-En la Carta a los argentinos,
la Alianza fijó las metas sociales tomando como base un crecimiento promedio
del PBI de 6% anual. ¿Son sostenibles esas predicciones y objetivos después
de la crisis?
-Habrá que revisar las cifras según el impacto final de la crisis
financiera internacional. Ese pronóstico fue hecho antes de ella; era
perfectamente razonable y aun moderado. El cálculo era claro: con un
crecimiento de 6%, el desempleo caería un punto y medio por año.
De acuerdo con la progresión del descenso del desempleo actual, el próximo
gobierno asumiría con un índice de 12%. Resultaba entonces lógico
que en seis años el nivel bajara a seis puntos.
-De acuerdo con la información que usted maneja, ¿cuánto
más durará la crisis?
-Mi opinión es que en algunos meses estará superado el problema
financiero, pero quedará la secuela económica por más de
un año, quizá dos, porque ya se suspendieron líneas de
producción y se postergaron decisiones de compras o inversiones. De cualquier
modo, yo pongo mucho optimismo en mi programa de fomento de la pequeña
y mediana empresa, que es mano de obra intensiva y produce sobre todo para el
mercado interno. Hemos estudiado la experiencia italiana y estamos trabajando
sobre esa base para dotar a las Pymes de asistencia tecnológica y gerencial,
ayudarlas a abrir nuevos mercados, a tener más acceso al crédito
y a promover la asociación de productores con garantías recíprocas.
Espero de esto la dinamización de la economía.
-¿Le parece razonable todavía hablar de mercado interno?
-En un sentido, sí. Creo en la apertura de la economía y creo
también que el Estado debe ayudar a las Pymes a abrir nuevos mercados,
porque hoy tienen un acceso muy limitado al mercado internacional, incluso al
Mercosur. Es cierto que en muchos casos van ligadas a industrias madres que
son las exportadoras. Sin embargo, en Italia se ha logrado un gran nivel de
exportación de Pymes de productos de alta tecnología.
-Las últimas crisis internacionales han detonado por el lado de los
mercados financieros y demostraron que no todos los países fueron afectados
de la misma manera. ¿La Argentina debería regular los flujos de
capitales, tal vez siguiendo el modelo chileno?
-Yo creo que la Argentina pudo exhibir un perfil diferente y, al tener tranquilo
el ahorro interno, pese al problema de algunos bancos, enfrenta la crisis de
una manera distinta. Pero en el encuadre de los grandes inversores, los países
se clasifican por grupos, no en particular. Esta crisis afectó las colocaciones
de los países emergentes en general, que se desviaron a la colocación
segura de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Con muy bajo interés,
pienso espero que esa colocación durará muy poco tiempo,
porque luego saldrán a buscar mayor rentabilidad. Por eso en unos meses
los mercados financieros volverán a tranquilizarse.
-¿No le parece, entonces, relevante la discusión acerca de regular
o no el ingreso de capitales?
-Aisladamente es riesgoso, porque si usted le agrega regulación, los
capitales no vienen. Una plaza tiene que ser muy atractiva en este momento para
poder fijar una regulación de inmovilidad anual y que sigan viniendo.
Ahora hay opiniones en el mundo para que se adopten regulaciones así
en todas partes. Si es así, en general, actuarán como equilibrio.
Pero aisladamente, es peligroso.
-¿Cómo evalúa el desempeño del Fondo Monetario
Internacional?
-Debía funcionar como calificador de las economías y prestamista
de última instancia. Pero habiendo asumido su función, no lo hizo
bien. Y además canalizó fondos sin buenas calificaciones que se
le escaparon por el resumidero. Y ahí entró en crisis.
-En la Alianza hay muchas expectativas depositadas, sobre todo por los perdedores
del actual modelo. Suponiendo que un eventual triunfo de la coalición
coincidiera ya no con años de crecimiento acelerado, sino de vacas flacas,
¿cómo evitar la frustración?
-La Alianza, y yo en particular, anunciamos un nuevo camino, que significa
asumir los principios de la modernidad económica con el desarrollo social.
Esta es una tendencia cada vez más fuerte en el mundo. Blair, Clinton,
Prodi, el premier sueco y otros líderes hablan de la tercera vía;
yo hablo del nuevo camino. Aun el vicepresidente del Banco Mundial, Joseph Stiglitz,
dijo hace poco: “No hay desarrollo económico sin desarrollo social”.
Después del Consenso de Washington de 1980, de las experiencias de ajuste,
del retraimiento del Estado y del reconocimiento del mercado como herramienta
básica de la economía, los análisis del Banco Mundial demuestran
que donde ha habido más desarrollo social hay más desarrollo de
la economía.
-De todos modos, los planes sociales siempre requieren dinero.
-Requieren mejor asignación de los recursos. Yo digo que en educación,
por ejemplo, con los mismos recursos tenemos que tener 30% más de eficacia.
Hoy en el Estado nacional no se baja el gasto porque hay un alto nivel de derroche.
Se suprimen algunas partidas, pero las que quedan son de derroche. Yo afirmo
que el Estado no debe gastar más que lo que recauda. No fomento el endeudamiento.
Hay que cuidar la estabilidad y el principio de un presupuesto equilibrado.
Pero estoy seguro de que con más rigor en las compras del Estado podemos
poner mucha más eficacia en las políticas sociales.
-¿Los resultados electorales en Europa occidental en los dos últimos
años sugieren un retorno desde las ideas neoliberales dominantes a principios
de esta década?
-Lo que plantea esta corriente no es una vuelta hacia atrás sino una
modernización a partir de las privatizaciones realizadas, el funcionamiento
del mercado y la apertura económica. Pero cuidando, como factor humano
y como factor económico, el desarrollo social.
-Pero da la impresión de que hay un reconocimiento de que el mercado
no pudo solucionar todos los problemas y una consecuente revalorización
del Estado como árbitro.
-Lo dicen Stiglitz y el Banco Mundial: planteamos casi la desaparición
del Estado y no nos dimos cuenta de que hace falta un Estado. No un Estado interventor,
pero sí uno que debe restablecer los equilibrios y asegurar la prestación
de servicios como educación, salud y otros planes sociales. Otra cosa
que advierten es que el concepto abstracto de mercado, tal como lo plantearon,
se deformó. Porque se hablaba de mercado pero se olvidaba la competencia
en el mercado.
-¿Usted imagina, en un hipotético triunfo de la Alianza, un
estado más activo en temas como política industrial, defensa de
la competencia o defensa de los consumidores?
-Hace falta una política industrial activa. La actual responde a la
definición de Cavallo: la política industrial es no tener política
industrial. Y yo pienso en un Estado que se ponga más al lado del que
quiere producir, que no lo vea sólo como objeto de recaudación
fiscal, y lo provea de asistencia y de defensa antidumping. Lo mismo
en defensa del consumidor y de la competencia. En los servicios públicos,
que son monopólicos, la falta de competencia debe ser reemplazada por
regulación. Porque es preciso equiparar. De ahí el concepto de
un Estado más independiente, no influido por los grandes grupos.
-La política exterior argentina está definida hoy, según
el propio canciller, por las relaciones carnales con Estados Unidos. ¿Cuál
sería el signo de las relaciones exteriores en un eventual gobierno suyo,
sobre todo teniendo en cuenta el peso creciente de la Unión Europea?
-Quiero más apertura. No sólo un alineamiento con Estados Unidos,
sino buenas relaciones con Europa y ampliar las que tenemos con Asia. Con Estados
Unidos no debemos tener ni un alineamiento automático ni un desalineamiento
automático, sino una fuerte relación de cooperación y amistad.
Pero quiero que esa cooperación y amistad se dé también
en el plano de la Secretaría de Comercio de Estados Unidos, que es discriminatoria
para nuestras exportaciones. Con Europa hay que negociar como Mercosur. Precisamos
más flexibilidad para nuestros productos, muchos de ellos discriminados
con pretextos fitosanitarios, que no son otra cosa que política proteccionista.
En mi último viaje he visto limones argentinos en Italia; pero como tienen
la entrada prohibida, ingresan vía Rotterdam, lo que significa una triangulación
en la que alguien se queda con parte de nuestra renta. Creo en la apertura de
la economía y también en hacer cumplir las reglas de la Organización
Mundial del Comercio frente al dumping. Porque no aplicarlas, junto a
ese concepto abstracto del mercado, ha llevado a arrasar con nuestras Pymes
y a generar desempleo.
-Existe un grupo de grandes empresarios a los que les fue muy bien en esta
década, que se confiesan menemistas y que hasta apoyaron públicamente
la re-reelección presidencial. ¿No teme que la afinidad entre Menem
como jefe de la oposición y estos empresarios pueda complicar el andar
de un eventual gobierno aliancista?
-Desde el punto de vista político no creo que suceda. Yo no creo que
el mundo de los negocios actúe por razones políticas; lo hace,
más bien, por la situación de los mercados.
-¿José Luis Machinea es número puesto como candidato
al Ministerio de Economía?
-Va a ser ministro de Economía quien conozca el país, quien haya
visto el rostro de la pobreza, quien sepa de las necesidades de la gente, de
los pequeños y medianos productores del interior. Eso es lo que requiere
un ministro de Economía.
-¿Machinea no reúne esos requisitos?
-No es tiempo de hacer nombres. Pero aprecio muchísimo el consejo y
la opinión de él, del mismo modo que cuento con López Murphy,
Rodríguez Giavarini y Mezzadri.
-¿El Banco Nación debe seguir siendo público o debe privatizarse?
-Privatizar el Banco Nación sería un grave error.
-¿Cuál es el panorama político de aquí a las elecciones?
¿Ve alguna amenaza a la gobernabilidad?
-El país está mal. Está mal en este clima de corrupción,
de muertes violentas, de descreimiento. Y la crisis financiera aumentará
el desempleo. Y esto es una complicación para todos.
Alejandro J. Lomuto y Diego Ardiac
