En la aldea global, las políticas de relaciones exteriores
parecerían condenadas a perder importancia. Sin embargo, en
Estados Unidos y en la Unión Europea la rivalidad por las
áreas de influencia despierta tanto interés como en los
tiempos de la guerra fría, cuando la supervivencia
requería sumar aliados. “Muchas veces está en
juego el prestigio. Hay que tener en cuenta que el Mercosur
está de moda en los centros financieros. Ni europeos ni
norteamericanos quieren estar ausentes de este mercado”, afirma
Diana Tussie, investigadora de Flacso.
Los europeos diseñaron un acuerdo que prevé ventajas
impositivas para el ingreso de productos en uno y otro sentido. Y fue
bajo el influjo del Mercosur que Estados Unidos decidió lanzar
la iniciativa hemisférica del Area de Libre Comercio de las
Américas (Alca), con debut anunciado para el 2005.
Es preciso tener en cuenta que Estados Unidos exporta más a
Brasil que a China y encuentra entre los 14 millones de chilenos un
mercado más favorable que el que le ofrecen 900 millones de
habitantes de la India.
En medio de la polémica suscitada por la cuestión,
algunos analistas sostienen que el Alca puede representar,
paradójicamente, la garantía de supervivencia del
Mercosur. “Si no existiera la posibilidad de una alianza
latinoamericana, a Brasil no le interesaría tanto el
Mercosur”, afirma Tussie.
“El Alca es una realidad. Hay un compromiso firmado por los
presidentes del Mercosur de integrarse al resto de la región
bajo las condiciones que plantea Estados Unidos, es decir, arancel
cero”, señala la economista Beatriz Nofal, asesora de
Unida, una de las dos cámaras que agrupa a la industria de los
alimentos.
“Para la Argentina esto inaugura un nuevo escenario, aún
más abierto y competitivo. Implica otra
reestructuración en tiempos difíciles. La ventaja,
vista desde aquí, es que el Alca va a forzar a Brasil a
liberar parte de su mercado, los servicios, y ciertos sectores
industriales, que están muy protegidos”, señala
Nofal.
Javier Tizado, vicepresidente de Siderar y Tecpetrol y director del
comité ejecutivo de la Organización Techint, expone una
visión parecida. “Muchas de las medidas que aplica Brasil
no sólo lesionan las reglas del Mercosur, sino también
las de la Organización Mundial del Comercio. Es el caso de los
subsidios a la industria automotriz.”
“El Alca va a lograr que Brasil vaya adecuándose a la
tendencia mundial hacia un comercio cada vez más libre. La
Argentina también debe mejorar la competitividad en un marco
donde las fronteras abiertas no estarán restringidas a los
miembros del Mercosur”, pronostica Tizado.
Para la Argentina el Mercosur es un tema central desde el punto de
vista económico. “Brasil es vital, con sus 140 millones
de habitantes y 70 millones de consumidores. La Argentina, con 34
millones de habitantes, tiene un mercado de consumo masivo de 25
millones. La diferencia es notable”, argumenta Luis
Spaggenberch, director de Relaciones Institucionales del grupo
Bemberg y directivo de la Copal, la otra cámara que agrupa a
las empresas del rubro alimentario. Con las marcas de cerveza
Heineken y Quilmes, los Bemberg apenas logran penetrar en el sur
brasileño. Un hecho que Spaggenberch atribuye en gran medida a
las diferencias de tamaño. “Ellos producen 70 millones de
hectolitros de cerveza por año. Nosotros, 12 millones.”
Los que vinieron
Para Brasil, el Mercosur es, sobre todo, una prioridad
política. Pero, aun así, ya son 300 las empresas
brasileñas que llegaron a la Argentina para quedarse.
“Venir aquí nos resulta más ventajoso que ir a
nuestro noreste. Claro que hay que conocer bien el mercado y buscar
un socio. Si no, puede pasar con el negocio lo mismo que con la
compra de una casa de fin de semana, un hecho que da dos
alegrías: la primera cuando la compramos y la segunda cuando
la vendemos”, explica Dickson Tangerino, presidente del Grupo
Brasil, que cobija a 175 de las firmas de ese origen presentes en la
Argentina.
Según los cálculos de los expertos, los
brasileños ya llevan invertidos US$ 2.000 millones en la
Argentina y antes de que concluya la década se habrán
instalado aquí 500 empresas provenientes del gigantesco
vecino.
Para todos ellos, la Argentina es la base del desarrrollo
internacional a través del idioma español:
“Después de llegar acá, es más fácil
ir a Bolivia, Chile y luego Perú”, apunta Tangerino.
Grietas en el edificio
Pero las ventajas que el mercado común depara a uno y otro
socio no alcanzan. Los lazos entre Brasil y Argentina suelen exhibir
grietas. Y el mismo Mercosur se encuentra en una encrucijada: a
medida que avanza la unión aduanera van surgiendo los
problemas de la integración.
“Lo que más le conviene a la Argentina es un sistema
regido por una entidad, quizás un tribunal supranacional, que
pueda dirimir los conflictos que se van planteando en la
relación comercial. Es el único mecanismo al que puede
recurrir para equilibrar la fuerza de Brasil. Y a Brasil
también le conviene esta especie de arbitraje, que permita ir
resolviendo caso por caso”, propone Tussie.
“Hay que liberar al Mercosur de las encrucijadas. La
integración tiene que ser un problema crónico y no un
problema crítico. Se requiere un andamiaje institucional que
permita que los problemas que se generan se definan con toda la
fuerza que haga falta y que no se transformen en crisis. Porque en
las crisis domina el más fuerte”, coincide Ricardo
Kesselman, director del holding Macri, encargado del seguimiento de
la situación brasileña en Socma.
Según Spaggenberch, la disfuncionalidad proviene de las
distintas estructuras constitucionales de los dos socios mayores del
Mercosur: “La Argentina es un país presidencialista,
donde los aparatos impositivos a nivel nacional y municipal se mueven
dentro de patrones rígidos. Los brasileños son
federales. Los gobernadores, e incluso las municipalidades, se mueven
con gran autonomía. Pueden disponer de presupuestos y otorgar
subsidios, lo que ha generado una dura competencia por las
inversiones”.
Quién hace qué
En el marco de la relación bilateral, la debilidad
argentina también está determinada por su papel de
proveedor de materias primas. Esto podría cambiar con el apoyo
de políticas públicas, como ocurrió en la
industria automotriz, la excepción que confirma la regla.
Pero, por ahora, sólo se advierte en este campo una defensa
activa contra la competencia extranjera desleal. “El año
pasado la Argentina fue, después de Estados Unidos, el
país que más recurrió a la legislación
antidumping”, explica Tussie.
Otro problema percibido por los empresarios es que en el Mercosur no
hay distribución de funciones. “Es inconcebible pensar
que Brasil no va a desarrollar su propia industria de alimentos. Lo
que falta en el mercado común es decidir qué produce
cada uno. Se necesitan acuerdos estratégicos y definir
quién hace qué y cuánto de cada cosa”,
afirma Kesselman.
Hacia afuera, el bloque va haciendo negocios donde puede.
Para muchos empresarios, el Alca suena como algo lejano. Y algunos se
sienten más cómodos haciendo tratos con los europeos.
“La competitividad de nuestros productos es mayor en Europa, y
eso se nota en el volumen de negocios”, argumenta Tangerino.
“No creo que la integración como socio privilegiado con
el Alca dañe la corriente comercial con Europa”,
argumenta Tizado, quien, sin embargo, se inclina por una
definición gradual. “Hay que tomarse los tiempos para
permitir que las operaciones industriales no se dañen y dar la
oportunidad de reconversión a los sectores que tienen un
horizonte ecnómico con buen nivel de competitividad. Estos
procesos tendrán que ser administrados con cierto grado de
paralelismo.”

