martes, 9 de junio de 2026

    Un negocio de exportación

    En la cancha se ven los pingos, asegura el dicho popular, pero luego de la devaluación
    los caballos argentinos también se ven en aviones que viajan a lugares
    tan distantes como Estados Unidos o Emiratos Árabes, México o
    Venezuela. Es que la salida de la convertibilidad hizo que los precios en dólares
    bajaran notablemente, volviéndose un negocio más que atractivo
    para compradores extranjeros y criadores de ejemplares nacionales.
    El año pasado, los envíos al exterior de ejemplares de carrera
    y de polo subieron 34% en relación con 2001, según un estudio
    de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca –basado
    en datos del Indec– provisto por el Dr. José Luis Martín,
    director de Actividades Hípicas de dicho organismo. En 2002, los 200
    haras que hay en el país exportaron 426 caballos pura sangre de carrera,
    más del doble que durante el último año de la convertibilidad.
    En cuanto a los ejemplares de polo también hubo un crecimiento, aunque
    bastante menor: se pasó de 931 a 1.100 caballos anuales.
    El alza vino acompañada de una fuerte baja de precios por cada ejemplar.
    En 2002, ingresaron a los haras US$ 2,8 millones por la venta de ejemplares
    pura sangre (que son los más caros), 55% menos que los US$ 6,3 millones
    que facturaron el año anterior. Mientras en 2001 se pagaba un promedio
    de US$ 31.000 por ejemplar –con picos de US$ 50.000 en los que se envían
    a los países árabes–, hoy se abona una media de US$ 7.000,
    que puede extenderse hasta US$ 30.000 en los caballos más demandados.
    Algo similar sucedió con los caballos de polo, que se exportan en más
    cantidad pero son más baratos. En 2001, se vendieron caballos por US$
    3,3 millones y en 2002 por US$ 1,8 millón (45% menos). A pesar de la
    baja, los haras ganaron más que en 2001 ya que la mayoría de sus
    costos son en pesos. Del total de las exportaciones locales, 60% pertenece a
    pura sangre y 40% a caballos de polo.
    Apertura de mercados
    Ricardo Soler, director Ejecutivo de la Asociación de Criadores de Sangre
    Pura de Carrera, explica que la devaluación trajo la apertura de mercados
    que compran caballos del segundo pelotón (en un rango de los US$ 10.000).
    “España, México y Panamá son destinos nuevos. Estos
    países están abriendo hipódromos y necesitan caballos de
    este tipo”.
    “Lo mismo sucede en Uruguay, con la reapertura del hipódromo de
    Maroñas. La exportación de caballos de carrera aumentó
    en los últimos meses a este país”, explica Marcelo Tondino,
    del StudBook Argentino (el studbook es el registro nacional donde se inscriben
    todos los ejemplares puros de carrera importados o nacidos en el país
    que participarán en pruebas hípicas o en la reproducción,
    verificando su origen, edad, filiación y propiedad).
    “Incluso hay mercados que han vuelto a resurgir, como el caso de Venezuela,
    de Ecuador, de Singapur. Países que normalmente le compraban a Estados
    Unidos, y hoy están volcándose a la Argentina”, agrega Tondino.
    Los caballos que más se venden son los pura sangre de carrera, porque
    sus precios en dólares han bajado. La demanda de otro tipo de caballos,
    como los de polo por ejemplo, es más fija, porque la Argentina es uno
    de los pocos mercados donde se puede comprarlos.
    “Los caballos de carrera, históricamente, se venden más a
    Estados Unidos. Pero la comunidad europea lleva la delantera en los de polo,
    de salto, o árabes”, aporta John Mac Donough, presidente de Unicorn,
    empresa exportadora.
    La calidad de los caballos argentinos es muy reconocida en el mundo, y también
    sus precios. “Nos juega en contra el flete, que es aéreo, y los
    gastos de importación. Los exportadores argentinos afrontamos aranceles
    caros. Tenemos que pagar 10% del valor del caballo para exportar, más
    IVA. Esto perjudica el negocio, pero este problema viene desde hace 100 años.
    Para entrar a la Comunidad Económica Europea los aranceles varían,
    según el país, entre 6% y 17%. Nosotros podríamos crecer
    como Australia, que no le impone a sus exportadores el pago de aranceles. Exportamos
    porque tenemos buenos caballos, buenos pastos, amplio espacio para la crianza
    y costos bajos. Si no, sería imposible competir”, finaliza Mac Donough.
    Obstáculos aparte, la tendencia para 2003 es superar los US$ 7 millones
    que habitualmente mueve el sector hípico en el país y ampliar
    los porcentajes de exportación del año anterior. M