El presidente saliente de la UCR cree que no peligra la
gobernabilidad porque beneficia tanto al oficialismo como a la
oposición. Sostiene que la Argentina es más vulnerable
que otros países ante las crisis internacionales debido al
estado crítico de su sector externo. Dice que, dada esa
situación, el único recurso es el fiscal, pero no
necesariamente por la vía del aumento de los impuestos, sino
por la de la reducción del gasto. ¿Cómo?
Reformulando el presupuesto, para evitar duplicaciones y agujeros
negros, y controlando la utilización de los recursos.
&endash; Después del resultado del 26 de octubre, parece
obligado preguntarse si peligra la gobernabilidad durante los
próximos dos años.
&endash; Del lado de la Alianza ha habido una ostensible
reafirmación de la voluntad de asegurar la gobernabilidad. La
euforia por el triunfo no nos impidió advertir que estamos
frente a una crisis que puede convertirse en recesión y graves
problemas fiscales para la Argentina. Por otra parte, creo que se han
creado las condiciones para un mejor funcionamiento del Congreso.
&endash; Sin embargo, hay quienes suponen que el triunfo
opositor significará una traba para el funcionamiento del
Parlamento.
&endash; No coincido. Al contrario: me parece que durante ocho
años no tuvimos Congreso porque el Poder Ejecutivo
suponía que el Parlamento era una escribanía cuya
función era protocolizar los proyectos que se redactaban en la
Casa Rosada. Por un lado, la tiranía del número
ejercida por la mayoría llevaba a que la oposición
abusara del recurso de no dar quorum. Por otro, esa idea del gobierno
también creaba fisuras en el propio oficialismo, que muchas
veces no podía imponer su voluntad y terminaba recurriendo al
expediente de los decretos de necesidad y urgencia. Ahora, con un
resultado electoral que no deja margen social para gobernar por
decreto y un Congreso más equilibrado, me parece que
están dadas las condiciones para que mejore la calidad de la
institución parlamentaria. El gobierno necesita el consenso
porque, si no, no puede gobernar. Y la oposición necesita el
consenso porque, si no, no puede acreditar su responsabilidad. Si el
resultado del triunfo de la Alianza fuera una parálisis
institucional, eso afectaría a la Alianza tanto como al
gobierno: mal podría presentarse la Alianza como una
opción de gobierno con vistas al ´99 si no fuera capaz de
hacer funcionar las instituciones ahora.
&endash; El diagnóstico suena razonable. Ahora, ¿la
realidad transcurrirá más cerca de él o de los
varios cortocircuitos que ya se produjeron, después del 26,
entre el gobierno y la oposición?
&endash; Creo más en la lógica que en las
anécdotas. Eso no quiere decir que ignore los
obstáculos, los retrocesos y las demoras que pueden causar el
fanatismo, la sordera y la incomprensión. El discurso de Roque
Fernández en Idea fue un acto de deshonestidad intelectual,
una provocación incomprensible, y no reflejó la
responsabilidad que debe tener quien conduce la economía en
las circunstancias actuales, pero creo que hay que tomarlo como la
reacción temperamental de un miembro del gobierno que
está sometido a una fuerte tensión. El gobierno
todavía no asimiló la derrota del 26 de octubre y a
ello se superpone una crisis de difícil pronóstico.
Más que el exabrupto de Fernández, me preocupa la
negación de la realidad. La situación es mucho
más difícil que lo que el gobierno reconoce.
&endash; ¿Por qué?
&endash; El mundo asistió en los últimos tres
años a diversas crisis: las devaluaciones del peso mexicano y
del baht tailandés, la caída de la Bolsa de Hong Kong,
y ahora el severo ajuste fiscal en Brasil. Los cuatro hechos tuvieron
un correlato en la Argentina. Ninguno de los cuatro &emdash;en el
último estamos pronosticando&emdash; afectó a Chile. El
gobierno argentino dice que nos afecta porque el mundo globalizado es
así. ¿Por qué el mundo globalizado es de una
manera para Chile y de otra para la Argentina? Podemos decir que
Chile no padece esos problemas porque no tiene tipo de cambio fijo, o
porque cuenta con una ley que regula el ingreso y el egreso de
capitales de corto plazo, o porque no privatizó su principal
exportación ni su principal importación. Pero hay otros
elementos. La Argentina tiene un déficit fiscal consolidado de
US$ 2.500 millones; Chile no tiene déficit fiscal. La
Argentina tiene un déficit de la cuenta corriente de US$
11.000 millones; Chile no tiene. La tasa de ahorro interno de la
Argentina es de menos de 20% del PBI; la de Chile está en 27%.
La deuda externa chilena es una pequeña fracción de sus
exportaciones; la argentina equivale a tres o cuatro veces el valor
de las exportaciones. Entonces la Argentina depende
críticamente del flujo de capital financiero. Los capitales
financieros que circulan en los mercados emergentes representan 67
por mil del movimiento total de capitales. Y, naturalmente, ante un
problema en un mercado emergente se produce de manera
automática una fuga hacia la seguridad. Simplemente se toma a
los países emergentes como un bloque donde se invierte cuando
la rentabilidad es alta y de donde se sale rápidamente ante el
primer problema.
&endash; Entonces, ¿la Argentina es altamente
vulnerable?
&endash; La Argentina tiene esa vulnerabilidad y además los
recursos que tenemos son muy pocos. Es obvio que sería
desastroso devaluar. ¿Pagar deuda con reservas? Si lo
hiciéramos tendríamos que retirar circulante,
provocando una situación aun más difícil.
¿Crédito internacional? En estas circunstancias se
encarece muchísimo. Entonces, el único instrumento que
nos queda es el fiscal, en el que no se ha hecho lo que había
que hacer. No se ha hecho un presupuesto base cero. El presupuesto no
refleja las funciones y responsabilidades que el Estado tiene hoy. Se
ha venido actualizando un presupuesto que corresponde a un Estado
completamente distinto, que tenía escuelas, hospitales y
empresas de servicios públicos; que tenía que financiar
déficit y hacer la inversión necesaria para sacar
petróleo, transportar gas, generar electricidad. Un Estado que
subsidiaba, un Estado que promovía. Cuando ahora se plantea de
repente la necesidad de ajustar las cuentas del sector público
bajo presión, entonces la situación es objetivamente
grave.
&endash; ¿El gasto es sensible a la baja? Porque, si no es
así, el recurso fiscal significa más impuestos, y ya se
sabe que cuando se aumentan las alícuotas de los
fácilmente recaudables se genera recesión y, por lo
tanto, el efecto contrario al que se buscaba.
&emdash; Yo veo al gobierno pensando, como piensa (el
administrador federal de Ingresos, Carlos) Silvani, en llevar el IVA
a 25%, lo veo pensando en aumentar la alícuota de ganancias,
pero no lo veo enfocando seriamente el problema fiscal. Insisto en
que hay que hacer presupuesto base cero. A cada ministro hay que
decirle: “Señor, su presupuesto es cero; a partir de
allí, vamos a ver qué necesita hacer usted, cuál
es el valor de mercado de las cosas que tiene que adquirir o de los
servicios que tiene que pagar”. Si no se hace eso vamos a seguir
conviviendo con duplicaciones, yuxtaposiciones, gastos en negro,
agujeros creados para que se vaya la plata, corrupción e
ineficiencia.
No creo que el gasto sea inelástico a la baja. Es
inelástico si presuponemos que la estructura del presupuesto
es correcta. Yo he encargado un trabajo de auditoría contable
del presupuesto y surge cada cosa… Un solo ejemplo: una consulta
bibliográfica le cuesta al Estado Nacional $ 25. Ahora estoy
tratando de comprobar el destino que se le dio a $ 200 millones que
quedaron como diferencia a raíz de la baja de las tasas de
interés, que, según la información que tengo,
fueron destinados a engrosar la partida de gastos reservados, que en
verdad no son gastos reservados de publicación diferida,
supervisados y contabilizados, sino que son gastos en negro. La
contabilidad pública es muy, muy deficiente en la Argentina.
Además, no hay control de ejecución ni contabilidad del
presupuesto ejecutado. En esas condiciones no se puede hablar de
inflexibilidad a la baja.
A.J.L.
