Por Rubén Chorny

Marcelo Mindlin
Foto: DyN
¿De dónde sacaría Enrique Eskenazi US$ 3.000 millones para pagar 25% de las acciones de YPF?
Reunir esa suma le demandaría realizar todos los activos de su grupo Petersen, Thiele & Cruz y de los bancos de San Juan, Santa Fe, Bersa de Entre Ríos y el de Santa Cruz.
Sin embargo, ha sido el empresario impuesto por el propio Néstor Kirchner para comprarle esa participación a Repsol, cuyo principal accionista, la Caixa de Cataluña, ya habría seleccionado al ex Quilmes, Carlos Miguens.
¿Importa tanto una simple expresión presidencial de deseos en una operación de esa magnitud?
Eskenazi, en el mejor de los casos, desembolsará entre US$ 300 y 500 millones. El resto lo junta una arquitectura financiera que conjuga consorcios de bancos, entrecruzamiento de avales y emisiones de endeudamiento que atraen fondos de inversión formados por capitales de ignotos orígenes, en general comunicados con el poder de turno.
¿Queda alguna duda que Eskenazi sea un conspicuo empresario K y que inspire la suficiente confianza para constituirse en cabeza de una multimillonaria inversión de claras connotaciones políticas, como la “argentinización” de YPF?
El octogenario hombre de negocios que amasara su fortuna mucho antes que el primer mandatario saliera al ruedo político nacional y, en todo caso, hiciera punta en San Juan desde las épocas de los Bravo y Gioia, aclaró: “Yo no soy kirchnerista. ¿Qué significa ser kirchnerista? ¿Admirar a una persona? Yo creo que Kirchner es un gran administrador, es cierto. Nunca lo tuvimos acá; creo que es el primer Presidente de la Argentina que tiene esas características. Y un negociador duro. Bueno, y con el carácter que todos le conocemos… Yo tengo muchas diferencias políticas con él. Claro, no voy a negarle que, si usted tiene un socio, lo tiene que conocer…”.
El foco de Techint
Paolo Rocca simpatiza en grado sumo con el modelo económico que sustenta Kirchner: tipo de cambio elevado, retenciones al campo, superávit fiscal y tarifas subsidiadas de servicios públicos. Como si hubiese salido de su puño y letra. Gente suya controla la Unión Industrial Argentina y hasta el ministro de Economía, Miguel Peirano, militó en su staff ejecutivo. Pero Techint no invierte en el país ni la décima parte de lo que acaba de destinarle a la compra de una compañía en México, desde donde cabildea la enorme demanda estadounidense de tubos de su especialidad.
¿Hay una cuestión de amistades en esa decisión? Hoy, los negocios del complejo siderometalúrgico de la familia Rocca se dividen en: 80% en el hemisferio norte y 20% puertas adentro.
No es el único caso. Luis Pagani (Arcor) y Enrique Pescarmona (Impsa) son “hinchas fanáticos” de la administración kirchnerista. Pero ambos, como Bagó o Juan Forn (en representación de Pérez Companc), toman el avión para acrecentar ganancias en otras geografías. Pescarmona es el único que alterna algunas expectativas directas de negocios a través del Estado: aspira a una represa vecina a Yacyretá y a Aerolíneas, cuando Marsans venda 20%. Claudio Katz (Conicet, economista de izquierda) los llama transnacionalizados, porque han buscado en el exterior contrarrestar la declinación del mercado argentino.
Ninguno se asume como empresario K aunque rindan pleitesías.
Katz, en su ensayo sobre burguesía nacional, describe el ciclo económico kirchnerista como “la pretensión oficial de reemplazar una economía de especulación mediante ciertos atributos para impulsar un modelo de crecimiento hacia adentro, semejante al que prevaleció entre los años 40 y los 70. Estos rasgos incluyen jerarquizar el mercado interno, apuntalar la acumulación endógena y desenvolver políticas económicas autónomas. Estas características están ausentes en la actualidad, y por eso se habla de reconstruir al actor de ese modelo capitalista”.
No queda en danza ningún personaje como el Gelbard de los 70 para estandarte de la burguesía vernácula, sino dirigentes empresarios mimetizados con el capital extranjero, a partir de cuya reconversión se cimentaría el proyecto de recreación burgués del kirchnerismo.
Desextranjerización
Las “argentinizaciones” de empresas de servicios privatizadas que se empujan desde el Gobierno forman parte de esa idea, ya que la condición para sustentar el crecimiento del consumo interno con salida exportadora pasa, según su óptica, por desextranjerizar la economía: actualmente el capital foráneo controla 69% de la producción y 84% de las ganancias de las empresas líderes; de 32% que tenían en 1993 pasaron a 73% en esta década.
¿Cómo hacer que Techint invierta en algo más que en las plantas siderúrgicas locales con un sector energético que demanda ingentes recursos en exploración y explotación, por ejemplo? ¿O que Arcor le agregue algún cero a una inversión local anunciada de US$ 180 millones, cuando ha erigido fábricas en el exterior para inundar el mundo de caramelos? “Vamos a poner en marcha tres nuevas plantas, una en México, otra en Recife (Brasil) y la tercera de cartón corrugado en Chile”, dijo Pagani.
Los que critican a Kirchner con el libro de Marx en la mano subrayan la contradicción entre ensayar un modelo de acumulación nacional y el tipo de cambio alto que convierte al asalariado en fogonero del excedente. Su lógica les indica que la productividad interna guarda la proporción de los negocios, tanto de extranjeros como extranjerizados: 2 adentro, 8 se van.
Kirchner, que no alimenta su poder precisamente de dogmas, insufla todo el oxígeno que puede al mercado interno para atraer capitales a producir mientras procura tomar el control de los servicios públicos.
La industria automotriz es su banco de pruebas: una vez recuperado cierto volumen de escala atrajo el regreso de plantas que se habían ido del país con la crisis de 2001.
Eduardo Eurnekian siempre aparece cerca del fogón, del menemismo o del kirchnerismo. Consiguió una solución a medida para renovar la concesión de los aeropuertos y merodeó la compra de SanCor e YPF. Es otro hombre de negocios transnacionalizado. Desde su proverbial eclecticismo, explicó en una reciente entrevista, el acercamiento suyo y de sus pares al calor oficial: “El empresario no es un político. No sale a tratar con el poder público. Encuentra que es un halago si el Presidente lo llama y le pide una pavada. Porque en el fondo somos inseguros. La gente cree que el empresario es un hombre todopoderoso. Mentira. Sabemos tomar algunas decisiones que nos salen bien, y nada más. Nos sabemos manejar, y nada más. Sabemos tomar decisiones un poco más osadas, sabemos manejar un tema con profundidad, sabemos rodearnos bien y eso es todo, pero somos humanos. Tenemos las mismas falencias que cualquier ser humano. Entonces necesitamos cierta protección. Otro punto es la sensación de seguridad física, de poder estar en un country y salir a caminar tranquilo, sin el temor de que me van a matar o robar”.
¿Por qué vendieron sus empresas los Pérez Companc, Fortabat, Macri, Born, Acevedo, Montagna Terrabusi, Favelevic, etc.? La explicación es muy sencilla: porque lo que creían que iban a ganar en el país a mediano plazo era inferior al precio que obtuvieron por sus acciones.
Los amigos directos
Las obras públicas suelen ser campo orégano para los circunstanciales amigos del poder. Las licitaciones y adjudicaciones resultan, en muchos casos, trajes a medida.
Rudy Ulloa, Lázaro Báez y Cristóbal López son apellidos poco conocidos en el establishment porteño, pero siempre están en la cresta de los negocios que dependen del dedo oficial, desde que Néstor Kirchner gobernó Santa Cruz. Y fueron nada menos que 12 años, antes de saltar a la Casa Rosada.
Se les sumó el grupo Eskenazi, que ya traía espaldas financieras de su largo periplo por San Juan y la Mesopotamia, acumulando construcciones y bancos.
Pero de todos ellos es Ulloa quien tiene llegada más directa e íntima al Presidente. Fue su asistente en el estudio de abogados que Kirchner armara en Río Gallegos, por los años 70. Nació frente a las torres del Paine, en el sur de Chile, y así de inconmensurable labró su futuro comercial imbricado a la política. Fundó una emisora FM y la ató al ascenso de su jefe, de modo que edificó el principal multimedios de la provincia, compuesto por: El Periódico Austral, de distribución gratuita; la FM El Carmen, la productora Cielo, el canal 2 de la capital santacruceña y una productora de contenidos para el Canal 10 de la ciudad, gracias a la cual controla la televisión de Río Gallegos.
El fuerte de su facturación, en todos los casos, es la publicidad oficial y los avisos que contrata con las empresas que hacen negocios en la provincia.
Levántate y asciende…
Lázaro Báez es otro de los que arrancaron bien de abajo hasta situarse en el podio de los ganadores. Empezó como cadete del banco de Santa Cruz y nada más que en cinco años acumuló contratos de obras públicas por 3.500 millones de pesos, a través de la empresa que fundara, Austral Construcciones.
En Santa Cruz y Tierra del Fuego actúan en tándem con otra constructora de mayor porte, Gotti, y según la gobernadora electa del territorio más austral, Fabiana Ríos, se reparten las licitaciones regionales con Palma (de Diego Palleros) luego de fijar el nivel de los precios y ponerse de acuerdo.
Pero la actuación que le sienta más cómoda a Báez en éste y los otros negocios en que participa se relaciona con las gestiones financieras. Parece depender más de Gotti en las obras concretas. Así se lo ve por Comodoro Rivadavia en una licitación para pavimentar 500 cuadras, pero antes instala un supermercado en Caleta Olivia, un circuito que no le es desconocido a los Kirchner antes de mudarse a la residencia de OIivos.
Entró en sociedad con Cristóbal López en el consorcio que se adjudicó casi todas las áreas petroleras licitadas por Santa Cruz.
Lo que nunca se imaginó este digno tocayo del que Cristo hizo “levantar y andar” fue que un depósito de US$ 10 millones de su empresa Austral sería embargado en el banco Hypo Investment de un principado europeo perdido en el mapa entre Suiza y Austria, que se llama Liechtenstein. Antes de llegar a ese destino, el dinero había recalado en el banco Macro y en otro de Bahamas.
Resulta que la firma santacruceña había vendido al gobierno de Santa Fe 140 motoniveladoras chinas valuadas en US$ 12 millones, lo cual no sólo despertó sospechas de lavado de dinero al juez europeo que intervino, Nicole Netzar, sino a los diputados Lamberto y Marcucci, quienes denunciaron un sobreprecio de US$ 30.000 por máquina, con lo cual se habrían pagado US$ 4,2 millones de más.
El Litoral de Santa Fe publicó que “los fondos fueron depositados en una cuenta abierta por Trade 24 Ltd. de Victoria, la capital de la república de Seychelles, conformada por más de un centenar de pequeñas islas ubicadas en el océano Indico, al noreste de Madagascar. Esa cuenta fue abierta bajo requerimiento administrativo de normas de seguridad internacionales; según ese trámite allí debían moverse fondos provenientes de la venta de sistemas de calefacción, pero los únicos recursos que finalmente se movieron fueron los de la empresa santacruceña Austral Construcciones”.
En la justificación hecha por los apoderados de la cuenta, que en realidad figuraba a nombre de Sychelles (firma dedicada a la venta de equipos de calefacción), sobre el origen de los fondos se incluyó un contrato por los bonos con Austral, en cuya representación firmó Fernando Javier Butti, cuya rúbrica aparece también en el renglón del Gobierno de Santa Cruz, junto con la del ex administrador de Vialidad Provincial de Santa Fe, Antonio Grbavac, a quien Obeid echó el año pasado.
El rey del juego
Cristóbal López heredó a los 19 años, luego de que sus padres murieran en un accidente, una empresa de camiones que llevaba cargas para YPF en Comodoro Rivadavia.
De la mano del fallecido dirigente del Supe, Diego Ibáñez, convirtió el grupo en petrolero, fundando Oil M&S, dedicado a áreas marginales australes y de Brasil. Hoy mueve US$ 5 millones.
Pero recién en 2001 consumó una impresionante cadena de negocios vinculados al juego, a partir de tres permisos que obtuvo de la gobernación de Néstor Kirchner para entrar con máquinas en Río Gallegos.
Con Kirchner en la Casa Rosada, le adjudicaron la explotación de 150 tragamonedas en el hipódromo de Palermo, e ingresó con 30% de las acciones en Casino Club, que además de Palermo, posee 17 casinos y bingos en La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Santa Cruz, Santa Fe, Tucumán y Tierra del Fuego.
Un conflicto sindical de magnitud lo expuso a la luz pública recientemente, luego de haberle comprado a la española Cirsa en US$ 100 millones el Casino Flotante de Puerto Madero, al que sueña mudar el hipódromo de Palermo. El convenio los asocia para explotar en conjunto el casino de Rosario, a inaugurarse dentro de dos años.
Ganó en Río Negro el servicio de informatización de loterías, cedido por la rionegrina SE Altec, y de ese modo se incorporó como accionista de Tecno Acción.
Cristóbal López incursiona, además, en fabricación de soda solvay, en recolección de basura, transporte en Comodoro y Neuquén, venta de aceite de oliva de Olivares del Sol e inmobiliarias.
Ladrillos de barro y de billetes
Enrique Eskenazi no es patagónico como Rudy Ulloa, Cristóbal López o Lázaro Báez, pero a estos dos últimos sobre todo suele cruzárselos en negocios santafesinos, donde tiene un banco provincial, lo mismo que el de Santa Cruz. Pero la constructora Petersen, Thiele & Cruz, que lleva más de un siglo haciendo obras en todo el país, mira por arriba del hombro a Gotti o Austral.
Trabó relación con el actual Presidente desde que realizaba obras en la provincia cuando Kirchner era gobernador. Y, aunque fuera un banquero relativamente nuevo (empezó en los 90 con el banco de San Juan), se ganó su confianza al punto que fue el adjudicatario de la licitación de la entidad provincial en 1996.
Entre los cuatro bancos provinciales que maneja reúne $5.000 millones en depósitos. Es propietario asimismo de la bodega Xumek de San Juan, Estacionamientos de Buenos Aires, una fábrica de medidores eléctricos Storey y una minera en Chile.
Estuvo a punto de asociarse a Eduardo Eurnekian para comprar SanCor, como le sugirieron desde la Casa Rosada, para evitar que George Soros se quedara con la cooperativa láctea. El salvataje financiero de Chávez al final terminó abortando la extranjerización.
Su inclinación por el petróleo también es reciente. Se presentó en licitaciones de áreas marginales en Mendoza, Río Negro y la propia Santa Cruz antes de aparecer como el principal candidato a comprar 25% de las acciones de YPF.
Argentinizaciones
En otra categoría de empresarios K militan los protagonistas de las argentinizaciones de acciones de grupos extranjeros que se retiraron de las empresas privatizadas.
Marcelo Mindlin, del fondo de inversión Dolphin, fue uno de los más activos. Al irse Electricité de Francia de Edenor, las llaves cayeron en su escritorio para que la administre y limpie de deuda hasta encontrarle comprador. Mindlin puso al frente de la compañía a Alejandro McFarlane, ex director de YPF cuando era estatal y fue vendida a Repsol.
El fondo “amigo de la casa” se quedó también con la mitad de la transportadora de electricidad Transener, ex Pérez Companc, de la que Petrobras tuvo que desprenderse por imposición del Gobierno de Duhalde. Le adquirió las acciones a National Grid y al fondo Taico, que también le transfirió 7,3% de Piedra del Aguila y 25% de Cerámica Zanón.
Entró a tallar antes el fondo americano Eton Park, que ofreció US$ 54 millones, más una extra si le otorgaban aumento en la tarifa.
La Secretaría de Defensa de la Competencia falló en contra de la operación, tomando un informe del Ente Regulador de Electricidad, y allanó el camino a un grupo empresario cordobés llamado Electroingeniería, que lidera Gerardo Ferreira, quien se acopló a la energética estatal Enarsa para que le aporte el capital que no posee y pueda encarar las inversiones.
Hay otros empresarios que llegan alrededor del Presidente, aunque no en forma directa. Es el caso de los Werthein, que se quedaron con parte de Telecom y del Bank Boston, ahora Standard. De Eduardo Elsztain, que comparte el Hipotecario con el Estado. Jorge Brito, presidente del banco Macro. Romero de Hidrovía-Emepa. Galperín de Sadesa y el productor Gustavo Grobocopatel. Todos junto con Mindlin acompañaron a Alejandro McFarlane a tocar la campana de Wall Street, llevados por el cónsul Héctor Timerman en representación del empresariado nacional.
La camiseta de empresario K no significa necesariamente renunciar a la ambición de rentabilidad que guía la acción de todo hombre de negocios, sea internacionalizado o de cabotaje.
Tampoco garantiza la reinversión de las utilidades en el aparato productivo del país. M

