viernes, 29 de mayo de 2026

    A la conquista de la región

     


    • La apertura y desregulación de los mercados, el
      establecimiento de reglas de juego, la estabilidad
      económica y el avance de la integración regional
      instalaron al sector energético argentino en la mira de los
      principales players internacionales.
    • Según estimaciones de la Secretaría de
      Energía, entre 1998 y 2002 las industrias del
      petróleo, el gas y la electricidad recibirán de
      empresas locales y extranjeras inversiones por unos US$ 20.000
      millones.
    • El motor que impulsa el boom de arribo de capitales se asienta
      fundamentalmente en las futuras necesidades energéticas de
      los mercados brasileño y chileno. En ese contexto, el gas
      &emdash;y la electricidad que se genere a partir de
      él&emdash; promete convertirse en la vedette del
      negocio.
    • Las buenas perspectivas exportadoras toman cuerpo en el
      trazado de nueve gasoductos que permitirán abastecer de gas
      a Chile, Brasil y Uruguay. A esos proyectos se les suma un
      electroducto &emdash;que unirá la provincia de Salta con el
      norte chileno&emdash; y la primera venta de electricidad
      concretada al mercado brasileño.
    • La disponibilidad de reservas gasíferas, su
      ubicación geográfica privilegiada y la
      competitividad lograda por la industria energética nacional
      en los últimos seis años instalarían a la
      Argentina y a Bolivia como los principales proveedores de lo que
      será el futuro corredor energético del Cono
      Sur.

     

    El sector energético argentino se ha convertido
    &emdash;junto a la minería&emdash; en una de las más
    brillantes estrellas del firmamento económico nacional.
    Según datos de la Fundación Invertir, las industrias
    del petróleo, el gas y la electricidad habrán recibido,
    entre 1992 y principios del milenio, inversiones por US$ 9.253
    millones. Las proyecciones que maneja Alfredo Mirkin, secretario de
    Energía y Puertos, van aún más lejos: entre 1998
    y 2002 el desembarco de capitales en el sector haría llegar la
    cifra a US$ 20.000 millones.

    Desde la industria, los datos son igualmente alentadores. Entre
    1994 y 1997, la producción petrolera se elevó de 38,7
    millones de metros cúbicos a los 48 millones estimados para
    este año; la gasífera creció de 27.702 a 38.000
    millones de metros cúbicos y la demanda de energía
    eléctrica registró, entre 1991 y 1996, un aumento
    promedio de algo más de 6% anual.

    Las ventas externas del sector reflejan esa misma tendencia: en
    1993 sumaban US$ 1.221,4 millones. Cuatro años más
    tarde, se espera que superen la barrera de los US$ 3.100
    millones.

    Las condiciones que permitieron el incremento de la oferta son, en
    opinión de Mirkin, “el resultado de un proceso que se
    inició con las transformaciones macroeconómicas
    encaradas en el bienio ´89-´90. En ese período comenzó
    la desregulación del sector petrolero y un año
    más tarde le tocó el turno al eléctrico. Desde
    entonces, el mercado energético se reconvirtió
    profundamente”.

    “El proceso privatizador, la apertura, la estabilidad
    política y económica y la existencia de reglas de juego
    perfectamente definidas fueron los factores clave. Y a ellos se
    sumó la oportunidad que ofrecía la Argentina para
    convertirse en la puerta de entrada al mercado regional. Todas esas
    razones se constituyeron en estímulos de peso para despertar
    el interés de los grupos privados nacionales y extranjeros que
    querían participar del sector”, agrega Mirkin.

    El proceso viene recorriendo dos vías casi paralelas. Una
    de ellas es la creciente internacionalización de las
    operaciones de YPF, Perez Companc, Panamerican Energy (la empresa
    surgida de la reciente fusión entre Bridas y Amoco), Astra y
    Pluspetrol, que comenzaron a poner sus apuestas en los países
    vecinos. La otra es el desembarco en la Argentina de grandes
    jugadores regionales o mundiales (como los grupos chilenos Enersis y
    Chilgener y los españoles Endesa y Repsol).

    A todos los actores los impulsa un idéntico objetivo: hacer
    de su participación en el sector energético nacional
    una excelente plataforma de lanzamiento que les permita desplegar sus
    negocios a lo largo y ancho del Cono Sur. Y en ese escenario Brasil
    ocupa &emdash;por su mercado de 150 millones de consumidores y la
    expansión de su estructura industrial&emdash; el centro de
    todas las miradas.

     

    Tiempo de cambios

    Al enumerar los factores que promovieron la transformación
    del sector energético argentino, Roberto Monti, vicepresidente
    ejecutivo de YPF, destaca “la apertura de los mercados, la
    globalización, la eliminación de barreras impositivas y
    la libre disponibilidad de los recursos, es decir: la posibilidad de
    que los productores dispongan dónde y cómo colocar su
    producción”.

    Para Tadeo Perich, director ejecutivo de Negocios del Grupo Perez
    Companc, a esas razones debe sumarse “el plan de privatizaciones, que
    otorgó a los productores con presencia en el mercado y a los
    nuevos inversores la oportunidad de acceder a reservas a
    través de la exploración y explotación de
    áreas que estaban en manos del Estado. Ese proceso trajo
    aparejadas oportunidades de desarrollo que las empresas supieron
    aprovechar, generando la disponibilidad de un stock de reservas y un
    excedente de producción, tanto de petróleo como de gas,
    que ahora hay que colocar”.

    Miguel Angel Remón, director de Planificación y
    Control del grupo español Repsol para el área
    latinoamericana, aporta la visión de ese proceso desde la
    perspectiva de los inversores extranjeros: “La liberalización
    es el factor que importa &emdash;aunque no haya sido el
    único&emdash; para explicar la transformación del
    sector”, señaló en una entrevista con MERCADO en
    Madrid. “Esa liberalización creó un marco para el
    crecimiento de la actividad, facilitando el movimiento de los
    inversores, y eso ha sido muy positivo para la Argentina. Creemos que
    lo que se ha hecho es un ejemplo que podrían seguir otros
    países.”

    La opinión de Remón tiene su peso: desde el lugar
    que ocupa en el organigrama de Repsol fue el encargado de pilotear, a
    mediados del año pasado, la adquisición del principal
    paquete accionario de la petrolera argentina Astra. Esa compra se
    convertiría en el primer eslabón de una cadena de
    inversiones que le aseguraron a la petrolera española
    participar en todos los segmentos de la industria local del
    petróleo y el gas.

    En poco tiempo, y a través de su controlada Astra
    &emdash;nave insignia de su expansión en América
    latina&emdash;, los españoles desembarcaron en los negocios de
    la exploración y producción de hidrocarburos (Astra y
    Pluspetrol Energy) y la refinación y comercialización
    de naftas (Eg3). También lograron un lugar en la
    distribución de gas (MetroGas) y el fraccionamiento y
    distribución de GLP &emdash;gas licuado de
    petróleo&emdash; a través de Algas y Poligás
    Luján. Todo por el nada modesto precio de US$ 1.348 millones
    invertidos en la Argentina en el término de 18 meses.

    En la primera semana de noviembre el propio presidente de Repsol,
    Luis Cortina, llegó a Buenos Aires para presentar en sociedad
    los próximos pasos de la empresa: destinar otros US$ 2.000
    millones al mercado energético local &emdash;dos tercios de lo
    que planean desembolsar en la región&emdash; durante los
    próximos cinco años. La apuesta de los españoles
    apunta a mejorar su posicionamiento en reservas dentro de la
    Argentina para fortalecer, de esa forma, la estrategia de dar el
    salto regional, mediante la participación en proyectos de
    integración de gas y electricidad.

     

    Nuevas fronteras

    Así como Repsol y Amoco &emdash;que en septiembre
    desembolsó una cifra estimada en US$ 420 millones para hacerse
    de 60% de la petrolera argentina Bridas y transformarse, de esa
    forma, en el segundo productor petrolero del país,
    detrás de YPF&emdash; posaron su mirada en el mercado local,
    las compañías nacionales hicieron lo mismo en la
    región.

    “Creo que entre ambos procesos existe una suerte de
    complementación. Las petroleras argentinas que miran al sector
    con visión de futuro tienen que ir afuera, porque el mapa
    energético nacional está bastante definido. Las
    áreas con reservas razonablemente conocidas ya han sido
    ocupadas: YPF tiene lo suyo, Perez Companc tiene su parte y lo mismo
    sucede con las otras jugadoras de peso, como Petrolera San Jorge,
    Astra y Bridas”, explica Perich. “Las empresas extranjeras no
    podían comprar mapa, porque estaba cubierto. Entonces, para
    acceder a esas reservas apelaron al recurso de adquirir
    compañías argentinas. Pero si una jugadora local espera
    duplicar su tamaño en una determinada cantidad de años
    &emdash;y ése es nuestro objetivo&emdash; debe salir a buscar
    en la región nuevas oportunidades, porque las que ofrece el
    mercado argentino no alcanzan.”

    Para Steven Crowell, vicepresidente ejecutivo de Pluspetrol, la
    venta a Astra de 45% del paquete accionario de Pluspetrol Energy
    representó la mejor alternativa a la que podían
    recurrir “para aprovechar las oportunidades de inversión en
    proyectos regionales que contemplaran la conversión de gas en
    electricidad. Lo hicimos pensando que esos negocios requerirán
    grandes inversiones y compañías que tengan recursos
    para llevarlas a cabo”.

    “Si no tomábamos la decisión, habríamos
    podido participar en sólo uno de los grandes proyectos que se
    concretarán durante los próximos años”, explica
    Crowell. “Ligándonos a Repsol &emdash;que apuesta a ser uno de
    los principales jugadores de la región&emdash; no sólo
    garantizamos mejorar nuestra competitividad para hacer frente a las
    futuras exportaciones de gas y electricidad a los mercados chileno y
    brasileño, sino que también contamos con la posibilidad
    de aprender nuevas habilidades y destrezas para mejorar nuestros
    procesos”.

     

    La apuesta de Maxus

    Por idénticos motivos &emdash;seguir creciendo fuera del
    país&emdash; pero distintas causas &emdash;en el proceso de
    privatización se estableció que la ex petrolera estatal
    no podría reunir una cuota que excediera los 45-50 puntos de
    la producción nacional de hidrocarburos&emdash; YPF
    resolvió acelerar la internacionalización de sus
    operaciones adquiriendo el control de la petrolera estadounidense
    Maxus, que ya tenía posiciones tomadas en el mercado
    internacional.

    “Como nos acercábamos a nuestra cuota de mercado interno y
    queríamos seguir creciendo, debíamos hacerlo fuera del
    país. La empresa intentó, en una primera instancia,
    tomar algunos bloques de exploración en Bolivia, Perú,
    Ecuador, el golfo de México. Pero llegamos a la
    conclusión de que, de esa forma, deberíamos invertir
    mucho tiempo para internacionalizar efectivamente nuestras
    operaciones”, recuerda Monti. “Así fue que se decidió
    comprar una compañía independiente, que tuviera el
    perfil que queríamos y nos permitiera acelerar el proceso.
    Maxus era una muy buena oportunidad: ya operaba en Bolivia, Ecuador,
    Venezuela, Texas e Indonesia, tenía buenas propiedades, buena
    gente de campo, pero muy pobre liderazgo. En mayo de 1995 YPF
    decidió adquirirla para proyectar rápidamente su
    presencia fronteras afuera.”

    Monti fue convocado por Nells León &emdash;quien
    había sucedido al fallecido José Estenssoro, gestor de
    la transformación interna de la ex estatal&emdash; para
    hacerse cargo de Maxus en julio de ese año. “Entre septiembre
    y diciembre hicimos una verdadera revolución dentro de la
    compañía, que comenzó a dar sus frutos en abril
    del ´96. Después de 63 meses consecutivos de pérdidas,
    Maxus logró ganancias netas, y desde ese momento hasta
    entonces se ha mantenido así. Más allá de todas
    las polémicas que se generaron con su compra, los resultados
    terminaron demostrando que adquirir Maxus fue, a nivel de estrategia,
    una decisión correcta.”

     

    Socios para sumar capitales

    A diferencia de lo que podría ocurrir en cualquier otro
    mercado &emdash;resulta difícil imaginar a Wal-Mart y
    Carrefour encarando un negocio conjunto&emdash;, las alianzas por
    fusión, partnership o conformación de UTEs son moneda
    corriente dentro del sector energético. Empresas que disputan
    fuertemente un segmento del mercado llegan a trabajar juntas en las
    instancias de exploración y explotación que
    representan, en toda la cadena, las inversiones de mayor riesgo.

    Así como Pluspetrol y Astra entendieron que Repsol
    sería el aliado necesario para potenciar su protagonismo
    frente al escenario de integración regional energética
    que se viene, Bridas &emdash;la empresa de los hermanos
    Bulgheroni&emdash; vio en Amoco a un socio indispensable para
    incursionar en el mercado regional, especialmente en Brasil.

    A principios de septiembre, y luego de meses de complicadas
    negociaciones, la petrolera estadounidense logró imponer su
    oferta &emdash;desplazando sorpresivamente a Repsol y a Shell, las
    candidatas que, se aseguraba, contaban con mayores
    posibilidades&emdash; para quedarse con 60% del paquete accionario de
    la petrolera argentina. Para lograrlo debió desembolsar una
    cifra que, según versiones que circularon en el mercado,
    habría ascendido a US$ 420 millones.

    Un mes después la flamante empresa surgida de la
    fusión entre Amoco y Bridas &emdash;que desplazó al
    Grupo Perez Companc del segundo lugar entre los productores
    nacionales de crudo&emdash; era bautizada con el nombre de
    Panamerican Energy. Y se presentaba en sociedad anunciando la que
    sería, en los próximos años, su prioridad a la
    hora de encarar negocios: ganar presencia en el mercado
    brasileño.

    No fue casual que los nuevos dueños de Bridas eligieran a
    Richard Spies para pilotear la fusión entre ambas empresas:
    entre 1990 y 1995 el ejecutivo fue el encargado de conducir las
    operaciones de la filial argentina de Amoco. “Para nosotros, haber
    ganado la puja por Bridas ha sido muy importante: supone la
    concreción del proyecto que teníamos &emdash;desde hace
    más de cinco años&emdash; de sumarnos al negocio del
    gas en la región”, admite Spies.

    “Cuando estuve al frente de Amoco Argentina pudimos ver
    cuál era la potencialidad del gas en la Argentina y observar
    los cambios que comenzaban a gestarse en Bolivia, Chile y Brasil. Eso
    nos permitió avizorar que el gas se convertiría, en
    pocos años, en el negocio que más oportunidades
    generaría dentro de toda el área. Ahora pudimos
    concretar ese sueño.”

    Spies reconoce que, dentro del panorama futuro de la
    región, “el mercado brasileño ejerce gran
    atracción, porque es el que sin dudas tiene más espacio
    para crecer, debido a que el gas representa menos de 5% de la matriz
    energética del país. Estoy tomando un curso acelerado
    de aprendizaje sobre todo lo que tiene que ver con el mercado
    brasileño y sus demandas potenciales”.

    Mientras tanto, Spies debe hacer frente a la tarea de conciliar
    dos culturas de gerenciamiento: “Podría decirse que estamos en
    un período de transición. Pero el plazo para trazar los
    planes de negocios de Panamerican será corto. Amoco y Bridas
    tenían, cada una, proyectos regionales. Ambas empresas
    reúnen reservas gasíferas y petroleras importantes en
    las cuencas del Noroeste, el golfo San Jorge, la Neuquina y la
    Austral, y las dos están presentes en Bolivia. Nos estamos
    preparando para potenciar los proyectos existentes y aprovechar todas
    las oportunidades que se presenten en el negocio del gas, el
    transporte y la generación eléctrica, a través
    de la instalación de centrales. Y eso haremos, tanto en la
    Argentina como en Brasil”.

     

    El gas, pasión de multitudes

    Según las estimaciones del Centro de Estudios para la
    Producción (CEP), entre 1997 y el 2000 arribarán al
    país cerca de US$ 13.000 millones anuales en concepto de
    inversiones extranjeras. En este terreno, las industrias del
    petróleo y el gas se ubican al tope de las preferencias, con
    10,3% del total (lo que les permite superar, incluso, al sector
    automotor y al de autopartes, que captarán 9,8%). La
    electricidad, por su parte, logrará atraer para sí
    7,1%.

    El sector energético nacional absorberá, por lo
    tanto, 17,4% del flujo de capitales, un dato que da cuenta de la
    importancia que las multinacionales les adjudican a sus
    potencialidades dentro de la región. Dentro de ese marco, el
    gas promete convertirse en la niña mimada del sector, por sus
    ventajas comparativas frente al petróleo y sus derivados: un
    bajo costo relativo y menos contaminación ambiental.

    Para el país, el gas ofrece dos beneficios indiscutibles:
    su disponibilidad de reservas &emdash;se calcula que existen
    actualmente 688.000 millones de metros cúbicos, que
    representan un horizonte de 20 años&emdash; y su privilegiada
    ubicación geográfica. La Argentina no sólo
    constituye el centro de gravedad de todo el Cono Sur, sino que
    además está rodeada &emdash;con la excepción de
    Bolivia&emdash; por países como Brasil, Chile, Uruguay y
    Paraguay, que carecen de cantidades suficientes de gas para
    autoabastecerse.

    “El gas tendrá un papel cada vez más activo dentro
    de la región”, vaticina Mirkin. “En la Argentina ya representa
    46,2% de la matriz energética, cuando en el mundo el promedio
    es de 23%. Todo lo que pase con el gas natural es de importancia
    estratégica para el país. Porque actualmente exportamos
    5 millones de metros cúbicos diarios a Chile, pero hacia el
    2010 hay dos escenarios posibles: uno de mínima, que
    supondrá exportar 20 millones de metros cúbicos
    diarios; otro de máxima, que llevaría esa cifra a 40
    millones.”

    En el tiempo que queda hasta entonces, “será crucial que
    las empresas del sector realicen importantes trabajos en la
    exploración y el desarrollo de reservas para poder alimentar
    esas exportaciones”, advierte Mirkin. “A nuestras reservas probadas
    tendremos que sumar las probables y posibles, para llegar a un total
    de 1,2 a 1,5 billón de metros cúbicos. Sólo
    así será posible hacer frente, en el 2010, a un
    escenario con ventas externas por 40 millones de metros
    cúbicos diarios.”

    Las empresas petroleras del país parecen estar dispuestas a
    responder al desafío con capitales: la mayoría de ellas
    forma parte de consorcios que se encargarán de abastecer,
    transportar y distribuir gas y generar electricidad en los proyectos
    &emdash;gasoductos o electroductos&emdash; que vincularán a la
    Argentina con sus vecinos regionales. “El crecimiento de la demanda
    interna y las exportaciones de gas natural a los países
    vecinos representan un incentivo económico para la
    búsqueda y desarrollo de yacimientos gasíferos en el
    país. Y en la medida en que aumente la demanda regional se
    generarán los incentivos necesarios para construir más
    gasoductos”, asegura Monti.

     

    Danza de proyectos

    El tendido de gasoductos constituirá un factor clave en el
    desarrollo de las potencialidades del negocio gasífero dentro
    de la región. YPF ya vuelca 1,05 millón de metros
    cúbicos diarios hacia Chile a través del que une Tierra
    del Fuego con la planta de Methanex, y comenzará a exportar
    vía GasAndes &emdash;otro de los que ya se encuentran en
    operación&emdash; una vez que la planta de generación
    eléctrica que Endesa construirá en la capital
    trasandina esté finalizada (ver infografía).

    Spies señala que “Panamerican Energy estaría
    interesada en sumarse al proyecto que prevé el trazado de un
    gasoducto entre la cuenca del Noroeste y la Mesopotamia, para llegar
    a Brasil por una vía alternativa a la conexión con el
    gasoducto que unirá a Santa Cruz de la Sierra con San Pablo.
    Ese tendido sería ventajoso para las empresas argentinas,
    porque abarataría los costos de transporte”.

    Pluspetrol Energy y Astra tampoco quieren quedar fuera de la
    partida: desde su yacimiento de Ramos, en Salta, llevarán gas
    al mercado chileno por el gasoducto Atacama que, con un tendido de
    925 kilómetros, atravesará la cordillera de los Andes
    para abastecer las necesidades energéticas del polo minero al
    otro lado de la frontera. “Si tenemos las reservas, tanto en la
    Argentina como en Bolivia, y estamos comprometidos a emplearlas en
    las oportunidades de negocios que significarán los mercados
    chileno y brasileño &emdash;ya sea en la distribución
    de gas, ya en la generación de electricidad y hasta en su
    distribución&emdash; tomaremos posiciones en todos los
    procesos que agreguen valor”, asegura Crowell.

    De las grandes operadoras nacionales, Perez Companc es la que
    muestra menos entusiasmo por el mercado gasífero. Perich
    explica que, “para el grupo, el negocio del gas comienza con las
    reservas. Si yo pudiera elegir entre descubrir reservas de
    petróleo o gas en la Argentina, optaría por las de
    petróleo, porque es mucho más fácil de
    transportar y de colocar en el mercado. Ya somos un país
    exportador de crudo, y aumentar la producción de
    petróleo para incrementar las exportaciones será
    siempre garantía de negocios”.

    “El del gas es un negocio distinto, porque depende de dónde
    se lo descubra, del tamaño de las reservas, de las obras de
    infraestructura que se necesiten para llegar al mercado. Las
    oportunidades de negocios en el sector energético son
    inmensas. Y esa vinculación puede darse a través de un
    gasoducto, pero también mediante un vínculo
    eléctrico o la venta directa a un gran cliente. Nuestro
    mercado es el energético, no el petrolero, el gasífero
    o el eléctrico, porque lo que la gente compra en sus diversas
    formas es energía.”

    La estrategia que el Grupo Perez Companc diseñó para
    incursionar en el mercado brasileño tomó la forma de
    una asociación que vincula la energía con las finanzas:
    se unieron al Banco Bozano Simonsen para generar un fondo de
    inversiones con el que planean invertir fuerte en todas las
    instancias del mercado eléctrico: generación,
    transporte y distribución domiciliaria.

    “Estamos dispuestos a replicar en el exterior el mismo concepto de
    integración de la cadena de valor que manejamos en la
    Argentina. La locomotora de San Pablo va a tirar del lado del
    consumo, va a chupar todo desde la otra punta del caño y
    obligará a intensificar la búsqueda de reservas de gas
    en el norte”, explica Perich. “Además, la Argentina tiene el
    sistema eléctrico más eficiente de
    Latinoamérica, que ha logrado un muy buen equilibrio en su
    oferta y cuenta con capacidad de transporte y distribución.
    Esas condiciones permitirán ingresar competitivamente al
    mercado brasileño.”

    Se estima que en los próximos cinco años el corredor
    energético del Cono Sur será una realidad. Sólo
    entonces los actores argentinos del negocio podrán descubrir
    cuán grandes significa ser grandes a la hora de alimentar a
    Brasil.



     

     

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