Brasil I
El dominó latinoamericano
En declaraciones a diversos medios internacionales, el director del Fondo Monetario
Internacional, Michel Camdessus, dijo que “esperamos que no caiga el dominó
latinoamericano; pienso principalmente en Brasil”.
Luego de la caída de los milagros asiáticos, la crisis
bancaria en Japón y el virtual default ruso, el mundo mira con
temor a la región latinoamericana y, sobre todo, a Brasil. A pesar del
cómodo triunfo de Fernando Henrique Cardoso en la primera vuelta de las
elecciones presidenciales, abundan las dudas en torno al esperado plan de ajuste.
La caída del gigante latinoamericano sería grave no sólo
por la cantidad de fondos comprometidos en el país, sino también
por los múltiples contagios que se producirían en la región,
debidos no sólo a actitudes irracionales de rebaño por
parte de los mercados financieros internacionales, sino por cuestiones muy concretas:
Brasil es el destino de gran parte de las exportaciones de la región,
de modo que una crisis financiera brasileña seguida de una recesión
se reflejaría en un menor flujo de capitales, un aumento de la tasa de
interés, el empeoramiento de las cuentas internacionales y severos efectos
recesivos en toda América latina.
Brasil II
¿Contagio global?
Pero no sólo América latina tiene mucho que perder. La región
es el destino de un tercio de las exportaciones de Estados Unidos que, con la
caída de las economías asiáticas, ya ha visto aumentar
fuertemente su déficit comercial.
Una recesión latinoamericana sería una señal adversa adicional
para la economía estadounidense que, aunque hasta ahora parece haberse
mantenido relativamente al margen de la crisis mundial, parecería acercarse
peligrosamente a una disminución de liquidez que podría dar lugar
a un credit crunch.
Como lo señaló el economista argentino Guillermo Calvo, México
tenía, antes del tequila, una deuda a corto plazo de US$ 30.000
millones. En este momento, Brasil enfrenta compromisos por US$ 300.000 millones
en el corto plazo. Sin embargo, el paquete de ayuda internacional previsto se
limita a los US$ 40.000 o 50.000 millones.
La adopción de medidas preventivas serias para evitar que se dispare
el dominó global requeriría, necesariamente, un mayor compromiso
de la comunidad financiera internacional, como lo declararon conjuntamente los
presidentes que asistieron a la Cumbre Iberoamericana en Lisboa.
Polémica
Los paquetes de rescate
En respuesta a las urgencias de la crisis económica que se expande en
el mundo, el Congreso de Estados Unidos aprobó la disponibilidad de US$
100.000 millones para el FMI que, según su exultante presidente, Michel
Camdessus, serán utilizados para “apagar el fuego de la crisis y prevenir
nuevos contagios”. Esta medida trae al recuerdo el paquete de salvataje de US$
50.000 millones que Estados Unidos le otorgó a México en 1995,
y también evoca el recientemente aprobado programa de salvataje de bancos
en Japón. Cómo veremos, todos estos programas y paquetes tienen
algo en común.
El parlamento nipón, luego de meses de arduas negociaciones, aprobó
finalmente un programa muy similar al que, a fines de los ´80, puso fin a la
crisis de las entidades de ahorro y préstamo en Estados Unidos. Se asignarán
US$ 50.000 millones de fondos públicos al rescate de entidades financieras
privadas en quiebra o en difícil situación, para aliviar la asfixia
que los préstamos incobrables o dudosos provocan en el sistema bancario
japonés.
El programa fue muy difícil de aprobar porque el principal partido de
oposición consideraba “inmoral utilizar el dinero de los contribuyentes
para corregir los errores administrativos de las empresas privadas”.
Esta polémica acerca de la utilización de fondos públicos
para los rescates se está extendiendo cada vez más en el mundo.
Los paquetes son atacados por izquierda y por derecha. Desde posiciones
más progresistas, se considera injusto que la mayoría de los contribuyentes
deba rescatar a grandes grupos inversores. Desde posiciones más conservadoras,
se invoca la necesidad del libre funcionamiento de los mecanismos de mercado,
que deben castigar las malas inversiones y a quienes tomaron riesgos en exceso.
Se señalan, además, los efectos perversos de moral hazard
involucrados en estos paquetes, al brindar a los inversores la señal
de que, sea cual sea el riesgo al que se expongan, alguien terminará
pagando sus pérdidas.
Estas críticas llevan a que economistas de la talla de Milton Friedman
y John Kenneth Galbraith, de posiciones tradicionalmente opuestas, hagan el
mismo tipo de recomendaciones con respecto a la necesidad de frenar los paquetes
de salvataje, mientras el mundo reclama una mayor disponibilidad de fondos para
los organismos multilaterales para evitar que la crisis siga propagándose.
