viernes, 24 de abril de 2026

    El ranking de las empresas consideradas responsables







    Ficha metodológica


    Universo: hogares con teléfono del Área
    Metropolitana de Buenos Aires.
    Muestra: se realizó sobre una muestra aleatoria
    de 420 casos. Para esta muestra se calcula un margen de error de +/-
    5,7 para un nivel de confiabilidad de 95%. La misma fue controlada por
    variables sociodemográficas. 266 casos en el Conurbano Bonaerense
    (63% del universo); y 154 casos (37%) en la Ciudad de Buenos Aires.
    Prevalece en el nivel socioeconómico abarcado el C2/3, con 54,5%
    de las respuestas; luego el D1/2, con 30%, el C1 con 12% y finalmente
    2% para AB y 1,5 para E. En la distribución por edad se destacan
    los mayores de 56 años (37%), mientras que de 36 a 45 años
    suman 21%, 17% para la franja de 46 a 55 años, 13% para la de
    26 a 35 años y 12% hasta 25 años.
    Metodología: se adoptó un cuestionario telefónico
    de 20 minutos de duración, en el que se incluyeron preguntas
    cerradas precodificadas y abiertas. Todas las encuestas se realizaron
    desde el call center de datosclaros a través
    del sistema OPINO.
    Fecha de campo: 10 a 17 de octubre de 2007.

    El análisis se realizó con base en una escala numérica
    que varía entre 1 y 7.
    Esta escala permite que cada número tenga una nominación
    determinada que el entrevistado puede utilizar ante cada pregunta. Por
    ejemplo, 1 es muy insatisfecho; 3 es algo insatisfecho; 5 es algo satisfecho,
    y el 7 es muy satisfecho.
    El trabajo es responsabilidad de datosclaros.
    Dirección: Natalia Gitelman.
    (www.datosclaros.com).
    Guardia Vieja 4281 (C1192AAS). Ciudad de Buenos Aires. Argentina
    +5411 4107-4107
    datosclaros@datosclaros.com

    Ya casi no queda empresa de envergadura en el mundo que destine menos 10% de
    su presupuesto anual a las actividades sociales.
    Lejos de poner el grito en el cielo por ver, en consecuencia, afectados sus
    dividendos, los accionistas aprendieron a hacer otra lectura de los balances
    y proyectar beneficios subjetivos. A la corta o a la larga, repercutirán
    en otra valuación no menos abstracta: la que haga la comunidad global
    tanto del logo que identifica a una compañía cuanto de los productos
    o servicios que comercializa.
    RSE está dejando de ser un concepto universal sólo reservado a
    la jerga empresarial. Ya instalado en el organigrama de las compañías
    de mayor tamaño, traspasó ese tejido privado para avanzar también
    con fuerza en las burocracias estatales y hasta en los organismos internacionales,
    como las Naciones Unidas.
    Nadie se atreve a discutir hoy en día que es insoslayable la existencia
    de un contrato entre la empresa y la sociedad en la que está inserta,
    en su conjunto. Primero, en la relación con el entorno donde desarrolla
    sus negocios, y luego, un paso más allá, en la alta política
    de los países en los que actúa. La meta que se divisa tras esa
    corriente consiste en extraer líderes de su propio staff directivo
    para participar en discusiones de fondo dentro del marco social con el que interactúan
    sobre: educación, salud, política exterior, cambios climáticos
    y pobreza.
    Las empresas más comprometidas con el desarrollo de un país no
    se conforman con haber abierto los niveles gerenciales a la RSE. Analizan con
    sus máximos ejecutivos el modo en que éstos apliquen parte de
    su tiempo en alternar en los círculos sociopolíticos.
    Los altos mandos en una organización que, además de invertir en
    los medios de producción y los recursos humanos, se pertrecha con lo
    último de las herramientas de management y marketing, que contrata
    consultoras, aplica procesos de calidad y capacita permanentemente los equipos,
    arriban a una suerte de “piloto automático” de las tareas
    cotidianas que dirigen. Así, delegan funciones en subalternos y se reservan
    la responsabilidad, lo cual les deja tiempo libre para atender el contacto con
    colegas, reuniones con funcionarios y sus propias actividades sociales, golf
    incluido.
    Ahí es donde la exigencia de la comunidad sube de categoría y
    viene el compromiso de transportar hacia los círculos de poder la cultura
    social que la compañía adopta hacia adentro y afuera de la propia
    esfera de sus negocios.
    Las relaciones institucionales abrevaron históricamente con el poder
    político a través de una acción de lobbying ejecutada
    desde las entrañas de la organización o tercerizada en gestores
    influyentes.
    La tesis del stakeholder management que baja desde el Norte incluye,
    dentro de un mismo paquete, el vínculo con los clientes, con los empleados,
    proveedores, la comunidad, los bancos, los mercados financieros y los Gobiernos.
    Todas estas acciones convergen en la marca con la que se instala en la mentalidad
    de la gente como socialmente responsable, lo que le permite conseguir una gran
    ventaja competitiva, con un elemento diferenciador de primera magnitud y con
    un posicionamiento envidiable.

    La versión actualizada
    Al igual que en la edición anterior, la consultora datosclaros
    preparó especialmente para Mercado la investigación sobre
    responsabilidad social empresaria, bajo la supervisión de su directora,
    la licenciada Natalia Gitelman.
    Los objetivos generales fueron:
    • Indagar la imagen que tiene la opinión pública sobre diferentes
    actores sociales con relación a la contribución que generan al
    bienestar general de la sociedad.
    • Relevar la percepción y conocimiento que tiene la opinión
    pública respecto de la responsabilidad social empresaria. Definiciones
    de lo que es RSE.
    • Establecer la agenda más y menos valorada de acciones de RSE
    propuestas por la opinión pública.
    • Conformar un ranking de empresas catalogadas como socialmente responsables.
    • Analizar comparativamente los resultados de esta medición con
    el estudio sobre RSE realizado en 2006.

    Los rasgos distintivos
    La gran sorpresa que deparó la investigación ha sido, a diferencia
    del año pasado, los niveles de acuerdo con la idea de que las empresas
    que hacen RSE se encuentran en situaciones menos preocupantes ante posibles
    conflictos sociales (de 28% en 2006 se pasó a 44% de opiniones favorables
    este año).
    La mitad de los consultados sigue creyendo en la intervención del Estado
    para evaluar las acciones de RSE y el impacto que producen en la sociedad. A
    medida que se detecta un mayor nivel de conocimiento de la opinión pública
    sobre el concepto de responsabilidad social empresaria –y ya alcanza a
    la mitad de los consultados por la encuesta–, crece la toma de conciencia
    de que el rol de una empresa no se limita a generar y cuidar el empleo, sino
    que se extiende a la práctica de conductas éticas y morales con
    la sociedad.
    En un año se produjo un cambio cualitativo en las respuestas: ya no se
    otorga la misma relevancia a los programas de RSE que apoyan la educación,
    la salud, el cuidado del medio ambiente y la creación de empleo, sino
    que creció la ponderación de todo lo relacionado con las acciones
    e inversiones de las compañías y las de índole filantrópica.

    Tampoco se identifica a la sociedad en general como principal destinataria de
    esas acciones, sino que toma fuerza la idea de que directamente los consumidores
    y/o usuarios de los productos y servicios que venden deberían considerarse
    como actores de las políticas de RSE que se lancen.
    La individualización de las acciones y el grupo de pertenencia de los
    destinatarios que surge de la encuesta constituyen la otra cara de la misma
    moneda: la participación en aumento de los usuarios por separado en las
    quejas por la calidad de los servicios públicos que reciben.
    Nada menos que 7 de cada 10 opinaron que los destinatarios directos tienen que
    estar contemplados cuando se define la agenda de RSE que impulsan las empresas.

    También siguió en alza la posición favorable del público
    a que sean intermediarios, preferentemente las ONG, los que efectivicen esas
    acciones. Entre muy y bastante bueno, las organizaciones no gubernamentales
    suman 72%. La proporción se invierte cuando se habla de la contribución
    al bienestar general y se pregunta sobre instituciones públicas: el Poder
    Judicial, los gremios, legisladores y partidos políticos, con arriba
    de 50%, son los peor vistos.
    Al menos por lo que surge de la encuesta, a medida que se va conociendo la RSE
    y su desenvolvimiento práctico, se valora más que las empresas
    comuniquen lo que hacen al respecto, tanto a la comunidad en general cuanto
    a la específica de negocios. Y que las vías sean, además
    de los avisos publicitarios y la información brindada en los productos,
    la publicación de informes especiales.

    Test de reconocimiento
    Al medir el porcentaje de las respuestas espontáneas múltiples
    de una definición espontánea de RSE, 32% la identificó
    por la contribución que realiza a la generación y cuidado del
    empleo. 18% la ligó la conducta empresarial, con ser responsables con
    la sociedad. De ellos, la mitad vinculó el empleo y la conducta ético
    moral.
    Mucho más atrás, la contribución al bienestar general de
    la sociedad tuvo 14%, contra 10% de las acciones solidarias. Un exiguo 2% señaló
    el cuidado y respeto por el medio ambiente.
    Los temas más valorados en la agenda de RSE difirieron en el orden de
    un año para otro.
    En principio aparecieron los programas de asistencia alimentaria, que expresan
    la solidaridad social frente a la extrema pobreza, y sumaron nada menos que
    58%. Paralelamente, aunque en menor dimensión, siguieron en alza las
    acciones filantrópicas.
    Los rubros que más espacio perdieron en la preocupación del público
    fueron los que hasta el año pasado encabezaban la lista, como la transparencia
    en los negocios y los planes de salud.
    De este modo, el programa de apoyo a la educación pasó a ser el
    más reconocido, con sólo haber mantenido casi la adhesión
    en torno de 70%, como en la encuesta anterior.
    También retrocedieron en términos comparativos los programas de
    mejora y creación de empleo, lo cual refleja que la tasa de desocupación
    calculada por el Indec se verifica en la percepción de la calle.

    Definición
    Si hubiera que construir la visión espontánea que la opinión
    pública tiene de RSE, de la encuesta surge que, en primer término,
    se la asocia con la contribución que hace a la generación y cuidado
    del empleo, con 32%.
    Véase que al darlo como un valor entendido, habían ratificado
    su ponderación como tema de agenda.
    La identifica asimismo con la conducta empresarial de ser responsable con la
    sociedad (18%, del cual la mitad corresponde a la suma de empleo y conducta
    ético moral) y, en menor medida, a la contribución al bienestar
    de la sociedad, plasmado en acciones solidarias.
    ¿Qué es entonces RSE para la gente? Si la encuesta fuera parlante,
    el coro diría: “Es la que contribuye a la generación y cuidado
    de empleo, lo cual entraña una conducta empresarial que la compromete
    a ser responsable con la sociedad, en gran medida por brindar trabajo y manejarse
    con una conducta ética y moral. Colabora de este modo con el bienestar
    general de la sociedad, a través de sus acciones solidarias, entre ellas
    el respeto por el medio ambiente”.
    22% de los consultados quedaría mudo por ignorar qué es la RSE.
    De todas formas, en un año ha avanzado 6% el nivel de conocimiento de
    RSE y está ya casi repartido por mitades entre el sí y el no.

    Actores sociales
    Las organizaciones que más contribuyen a mejorar la situación
    de la sociedad, y que se sitúan en la primera de las tres franjas definidas
    por las respuestas, son las ONG junto con las fundaciones y los medios de comunicación.
    Las primeras suman 72% entre muy bueno y bueno, un punto más que el año
    pasado, mientras que los medios bajaron de 61 a 53%, todo un juicio de valor
    sobre la prensa.
    Estas instituciones convocan, de todas maneras, mejores opiniones sobre su contribución
    al bienestar general que la Iglesia y las empresas, que igualan en torno de
    45%. Pero ambas con sensibles bajas respecto del año pasado.
    Los actores vinculados con el Estado continúan en caída libre
    en la percepción del público, aunque las Fuerzas Armadas no siguieron
    empeorando, como sí sucedió con el Poder Judicial, los gremios,
    los partidos políticos y los legisladores.
    A la pobre opinión que cada uno de estos sectores despertaba el año
    pasado en cuanto a su aporte a la sociedad, este año preelectoral los
    dejó aún más en descubierto para la calificación
    popular. La apatía que rodeó a los comicios presidenciales y la
    pobre participación de la ciudadanía no fueron más que
    su expresión cívica.
    Lo que resulta contradictorio, en todo caso, es que la encuesta haya deplorado
    a los representantes de un Estado en decadencia, pero que al mismo tiempo reivindique
    su rol regulador. La mitad de los consultados consideró que el Estado
    tiene que evaluar las acciones de RSE y el impacto que estas producen en la
    sociedad, tendencia que ratifica la registrada el año pasado.

    Demandas de RSE
    Desde lo general a lo particular, la sociedad se señala como el principal
    destino que deberían tener las acciones de las empresas, repitiendo el
    guarismo del año pasado: cerca de 70%.
    Pero hay una mutación en las preferencias cuando caen los empleados como
    destinatarios de esos beneficios y, paralelamente, ascienden los consumidores
    o usuarios de los productos y servicios.
    La comunidad con la que interactúa, y un poco menos el medio ambiente,
    mantienen su rango anterior de respuestas positivas, en tanto que los proveedores
    van desapareciendo de la preocupación ciudadana, quizá porque
    se los identifica con la propia estructura empresarial.
    Los encuestados, casi en las tres cuartas partes, adhieren a la idea de que
    los destinatarios de las acciones participen en la agenda de responsabilidad
    social empresaria que impulsan las compañías, es decir, que ésta
    no quede librada a la estrategia de marketing y comunicaciones, ni a las argucias
    contables en los balances impositivos.
    También hubo en un año una manifiesta renuencia al cheque en blanco
    para que sea la propia empresa la que realice las acciones sin la presencia
    de los intermediarios, como ONG, por ejemplo. De 60% en 2006 cayó a 51%
    la aceptación de que las compañías ejecuten sus propios
    programas, mientras que la tercerización creció de 31 a 43%.
    Otra contradicción: pese al descrédito en los poderes públicos,
    los organismos gubernamentales duplicaron el grado de confianza de la gente
    para canalizar las RSE.
    La identificación que se hace de los sectores en una escala que va desde
    mucha responsabilidad social hasta muy baja sitúa a todos en un rango
    medio. De 7 puntos que es el máximo a 1 que es el mínimo, el que
    recibió mejor ponderación obtuvo 5,48% y es el de telecomunicaciones
    e informática, seguido por el de maquinarias y equipos con 5,34% y luego
    el automotor, con 5,23%. El pelotón sigue con agricultura, pesca y ganadería,
    construcción y electricidad, agua y gas, entre 5,15 y 5,13%.
    Hay una fuerte incidencia global en la intensidad de las acciones por parte
    de estos rubros, al tratarse de actividades subsidiarias de corporaciones internacionales,
    donde el concepto de RSE está más arraigado en la estrategia empresarial.
    Pero fundamentalmente por el tamaño de los jugadores, ya que las Pyme
    aún están en pañales en materia de acciones dirigidas a
    la sociedad.
    En una escala media figuran alimentos y bebidas junto con el sector químico-farmacéutico,
    ambos con un contacto comercial y promocional muy fluido con los consumidores,
    que subordina acciones en otros campos.
    Quizá por la mala calidad en las prestaciones y por la percepción
    contaminante, los servicios (en el primer caso), las minas y las canteras (en
    el segundo), al igual que combustibles y petróleo y plásticos
    (4,62%), están considerados en la parte más baja, aunque no tanto
    como el tabaco, que lejos marcha con 3%.

    Comunicación
    Cada vez hay más posiciones a favor de que las empresas comuniquen sus
    acciones de RSE. Son simétricas al mayor conocimiento que hay de la actividad
    social que desarrollan.
    En un año, la cantidad de opiniones que valoran que las empresas den
    difusión a sus programas saltó de 74 a 87%.
    Los canales preferidos para que vuelque esa información son la comunidad
    en general, junto con la de negocios, con 70%.
    Los medios elegidos son los avisos publicitarios, aunque con un leve retroceso
    respecto del año pasado. También la información brindada
    en los productos declina en la preferencia, lo mismo que a través de
    la Web. Sólo la publicación de informes especiales subió
    6 puntos como vía apropiada.
    La gran mayoría de los encuestados se pronuncia a favor de que las empresas
    incorporen en el presupuesto la RSE, con 78% contra apenas 14% que dice no saber.

    Y son sugestivas las respuestas a reflexiones que plantea la encuesta (ver página
    94 “Grado de acuerdo con las siguientes frases”), cuando el mejor
    promedio (5,69%) de este año –y del anterior– lo obtiene
    que el Estado debería evaluar las acciones de RSE y el impacto que tienen
    en la sociedad.
    Cada vez tiene más adhesiones la idea de que las empresas que hacen RSE
    se encuentran en situación menos preocupante ante conflictos sociales,
    una inercia que viene de 2002, cuando dada la crisis social muchas tomaron las
    acciones comunitarias como un escudo protector de un eventual estallido. Si
    bien el promedio es el segundo, con 4,97%, aumentó sustancialmente (44%)
    con relación a 28% registrado el año pasado.
    Ascendió en cambio muy fuerte, a 5,57%, el concepto de que las acciones
    de las empresas con la comunidad facilitan la construcción de vínculos
    duraderos entre las marcas y sus consumidores.
    Y queda relegada en los 29 puntos la idea de que cada vez más consumidores
    evalúan las marcas y/o las empresas por sus acciones socialmente responsables,
    con lo cual la relativizan.
    Aún es alto el promedio de opiniones acerca de que RSE es una moda de
    la cual muchas consultoras sacan provecho, pero queda a mitad de camino la descalificación
    que solía hacérseles afirmando que los programas malgastan el
    dinero de los accionistas.

    Algunos nombres
    En algunas respuestas espontáneas respecto a cuáles son las empresas
    socialmente responsables surge La Serenísima como la más nombrada,
    con mayor caudal que el año pasado: 21,9%, aunque vale aclarar que la
    mención no guarda relación con el ranking que se da aparte, en
    cuyo tope figura Nestlé, mientras la empresa de Mastellone ocupa el noveno
    lugar.
    Ha sido notable el crecimiento de Arcor en la recordación, al saltar
    de 4,5 a 12,3%. Otras que tuvieron mejor performance en la repercusión
    fueron Telefónica y Coca-Cola, que pasaron de 6,8% a 8,4 y 7,9% respectivamente.
    En el ranking de este año, en cambio, las firmas alimentarias han crecido
    en el predominio dentro el podio de las diez primeras. De cuatro que eran en
    2006 ahora son cinco, con el agregado de que cuatro de ellas están entre
    las cinco del tope: detrás de Nestlé, Sancor, Coca-Cola y luego
    Arcor detrás de la intercalada Sony.
    Philips, Kodak y Bagó descendieron respecto de 2006, mientras Johnson
    & Johnson se mantuvo.
    La conclusión que surge de la encuesta, a simple vista, es que a medida
    que el concepto RSE va cobrando dimensión, se abre una brecha entre la
    forma en que lo incluyen los empresarios dentro de su estrategia general de
    negocios, y la que interpreta la sociedad con la que interactúan, la
    que a su vez les pide que tercericen las acciones y al Estado, que intervenga
    para evaluarlas.







    Más exigencia puede ser una oportunidad


    Por Natalia Gitelman (*)



    En esta nueva versión de la investigación, una vez más
    la opinión pública vuelve a expresar sus opiniones respecto
    a la Responsabilidad Social Empresaria (RSE). Y esas opiniones muestran
    evidentes signos de evolución al compararlas con la medición
    realizada el año anterior.
    Por un lado, se observa un interesante incremento en el nivel de conocimiento
    del concepto de RSE (la mitad de los encuestados manifiesta saber lo
    que significa el término) y, por el otro, se visualizan opiniones
    más exigentes respecto a la forma de implementar las acciones
    de RSE por parte del empresariado. Un dato más que interesante
    resulta ser la percepción que la opinión pública
    tiene en cuanto a quienes deberían ser los principales destinatarios
    de las acciones impulsadas por las empresas. Si bien la sociedad en
    general sigue siendo el actor más ponderado, comienza a tomar
    fuerza la idea de que los consumidores/usuarios de los productos y servicios
    son actores nada desdeñables al momento de pensar en este tipo
    de políticas. Si consideramos el protagonismo que los usuarios
    han tenido en la manifestación de acciones de disconformidad
    respecto a los precios de los productos o los servicios públicos
    en los últimos tiempos, las opiniones expresadas pueden leerse
    en términos de una mayor exigencia de la opinión pública
    hacia las empresas.
    Otro aspecto relevante es que siguen existiendo puntos de distancia
    entre lo que piensa la población y lo que imaginan las empresas
    que realizan acciones de RSE. Analizando ambos estudios se aprecia por
    ejemplo que mientras que la opinión pública demuestra
    una alta valoración hacia la participación de los destinatarios
    de esas acciones de RSE, menos de la mitad de las empresas declararon
    incluir a los mismos en esta definición.
    Sí valoran en forma conjunta la difusión pública
    de este tipo de acciones, pero mientras que las empresas prefieren difundirlas
    a través de informes especiales y en sitios Web, la opinión
    pública privilegia recibir estas comunicaciones a través
    de avisos publicitarios y en la información brindada en los productos.

    Las puertas están abiertas, la opinión pública
    dispuesta y creemos que las empresas listas para poder encontrar cada
    vez más puntos concordantes en el trazado de la agenda de responsabilidad
    social.

    (*) La licenciada Natalia Gitelman es directora de datosclaros.
    nataliag@datosclaros.com