lunes, 22 de junio de 2026

    Del surtidor a la garrafa

    El gas licuado de petróleo (propano-butano) es un commodity
    que se comercializa internacionalmente (precios de referencia Mont
    Bellvieu o Petromín). Se obtiene a partir de la
    separación de líquidos del gas natural o como
    subproducto del proceso de refinación de crudo. Se almacena,
    una parte se industrializa como insumo petroquímico y la otra
    se fracciona y vende al público en los conocidos cilindros y
    garrafas.

    La mayor parte de la demanda interna corresponde a sectores pobres y
    marginales. El año pasado la oferta agregada anual de GLP en
    la Argentina fue de 1.870.689 toneladas (valores de
    producción), y las ventas al mercado interno (con destino a
    productos petroquímicos y combustible) totalizaron 1.283.859
    toneladas. Se trata, por lo tanto, de un mercado sobreofertado. Los
    saldos exportables, que en 1996 alcanzaron 556.830 toneladas, se
    ubican en mercados vecinos (Chile, Paraguay y Brasil).

    Históricamente, los grandes productores de gas licuado han
    sido YPF y Gas del Estado (acompañados por Esso, Shell,
    Petroquímica General Mosconi, Petroquímica Bahía
    Blanca e Isaura). Pero, con la transformación del mercado
    petrolero y de la industria del gas natural, ha habido cambios
    fundamentales en la estructura de la oferta y de la demanda. Hasta la
    década del ‘60, Gas del Estado monopolizaba el
    fraccionamiento, la distribución y la comercialización
    del producto con destino al consumo. Luego se permitió el
    ingreso del sector privado al fraccionamiento y
    comercialización de las garrafas. A comienzos de los ‘80,
    las empresas privadas también se hicieron cargo del
    fraccionamiento y comercialización: se les transfirió
    un parque de 2,3 millones de cilindros.

    Las características del negocio (dependencia logística
    de almacenamiento y transporte además de la alta peligrosidad
    de la manipulación del producto) y las reglas de juego
    anteriores a la desregulación del mercado facilitaron la
    conformación de una estructura oligopólica en el
    segmento de fraccionamiento y distribución, convalidada por un
    sistema de cuotas anuales negociado en una suerte de mesa de gas
    licuado. Los precios del producto estaban regulados.

     

    Un nuevo marketing

    La desregulación del mercado del gas licuado, contemplada
    en los decretos de desregulación de la industria petrolera
    (1989), fue inicialmente poco efectiva para introducir competencia en
    el mercado del GLP. Durante los dos primeros años de la
    desregulación, los precios de venta a fraccionadores fueron
    fijados por Gas del Estado y los precios a consumidores finales
    quedaron liberados.

    Hoy, los precios en toda la cadena del negocio son libres. Pero
    mientras el precio a granel en el mercado interno es de US$ 276 por
    tonelada promedio (sin impuestos), el producto llega envasado al
    consumidor local a US$ 820 (sin impuesto). La irrupción de
    nuevos actores a partir de la compra de Agip por YPF y la reciente de
    Argon por Total (también se negocia la venta de Algas y
    Autogas) prometen introducir una nueva dinámica en el mercado.
    Habrá inversiones, se afianzará la marca y se
    profundizará el proceso de concentración e
    integración. Si aguas arriba el negocio se internacionaliza y
    aguas abajo prevalece un nuevo marketing, el consumidor podrá
    beneficiarse con mejores servicios y menores precios. Habrá
    llegado la hora de cambiarle la cara al gas envasado.