viernes, 29 de mayo de 2026

    “El gasto público puede bajar si se lo controla”

    El presidente saliente de la UCR cree que no peligra la
    gobernabilidad porque beneficia tanto al oficialismo como a la
    oposición. Sostiene que la Argentina es más vulnerable
    que otros países ante las crisis internacionales debido al
    estado crítico de su sector externo. Dice que, dada esa
    situación, el único recurso es el fiscal, pero no
    necesariamente por la vía del aumento de los impuestos, sino
    por la de la reducción del gasto. ¿Cómo?
    Reformulando el presupuesto, para evitar duplicaciones y agujeros
    negros, y controlando la utilización de los recursos.

     

    &endash; Después del resultado del 26 de octubre, parece
    obligado preguntarse si peligra la gobernabilidad durante los
    próximos dos años.

    &endash; Del lado de la Alianza ha habido una ostensible
    reafirmación de la voluntad de asegurar la gobernabilidad. La
    euforia por el triunfo no nos impidió advertir que estamos
    frente a una crisis que puede convertirse en recesión y graves
    problemas fiscales para la Argentina. Por otra parte, creo que se han
    creado las condiciones para un mejor funcionamiento del Congreso.

     

    &endash; Sin embargo, hay quienes suponen que el triunfo
    opositor significará una traba para el funcionamiento del
    Parlamento.

    &endash; No coincido. Al contrario: me parece que durante ocho
    años no tuvimos Congreso porque el Poder Ejecutivo
    suponía que el Parlamento era una escribanía cuya
    función era protocolizar los proyectos que se redactaban en la
    Casa Rosada. Por un lado, la tiranía del número
    ejercida por la mayoría llevaba a que la oposición
    abusara del recurso de no dar quorum. Por otro, esa idea del gobierno
    también creaba fisuras en el propio oficialismo, que muchas
    veces no podía imponer su voluntad y terminaba recurriendo al
    expediente de los decretos de necesidad y urgencia. Ahora, con un
    resultado electoral que no deja margen social para gobernar por
    decreto y un Congreso más equilibrado, me parece que
    están dadas las condiciones para que mejore la calidad de la
    institución parlamentaria. El gobierno necesita el consenso
    porque, si no, no puede gobernar. Y la oposición necesita el
    consenso porque, si no, no puede acreditar su responsabilidad. Si el
    resultado del triunfo de la Alianza fuera una parálisis
    institucional, eso afectaría a la Alianza tanto como al
    gobierno: mal podría presentarse la Alianza como una
    opción de gobierno con vistas al ´99 si no fuera capaz de
    hacer funcionar las instituciones ahora.

     

    &endash; El diagnóstico suena razonable. Ahora, ¿la
    realidad transcurrirá más cerca de él o de los
    varios cortocircuitos que ya se produjeron, después del 26,
    entre el gobierno y la oposición?

    &endash; Creo más en la lógica que en las
    anécdotas. Eso no quiere decir que ignore los
    obstáculos, los retrocesos y las demoras que pueden causar el
    fanatismo, la sordera y la incomprensión. El discurso de Roque
    Fernández en Idea fue un acto de deshonestidad intelectual,
    una provocación incomprensible, y no reflejó la
    responsabilidad que debe tener quien conduce la economía en
    las circunstancias actuales, pero creo que hay que tomarlo como la
    reacción temperamental de un miembro del gobierno que
    está sometido a una fuerte tensión. El gobierno
    todavía no asimiló la derrota del 26 de octubre y a
    ello se superpone una crisis de difícil pronóstico.
    Más que el exabrupto de Fernández, me preocupa la
    negación de la realidad. La situación es mucho
    más difícil que lo que el gobierno reconoce.

     

    &endash; ¿Por qué?

    &endash; El mundo asistió en los últimos tres
    años a diversas crisis: las devaluaciones del peso mexicano y
    del baht tailandés, la caída de la Bolsa de Hong Kong,
    y ahora el severo ajuste fiscal en Brasil. Los cuatro hechos tuvieron
    un correlato en la Argentina. Ninguno de los cuatro &emdash;en el
    último estamos pronosticando&emdash; afectó a Chile. El
    gobierno argentino dice que nos afecta porque el mundo globalizado es
    así. ¿Por qué el mundo globalizado es de una
    manera para Chile y de otra para la Argentina? Podemos decir que
    Chile no padece esos problemas porque no tiene tipo de cambio fijo, o
    porque cuenta con una ley que regula el ingreso y el egreso de
    capitales de corto plazo, o porque no privatizó su principal
    exportación ni su principal importación. Pero hay otros
    elementos. La Argentina tiene un déficit fiscal consolidado de
    US$ 2.500 millones; Chile no tiene déficit fiscal. La
    Argentina tiene un déficit de la cuenta corriente de US$
    11.000 millones; Chile no tiene. La tasa de ahorro interno de la
    Argentina es de menos de 20% del PBI; la de Chile está en 27%.
    La deuda externa chilena es una pequeña fracción de sus
    exportaciones; la argentina equivale a tres o cuatro veces el valor
    de las exportaciones. Entonces la Argentina depende
    críticamente del flujo de capital financiero. Los capitales
    financieros que circulan en los mercados emergentes representan 67
    por mil del movimiento total de capitales. Y, naturalmente, ante un
    problema en un mercado emergente se produce de manera
    automática una fuga hacia la seguridad. Simplemente se toma a
    los países emergentes como un bloque donde se invierte cuando
    la rentabilidad es alta y de donde se sale rápidamente ante el
    primer problema.

     

    &endash; Entonces, ¿la Argentina es altamente
    vulnerable?

    &endash; La Argentina tiene esa vulnerabilidad y además los
    recursos que tenemos son muy pocos. Es obvio que sería
    desastroso devaluar. ¿Pagar deuda con reservas? Si lo
    hiciéramos tendríamos que retirar circulante,
    provocando una situación aun más difícil.
    ¿Crédito internacional? En estas circunstancias se
    encarece muchísimo. Entonces, el único instrumento que
    nos queda es el fiscal, en el que no se ha hecho lo que había
    que hacer. No se ha hecho un presupuesto base cero. El presupuesto no
    refleja las funciones y responsabilidades que el Estado tiene hoy. Se
    ha venido actualizando un presupuesto que corresponde a un Estado
    completamente distinto, que tenía escuelas, hospitales y
    empresas de servicios públicos; que tenía que financiar
    déficit y hacer la inversión necesaria para sacar
    petróleo, transportar gas, generar electricidad. Un Estado que
    subsidiaba, un Estado que promovía. Cuando ahora se plantea de
    repente la necesidad de ajustar las cuentas del sector público
    bajo presión, entonces la situación es objetivamente
    grave.

     

    &endash; ¿El gasto es sensible a la baja? Porque, si no es
    así, el recurso fiscal significa más impuestos, y ya se
    sabe que cuando se aumentan las alícuotas de los
    fácilmente recaudables se genera recesión y, por lo
    tanto, el efecto contrario al que se buscaba.

    &emdash; Yo veo al gobierno pensando, como piensa (el
    administrador federal de Ingresos, Carlos) Silvani, en llevar el IVA
    a 25%, lo veo pensando en aumentar la alícuota de ganancias,
    pero no lo veo enfocando seriamente el problema fiscal. Insisto en
    que hay que hacer presupuesto base cero. A cada ministro hay que
    decirle: “Señor, su presupuesto es cero; a partir de
    allí, vamos a ver qué necesita hacer usted, cuál
    es el valor de mercado de las cosas que tiene que adquirir o de los
    servicios que tiene que pagar”. Si no se hace eso vamos a seguir
    conviviendo con duplicaciones, yuxtaposiciones, gastos en negro,
    agujeros creados para que se vaya la plata, corrupción e
    ineficiencia.

    No creo que el gasto sea inelástico a la baja. Es
    inelástico si presuponemos que la estructura del presupuesto
    es correcta. Yo he encargado un trabajo de auditoría contable
    del presupuesto y surge cada cosa… Un solo ejemplo: una consulta
    bibliográfica le cuesta al Estado Nacional $ 25. Ahora estoy
    tratando de comprobar el destino que se le dio a $ 200 millones que
    quedaron como diferencia a raíz de la baja de las tasas de
    interés, que, según la información que tengo,
    fueron destinados a engrosar la partida de gastos reservados, que en
    verdad no son gastos reservados de publicación diferida,
    supervisados y contabilizados, sino que son gastos en negro. La
    contabilidad pública es muy, muy deficiente en la Argentina.
    Además, no hay control de ejecución ni contabilidad del
    presupuesto ejecutado. En esas condiciones no se puede hablar de
    inflexibilidad a la baja.



    A.J.L.

     

     

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