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Uno
de sus temas preferidos es el futuro del trabajo. ¿En qué
consiste básicamente su perspectiva?
No hablamos de robots haciéndose cargo del mundo, ni nada por el
estilo; es una perspectiva práctica: con qué tendrán
que vérselas las empresas y los individuos. Porque no se excluyen
mutuamente. Los individuos contribuyen a lo que las compañías
pueden hacer, y éstas influyen el pensamiento de los individuos,
les dan oportunidades o no. Hay que tener algo claro: la globalización
ahora es diferente. Hasta hace un tiempo consistía en que las empresas
instalaran fábricas en diferentes países, y todavía
sucede, pero ahora analizan la cuestión de un modo mucho más
sofisticado. Con este fenómeno de ERP, –entrerprise resource
planning–, las empresas saben todo lo que ocurre: los mejores materiales
están en tal lugar, los puntos de embarque en tal otro, y así
todo. Pero no hay un sistema para decir si hoy tengo mejores talentos
en Asia que en la Argentina, o si el mes próximo voy a tener más
oportunidades de tener talento en Norteamérica que lo que tengo
en Europa. Así que las empresas están machacando acerca
de cómo fluir en el nivel global desde la perspectiva del trabajo,
porque el resto de sus desafíos fueron resueltos. Si les pregunta
cuándo llega su próximo embarque de acero, con un sistema
GPS se lo dicen con día y hora; pregúnteles cuáles
serán sus próximos requerimientos de talentos, y la respuesta
será no sé. Y necesitan saber dónde está el
talento que necesitan.
El
mejor talento por el que menos tengan que pagar.
No, eso es la globalización con ojos de factoría, “pónganla
allí porque es más barato”. Las grandes corporaciones
ya han hecho el arbitraje del trabajo, ahora viene la cuestión
más sofisticada, que no es si pago US$ 3 la hora o US$ 20, es dónde
está el talento, cómo me muevo si detecto acceso a capacidad
aquí. Las compañías se están viendo a sí
mismas en una escalada de talento cada día. ¿Qué
significa eso para los individuos en un país con una demografía
de gente mayor (Francia, Japón, Italia, etc.)?; esa población
mayor es todo un tema. Y está la generación X, la Y, gente
que creció con Internet, con tecnología , y hay que integrar
todas estas cosas. El futuro es que las compañías se transformarán
en menos geográficas, serán más una red; cuando surge
algo que tiene que ser resuelto, toma la red y hace un nodo director,
con un project team de cinco o seis personas que ni siquiera necesitan
estar en la misma locación. Se trata obviamente de algo muy diferente
a las organizaciones actuales –presidente, vicepresidente, etc–;
a los jóvenes no les gustan esos entornos, Así que esta
globalización es elegir esas capacidades, identificarlas, y usarlas;
no es algo fácil de hacer. Nosotros tenemos 2.000.000 de personas
trabajando en 68 países, y fue sólo hace seis meses que
armamos bloques y estamos en condiciones de organizar esas fuerzas de
tareas alrededor del mundo. La gente joven ama esto y la tecnología
permite hacerlo.
Las
poblaciones más jóvenes están en Asia, India y Latinoamérica,
regiones menos desarrolladas y con severas imposibilidades de acceder
a la educación requerida. Mientras que el mundo desarrollado en
15 o 20 años será viejo. ¿Cómo impactará
ésto en el trabajo?
La edad de retiro será más alta, los ya retirados tendrán
que volver a trabajar no necesariamente porque lo quieran Y las compañías,
por necesidad, tendrán que invertir más en entrenamiento
en los países en desarrollo. China es un gran ejemplo, hoy en Beijing,
Shanghai, todas las grandes ciudades están llenas de hermosos edificios
destinados a la capacitación, porque las empresas vieron que lo
necesitaban. Ahora la pregunta es, ¿puede la Argentina jugar en
este partido?
¿Por
qué las compañías no lo han hecho acá, con
la situación de desempleo existente?
Creo que está en el radar, lo veo venir. Cinco años atrás
no se hubiera escuchado a una empresa decir ‘vamos a usar fuerzas
de IT de la Argentina’, se iban a la India; pero ese mercado ya
está maduro, y en China no hay más de 10 ciudades a las
que se puede ir. Se están creando desafíos, hay entonces
una ventana, una oportunidad; ahora que la globalización está
más madura las compañías miran a la Argentina desde
la especialización en IT. Están los recursos humanos pero
todavía no capturaron el momentum, ¿por qué? Hay
una historia detrás de esto. El gran interrogante era ¿qué
va a pasar con mi inversión? La Argentina tiene la demografía
adecuada, un sistema educacional bueno, o sea que se dan los atributos
necesarios. Yo veo que éste es el momento, los próximos
cinco años son los decisivos.
Durante
muchos años la desocupación en la Argentina sirvió
para mantener salarios bajos y eliminar derechos laborales. ¿Quizá
ahora se empieza a percibir que no es un buen negocio en el largo plazo?
No, no lo es. Eso genera bajo empleo, la fuerza de trabajo se deprecia
en su capacitación y los más capacitados se van. El ejemplo
más claro es Irlanda; tenía 25%, 27% de desocupación,
los jóvenes se iban a Europa continental, a Estados Unidos y no
volvían. Ahora hay 5% de desempleo. Si se analiza el rol de la
inversión en ID en el desarrollo irlandés es un caso clásico.
Singapur lo mismo. Los países se las ingeniaron para parar ese
drenaje de cerebros, porque si se van para perfeccionarse y vuelven es
fantástico; si no, la inversión hecha en su educación
es aprovechada por otros países.
Una vez que ocurre eso, el desarrollo, se entra en el escenario global,
se genera empleo y el mundo pone sus ojos en ese país.
El
trabajo temporario resuelve muchos problemas de las empresas, pero ¿es
bueno para los individuos, para la sociedad?
Empecemos por los individuos. Seamos realistas, yo no soy un trabajador
temporario.
Hay cinco razones para serlo: perdí mi trabajo, soy estudiante
universitario y tengo que pagar mis estudios, soy nuevo en el mercado
laboral y necesito experiencia, mi esposo/a cambió de sede, y por
último, –el porcentaje más pequeño–,
ésto es lo que quiero. Quizá sólo 3% o 4% que eligen
esta condición son los más tecnicos y profesionales. Estos
por ejemplo plantean ‘voy a trabajar nueve meses y después
me voy tres al Kilimanjaro’; todos los demás están
en alguna clase de transición. Y si nosotros no existiéramos,
no podrían trabajar. Nuestro país más grande como
porcentaje de la fuerza total de trabajo es el Reino Unido y es 3,2%;
en Estados Unidos es 1,7%. Lo que hacemos es proveer un puente hacia otro
empleo, al que entra le ofrecemos mejorar sus capacidades y lo ayudaremos
a encontrar un trabajo. Cuando estás desempleado tu preparación
se deteriora; cuando trabajás te mantienes al día. Creo
que nuestro rol tiene que ver con temas sociales, buscarle trabajo a la
gente. Lo hacemos bien, y no nos avergüenza hacer dinero con ello.
Hay
quienes auguran que en el futuro todos seremos trabajadores temporarios.
¿Cuál es su opinión?
Yo no lo creo. El personal de una compañía requiere estabilidad,
y además no creo que la lealtad haya muerto. Es difícil
de obtener –por lo que las empresas se han hecho a ellas mismas–
pero no ha muerto. Es cierto que el mundo se mueve muy rápido y
por ejemplo en Estados Unidos hace 15 o 20 años una persona tenía
uno o dos trabajos a lo largo de su vida; hoy el promedio es nueve.
V.R
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