de similares
    características, como los TyC Café de Showcenter (el
    primero comenzará a funcionar en agosto) o el World Sports
    Café que se acaba de inaugurar también en Recoleta. En
    este último caso, las caras visibles del negocio son un par de
    dirigentes de River (Ricardo Grosso y César Traversone) y dos
    miembros del cuerpo técnico de la selección de
    fútbol, Américo Gallego y Ricardo Pizzaroti. Aunque
    también se menciona a Daniel Passarella como otro de los
    accionistas del proyecto, que demandó una inversión
    superior a US$ 1 millón.

     

     

    La rueda de la fortuna

    A pesar de que están más emparentadas con la
    lotería, las salas de bingo también se convirtieron en
    los últimos años en una opción para los
    porteños a la hora de elegir un entretenimiento o planear una
    salida nocturna.

    El año pasado, casi 4 millones de personas visitaron las salas
    de Buenos Aires, atraídas por la entrada barata (apenas $ 2) y
    la posibilidad de alzarse con pozos que en promedio se ubican en los
    $ 800.

    “El auge de los bingos se explica a partir del boom de los
    juegos con pozos, que requieren de pequeños desembolsos y
    están desplazando a otros más tradicionales, como el
    Prode o la lotería”, señala Norberto Brenna,
    gerente de Mercado de Lotería Nacional.

    En la Argentina se gastan al año cerca de US$ 1.800 millones
    en apuestas. De ese total, los porcentajes más altos
    corresponden a los casinos y la quiniela, y un escalón
    más abajo se encuentra el bingo.

    En 1996, las casas de juego porteñas recaudaron un promedio de
    $ 900.000 diarios, lo que representa un incremento de 25% con
    respecto a un año atrás.

    Los bingos de la ciudad de Buenos Aires están bajo la
    supervisión de la Lotería Nacional que, a su vez,
    depende de la Secretaría de Desarrollo Social. La actividad
    está totalmente fiscalizada por el organismo público
    que fue el encargado de la selección de los cinco operadores
    que hoy están al frente de las distintas salas.

    La primera en abrir fue la de la calle Lavalle, en octubre de 1993, y
    en un plazo de dos años se fueron sumando Belgrano, Congreso,
    Caballito y Flores. Hoy, cualquiera de las salas recauda más
    que la película o la obra teatral más exitosa.

    Del dinero obtenido en los bingos, 64% se destina al pago de los
    premios y el resto se reparte entre la Secretaría de
    Desarrollo Social (6%), el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
    (6%), la Lotería Nacional (6%), entidades de bien
    público (1,8%) y la comisión para el agente operador de
    la sala (16,2%).

     

     

    Archivo Negro

    De la falta de una verdadera profesionalización para
    encarar el negocio del entretenimiento en la Argentina dan cuenta los
    únicos dos antecedentes de parques de diversiones que
    existieron en el país.

    En julio de 1990 dos jovencitas fallecieron en uno de los juegos del
    Italpark. Las pericias determinaron que el parque tenía
    problemas de mantenimiento y que su estructura no estaba en
    condiciones de funcionar. Inmediatamente se decidió la
    clausura del lugar. Sus dueños, los hermanos Zanón,
    tenían el permiso para funcionar vencido desde 1960 pero la
    Municipalidad les había dado sucesivas prórrogas. El
    punto final para el Italpark lo puso la Justicia, al condenar tanto a
    los dueños del parque como a la ciudad de Buenos Aires al pago
    de una indemnización de US$ 520.000 por daños y
    perjuicios.

    La historia del Parque de la Ciudad, ex Interama, es menos
    trágica, pero no más exitosa. Su construcción se
    inició durante la intendencia del brigadier Osvaldo
    Cacciatore, quien avaló y respaldó con la
    coparticipación federal de la ciudad los créditos que
    se tomaron para construirlo.

    El proyecto era a todas luces faraónico. El objetivo era
    levantar el parque de diversiones más grande de
    Sudamérica, con 90 juegos, estacionamiento para 25.000 autos y
    una torre de 200 metros de altura, que por sí sola
    demandó una inversión de US$ 10 millones.

    En 1983, la Comuna rescindió por decreto el acuerdo que
    tenía con la firma concesionaria —Parques Interama
    SA— acusándola de incumplimiento de contrato.

    Ahora, el parque sólo abre los fines de semana y los feriados,
    aunque el actual promedio de 30.000 visitantes mensuales puede
    despertar la envidia de más de un operador del negocio del
    entretenimiento.

    Desde que Fernando de la Rúa se hizo cargo del gobierno de la
    ciudad, en el establecimiento asumió un nuevo interventor,
    Fernando Monis, quien asegura que es posible transformar al ex
    Interama en un negocio rentable. “Ahora estamos encarando varias
    obras para poner a punto el parque, pero sabemos que sin grandes
    juegos no hay gancho para atraer a la gente. Por eso estamos
    refaccionando una montaña rusa que es la más grande de
    Latinoamérica, pero que por diversas causas nunca entró
    en funcionamiento. La idea es que en un plazo de cinco o seis meses
    el juego ya esté operando”, señala Monis.

    La intención de la Secretaría de Promoción
    Social, presidida por Rafael Kohanoff y de la cual depende el centro,
    es que en dos o tres años el Parque de la Ciudad pase a manos
    privadas, a través del sistema de concesión. Pero para
    hacerlo deberán solucionar antes el litigio judicial iniciado
    por los antiguos concesionarios, que reclaman una
    indemnización de US$ 1.000 millones por la rescisión
    del contrato.