Hoy, la marca
se ha convertido en uno de los cigarros más famosos de la Cuba de
Fidel Castro, quien la adoptó para sí –mientras fumó–
y para sus regalos oficiales durante más de 20 años.
En los suburbios de La Habana se encuentra El Laguito, un viejo y vetusto
palacio que antaño fuera la residencia privada del príncipe
de Pinar del Río (miembro de la realeza de la ex colonia española)
donde desde hace unos cuantos años se fabrican los puros más
fabulosos de Cuba: los Cohiba. En sus innumerables habitaciones –todas
pequeñas, oscuras y húmedas– hileras de mujeres trabajan
en silencio y con seguridad ante escritorios de madera marrón y aceitosa.
Están torneando las mejores hojas de tabaco seleccionadas de las
cosechas de las más valiosas vegas (plantaciones) de la isla. No
los arman ya, como cuenta la leyenda, sobre sus muslos, pero el producto
terminado es el puro más fino y más prestigioso de Cuba.
Cohiba era el nombre con que los antiguos indios taínos (el grupo
indocubano más desarrollado) llamaban a la planta del tabaco. Ellos
tenían gran afinidad con la Cohiba, planta a la que acudían
para consultar a los espíritus sobre guerras, cosechas o salud. Las
hojas de la Cohiba, aspiradas con fruición, les provocaba enajenamiento
del alma.
La marca
de Fidel
El Cohiba fue, durante más de dos décadas, uno de los regalos
más preciados del gobierno de Castro a miembros de las casas reales
y dignatarios extranjeros. Desde el rey Juan Carlos de España y
la reina de Inglaterra hasta Boris Yeltsin de Rusia y Saddam Hussein de
Irak.
Durante la mayor parte de la vida adulta de Fidel Castro, un Panatela
o un Lancero eran tan característicos de su presencia física
como su uniforme verde oliva. “Con un Cohiba prendía el siguiente”,
recuerda un allegado al presidente.
Aunque hace ya unos cuantos años que el mandatario dejó
de fumar, la marca ocupa un lugar especial en su corazón. Se cuenta
que una vez dijo que “abandonar los puros fue uno de los mayores
sacrificios que hizo por la revolución”. En 1990, los 10 millones
de habitantes de la isla consumían casi 260 millones de cigarros.
Entonces y ahora, aunque no todos son conocedores, cualquier cubano a
quien se le pregunte por el mejor tabaco contestará, sin lugar
a dudas, Cohiba.
Avelino Lara, el hombre que creó el Cohiba sin imaginar que con
el tiempo se convertiría en símbolo de éxito financiero,
pasó la mayor parte de su vida sentado en un banquito enrollando
cigarros ante un canasto lleno de hojas de tabaco especialmente seleccionadas
por él mismo. Fue él quien creó la mezcla de hojas
que se utiliza para fabricar toda la gama de habanos Cohiba. Hoy, jubilado
y con 83 vigorosos años, reside en Nassau (invitado por Zino Davidoff)
donde, junto con un equipo de torneadores de su país de origen,
enseña la tradicional técnica cubana.
Según aclaró él mismo en una entrevista que le hicieron
en 1992, nunca recibió un pedido formal de Castro para fabricar
la nueva marca. “Yo recibí una orden de Cubatabaco, la división
de marketing de cigarros cubanos. El jefe de Cubatabaco me pidió
que creara una nueva combinación de hojas que fuera diferente de
todas las demás marcas. Tenía que ser lo mejor de lo mejor.
La selección de la selección.”
Nace
una marca
Los primeros Cohiba aparecieron en 1968; en ese año, la nueva marca
era ofrecida sólo a presidentes y primeros ministros. La producción
era de apenas unos pocos miles de cajas cuyo único destino era
convertirse en regalos diplomáticos. Recién en 1982 se inició
la comercialización en España. El Cohiba se convirtió
en el puro de los conocedores. Hoy es raro encontrar a alguien que no
reconozca la clásica vitola amarilla, blanca y negra, convertida
ya en símbolo de éxito en muchas partes del mundo.
Cuba podrá no adherir al capitalismo, pero sus Cohiba son claros
símbolos de éxito financiero. Actores como Tom Cruise y
Arnold Schwarzenegger tienen una orden de pedido permanente colocada en
los grandes distribuidores de Londres y Ginebra. Entre los magnates de
los negocios, ya es tradición repartir y disfrutar el selecto puro
tras la firma de un contrato, de una venta, de una alianza.
El tabaco que se utiliza para su fabricación, como el de casi todas
las otras marcas premium de origen cubano, proviene del corazón
de la región Vuelta Abajo, unos 160 kilómetros al sudoeste
de la Habana. En esa región están las vegas (plantaciones)
de San Juan, Martínez y San Luis donde se produce el mejor tabaco
de la isla. La selección comienza durante la cosecha de febrero,
en el momento mismo de cortar las hojas verdes de las plantas; luego,
en cada uno de los pasos de la producción, se sigue seleccionando.
Aunque en el caso de Cohiba la selección es mucho más estricta,
el proceso, con variantes, es básicamente el mismo. El tabaco,
según su resistencia y calidad, es secado y fermentado: dos veces
para la mayoría de las marcas, tres veces para los Cohiba, por
imposición de Lara. Ese proceso de secado y fermentación
reduce el tanino y la nicotina presentes en el tabaco además de
producir cambios de color, de verde a varias gamas de marrón. Más
tarde el tabaco se clasificará por color y resistencia.
La fermentación es un factor único en la marca Cohiba. En
la fábrica El Laguito todos los principales tipos de tabaco –ligero,
seco y volado– son fermentados tres veces. Para eso, las hojas se
apilan en pequeñas barricas de madera que se colocan en armarios
oscuros en distintas partes de la fábrica. La fermentación
puede llevar hasta 18 meses según el tabaco. La tercera fermentación
es, según Lara, la que da a los puros Cohiba su fineza y refinamiento.
En realidad, la tercera fermentación no es otra cosa que la vieja
manera de procesar el tabaco, justamente porque reduce al máximo
los dos elementos nocivos: nicotina y tanino. En Cuba se dice que los
que fuman Cohiba nunca van a morir de cáncer, y los que no, morirán
de envidia.
Con los distintos tipo de tabaco almacenados, los torcedores de El Laguito,
reciben líos de hojas para su producción diaria. Cada lío,
o fajo, representa la correcta combinación de tabaco para producir
aproximadamente entre 100 y 110 habanos. Aunque todos pueden hacer cualquier
tamaño y forma, por lo general se dedican a un solo tipo durante
algunos meses y luego pasan a otro

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