¿Cómo creen los argentinos que estará el
país dentro de una década? Las respuestas a esta
pregunta proporcionan datos reveladores en más de un sentido.
Por un lado, las visiones del futuro permiten examinar a un nivel
más profundo el estado de ánimo colectivo. En agitadas
épocas preelectorales, como ésta, la gente es
particularmente proclive a dramatizar sus percepciones del presente.
Extender la mirada más allá del 2000 exige, en cambio,
un ejercicio de reflexión, y permite medir con más
rigor los grados de optimismo o pesimismo.
Por otra parte, aquí se presenta, hasta cierto punto, el
caso de la profecía que garantiza su propio cumplimiento. En
el balance entre el entusiasmo y el escepticismo de los argentinos de
hoy se encuentra un valioso indicador del rumbo futuro.
Por estas razones, MERCADO encomendó, para esta
edición aniversario, una extensa investigación sobre el
tema, diseñada por el sociólogo Heriberto Muraro. La
encuesta y el procesamiento de los datos estuvieron a cargo de la
firma Telesurvey. Fueron consultadas 300 personas mayores de 18
años en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
¿Cómo sigue la estabilidad?
Algo más de la mitad de los encuestados (54%) cree que en
la Argentina del 2007 los precios se mantendrán estables. La
confianza es mayor entre los más jóvenes, los que
completaron estudios terciarios y los que pertenecen al segmento
socioeconómico más alto. Decrece, en cambio, en el
segmento de 30 a 49 años, y en los sectores de menores
ingresos.
La fe en la vigencia de la fórmula un peso, un
dólar es menos firme. La mitad cree que habrá una
devaluación en el curso de la próxima década.
Casi dos tercios de los mayores de 50 años se inclina por esa
hipótesis. En cambio, el índice desciende a 41% entre
los jóvenes.
En cuanto al fenómeno del desempleo, las previsiones son
decididamente pesimistas: 42% pronostica un aumento, 30% cree que las
cosas seguirán igual y sólo 26% augura un alivio. En la
franja de 18 a 29 años, ocho de cada diez no anticipan ninguna
mejora. Una proporción similar se registra en el nivel
socioeconómico medio. Los hombres, por cierto, se muestran
mucho menos optimistas que las mujeres.
Es aún más crudo el pronóstico con respecto a
la pobreza. Dos de cada tres encuestados creen que en el 2007
habrá más familias con necesidades básicas
insatisfechas. Y sólo 17% estima que aumentarán los
ingresos reales de los trabajadores. En cuanto a la
distribución de la riqueza, más de la mitad piensa que
se profundizarán las actuales brechas.
Con respecto a la futura intervención del Estado en la
creación de empleos y la búsqueda de solución a
los problemas sociales, la muestra se divide, curiosamente, en tres
partes iguales entre quienes pronostican mayor protagonismo
gubernamental, quienes creen que se acentuará el laissez faire
y los que piensan que nada cambiará.
Entrar al mundo
Un poco más de la mitad de los encuestados (55%) vaticina
que dentro de una década la economía argentina
dependerá de las importaciones en mayor medida que ahora. El
dato no necesariamente refleja pesimismo, sino más bien una
creciente conciencia del irrefrenable avance de la globalidad. Son
casi dos tercios los que piensan que las inversiones extranjeras
tendrán una im portancia aún más crucial que la
actual, y tres de cada cuatro pronostican un incremento de la deuda
externa. Al mismo tiempo, 42% confía en que las exportaciones
argentinas tendrán un mayor componente de productos
industrializados.
Notablemente, a pesar de los publicitados enfrentamientos
comerciales con Brasil durante el período en que se
realizó esta encuesta, la imagen del Mercosur se proyecta con
fuerza hacia el futuro. Una clara mayoría de 61% vaticina un
aumento del intercambio dentro de la región (frente a 44% que
formula un pronóstico similar con respecto a
Norteamérica y apenas 36% en relación con Europa). Un
índice menor, pero sustancial (44%), apuesta a que
habrá una moneda única del Mercosur antes del 2007. Y
siete de cada diez entrevistados piensan que para entonces los
ciudadanos de los países miembros compartirán un
pasaporte único.
Las comparaciones
Ante esta aceptación del futuro global, vale la pena
constatar hasta qué punto son correctas las percepciones de
los argentinos sobre su propia posición en el mundo y,
más precisamente, en América latina.

El error de apreciación más notable surge de las
respuestas a la pregunta sobre cuál, entre cuatro
países de la región (Brasil, México, la
Argentina y Chile), exhibe la mayor producción de bienes y
servicios. Brasil fue correctamente ubicado en el primer puesto, pero
a partir de allí el panorama aparece curiosamente
distorsionado. Los encuestados le otorgaron el segundo lugar a Chile,
que en realidad exhibe el PBI más bajo de los cuatro. La
Argentina se ubica en el tercer puesto. Y México, sólo
superado por Brasil en la región, aparece relegado al
último lugar.
La cuestión del nivel de vida de la población es,
por cierto, más difícilmente mensurable. Para los
encuestados, el primer lugar del podio le corresponde a Chile,
seguido por la Argentina, México y Brasil, en ese orden. Lo
cierto es que, si se toma como parámetro el PBI per capita, la
Argentina marcha primera con ventajas sustanciales. A México
le correspondería el segundo lugar, a Brasil el tercero y a
Chile el último.
La buena imagen (y la buena prensa) del milagro chileno se
trasunta también al examinar el tema de la corrupción
en los cuatro países. Con escasa piedad por sí mismos,
los argentinos se consideran líderes en ese terreno. Le
otorgan el segundo lugar a Brasil y el tercero a México (donde
la cuestión asume conocidas proporciones históricas).
Chile, en cambio, aparece como el menos afectado por el
fenómeno.
En cuanto a dónde hay más respeto por los derechos
políticos de los ciudadanos, Chile vuelve a sacar la mejor
nota, seguido por la Argentina, México y Brasil.
En materia de educación, los encuestados le reconocen
más ventajas a la Argentina. Chile aparece en segundo
término, México en el tercer lugar y Brasil en el
último. Las cifras de alfabetización, al menos,
justifican este ordenamiento.
El horizonte político
El bipartidismo no tiene futuro en la Argentina, a juzgar por las
respuestas de casi un tercio de la muestra, que pronostica que en el
2007 el caudal electoral se distribuirá entre cuatro o
más organizaciones políticas. Una proporción
mayor (39%) cree que serán tres los partidos en pugna.
Dos tercios de los encuestados piensan que los votos
dejarán de tener dueños permanentes: se
acentuará, dicen, la tendencia del electorado a cambiar
periódicamente de partido.
Pero, aunque una sólida mayoría de 58% (que se
fortalece en la franja de los mayores de 50 años y en la clase
media) confía en que habrá mayor control del poder
ciudadano sobre los políticos, las previsiones acerca de la
extensión de la corrupción adquieren un tono
sombrío: 39% vaticina que se acentuará el
fenómeno y 24% dice que nada cambiará. El pesimismo es
notablemente mayor entre los jóvenes de menos de 29
años y en la clase media.
No es sorprendente, por lo tanto, que 40% afirme que
disminuirá la credibilidad de partidos y dirigentes.
Aquí las diferencias entre los sexos son pronunciadas.
Sólo 36% de las mujeres sostiene esta opinión, frente a
43% de los hombres. Y algo parecido se observa en la pregunta acerca
de si la Justicia será más independiente: 50% del
público femenino contesta afirmativamente, en tanto que apenas
43% de los hombres se inclina por el optimismo.
Pero la verdadera sorpresa en el terreno del género surge
cuando se les pregunta a los encuestados si las mujeres de la
Argentina del 2007 tendrán mayor participación en la
vida política. Los hombres se juegan con un abrumador 91% de
respuestas positivas. Las mujeres, en cambio, dudan: 86%
confía en que así será; 14% no sabe, o no
contesta.
En cambio, ante el interrogante más general sobre la
participación de la gente en la actividad política, las
mujeres aventajan claramente a los hombres (59% frente a sólo
37%) en los vaticinios positivos.
Las actividades comunitarias son el escenario de fuertes
divergencias de pronósticos. Los mayores de 50 años,
los que sólo exhiben nivel educacional primario y los de
más bajos ingresos creen que dentro de una década
habrá mayor participación de la gente. Pero los
jóvenes y los que completaron una formación terciaria
se muestran menos entusiastas.
El optimismo es más parejo alrededor de la tolerancia con
respecto al sexo (63% dice que será mayor, aunque los
jóvenes parecen menos convencidos).
En cambio, 81% muestra escepticismo acerca del cuidado del medio
ambiente (creen que la contaminación aumentará). Pero
también anticipan una mayor participación de los
jóvenes en los movimientos ecologistas (83% sostiene esa
opinión).
Los más pesimistas en cuanto a la tendencia en el consumo
de drogas por parte de los jóvenes son los propios
jóvenes: ocho de cada diez pronostican que la situación
empeorará. Son también ellos (con 81%) y la clase media
(también con 81%) los más firmemente convencidos de que
aumentará la inseguridad urbana.
Quizá porque ven en la cuestión la clave de su
propio futuro, son los niveles socioeconómicos más
bajos y los encuestados que sólo completaron la escuela
primaria los más inclinados (con 60 y 69% respectivamente) a
vaticinar que en la próxima década aumentará el
nivel educacional en el país. El promedio general suma, sin
embargo, sólo 48%, con un índice particularmente magro
entre los jóvenes (38%) .
El futuro en singular
Cuando se les pregunta a los argentinos cómo ven su propia
situación económica personal dentro de diez años
surge un cuadro de tibio optimismo. Los que confían en una
mejora suman 43%, los pesimistas representan 12%, llegan a 38% los
que no anticipan cambios y 6% no arriesga una respuesta.
Pero las discrepancias son grandes. Los jóvenes se
muestran, por una vez, más optimistas: 53% piensa que su vida
será mejor. También se registran índices
superiores al promedio en el nivel socioeconómico más
alto (57%) y entre los que cuentan con estudios terciarios (53%). En
cambio, los pronósticos son claramente negativos entre los
mayores de 50 años (sólo 26% confía en mejorar)
y el sector de menores ingresos (33% de optimismo).
Para colocar este cuadro en un contexto adecuado se requiere, sin
embargo, compararlo con las respuestas a la pregunta sobre la
situación personal actual. Sólo 5% indica que los
ingresos de su grupo familiar son suficientes y les permiten ahorrar
(incluso en el sector socioeconómico más alto el
índice apenas asciende a 12%). Los que dicen que les alcanza
justo, sin dificultades suman 44% (con porcentajes más altos
entre los jóvenes y los que completaron estudios terciarios).
A 26% de la muestra el dinero no le alcanza y enfrenta dificultades.
Aquí la gravitación del nivel educacional es evidente:
el índice se sitúa en torno de 33% entre quienes
completaron estudios primarios o secundarios, pero desciende
abruptamente a 18% entre los que cuentan con una formación de
nivel terciario.
Uno de cada cuatro entrevistados se ha visto obligado a reducir
sus gastos. La proporción es sustancialmente más
elevada entre los mayores de 50 años (39%), las mujeres (31%)
y los que no pasaron de la escuela primaria (52%).
Dolores Valle
