jueves, 28 de mayo de 2026

    Alta tensión

    Los analistas y empresarios
    entrevistados por MERCADO para este informe coinciden en que el mercado eléctrico
    argentino es uno de los más competitivos del mundo. Con su privatización,
    a principios de la década, el sistema se segmentó en generación,
    transporte y distribución, y atrajo una catarata de inversiones que supera
    ya los US$ 6.000 millones.

    La acelerada transformación generó, a la vez, una importante
    sobreoferta de generación. Los precios en el MEM cayeron a menos de la
    mitad, con cotizaciones entre 20 y 30% más bajas que las vigentes en
    Estados Unidos y Europa.

    El sistema factura US$ 6.000 millones al año, de los cuales 2.500 millones
    corresponden a los generadores, 3.000 millones a los distribuidores y US$ 500
    millones a las empresas encargadas de transportar los electrones desde las usinas
    hasta las redes de distribución.

    En la Secretaría de Energía afirman que el índice de calidad
    del servicio de distribución se multiplicó por cuatro en los últimos
    seis años. Todavía no alcanza, sin embargo, los niveles europeos
    o norteamericanos, debido a que en la Argentina el consumo per cápita
    es sustancialmente inferior al que se registra en el mundo desarrollado, lo
    que significa que la mejora de la calidad para llegar a esos estándares
    requeriría tarifas difíciles de pagar para los usuarios de estas
    latitudes.

    Pero el mercado local sigue siendo atractivo. Durante las primeras privatizaciones,
    los valores pagados por usuario rondaban los US$ 300. Hace unos meses, con la
    venta de la compañía eléctrica de la Provincia de Mendoza
    (Emse) se pagó hasta US$ 2.000 por cliente.

    Paso a paso

    Así las cosas, al igual que el negocio de las telecomunicaciones, el
    de la electricidad se encuentra ante una etapa desregulatoria. Básicamente,
    la compra y venta de energía para los pequeños usuarios en el
    mercado mayorista está vedada, ya que las empresas distribuidoras son
    las encargadas de realizar esa transacción e incluirla en la factura
    junto al valor que cobran por su servicio de red.

    Generación de energía
    eléctrica

    Con el tiempo, el límite inferior de potencia para acceder al mercado
    mayorista fue bajando, o como prefiere explicar el subsecretario de Energía,
    José Sanz, “el sector se privatizó con la liberación de
    usuarios incluida. Primero fueron los usuarios de más de 5 megawats los
    que podían acceder a la compra de energía en el MEM, por supuesto,
    pagando el servicio de red a los distribuidores. Luego se liberó a los
    de más de 1 mw; más adelante, en 1994, a los de 100 kilowats y
    hace un par de meses a los de más de 50 kw, que es la potencia que requieren
    pequeñas y medianas industrias o grandes comercios”.

    En abril, la Secretaría de Energía puso a discusión la
    liberación total de los usuarios para acceder al mercado mayorista y
    anunció también que a partir de 1999 el límite para ingresar
    al MEM será de sólo 30 kw, con lo que se espera que para el 2000
    esa cota baje a cero.

    “Nuestro objetivo es brindar a los clientes la posibilidad de elegir dónde
    comprar la energía manteniendo su distribuidor, que por razones tecnológicas
    sigue teniendo su monopolio natural de distribución. De esta forma, entendemos
    que la competencia mejorará la calidad del servicio y hará que
    el sistema sea sostenible a largo plazo, ya que se habilitarán nuevos
    negocios que permitan su expansión”, dice Sanz.

    Junto a las sucesivas bajas de potencias mínimas para acceder al MEM
    se emitió la resolución 21/97 que impone la figura de los comercializadores,
    nuevos jugadores que les disputarán a las distribuidoras los clientes
    que desean acceder a la energía del mercado mayorista. Si se tiene en
    cuenta que el grueso de la facturación de las empresas distribuidoras
    proviene de la compra y venta de energía (que por ley se cobra a los
    usuarios finales a los mismos precios que se adquirió en el MEM), es
    fácil imaginar el clima de inquietud que tiende a instalarse en sus oficinas.

    Corto circuito

    A pesar de que fuentes oficiales confirman que algunas distribuidoras presentaron
    objeciones a la desregulación, tanto Edenor como Edesur (que aglutinan
    a casi la mitad de los 9 millones de usuarios del país), responden, casi
    en idénticos términos que “el tema está en estudio, y por
    ahora no daremos ninguna opinión”.

    Prospectiva: potencia instalada
    hasta el 2010
    Barra 2

    Durante el año pasado, Edenor vendió energía, sin incluir
    peaje, por $ 779,5 millones y obtuvo una ganancia neta de $ 100,3 millones.
    Edesur, por su parte, registró ingresos netos por ventas de $ 869 millones
    y cerró el ejercicio con utilidades por $ 66,9 millones, descontados
    impuestos.

    Al parecer, los distribuidores se quejan de que se están introduciendo
    “cambios en las reglas del juego” en un negocio donde el retorno de las inversiones
    se produce a largo plazo.

    Sanz contesta en forma rotunda: “el artículo 42 de la Constitución
    Nacional dice claramente que hay que dar la posibilidad de elección donde
    ello sea posible y hoy es técnicamente factible brindar a cada usuario
    la posibilidad de elegir a quién le compra la energía. Por otra
    parte, a pesar de que bajamos gradualmente el requerimiento de potencia para
    acceder al MEM, no se afectaron los intereses de las distribuidoras. Eso puede
    corroborarse simplemente observando sus balances. Según lo establece
    la ley, estas empresas no obtienen ganancias de la compra y venta de energía,
    sino por el servicio de valor agregado de la red”.

    “Lo que ocurre es que no es lo mismo ser un cobrador de peaje que operar, además,
    como comercializador de electricidad, porque cambia el volumen y la naturaleza
    del negocio”, explica el consultor Daniel Montamat.

    Un ex funcionario del área, que prefiere no revelar su nombre, añade
    otro argumento: “a las distribuidoras se les hace muy difícil oponerse
    públicamente a la desregulación, sobre todo si se tiene en cuenta
    que pocas semanas atrás, en el último coloquio de IDEA, sus directivos
    atacaron duramente los proyectos de controles y regulaciones de los legisladores
    nacionales”.

    Los electrones del Mercosur

    Con precios entre 20 y 30% más bajos que el nivel mayorista de
    Estados Unidos, y 30 o 40% inferiores a los de Europa, Brasil y Chile,
    la Argentina tiene buenas posibilidades de exportar electricidad hacia
    el otro lado de la Cordillera de los Andes o latitudes más cálidas,
    como las brasileñas.

    “La integración de líneas entre Brasil y la Argentina es
    hoy casi nula debido a los desarrollos independientes de dos sistemas
    que son complementarios”, explica el subsecretario de Energía,
    José Sanz. “La Argentina tiene un sistema energético muy
    competitivo, y excedentes de gas para satisfacer las necesidades de las
    centrales de generación térmica, mientras que Brasil basa
    su oferta en la generación hidroeléctrica. Es decir, son
    sistemas que se complementan y ahora estamos en un proceso de integración.
    Las transacciones más importantes surgirán en los próximos
    años.”

    Diferencias de precio de este nivel justifican las inversiones de interconexión
    entre los países. Sobre todo si se tiene en cuenta que el mercado
    energético argentino tiene sobreoferta de generación que
    necesita ser ubicada para mantener las inversiones. “En febrero de 1997
    emitimos la regulación de exportación e importación
    de energía eléctrica y en marzo ingresó el primer
    proyecto de exportación de alrededor de 700 mw hacia Chile. Por
    otra parte, ya se cerró un contrato de 1.000 mw de exportación
    a Brasil”, señala Sanz.

    La Argentina tiene una demanda media de 10 mil mw y a la Secretaría
    de Energía ingresaron proyectos de exportación por cerca
    de 5.000 mw. Los funcionarios estiman que dentro de tres años el
    país exportará 30% de su demanda de electricidad y en el
    próximo quinquenio llegará a 50%.

    En este marco, se explica la estrategia de las firmas extranjeras que
    depositaron sus inversiones en la región. AES Americas, por ejemplo,
    no sólo cuenta con plantas de generación y distribuidoras
    en la Argentina; también las tiene en Brasil. Junto con algunos
    socios adquirió el control de la compañía Metropolitana,
    que se encarga de la distribución en el área de San Pablo.
    AES Sul, por su parte, distribuye electricidad en la tercera parte de
    Rio Grande do Sul. También tiene en construcción una central
    térmica en Uruguayana, que funcionará con gas argentino
    y venderá electricidad a Rio Grande do Sul.

    Enron, por su parte, controla Elektro Electricidade e Serviços,
    la sexta distribuidora de electricidad de Brasil y con su negocio de comercialización
    en la Argentina planea apostar fuertemente a las exportaciones.

    Otro ejemplo: la transandina Chilectra no sólo es dueña
    de un tercio de la porteña Central Puerto; también compró
    70% de las acciones de la Compañía de Electricidad del Estado
    de Río de Janeiro.

    “Otra cuestión que parece preocupar a las distribuidoras es que en la
    factura van a tener que detallar lo que cobran por la energía y lo que
    cobran por la red, y eso puede molestar a mucha gente”, comenta un asesor, a
    la sombra de la recova de Paseo Colón al 100.

    Estrategias de cambio

    Sin embargo, no todos los distribuidores optan por el silencio. Es el caso
    de Eduardo Mendl, vicepresidente de AES Americas Inc., una firma global con
    base en Estados Unidos que factura US$ 12.000 millones anuales y que desembarcó
    en la Argentina con la adquisición de la central térmica San Nicolás.
    Luego compró las generadoras Río Juramento e Hidroeléctrica
    San Juan. En el segmento de distribución, AES se quedó con buena
    parte de la privatización de la empresa bonaerense Eseba al convertirse
    en el mejor postor por Eden y Edes (distribuidoras en el norte y sur de la provincia
    de Buenos Aires).

    A mediados de este año, AES sorprendió a los jugadores del sector
    al comprarle al Grupo Techint la participación mayoritaria de Edelap,
    con lo que se quedó con 70% de la distribución de electricidad
    del territorio bonaerense. Entre Edelap, Eden y Edes, la empresa atiende a algo
    más de 670.000 usuarios, con lo que se ubica entre las tres principales
    distribuidoras del país, con una facturación de US$ 383,1 millones
    en su último ejercicio.

    “La desregulación del mercado mayorista afecta directamente a la distribución,
    y en el caso de la generación sólo amplía su base de clientes”,
    opina Mendl. “La regulación tiene como fin proteger al usuario, entendiendo
    por protección que el usuario tenga la calidad del servicio que desea
    a un precio justo. Por otra parte, creo que a largo plazo el usuario residencial
    debe tener la posibilidad de elegir, y los plazos que maneja la Secretaría
    de Energía no parecen incompatibles con las ideas de nuestra empresa.
    La ecuación compra-venta de electricidad no se modifica. También
    es cierto que si los usuarios van a comprar directamente al mercado mayorista
    perderemos volumen financiero. Pero eso no debería afectarnos, si nos
    adecuamos estratégicamente al cambio.”

    Algo parecido plantea Alejandro Gallino, jefe de asesores de política
    energética y tarifaria de la Federación Argentina de Cooperativas
    de Electricidad y Otros Servicios Públicos (FACE). En el territorio argentino
    hay más de medio millar de cooperativas que brindan el servicio eléctrico
    a unos dos millones de usuarios y facturan, en conjunto, $ 350 millones anuales.

    La gravitación de las cooperativas es particularmente fuerte en algunas
    regiones. En La Pampa, 100% del servicio eléctrico está a cargo
    de este tipo de emprendimientos, en Chubut, 90%, y en la provincia de Buenos
    Aires, un tercio de los usuarios recibe electricidad de sus 207 cooperativas.

    Cuestión de eficiencia

    “Los anuncios de la Secretaría de Energía crearon un ambiente
    de preocupación en nuestro sector. Esta desregulación afectará
    de manera distinta a las cooperativas, según el marco en que se encuentren”,
    explica Gallino, quien se refiere concretamente a las provincias donde las compañías
    eléctricas no se privatizaron y cuyos esquemas tarifarios contienen subsidios
    cruzados. “Lógicamente, los usuarios que subvencionan a otros con la
    compra de energía se van a pasar al mercado mayorista y en las distribuidoras
    sólo quedarán los subvencionados, pero sin fondos para solventarlos,
    de modo que, creemos, las cooperativas que están en estos marcos deberán
    poder acceder a una readecuación de sus esquemas tarifarios.”

    “Hay compañías que no fueron privatizadas y que aplican tarifas
    de peaje totalmente inadecuadas, pero cada vez que la Secretaría bajó
    el límite inferior de acceso al MEM, las empresas provinciales redujeron
    los costos de sus peajes para esos usuarios”, explica Sanz. “Esto quiere decir
    que la liberación de usuarios exige una transformación de esas
    empresas.”

    Montamat argumenta que “en el mundo ya no se discute si una empresa es o no
    privada; sólo importa si es eficiente o no. En este marco, las empresas
    que no están cumpliendo eficientemente con su servicio deberán
    ajustarse al nuevo esquema, con una lógica competitiva y con un management
    autónomo”.

    A la hora señalada

    Pero las distribuidoras, tanto públicas como privadas, cooperativas
    o no, se enfrentan a otro problema. El sistema de precios de la venta de energía
    en el

    El
    mapa de las privatizaciones
    (Empresas de distribución)
    Privatizadas: Jujuy, Salta, Tucumán,
    Catamarca, Formosa, La Rioja, San Juan, Santiago del Estero, San Luis, Entre
    Ríos, Río Negro, Buenos Aires, Mendoza.
    A privatizadar: Misiones y Corrientes.
    Públicas: Chaco, Santa Fe, Córdoba,
    La Pampa, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego.
    Fuente: Secretaría
    de Energía.

    mercado mayorista se divide en tres tramos horarios: el pico (el más
    caro, porque abarca las horas de mayor consumo), el valle y el resto.

    El distribuidor paga según este esquema, pero les cobra a sus clientes
    un precio promedio. “Si los usuarios de mayores potencias se van al mercado
    mayorista y las distribuidoras se quedan con los más chicos que, por
    lo general, consumen en el tramo del pico, las empresas estarán
    vendiendo energía a un precio inferior al costo”, explica Gallino.

    Otra cuestión a considerar es la de los contratos atados que,
    por la privatización, mantienen Edenor y Edesur con las centrales Costanera
    Norte y Sur. Montamat explica que, en su momento, el precio fijado por la Secretaría
    de Energía para la electricidad de las firmas que prestan el servicio
    en el área metropolitana fue de 40 milésimos de dólar por
    kw/h, casi el doble de lo que cuesta en este momento en el MEM. “En la medida
    que se libera el mercado mayorista, los usuarios que quedan son los que tienen
    que soportar el impacto de estos contratos atados, que recién vencen
    en el año 2000.”

    Nuevos jugadores

    Pese a todo, los expertos consultados por MERCADO coinciden en que el proceso
    es irreversible y trae consigo la aparición de nuevos jugadores en el
    mercado: los comercializadores, que serán los encargados de mediar
    entre los generadores y los usuarios, a los que abastecerán a través
    de los distribuidores.

    Juan Carlos Fassi, director de la consultora Hagler Bailly, asegura que entre
    sus clientes se encuentran varios interesados en ubicarse como comercializadores
    en un futuro cercano. Aunque no da nombres, dice que se trata de grandes operadores
    norteamericanos y argentinos que tienen experiencia en distribución de
    otros commodities, como el gas y el agua.

    Fassi da algunas pistas: “pueden ser grandes empresas, capaces de afrontar
    la compra a término de grandes volúmenes de energía, con
    contratos a largo plazo, que les permitirán hacer ofertas para vender
    al menudeo. Para ello se requiere fortaleza financiera y, sobre todo, saber
    comercializar”. No es difícil, ante este escenario, imaginar asociaciones
    entre todo tipo de empresas distribuidoras y bancos.

    Tampoco quedan afuera las cadenas de retail. Según Sanz, “los
    precios de la electricidad argentina son los más bajos del mundo. Para
    poder diferenciarse como producto hay que tener marca o buen nivel de servicio,
    pero la realidad nos indica que los usuarios argentinos buscan mejor servicio,
    y en el área de la energía hay mucho para hacer, como asesorar
    a los clientes sobre el uso eficiente cuando el equipamiento doméstico
    no es el más adecuado”.

    De esta manera, el subsecretario de Energía refuerza la idea de que
    la desregulación de las telecomunicaciones y del sistema eléctrico
    puede generar un mercado de distribución y venta de servicios muy competitivo
    en el que productos como la TV por cable, el gas, las operaciones bancarias
    y la resolución de trámites y asesoramiento pueden integrarse
    en una factura mediante sistemas de fidelización como los que
    ahora proliferan en los supermercados y estaciones de servicio.

    “Seguramente, pasará bastante tiempo antes de que la venta de energía
    se masifique entre los usuarios residenciales. Esto es algo que podemos anticipar
    a partir de la conducta de algunos de nuestros clientes: grandes usuarios que
    podrían acceder al mercado mayorista, y conseguir así importantes
    ahorros, pero que prefieren continuar con las distribuidoras, por temor a perder
    una buena relación con ellas”, comenta Fassi.

    “Creo que los comercializadores serán jugadores que hoy no están
    en el mercado”, pronostica Mendl. Para comercializar cualquier commodity
    se necesita una determinada absorción de riesgo y tecnología,
    argumenta, “y creo que ni los distribuidores ni los generadores tienen esa capacidad”.
    Mendl también señala que el comercializador debe tener una visión
    muy amplia; al menos, manejar una canasta de energía que incluya la electricidad
    y el gas, o una canasta de servicios. “A medida que se desregula, hay que introducir
    flexibilidad en la oferta y hacer buen marketing para conservar clientes.
    Pero lo que menos desarrollado tenemos es un área de marketing,
    ya que la distribución es un monopolio natural y la generación
    se contrata con pocos clientes”, afirma.

    En Europa no se consigue

    “Los países que comenzaron a construir un mercado eléctrico
    de competencia fueron, primero Chile, luego Inglaterra, más tarde
    Noruega, y ahora Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda.
    Está comenzando en Brasil, pero ninguno tuvo los resultados que
    tuvo la Argentina, con un verdadero ambiente de competencia y mejora de
    la calidad importante y una baja de precios sostenible”, se enorgullece
    el subsecretario de Energía, José Sanz.

    En cada país las reglas de juego son, por cierto, diferentes.
    “En Estados Unidos, si uno tiene electrones en Los Angeles, no los puede
    vender en Nueva York”, explica Scott Neal, vicepresidente de Enron International
    Argentina.

    Con la liberación de los usuarios para acceder al mercado mayorista,
    la Argentina se convierte en un caso interesante para la comunidad internacional,
    ya que sólo en el estado de California se dio una apertura similar:
    allí, los supermercados ofrecen regalos por compras de volúmenes
    importantes de electricidad.

    “Todo lo que ayude a desnaturalizar los monopolios naturales me parece correcto”,
    sentencia Montamat. Pero también observa algunos nubarrones en el horizonte.
    “La resolución 21 establece, entre otros requisitos, que para ser agente
    comercializador se necesita tener un patrimonio mínimo de $ 14 millones.
    Esto quiere decir que sólo pueden participar empresas grandes y creo
    que para que la liberación de usuarios se concrete hacen falta muchos
    comercializadores.”

    Back to back

    El primer agente comercializador de electricidad en el mercado argentino es
    Enron, una de las compañías de energía más grandes
    del mundo, con sede en Houston y una facturación de US$ 20.000 millones
    anuales, provenientes de la generación, transporte y comercialización
    de electricidad y gas, además de distribución y servicios financieros
    para todos sus productos relacionados en más de 70 países.

    Enron Comercializadora de Energía Argentina (ECEA) obtuvo la licencia
    que le permite comprar y vender electricidad como miembro del MEM.

    A fines de septiembre, la empresa firmó su primer acuerdo de comercialización
    con Electrometalúrgica Andina, productora y exportadora de metales sílicos.
    El acuerdo, de un año de duración, demanda la entrega promedio
    de 33 mw/h a la planta industrial instalada en la provincia de San Juan.

    Pero el horizonte no es del todo rosado. Aunque los directivos de Enron están
    satisfechos y contentos con la operatoria, quisieran ver algunos cambios en
    el sistema regulatorio. “Lo que pedimos es que las reglas de juego sean iguales
    para todos”, sentencia con un esforzado español, Scott Neal, vicepresidente
    de Enron International Argentina. La queja se fundamenta en que los generadores
    tienen un régimen distinto del que rige para los comercializadores, y
    existe también otro diferente para los distribuidores. Mientras un comercializador
    está obligado a vender la demanda total, un generador puede vender, si
    quiere, sólo la parte de la demanda que acordó con el cliente,
    “y los usuarios quieren tener la misma flexibilidad con los comercializadores
    que la que obtienen con los generadores”, dice Federico Cerisoli, director de
    la firma.

    Otra de las diferencias es que los generadores no sólo están
    habilitados para satisfacer la demanda de sus clientes con su propia generación,
    sino que también pueden hacerlo en el mercado spot. “En cambio,
    los comercializadores tenemos que acordar con los generadores, sin la posibilidad
    de recurrir al mercado spot. Todos nuestros contratos son back to
    back
    . Si un cliente quiere 10,5 kw/h nosotros debemos tener comprados 10,5
    kw/h y no podemos tener contratados 9 kw/h con un generador y comprar 1,5 kw/h
    en el spot“, explica Neal, para quien no hay razón que justifique
    el back to back si se considera que los contratos financieros no tienen
    ninguna incidencia en el sistema físico.

    “Por otro lado”, argumenta, “el mercado tiene una capacidad física de
    18.000 mw y el pico es de 12.000 mw. Es decir, hay una importante sobrecapacidad
    y, en un mercado con estas características, que un comercializador tenga
    el mismo régimen que un generador ayudaría a optimizar la eficiencia
    del sistema.”

    Las observaciones parecen razonables a la hora de abrir el mercado, sobre todo
    si se tiene en cuenta que en algunos estados norteamericanos, donde un proceso
    similar se inició hace un año, existen más de 200 comercializadores.

    Pero todo está por verse. La Secretaría de Energía presentará
    su propuesta en pocos meses más y, en el peor de los casos, como asegura
    Sanz, “si la gente no se pasa al mercado mayorista, esto puede deberse a dos
    motivos: que las distribuidoras son buenas, o que no generamos la suficiente
    competencia ni cantidad de jugadores. Entonces, a lo sumo, todo seguirá
    igual”.

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